El control de la prensa, el arte y la ciencia en el régimen nazi

Adolf Hitler, en uno de sus discursos, afirmó: “Los sabiondos son enemigos de los hechos, lo que nosotros precisamos es instinto y voluntad”. El nazismo exigía acción, nunca reflexión ya que esta resultaba peligrosa. Joseph Goebbels, ministro de Propaganda y Cultura del III Reich, aseguraba constantemente que una mentira repetida mil veces termina aceptándose como verdad, por lo que había que controlar la información.

La prensa debía limitarse a proporcionar las noticias que se le ordenara insertar. El teatro, el cine, la radio, debían transmitir los valores del nazismo, entre ellos el racismo. Goebbels prohibió la crítica al arte, así los críticos se abstendrían de señalar que el arte nazi carecía de valores. Incluso un saber universal como es la ciencia, fue sometido a filtros. Esto fue lo que provocó sin duda que Einstein abandonara Alemania prometiendo que no regresaría hasta que recuperase la libertad.

propaganda nazi

Son muchos los que citan a la prensa como el cuarto poder del Estado y que tiene como misión educar a las muchedumbres hasta una edad avanzada. Al Estado y a la Nación alemana les interesaba fundamentalmente que el pueblo no cayera en las garras de malos maestros o ignorantes. Por consiguiente, debía vigilar la educación popular, evitando que la misma sea encarada erróneamente, cumpliéndole seguir muy de cerca las actividades de la prensa en particular, porque su influencia sobre los hombres es la más poderosa de todas y su acción es continua.

La inmensa importancia del periodismo reside en la uniformidad y persistente repetición de su prédica. Si el Estado tiene un deber que cumplir, éste consiste precisamente en olvidar que todo lo que haga tiene una exclusiva finalidad; no consentir, deslumbrado por los fuegos fatuos de la libertad de la imprenta, en que se lo lleve por extraviados derroteros ni en que se le persuada para que olvide sus obligaciones y permita la retención de los víveres que la nación necesita para conservar su bienestar. El Estado debe empuñar las riendas de este instrumento de educación popular con absoluta determinación, poniéndolo a su servicio y al de la Nación, una nación a la que la prensa liberal cavó una fosa.

Goebbels deseaba con fuerza la no continuación de la crítica de arte en su forma pasada. La información sobre arte ocupó el lugar de una crítica que se ha impuesto a sí misma como juez en materias artísticas, una completa perversión del concepto que data de los tiempos de la dominación judía del arte.

El crítico ha de ser reemplazado por el editor de arte. La información sobre arte se limita a la descripción y así esta proporcionaría al público la posibilidad de formular su propio juicio a través de sus propias actitudes y sentimientos.

Entre los 2400 manuscritos que fueron enviados al departamento en 1933, se contaban 500 dramas y una comedia antijudía, sedienta de sangre, de una categoría indefendible. El autor, poseía un carnet de Partido de tan solo dos cifras, eso lo decidía todo.

Cierto es que los judíos han difundido siempre que la ciencia es internacional. Desde el lado nacionalsocialista, tiene que insistirse en que, incluso para el hombre de la ciencia, los deberes respecto a la nación están por encima de cualquiera otra obligación. Por ello, también el hombre de ciencia tiene que considerarse a sí mismo como un miembro y servidor de la nación.

Por todas estas razones, las posiciones dirigentes de la ciencia en el Estado nacionalsocialista han de ser ocupadas por hombres alemanes con consciencia nacional y no por elementos extraños a la nación. El slogan de carácter internacional de la ciencia se basaba en una falsedad en cuanto que defiende que el éxito de la actividad científica es independiente de la pertenencia a un grupo nacional. Nadie puede afirmar que la ciencia y el arte sean internacionales. No lo son, para el nacionalsocialismo son igual de nacionales.

Nací en Madrid y vivo en Madrid. Al igual que toda mi familia, incluso mis bisabuelos, por lo que soy de una de las pocas y auténticas gatas madrileñas que sobreviven por aquí. Aunque mi gran afición es recorrer el mundo, mi rincón favorito es y siempre será mi gran ciudad. Actualmente estoy estudiando dos carreras en la Universidad Rey Juan Carlos: Derecho y Periodismo. Mis estudios han hecho de mí, una persona responsable, trabajadora y que lucha por conseguir lo que quiere. Siempre he querido ser periodista internacional y siempre he creído que para ser la mejor debía saber derecho e idiomas. En el año 2008, estuve trabajando en un colegio en Oxford llamado Radley College donde conocí a gente de todas partes. Fue una experiencia significativa que me abrió mucho la mente. Durante el curso 2009-2010 me otorgaron una beca Erasmus a París. Fue una experiencia muy buena para mi formación tanto personal, como profesional y volví al igual que en Casablanca, con aquella frase de "Siempre nos quedará París".