Los pueblos íberos eran más móviles de lo que se pensaba

muralla de segeda

Nuestra visión de los pueblos de la Antigüedad ha sido tradicionalmente la de unas gentes de escaso desarrollo tecnológico y movilidad geográfica. En el caso de los pueblos prerromanos que habitaban la Península, si bien es cierto que su tecnología era primitiva, nuevas investigaciones apuntan a una movilidad y un comercio entre regiones mucho mayor de lo que solíamos pensar.

Tomás Pedraz, de la Universidad de Alicante, ha puesto de ejemplo los pueblos íberos que habitaban las actuales Valencia y Castilla-La Mancha. En primer lugar, la presencia de grandes fortificaciones muestra “un papel económico y un prestigio” en dichas zonas. En segundo lugar, hay indicios de comercio y relaciones relativamente frecuentes entre estas zonas y otras regiones, como Aragón y Andalucía.

Por su parte Diego Franganillo, arqueólogo, ha mostrado evidencias de romanización en Segeda, un asentamiento íbero (y posteriormente romano) en la provincia de Zaragoza. Según sus datos, en realidad se trataría de dos asentamientos. Así, Segeda I era la población original de los íberos, destruida en la invasión romana. Y Segeda II, a sólo cien metros de la original, era la reconstrucción romana de ese asentamiento.

Dicho patrón de destrucción y reconstrucción era común en la conquista de la Península, pues permitía a los romanos construir ciudades de la forma que ellos querían. A menudo el asentamiento original estaba situado en cerros o elevaciones de otro tipo, pero los romanos preferían reconstruir en llano por el mayor incentivo económico que suponía.

Los datos han sido presentados en varios ponencias del Congreso Internacional ‘Fortificaciones en la Edad del Hierro: Control de los recursos y el territorio’.

Imagen: Zamora Protohistórica