Las lluvias dejaron al descubierto el entierro de una mujer que vivió hace 1.000 años en Tlayacapan

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Leopoldo Ágreda Lovera
Nací en Mérida, un estado andino de Venezuela pero me crié en Caracas la ciudad donde crecí, observando el Ávila y haciéndome las preguntas más importantes sobre la vida, la sociedad y el universo, rodeado de árboles y el sabor agridulce de toda gran ciudad. En el trayecto de mi vida, conocí las calles y sus gentes, las cuales me ayudaron a formarme un mejor criterio de la existencia humana y las ciencias sociales, para luego estudiar en la Universidad Central de Venezuela, donde me he formado como historiador y pensador social. La lectura es uno de mis grandes vínculos con el pasado y la esencia de la humanidad, ya que como dijo Descartes, leer es como tener una conversación con las grandes mentes de la historia; el ajedrez es otra de mis grandes pasiones, ya que me ha ayudado a desarrollar una mejor comprensión de la vida, que junto a la música, forman los tres pilares de mis gustos actuales. Soy familiar, amante de la naturaleza y los animales, porque en ellos ves la esencia de la filosofía y de Dios.

En la sección baja de la Zona Arqueológica El Tlatoani, ubicada en una de las peñas de Tlayacapan, en el estado de Morelos, las fuertes lluvias dejaron al descubierto un entierro, el cual, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmaron como prehispánico, con una antigüedad de alrededor de 1,000 años.

El hallazgo lo hicieron vecinos del poblado, quienes avisaron al INAH que en el terreno cercano al acceso del sitio arqueológico habían quedado expuestos una serie de huesos, presumiblemente humanos.

La Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Centro INAH Morelos, atendió el caso de inmediato y se implementó un rescate arqueológico para atender el descubrimiento.

Durante cinco días se llevó a cabo un proceso de excavación arqueológica para definir el contexto.

Así, quedó al descubierto el entierro de una persona adulta del sexo femenino; se encontró recostada en su lado derecho, con el cráneo hacia el norte y con las extremidades superiores e inferiores flexionadas, efecto de haber sido envuelta en un petate y colocada a modo de bulto mortuorio, explica el arqueólogo Raúl Francisco González Quezada, quien atendió el hallazgo junto con los arqueólogos Jorge Alberto Linares Ramírez y Enrique Méndez Torres.

Asociados al entierro se hallaron materiales cerámicos fragmentados, entre estos, cajetes y una figurilla antropomorfa modelada, los cuales, de acuerdo con González Quezada, indican que el entierro pertenece al periodo tolteca, en el Posclásico Temprano, es decir, entre los años 900 y 1200 de nuestra era.

Asimismo, detalla que debe tratarse de un entierro de carácter doméstico, los cuales eran colocados debajo del piso de las casas. Esto se deduce porque el sitio donde se halló corresponde a una terraza prehispánica, construidas para edificar sobre ellas las casas, dado que el terreno es muy accidentado.

Más abajo del entierro se descubrió una concentración de material cerámico fragmentado, correspondiente a cajetes trípodes de soportes lobulados alargados, de la región que hoy ocupa el estado de Morelos y que datan del Preclásico Tardío, de entre los años 500 a 150 antes de nuestra era; esta es la primera vez que se registra material de esta antigüedad en El Tlatoani, con lo que se abre una ventana para estudiar etapas de ocupación más antiguas en este sitio, destaca el arqueólogo.

El Tlatoani se localiza en una de las peñas de Tlayacapan, de acuerdo con los arqueólogos que lo han estudiado, el sitio fue ocupado por la “gente de Tlayacapan” o “Tlayacapan tlaca y su ocupación más importante ocurrió entre 900 y 1200 d.C.

González Quezada comenta que, desde hace 12 años, el INAH ha mantenido un proyecto de investigación y conservación de la zona arqueológica, lo que ha propiciado la confianza de la comunidad y su participación en el cuidado del patrimonio, ya que está dentro del área de desarrollo. Dicha confianza y la pronta actuación del instituto permitieron la recuperación de dicho entierro, el cual presenta buen estado de conservación.

Ahora, el INAH continuará con el análisis, por parte del área de Antropología Física, para determinar más elementos de la biografía de esta mujer que vivió en Tlayacapan hace un milenio, y con ello recuperar una parte de la historia de esta comunidad con un enorme patrimonio arqueológico, finaliza el arqueólogo.

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