Arqueólogos descubren el crisol de los mayas en Guatemala

"Crisol cultural" maya
“Crisol cultural” maya. Crédito: Universidad de Arizona.

Tras varias investigaciones arqueológicas en Ceibal (Guatemala), dirigidas por los arqueólogos Takeshi Inomata y Daniela Triadan, de la Universidad de Arizona (Estados Unidos), se desprende que la sociedad de los antiguos mayas tuvo una gran dependencia de la agricultura y que diferentes grupos pudieron coexistir y colaborar en diferentes proyectos como la construcción de lugares para la celebración de ceremonias públicas.

Los resultados de esta investigación se publicarán en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, en donde se demostrará que los grupos nómadas y sedentarios tuvieron comunidades separadas e incluso que los edificios públicos fueron construidos cuando la sociedad estaba bien asentada en determinado lugar.

Tal como declaró Inomata, arqueólogo y profesor de Antropología de la Universidad de Arizona, así como autor principal del estudio, “Muchas personas han llegado a pensar que las comunidades nómadas y las sedentarias han estado separadas a pesar de su ubicación cercana, pero hemos descubierto evidencias de que ambos grupos se unieron en más de una ocasión, aunque en este caso fue para la construcción de un centro ceremonial”.

Se ha descubierto una plaza pública que tiene una antigüedad que se remonta al año 950 a.C. y donde también hay otros edificios ceremoniales que se remontan en este caso al año 800 a.C. Lo que no hay, al menos demasiadas, son viviendas en la zona o en lugares próximos, lo que demuestra que el estilo de vida de cazador-recolector hacía que se moviesen de un lugar a otro a lo largo de la selva, algo que duraría entre cinco y seis siglos más.

Inomata insistió en que esta plaza no pudo ser construida solamente por los pocos residentes de la zona dado que la construcción de estos lugares es muy considerable, por lo que era necesario un gran número de personas para llevar a cabo este proyecto.

Actualmente hay varias teorías donde se cree que los grupos que tenían diferentes grados de movilidad fueron reunidos para poder así construir los edificios y también para participar en las ceremonias públicas que se realizarían en los siguientes cien años, lo que les sirvió como nexo de unión.

Melisa Burham, coautora del estudio y también estudiante de postgrado de la Escuela de Antropología de la Universidad de Arizona, declaró que este hallazgo es verdaderamente fascinante y ver a pueblos con diferentes formas de vida trabajar codo con codo para un mismo fin es casi ver cómo se forma una sociedad más uniforme, siendo un auténtico crisol de culturas y formas de vivir la vida.

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