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Encuentran los papiros más antiguos del mundo en Egipto

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Arqueólogos han encontrado un puerto histórico en Egipto, en la Costa del Mar Rojo, con la increíble novedad que han hallado también los papiros más antiguos del mundo, según comunico el Ministerio de Antigüedades.

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El puerto pertenece a la época del faraón Keops, quien reinó durante la IV dinastía hace más de 4.500 años.

Un total de 40 papiros con jeroglíficos que documentan la vida cotidiana de los egipcios, sus obligaciones y sus derechos, han sido encontrados, muchos de ellos fechados en el año 27 del reinado del faraón Keops.

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Marcelo Ferrando Castrohttp://redhistoria.com/author/admin/
Después de estudiar Historia en la Universidad y tras muchas pruebas previas, nació Red Historia, un proyecto que surgió como medio de divulgación en donde encontrar las noticias más importantes de arqueología, historia y humanidades, además de artículos de interés, curiosidades y mucho más. En definitiva, un punto de encuentro para todos en donde poder compartir información y continuar aprendiendo.

3 Comentarios

  1. Muy buena la información que aportan, me gustaría agregar estos otros datos históricos para complementar:
    De acuerdo con Herrero (1988), se han dado varios hallazgos históricos con respecto a los papiros. El primero fue cuando se hallaron, aproximadamente, 2000 papiros carbonizados, gracias a una excavación arqueológica de una villa romana que perteneció a Lucio Calpurnio Pisón Cesonino, suegro de César. Aunque los papiros no estaban en las mejores condiciones, sí se pudieron leer y sus contenidos han sido publicados en varios volúmenes, durante el siglo XIX. El Fondo de Cultura Económica (2000) citando a Reyes, indica que este descubrimiento se dio en 1752, en Herculiano, una ciudad cercana a Pompeya y que estaba desaparecida debido a la erupción del Vesubio, en el año 79; esto explica el por qué los papiros se hallaron quemados. Actualmente, se pueden consultar en la Biblioteca Nacional de Nápoles o en la Bodleiana de Oxford.
    Herrero (1988) menciona otros descubrimientos notables como el que ocurrió en 1778, cuando se encontró la Charta Borgiana que es un papiro griego del siglo II A. C. En 1798, Napoleón hizo una expedición a Egipto y en años posteriores se han dado otros hallazgos, ya sea por expediciones arqueológicas organizadas por diferentes naciones o por intereses privados, por ejemplo: en 1921, se encuentra la ciudad en Mesopotamia conocida como Dura Europo, la cual fue fundada por asirios y conquistada por romanas en el siglo II A.C o en 1937, se consiguieron unos 200 papiros griegos en Palestina y los rollos del Mar Muerto con información sobre el Antiguo Testamento, escritos en arameo y hebreo.
    Sin embargo, es importante indicar que se han conseguido más papiros griegos que latinos porque la mayoría viene de Egipto, en época grecorromana (Herrero, 1988). Los papiros suelen encontrarse en el desierto, en basureros, envolviendo el cuerpo de los muertos o en sus tumbas como parte de las pertenencias favoritas que se enterraban junto al cadáver. El Museo Británico tiene una gran colección de papiros antiguos. (Reyes, citado en Fondo de Cultura Económica, 2000).
    A partir de estos descubrimientos, surge en el siglo XX, la papirología, la cual es un campo de estudio propio de la filología, el cual tiene como objetivo hacer la lectura y la interpretación de los papiros. (Herrero, 1988)
    Como datos históricos con respecto al uso del papiro, Reyes (citado en el Fondo de Cultura Económica, 2000) manifiesta que el imperio romano era un gran consumidor de estos, se compraba cargas de barcos enteros y los guardaban; ahí adoptaron su uso, después de la conquista de Grecia, en el siglo II A.C., pues en Grecia ya se usaban los rollos desde el siglo V A.C.
    Con respecto a las particularidades de los papiros, Herrero (1988) describe que este material se obtiene de una planta que se ubicaba en los alrededores del río Nilo y se hacían largas bandas que podían ser enrolladas.
    Asimismo, se identifican dos tipos: los literarios porque contienen poemas o fragmentos de prosa y verso, especialmente de autores famosos y los no literarios o documentales que corresponden a contratos, cartas, documentos fiscales, actas de matrimonio, ejercicios escolares de copia y dictado de las escuelas grecolatinas de Egipto, antologías y textos de autores que fueron objeto de estudio en estas. (Herrero, 1988). Por su parte, Reyes, citado en Fondo de Cultura Económica (2000) indica que también hay papiros públicos y otros privados, pero también se podían diferenciar por su calidad, por ejemplo: existían el imperial y el real, los que eran los mejores.
    En cuanto a la apariencia de los rollos de papiro, Reyes (citado en Fondo de Cultura Económica, 2000) describe que estos medían aproximadamente unos 10 metros de largo y de ancho contaban con unos 25cms. Al cerrarse, estos podían tener un diámetro de unos 5 – 6 cms. Usualmente, los rollos más anchos se destinaban para la escritura de obras científicas; los más pequeños, para la poesía.
    Con respecto a la escritura de los papiros, se tiene que el lado externo se mantenía en blanco y en el interno, se escribía, con buena caligrafía, en columnas de unos 8cms que iban de izquierda a derecha y formaban páginas, las que tenían márgenes. Se utilizaba para escribir una caña con tinta negra obtenida de jugos naturales, su color es muy resistente, pero los romanos usaban tinta roja para destacar los títulos. Se usaban reglas y compás como instrumentos para hacer los renglones. Las obras largas se presentaban en varios libros, los que no presentaban ningún tipo de puntuación ni división por capítulos. Únicamente, los libros latinos tienen espacios entre las palabras, los griegos carecían de esto (Reyes, citado en el Fondo de Cultura Económica). Una vez el papiro se hubiera terminado de escribir, se les ponía, en los extremos, una varillita negra y adornadas y, con un trozo de papiro que guindaba de estos, se les escribía su título para identificarlos (Herrero, 1988), el cual también aparecía al inicio o al final de texto (Reyes, citado en el Fondo de Cultura Económica). Es importante notar que, actualmente, a los papiros antiguos se les identifica con el nombre de la persona que los descubrió, la ciudad en la que se hallan o con la institución a la que pertenecen (Herrero, 1988).

    Para leer los papiros era necesario usar ambas manos: la derecha sostiene el rollo, la izquierda enrollaba el papiro conforme se avanzaba en la lectura, pero así quedaba enrollado al revés y había que arreglarlo antes de guardarlo. (Reyes, citado en el Fondo de Cultura Económica)

    Los libros, especialmente los de matemáticos, usaban dibujos y los de farmacología se les ponían plantas a colores, las biografías romanas incluían los retratos. (Reyes, citado en el Fondo de Cultura Económica).
    Con respecto a la conservación de los papiros, estos corrían varios peligros: el deterioro al manipularlos para su lectura, ya que podían desgarrarse, los insectos, la humedad por lo que debían almacenarse en lugares con clima seco sino se usaba aceite de cedro para protegerlo y se mantenían en estuches. Sin embargo, no eran suficientes estas medidas para alagar su vida útil y por eso no se han descubierto papiros que hayan sido escritos por sus autores originales, sino que son copias hechas por esclavos, pues ya en la antigüedad era difícil encontrar papiros con más de 200 años, como lo indica Reyes (citado en el Fondo de Cultura Económica, 2000). Pero, al dictarles los contenidos, era común encontrar errores porque los esclavos no comprendían bien el idioma o por las equivocaciones al dictar (Herrero, 1988). Reyes (citado en el Fondo de Cultura Económica) agrega que los papiros tenían errores por la producción en masa y la presión para que se hiciera rápido, por descuido, negligencia o pereza de los copistas, ya que se brincaban renglones. Por esto, se contaban los que había en el original y se comparaban con las copias, el número de renglones se ponía al pie y así verificaban que hubiera estuvieran completos. Hay papiros que tienen fe de erratas debido a la queja de autores y de compradores. Cicerón menciona a algunos copistas: Farnaces, Anteo y Salvio.

    Aparte de los papiros, para escribir también se utilizaban tablillas enceradas, pero los primeros eran preferidos por ser más manejables y duraderos (Herrero, 1988). Debido al alto costo del papiro, pues su producción y venta llegó a ser parte de un monopolio y por su escasez, ya que Tolomeo Epífanes, rey de Egipto hizo una prohibición para exportar papiro, pues así quería evitar las competencias entre bibliotecas que podrían perjudicar la fama de la de Alejandría, entonces el pergamino fue el otro material competidor a fines del siglo III D.C. Sin embargo, era preferible leer un papiro que un pergamino, pues es más ligero de peso y no reflejaba la luz (Reyes, citado en Fondo de Cultura Económica, 2000).
    Es importante recalcar la importancia que tienen los papiros antiguos. Tal y como lo explica Herrero (1988), es posible encontrar en estos textos de autores que se daban ya por perdidos, se recuperan versiones más antiguas de los rollos que pudieron ser seleccionados y arreglados durante la Edad Media. Por supuesto, al encontrar otros documentos no literarios, se obtiene una mejor comprensión del estilo de vida y la cotidianidad, en Egipto, en época grecorromana y el avance de la religión cristina en este contexto socio – histórico. Además, los papiros provienen de diferentes lugares y épocas, lo que facilita comprender la gramática del griego y del latín, así como los cambios y la difusión de estas lenguas.
    Por consiguiente, Herrero (1988) expone que se han creado organizaciones que velan por la conservación y el estudio de los papiros como San Lucas Evangelista y los seminarios universitarios: Seminario de Papirología, de la Facultad Teológica de San Cugat del Vallés (en Barcelona) y el Seminario de Estudios Papirológicos (en Madrid).
    Referencias:
    Fondo de Cultura Económica. (2000). Obras completas de Alfonso Reyes. México: Fondo de Cultura Económica.
    Herrero, V. (1988). Introducción al estudio de la filología latina. Madrid: Editorial Gredos.

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