Publicado el: Mie, Nov 16th, 2016

Biografía de Nicolás II: el último zar de Rusia

Nicolás II

Zar Nicolás II

La figura del que fuera el último zar de Rusia es para muchos un símbolo del trágico cambio de dirección de la historia rusa del siglo XX, para otros tanto una historia que se convirtió en leyenda y lo que vamos a desarrollar a continuación lo que ocurrió.

Nicolás II cayó en desgracia con la Revolución Rusa de 1917, cayó el régimen zarista y se alzó otro, quizá no mejor el anterior, pero ello queda siempre en medio de opiniones políticas que no nos atreveremos a tratar hoy.

La crisis en la que estaba sumida Rusia venía en gran parte derivada de las sucesivas derrotas que los rusos sufrían en el frente durante la Primera Guerra Mundial. No obstante, al comienzo de la contienda la mayoría de los partidos apoyaban la intervención de Rusia. Aunque al principio venció en algunos frentes, pronto el ejército sofocado por duras derrotas.

Ver: Causas de la Revolución Rusa

Las fábricas no daban abasto y las infraestructuras de comunicación resultaban insuficientes, por ellos los soldados se veían inmersos en un enorme conflicto en el que no disponían de armas ni comida. Las cifras de muertos se incrementó de forma alarmante y la moral de los soldados descendía aún más alarmantemente. La economía cayó en picado y la inestabilidad hacia el régimen comenzó a ser advertida. Nicolás no tomó en cuenta las advertencias que algunos políticos le hicieron y poco a poco empezó a perder el liderazgo.

El descrédito estaba servido, además su esposa, la emperatriz Alejandra, de origen alemán, que nunca fue popular entre el pueblo ruso, perdió a su asesor, el célebre Rasputín, quien fue asesinado en diciembre de 1916. Ello demostró aún más claramente el poco respeto y amor que se le tenía a la zarina.

En febrero de 1917 se inició una huelga de los trabajadores de las fábricas de Petrogrado. Durante esos días las mujeres de la ciudad se reunieron y manifestaron para exigir pan, recibiendo el apoyo de los obreros en huelga.

En consecuencia, las huelgas y los disturbios se generalizaron y la tensión creció. Los enfrentamientos entre manifestantes y policía se cobraron víctimas y el zar ordenó la movilización de la guarnición militar con la esperanza de sofocar la rebelión. La sorpresa fue cuando una buena parte de los soldados terminaron confraternizando con los manifestantes y uniéndose a ellos.

Incapaz de someter a su pueblo y mucho de controlar la situación, Nicolás II abdicó sus derechos reales el 2 de marzo de 1917. Comenzaba el fin de los Románov.

Nicolás II y su familia

Nicolás II y su familia

Tan sólo unos días después, el 9 de marzo, Nicolas II y la familia imperial fueron arrestados. Fueron confinados en el Palacio de Tsárskoye Seló mientras una comisión especial del Gobierno Provisional investigaba para realizar un juicio contra el ya ex moncarca ruso y su esposa.

Mientras en las calles se reforzaban las ideas antimonárquicas se previó un posible asesinato de la familia imperial, por lo que fueron trasladados a un área alejada.  El nuevo destino de la familia de Nicolás fue en Tobolsk, Siberia. Cabe decir que en un principio iban a ser llevados a Inglaterra, donde el rey Jorge V era primo del zar. El Soviet de Petrogrado rechazó la idea de inmediato y Jorge V, temeroso de tener problemas internos en su patria por traer a su primo, no insistió.

Ningún otro país asiló a la familia imperial. Aunque luego Alemania intentó negociar la libertad del zar.

El 30 de abril de 1918 Nicolás y su esposa llegaron a Ekaterimburgo y sus hijos: Olga, Tatiana, María, Anastasia y Alexis se reunieron con ellos el 23 de mayo.  Fueron instalados en la casa de un hombre de negocios de la ciudad, cuyas posesiones habían sido confiscadas. Al edificio donde se alojaron se le conoce como casa Ipátiev, en alusión al anterior propietario. Allí no gozaron de las mismas libertades que sus anteriores destinos pues vieron como saqueaban sus pertenencias y debían permanecer encerrados en sus habitaciones.

El comisario del Soviet de los Urales, Flipp Goloshchokin viajó a Moscú y deliberó con Lenin la ejecución de Nicolás II y toda su familia. Encargaron a Yákov Yurovski la vigilancia de la casa donde estaba retenida la familia imperial.

Yakov Yurovsky

Yakov Yurovsky, 1918

La situación en la región empeoró ante el temor de la llegada de la Legión Checoslovaca y su posible intención de liberar a los Románov, por lo que desde la capital se solicitó la ejecución inmediata de la familia imperial.

Yurovski planificó los asesinatos, quien quiso reservarse para sí el asesinato de Nicolás.  El grupo que daría muerte y pondría fin a la dinastía Románov estaba compuesto por 12 hombres. Cada uno tenía asignada una víctima, pero dos de ellos se negaron a disparar a las mujeres. Con la familia imperial estaban una doncella, un médico, dos sirvientes y un cocinero que tendrían el mismo final que aquellos a quienes servían.

La medianoche del 17 de julio Nicolás y los integrantes de su familia fueron trasladados al sótano de la casa Ipátiev con el pretexto de que se les iba a hacer una fotografía. Pese a lo extraño de la situación. nadie sospechó nada.

Nicolás llevaba a su hijo de trece años en brazos cuando entraron en la habitación vacía. La zarina se mostró molesta al entrar al ver que no había ni una silla donde sentarse y, según el relato que hizo después el propio Yurovski, se llevaron dos sillas. En una Nicolás sentó a su hijo y en la otra se sentó Alejandra.

Enseguida entró al sótano el grupo destinado a cometer los asesinatos, Yurovski se limitó a decir que en vista de las tentativas de sus partidarios de salvarlos y su férrea oposición a la Rusia Soviética  iban a morir.

A Nicolás tan sólo le dio tiempo a tartamudear lo que según los asesinos y testigos fue un “¡Dios mío, Dios mío! ¿Qué es esto?”

El zar es el primero en caer.

La zarina Alejandra no tarda en acompañar a su marido entre gritos.

La matanza dura tan sólo unos minutos. Sin embargo, por algún motivo las hijas del zar no están muertas del todo, por lo que los hombres las rematan a bayonetazos. Las jóvenes llevaban doble corsé para esconder joyas entre sus ropas, ello había evitado que las balas las mataran.

Familia Románov.

Familia Románov.

Un bulto se mueve, la doncella ha sobrevivido y corre por la pequeña habitación intentando escapar. Terminan clavándole las bayonetas también hasta que no respira. De sus gritos vuelve en sí el zarévich Alexis, pero Yurovski se le acerca y le dispara varias veces en la cabeza. El niño cae muerto al suelo.

El qué fue de los cuerpos de la familia imperial fue un misterio durante décadas pero con el tiempo se supo que los ejecutores desnudaron los cadáveres y los subieron a un camión para llevarlos a una mina de sal. Sin embargo, por el camino el camión se averió y se los asesinos se vieron en la necesidad de tomar decisiones rápidas, por lo que cavaron una zanja poco profunda y rociaron los cuerpos con ácido sulfúrico para que no se reconocieran los cuerpos.

Durante poco más de 60 años el paradero de los Románov fue un absoluto misterio. Pero 1979 dos historiadores, Aleksandr Avdonin y Geli Riábov dieron con la tumba de la familia imperial en el bosque de  Koptiakí. Temerosos de sufrir represalias callaron su descubrimiento durante varios años.

No es hasta abril de 1989 cuando los periódicos informan del hallazgo, pero hasta 1991 no se exhumaron los cuerpos. Dentro de la fosa encuentran nueve cuerpos que corresponden a Nicolás, Alejandra, sus hijas Tatiana, María, Olga y sus sirvientes.

La ausencia de los restos del zarévich Alexis y su hermana la Gran Duquesa Anastasia avivan las leyendas de que alguno de los Románov había sobrevivido.  Los restos encontrados se trasladaron a la Catedral de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo, donde descansan los antepasados de la familia imperial rusa.

Para aquellos que creyeron a alguno de los cientos de estafadores que se hicieron pasar o incluso creyeron firmemente que eran el zarévich o la Gran Duquesa, la sorpresa llegó en 2007, cuando finalmente se localizó la tumba en la que yacían Alexis y Anastasia.

Tras hacerles los pertinentes exámenes de ADN, los mismos que hicieron a los cuerpos de sus padres para verificar sus identidades, se les enterró junto al resto de su familia poniendo punto y final a un misterio. ¿Habían sucumbido verdaderamente todos los Románov aquella noche? La ciencia ha demostrado que así fue.

El porqué se habla de asesinato cuando se hace referencia a la muerte de la familia de Nicolás II es debido a la ausencia de un juicio que determinara que tanto él como su familia eran culpables de algún crimen.

Sobre el autor

- Madrileña o cántabra. Calculadora o impulsiva. Soñadora o realista. 23 años ó 12. Fútbol o tiendas. Periodismo veraz. Hay que conocer la historia en profundidad, es la única forma de no cometer los mismos errores del pasado

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