Reconstruyen rostro de Homo sapiens egipcio de hace 30 mil años

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Leopoldo Ágreda Lovera
Nací en Mérida, un estado andino de Venezuela pero me crié en Caracas la ciudad donde crecí, observando el Ávila y haciéndome las preguntas más importantes sobre la vida, la sociedad y el universo, rodeado de árboles y el sabor agridulce de toda gran ciudad. En el trayecto de mi vida, conocí las calles y sus gentes, las cuales me ayudaron a formarme un mejor criterio de la existencia humana y las ciencias sociales, para luego estudiar en la Universidad Central de Venezuela, donde me he formado como historiador y pensador social. La lectura es uno de mis grandes vínculos con el pasado y la esencia de la humanidad, ya que como dijo Descartes, leer es como tener una conversación con las grandes mentes de la historia; el ajedrez es otra de mis grandes pasiones, ya que me ha ayudado a desarrollar una mejor comprensión de la vida, que junto a la música, forman los tres pilares de mis gustos actuales. Soy familiar, amante de la naturaleza y los animales, porque en ellos ves la esencia de la filosofía y de Dios.

Se considera la persona más antigua hallada en Egipto con una antigüedad de 30 mil años, reconstruyéndose su cara gracias al uso de nuevas tecnologías, que mezclan el análisis científico de los huesos con el arte, ofreciéndonos una imagen que puede ayudar a comprender mejor la evolución humana.  

La imagen fue fruto del trabajo de un grupo brasilero, que utilizó la fotometría para crear dos imágenes del hombre, la cual se logró extrayendo imágenes 3D luego de analizar con gran precisión las imágenes de los fragmentos de hueso.

El hombre en cuestión fue un egipcio de hace 30 mil años que medía cerca de 1,60 metros, con una edad de 17 a 29 años a la hora de su fallecimiento, y su esqueleto estaba en un alto grado de conservación.

De hecho, el estudio pudo reconstruir su cara gracias a que los la mayoría de huesos faciales y buena parte del cráneo se hallaban en buen estado, no obstante, el estudio tuvo grandes dificultades ya que una parte del cráneo estaba perdido.

Para sortear este obstáculo, los científicos utilizaron el fragmento que poseían para luego compararlo con tomografías craneales actuales, tomando diversos datos y creando patrones.

El proceso evolutivo puede estudiarse a través de éste y otros individuos de la época, ya que los investigadores observaron, que este Homo sapiens poseía rasgos arcaicos en su mandíbula a diferencia de los humanos modernos.

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