Publicado el: Mie, Oct 15th, 2014

Vanguardias artísticas: el Futurismo

Los estados de la mente II: las despedidas, Umberto Boccioni, 1911, óleo sobre lienzo. Museo MoMA de Nueva York

Los estados de ánimo II: Los Adioses, Umberto Boccioni, 1911, óleo sobre lienzo. Museo MoMA de Nueva York

El futurismo fue un  movimiento de vanguardia que se desarrolló a principios del siglo XX, concretamente en 1909 a partir de la publicación del “Manifiesto Fundador del Futurismo” de Filippo Tommasso Marinetti.

El nuevo “ismo” que se inició en el arte de la literatura, estaba inspirado en los grandes cambios que la 2ª Revolución Industrial había introducido en Europa, inspirado en las máquinas y la tecnología y por tanto buscaba plasmar la esencia del movimiento en las formas, la agresividad, la velocidad, la fuerza, el peligro y la energía.

Se desarrolló principalmente en Italia, siendo Marinetti su creador y precursor, pero caló en otros muchos países y como todas las primeras vanguardias del siglo XX, sirvió de influencia a movimientos posteriores y coetáneos, como el expresionismo abstracto o el neopositivismo. Rusia fue uno de los países donde mayor calado tuvo.

En este post describiremos el tan importante contexto de la Italia de principios del XX, tan importante para entender el surgimiento de un movimiento de estas características, la fundación del futurismo y el Manifiesto que la acompañó, su principal fundador el ya citado Marinetti y otros seguidores relevantes del movimiento.

La Italia de principios de siglo

El contexto histórico en el que se fragua el movimiento futurista parte de dos premisas básicas para entender su teoría. En primer lugar, a principios del siglo XX, Italia era todavía una nación joven y en proceso de formación. Poco más de cuatro décadas antes de que entrara el nuevo siglo, en 1861, Italia se había proclamado como nación independiente y unificada, pero las bases políticas y sociales fruto de un proceso de integración nacionalista que había durado casi cuarenta años, aún estaban por afianzarse en 1909.

En segundo lugar, desde la formación de Italia como nación, la industria y el desarrollo de la economía experimentaron un crecimiento vertiginoso. Las grandes ciudades industriales del norte, que vivían bajo un régimen liberal, como Génova, Turín o Milán, progresaron notablemente, pero en el sur del país y otras zonas aun fuertemente rurales la pobreza era un estado constante. Además, Italia buscaba su posición en la esfera nacional tomando contactos políticos y culturales con otras naciones y embarcándose en la carrera imperialista en África.

Giovanni Giolitti, Primer Ministro de Italia en 1896

Giovanni Giolitti, Primer Ministro de Italia en 1896

A finales del siglo XIX, en 1896, después de que cayera el gobierno corrupto de Francesco Crispi, Giovanni Giolitti accedía al poder con el cargo de Primer Ministro. Su política moderada de reformas contribuyó en gran medida a la estabilización del crecimiento económico. A diferencia de su predecesor Crispi, que había abolido el Partido Socialista de Italia, buscó el consenso entre los grupos de poder y las fuerzas socialistas y sindicatos para evitar así el descontento social. También puso en marcha programas políticos tendentes a eliminar las desigualdades políticas y sociales, como la ampliación del derecho a voto, que terminaría por convertirse en sufragio universal en 1913.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) trajo para Italia un sabor agridulce. A su término en 1918, la nación italiana pensaba que a pesar de formar parte de los Aliados ganadores, no había salido bien parada del reparto territorial y de los beneficios económicos de los tratados de paz. El Frente Italiano contra el Imperio Austro-Húngaro, como parte de la guerra de trincheras que se dio en otras muchas áreas fronterizas de Europa fue, como para todas las naciones, devastadora en términos humanos y materiales.

La experiencia “trincherista” daría lugar a un fenómeno social que se propagó por otros muchos países después de la “Gran Guerra”: el sentimiento militarista de los soldados excombatientes que se extendió por toda Europa y la tendencia proclive a la guerra y la violencia, que dejarán una sensación social generalizada de revancha para con los países vecinos. Precisamente este factor, unido a otros de diferente índole, propició la “Marcha sobre Roma” de 1922, movimiento militar que dio el poder al gobierno fascista de Mussolini.

En el terreno cultural, el movimiento futurista irá acompañado de este turbio trasfondo político y social. Con el fascismo encontrará ciertamente puntos de unión, como el apego a la agresividad y la consciencia de que la fuerza de una nación radica en las masas, que deben ser conducidas.

La Italia de principios de siglo es en lo cultural producto de estas transformaciones, por lo que es lógico pensar que surgiera en este y no en otro país. La industrialización y los avances científicos y tecnológicos (el teléfono, el telégrafo sin cables, los rayos-x, el cine el automovil, el aeroplano…)   cambiaron radicalmente la sociedad y la cultura e impulsaron el desarrollo de las masas, un fenómeno que tuvo lugar en todo el mundo pero que en el caso de Italia se produjo vertiginosamente. El profesor Stephen Kern califica estas transformaciones de la siguiente manera:

“una serie de cambios radicales en la tecnología y la cultura crearon modos distintos de pensar y experimentar el tiempo y el espacio. […] El resultado fue una transformación de las dimensiones de la vida y del pensamiento”

El profesor de la Universidad de Ohio se refiere sin duda a la cantidad de movimientos culturales, políticos y sociales que surgen a raíz de las transformaciones tecnológicas. El futurismo las utilizará precisamente como medio de expresión, primero en la literatura y después en las artes plásticas, ensalzando los valores que representan: la maquinaria, la potencia y la fuerza, la violencia y la agresividad, el dinamismo y la debacle.

El Manifiesto de Fundación del Futurismo y las características principales del movimiento

El Manifiesto Futurista en portada en el periódico Le Figaro

El “Manifiesto Futurista” en portada en el periódico Le Figaro

La mañana del 20 de febrero de 1909, el periódico francés Le Figaro amanecía en portada con las pretensiones de un joven literato  e ideólogo de 33 años, Filippo Marinetti, que proclamaba a través de once puntos una nueva forma de abordar el hacer y el ser artístico (literario en un primer momento) en su “Manifiesto del Futurismo”.

1. Nosotros queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la temeridad.

2. El valor, la audacia, la rebelión, serán elementos esenciales de nuestra poesía.

3. Hasta hoy, la literatura exaltó la inmovilidad pensativa, el éxtasis y el sueño. Nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso ligero, el salto mortal, la bofetada y el puñetazo.

4. Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la felicidad […]. 

5.  Nosotros queremos cantar al hombre que sujeta el volante, cuya asta ideal atraviesa la tierra, ella también lanzada a la carrera, en el circuito de su órbita.

6. Es necesario que el poeta se prodigue con ardor, con lujo y con magnificiencia […]

7. Ya no hay belleza si no es en la lucha. Ninguna obra que no tenga carácter agresivo puede ser una obra de arte. La poesía debe consebirse como un violento asalto contra las fuerzas desconocidas, para obligarlas a arrodillarse ante el hombre.

8. […] El tiempo y el espacio murieron ayer. Nosotros ya vivimos en lo absoluto, pues hemos creado ya la eterna velocidad omnipresente.

9. Nosotros queremos glorificar la guerra – única higiene del mundo – el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las hermosas ideas por las que se muere y el desprecio por la mujer.

10. Nosotros queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y toda cobardía oportunista y utilitaria.

11. Nosotros cantaremos a las grandes muchedumbres agitadas por el trabajo […]cantaremos el vibrante fervor nocturno de los arsenales y de los astilleros incendiados por violentas lunas eléctricas […] las fábricas colgadas de las nubes por los retorcidos hilos de sus humos; los puentes semejantes a gimnastas gigantes que saltan los ríos […] los vapores aventureros que olfatean el horizonte, las locomotoras de ancho pecho […].

Puede entenderse que esta  proclamación, cuanto menos altruista, de un nuevo movimiento artístico calase entre la juventud de la época. En 1909, la Belle Époque estaba en sus últimas y cada año se hacía más inminente más inminente el estallido de una guerra mundial, por lo que la sensación general era de belicismo. Además, revalorizaba a las grandes masas (como proclama el punto 11), criticaba la elitista estética burguesa y pretendía una separación del arte de la cultura de las élites para conectarlo con la incipiente cultura de las masas sociales. 

Los futuristas quisieron ensalzar los valores de la guerra y de la agresividad, de la valentía y la fuerza masculina, apelando a las transformaciones tecnológicas que habían creado un nuevo mundo dominado por las máquinas, objeto de alabanza según la ideología futurista. El futuro suponía pues erradicar el pasado, de ahí que se preconice la destrucción de museos, bibliotecas y academias. El universo futurista es un universo dominado por la industria, la tecnología, la guerra y el militarismo, de ahí que comparta nexos de unión con la ideología fascista, aunque no siempre.

En el terreno de las artes plásticas, sobre todo en pintura donde mayor desarrollo experimentó, esta ideología que resume el Manifiesto se planteó de manera similar a la literaria.

Características formales: 

El arte del futurismo es, en lo formal, fruto de ese deseo de expresar la energía, de deconstruir el tiempo y el espacio. Las formas y contornos, la perspectiva, la composición… están al servicio del dinamismo, de ahí que tiendan a la abstracción en el sentido en que todas los cuerpos se convierten en figuras geométricas que se agitan y vibran en un entorno indefinido.

Es decir, los cuerpos se funden con el espacio circundante y se representan simultáneamente los planos de su movimiento, y con ello, las líneas, los colores y la presencia de luz. Una característica que se relaciona con la representación cubista de las formas en diferentes perspectivas. En ocasiones utilizaron la técnica del puntillismo para representar el movimiento, aunque fueron muy críticos con el neoimpresionismo, buscando ir más allá en la representación de la naturaleza.

Temática:

La temática futurista fue muy variada, en ocasiones incluso abstracta como se aprecia en la imagen de Umberto Boccioni que aparece al inicio de este post. No importa tanto el tema como representar esos valores (agresividad, fuerza, movimiento y violencia) pero evidentemente su apego por las máquinas y la tecnología les llevó a plasmar la belleza de los automóviles, las bicicletas, las factorías…

Un tema recurrente que abarca lo formal y lo temático fue el de las deconstrucciones del movimiento, en las que prima la exhibición dinámica de un elemento cualquiera, como un ciclista o un caballo, que se agita en el entorno. El simbolismo francés influyó mucho en el movimiento, de ahí que se haga uso de las imágenes simbólicas para expresar las emociones violentas que pasan por la mente del artista. Los temas de corte político y el urbanismo también fueron frecuentes.

El Ciclista, Natalia Goncharova, 1913, óleo sobre lienzo. Museo Ruso de San Petersburgo

El Ciclista, Natalia Goncharova, 1913, óleo sobre lienzo. Museo Ruso de San Petersburgo

El futurismo italiano

Umberto Boccioni

Umberto Boccioni

Umberto Boccioni (1882-1916): 

Fue un pintor y escultor italiano precursor del movimiento futurista aplicado a las artes plásticas. Desarrolló su teoría estética, directamente influida por el Manifiesto futurista de Marinetti, en una obra publicada en 1910 y co-escrita con los pintores italianos Carlo Carrà, Luigi Russolo, Giacomo Balla y Gino Severini, sin duda los cinco grandes representantes del futurismo italiano, el Manifiesto de los pintores futuristas.

De la gran variedad de temas que desarrolló en su pintura, en todos ellos aplicó los fundamentos del futurismo. Evitó las líneas rectas y abogó por el dinamismo, el contraste en los colores complementarios (como los fauvistas), la vibración en las líneas y las composiciones imposibles.

Elasticidad, Umberto boccioni, 1912, óleo sobre lienzo.

Elasticidad, Umberto boccioni, 1912, óleo sobre lienzo.

De su obra más figurativa podemos destacar  La mañana (1909)La risa (1911). Sin embargo, su pintura siempre tendió más a desdibujar las formas y fundirlas con el fondo de tal modo que se acerca al expresionismo abstracto. De estas podemos hacer referencia a Dinamismo de un ciclista (1913), en la que apenas distinguimos una figura humana en la vorágine de formas y colores sobre la que se representa, o Elasticidad (1912), en la que ya no existen los cuerpos definidos, sino una masa de líneas y colores agitados.

Dinamismo de un ciclista, Umberto boccioni, 1913, óleo sobre lienzo.

Dinamismo de un ciclista, Umberto boccioni, 1913, óleo sobre lienzo.

Así mismo, empatizó con la furia de las grandes masas, la agitación popular y la revolución. En Tumulto en la galería (1910), otra de sus grandes obras, aparece una hecatombe de personas amontonadas ante la entrada de una café. El valor del futurismo radica aquí en mostrar una situación controvertida en una calle nocturna y extraer de esa escena la agitación y la violencia, contorsionando los cuerpos y fundiéndolos con las luces urbanas, de manera que algunas de ellas se transforman en sombras violentas apiñadas.

Tumulto en la galería, Umberto Boccioni, 1910, óleo sobre lienzo. Pinacoteca de Brera (Milán)

Tumulto en la galería, Umberto Boccioni, 1910, óleo sobre lienzo. Pinacoteca de Brera (Milán)

Por último cabe destacar su obra escultórica, tanto por lo genuina en la aplicación de estos principios futuristas como por la capacidad de trasladar los conceptos pictóricos a la materia en tres dimensiones. Se trata de una producción estrambótica, en la que a veces el título de la obra no conjuga del todo con lo que vemos representado. La más conocida de todas es Formas únicas de continuidad en el espacio, en la que una especie de figura antropomorfa de bronce aparece efectivamente descompuesta en el espacio, parece flotar en el aire y desintegrarse en su propio movimiento.

Formas únicas de continuidad en el espacio, Umberto Boccioni, 1913

Formas únicas de continuidad en el espacio, Umberto Boccioni, 1913

 El futurismo en Rusia

En enero de 1914, Filippo Marinetti viajó a la capital rusa y difundió entre los medios las ideas de su futurismo. Además, muchos representantes del futurismo italiano mantenían contacto con artistas rusos. Durante el viaje, Marinetti lanzó duras críticas contra el arte que veía en Rusia y, aunque se ganó detractores, otros muchos le apoyaron, pues para entonces Rusia se encontraba en plena revolución proletaria y triunfaba lo provocativo del arte de vanguardia. El mayor éxito que tuvo el futurismo en Rusia se produjo sobre todo entre la mole de artistas ya consagrados que habían experimentado otros movimientos del vanguardismo, y que vieron en las ideas de Marinetti una nueva forma irreverente de creación.

Una de ellas, una mujer, Natalia Goncharova (1981-1962), que había formado parte del grupo de expresionistas de Der Blaue Reiter (El Jinete Azul), se alzó como una de las líderes del movimiento ruso con la representación del dinamismo, influida sin duda por la obra de Boccioni en El Ciclista (1913).

Lámpara eléctrica, Natalia Goncharova, 1912, óleo sobre lienzo.

Lámpara eléctrica, Natalia Goncharova, 1912, óleo sobre lienzo.

Mikhail Larionov (1881-1964) también hizo sus pinitos con el “arte de la violencia”. A principios del XX tuvo contacto con la élite vanguardista del momento, incluida Goncharova, y juntos desarrollaron una fase evolucionada, de fusión del futurismo con la abstracción geométrica, que llamaron rayonismo. La violencia y agitación se muestran mediante vibrantes rayos de colores que inundan el lienzo, dispuestos de manera ordenada y que se funden con la atmósfera, como se ve en las Lámparas eléctricas de Goncharova o Rojo y azul de Larionov.

Rojo y azul, Mikhail Larionov, 1911

Rojo y azul, Mikhail Larionov, 1911

Sobre el autor

- Romántico, en el sentido artístico de la palabra. En mi adolescencia tanto familiares como amigos me recordaban una y otra vez que era un humanista empedernido, pues pasaba el rato haciendo lo que quizás otros no tanto, creyéndome Bécquer, inmerso en mis propias fantasías artísticas, en libros y películas, deseando constantemente viajar y explorar mundo, admirado por mi pasado histórico y por las maravillosas producciones del ser humano. Por ello decidí estudiar Historia y simultanear con Historia del Arte, porque me parecía la manera más adecuada de llevar a cabo las habilidades y pasiones que me caracterizan: leer, escribir, viajar, investigar, conocer, dar a conocer, educar. La divulgación es otra de mis motivaciones, pues entiendo que no hay palabra que tenga valor real si no es porque haya sido transmitida con eficacia. Y con ello, tengo la determinación de que todo lo que haga en mi vida tenga un fin didáctico.

Deja tu comentario

XHTML: Puedes usar estos tags html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Subscribirme

Suscríbete a nuestra newsletter y te mantendremos informado:

* Campo obligatorio
Red Historia ©2011-2016 - Todos los derechos reservados

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR