La alfarería no era una actividad exclusiva de mujeres hace mil años

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Huellas dactilares ampliadas encontradas al suroeste de EE UU en fragmentos de tarros que datan del siglo XI. Crédito. John Kantner

A lo largo de la historia, hemos asumido que ciertas tareas se han realizado en función del género. Por ejemplo, se cree que en las sociedades de cazadores y recolectores los hombres cazaban y las mujeres se ocupaban de la recolección de alimentos.

Sin embargo, muchas de estas afirmaciones se basan en suposiciones, ya que escasean las evidencias directas en los yacimientos arqueológicos. Por eso, aún no se ha podido reconstruir la evolución de esta división sexual del trabajo.

En la antigua sociedad de Puebloan, un conjunto de pueblos de nativos americanos del suroeste de EE UU, que sufrieron la colonización por parte de los españoles en el siglo XVI, la hipótesis parecía ser la misma: las mujeres realizaban alfarería y otras tareas domésticas tradicionales, mientras que los hombres se dedicaban a la caza y la agricultura.

Para comprobar esta teoría, un equipo de científicos, liderados por la Universidad del Norte de Florida (EE UU), ha publicado en la revista PNAS un método innovador a partir de las huellas dactilares registradas en tarros de cerámica para identificar el sexo de las personas que trabajaban el barro en esta antigua sociedad.

“Encontramos que la proporción de impresiones masculinas y femeninas variaba a lo largo del tiempo y entre los diferentes hogares. Esto sugiere que la fabricación de cerámica no fue una actividad ligada al género. Y si eso es cierto para la alfarería, quizás también lo sea para otros tipos de actividades”, declaró John Kantner, investigador en la universidad estadounidense, y autor principal del trabajo.

Huellas dactilares de mil años

Los científicos analizaron 985 fragmentos de tarros de unos mil años de antigüedad. De cada uno de ellos, estudiaron las impresiones dejadas por las huellas dactilares ya que, según las ciencias forenses, el sexo humano puede determinarse mediante la medición de la rugosidad de la fricción de esas marcas.

Gracias a un microscopio digital de alta potencia, los investigadores pudieron realizar los cálculos y determinar el sexo del alfarero.

“Aunque el sexo es un término biológico, y el género está determinado culturalmente, en la medida en que los dos están vinculados, podemos usar el sexo por huella dactilar para inferir el género de los alfareros”, explica Kantner.

La producción de cerámica en Puebloan puedo estar marcada por el desarrollo del cañón del Chaco, en el moderno México, como un centro político y religioso muy influyente. En ese momento hubo una alta demanda de alfarería, lo que pudo haber alentado a hombre y mujeres a trabajar el barro.

Los resultados obligan a los científicos a pensar en el pasado de manera diferente. “Algunas cosas que consideramos intrínsecas a la naturaleza humana, como el trabajo de género, no son una característica humana esencial”, recalca el investigador.

Según el autor, el trabajo sugiere que “que tal vez no siempre podemos asumir que las sociedades antiguas eran similares a nosotros hoy”. En la actualidad, se da por hecho que existe desde siempre una fuerte división del trabajo por género, pero es posible que “esto sea el resultado de influencias históricas recientes como la colonización europea y la enculturación de muchas personas en todo el mundo”, dice Kantner.

“Quizás las cosas fueron muy diferentes en el pasado”, concluye.

Referencia bibliográfica:

John Kantner, David McKinney, Michele Pierson, and Shaza Wester. “Reconstructing sexual divisions of labor from fingerprints on Ancestral Puebloan pottery” PNAS 3 de junio de 2019.

Vía Adeline Marcos en Sinc.