jueves, septiembre 24, 2020
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Una iglesia jesuita del siglo XVIII permite conocer aspectos del México colonial

Estos enterramientos en Zacatecas permiten conocer más de la realidad del México colonial. Crédito: INAH.
Estos enterramientos en Zacatecas permiten conocer más de la realidad del México colonial. Crédito: INAH.

Hace cinco años se hallaron 20 momias debajo de un antiguo templo de la Compañía de Jesús en México. El arqueólogo Francisco Montoya Mar declaró que este descubrimiento es una ‘ventana’ a la historia de la ciudad de Zacatecas del siglo XVIII.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia afirmó en un comunicado, que el estudio de estos vestigios es una gran oportunidad para conocer la vida de distintos sectores y su transcurso desde la época colonial al México independiente.

En uno de los entierros, el 14, los análisis y reflexiones indujeron a contradicción entre los datos arqueológicos y el histórico. Un rico ataúd tapizado de seda, decorado con listones dorados y remachado con tachuelas chapadas de oro, fue colocado originalmente con la tapa vuelta al suelo y no hacia la superficie.

Dentro de ese ataúd estaban los restos de Luis Rivero, que murió a los cinco años de edad, víctima de una fiebre escarlatina en mayo de 1844, lo cual está confirmado por unas liras y una elegía que el padre del menor del mismo nombre y el tío, Gerardo García Rojas, dejaron como pruebas de su lamento.

Montoya, profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Zacatecas, indicó que las liras y la elegía son un testimonio de la mentalidad de la época y de los males que aquejaban a la población de la época.

Los entierros no han sido fechados, excepto uno que se sabe con certeza que data de la ocupación jesuita. Se trata del que se asoció al número siete y corresponde a un hombre entre 70 y 75 años de edad, muy probablemente un sacerdote jesuita porque estaba vestido con el hábito de la orden, una sotana de tela negra y áspera remachado con 33 botones, cifra que hace referencia a la edad en que murió Jesucristo.

La mayoría de entierros presentaban características modestas, y los ataúdes y los ropajes con que fueron envueltos los restos eran sencillos. Montoya cree que estaban allí sepultados por la amistad que mantenían con los jesuitas.

Con relación al Templo de Santo Domingo, los arqueólogos se dieron cuenta de que el edificio actual no se correspondía con la construcción original. La antigua iglesia data del 1616 y la que ahora se observa comenzó a edificarse en 1746, consagrándose en 1750. Los jesuitas la usaron durante 17 años, hasta que la orden religiosa fue expulsada de los territorios hispanos en 1767, según confirman los especialistas.

La iglesia estuvo vacía por dos décadas hasta que los dominicos la ocuparon. Por ellos es más conocido como el Templo de Santo Domingo, uno de los edificios más preciados de la ciudad de Zacatecas.

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Celia López
Graduada en Historia y en Ciencia Política.

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