En el 68 d.C., el emperador Nerón se suicidó tras ser declarado enemigo público por el Senado. Su muerte marcó el fin de la dinastía Julio-Claudia, que había gobernado Roma durante casi un siglo. Con su desaparición se desmoralizó también el sistema que Augusto había construido: un sistema donde el poder centralizado en el emperador dependía, en última instancia, de la lealtad de los ejércitos, pero donde nadie había resuelto de forma satisfactoria el problema de cómo se elegía al siguiente emperador cuando el anterior moría sin heredero directo. Lo que siguió fue una guerra civil que duró apenas un año pero que fue catastrófica en sus consecuencias para Italia y que reveló las fragilidades del sistema imperial.
El 69 d.C., conocido en la historiografía como el año de los cuatro emperadores, fue un período de apenas doce meses en el que cuatro generales diferentes fueron proclamados emperadores por sus propios ejércitos, compitieron por el trono y tres de ellos murieron violentamente. Fue un período que recordaba los peores momentos de la crisis de la República del siglo I a.C., cuando Mario, Sila, Pompeyo y César habían sumido a la República en guerras civiles. Pero fue también un período que demostró que el Imperio era lo bastante robusto como para sobrevivir a una crisis institucional de esa magnitud y emerger, bajo un nuevo gobernante, más fuerte que antes.
El colapso del reinado de Nerón
Para entender el 69 d.C., es necesario entender qué había sucedido durante el reinado de Nerón. Nerón había gobernado desde el 54 d.C., cuando Claudio fue asesinado, hasta el 68 d.C., cuando huyó de Roma. Durante esos 14 años, Nerón se transformó de un joven emperador que comenzó su reinado con promesas de buen gobierno en un tirano cada vez más paranoico que ejecutaba a miembros de la aristocracia, que perseguía a los cristianos en Roma, que según la tradición causó el incendio de la ciudad y que finalmente se alienó de todos los grupos de poder que realmente importaban en el Imperio.
El incidente que precipitó su caída fue la conspiración de Pisón en el 65 d.C., un complot para asesinarlo orquestado por miembros de la aristocracia senatorial. El complot fue descubierto, sus participantes fueron ejecutados y Nerón se volvió aún más paranoico. En los años siguientes ejecutó a centenares de aristócratas ricos, no siempre basándose en pruebas reales de traición sino en sospechas de que podrían llegar a serlo. Sus ejecuciones servían además al propósito práctico de confiscar sus tierras y propiedades, que él necesitaba para financiar sus excesivos gastos en construcción y entretenimiento.
En el 68 d.C., el gobernador de Galia Lugdunense, Gaio Julio Vindex, se rebeló contra Nerón declarándolo enemigo público y proclamando que estaba actuando en nombre del Senado. Vindex fue derrotado rápidamente por Lucius Verginius Rufus, el gobernador de la Germania Superior, pero el daño estaba hecho. El Senado votó la condena de Nerón como enemigo público. Nerón huyó de Roma y, viéndose sin salida, se suicidó en el 68 d.C., con ayuda de su secretario Epafrodito. Sus últimas palabras, según Suetonio, fueron «¡Qué artista muere conmigo!».
Con la muerte de Nerón desapareció la dinastía Julio-Claudia y no había un sucesor obvio. Augusto había vivido 76 años y había pasado décadas preparando la sucesión. Nerón tenía sólo 31 años y había muerto sin dejar heredero. El Senado, que teóricamente elegía al emperador, nunca había tenido que ejercer esa función. Augusto había sido elegido formalmente, pero sus sucesores habían sido designados. Ahora, con la muerte de Nerón, el Senado estaba enfrentado a una pregunta para la cual no tenía respuesta clara: ¿quién debería ser el próximo emperador?
Los cuatro candidatos
Servio Sulpicio Galba
Galba era el más obvio de los candidatos. Tenía 73 años, había sido gobernador de Hispania durante ocho años, había apoyado públicamente el movimiento contra Nerón y el Senado lo había proclamado. Era un general respetado, aunque no particularmente brillante. Había pasado toda su carrera bajo diferentes emperadores y no tenía las alianzas militares que había tenido Nerón con la Guardia Pretoriana. Fue nombrado gobernador de una provincia importante, la Hispania Tarraconense y desde allí marchó hacia Roma. El Senado lo reconoció formalmente como emperador.
La debilidad de Galba era su edad y su falta de conexiones familiares importantes. No tenía hijo que lo sucediera, no tenía la riqueza personal que otros generales tenían y como sería evidente muy rápidamente, no tenía la capacidad política de mantener unidas a las facciones que lo habían proclamado. Su plan de marchar a Roma y consolidar el poder se vio obstaculizado por la forma en que trató a sus propias tropas y a los soldados de la Guardia Pretoriana. Necesitaba reducir gastos, así que redujo los bonos que Nerón les había pagado. Fue un error catastrófico.
Marcus Salvius Otón
Otón era un senador adinerado que había sido gobernador de Lusitania (la actual Portugal) bajo Nerón. Había sido amigo de Nerón en su juventud y había sido desplazado en favor de un rival en los afectos del emperador. Sabía qué querían los soldados: dinero y beneficios. Cuando Galba llegó a Roma, Otón financió a la Guardia Pretoriana para que se amotinara en su contra. Los guardias pretorianos, resentidos por las reducciones de Galba, lo asesinaron el 15 de enero del 69 d.C., apenas meses después de haber sido proclamado emperador.
Otón fue proclamado emperador por los guardias pretorianos, pero su problema era que no tenía el apoyo de los ejércitos provinciales y específicamente no tenía el apoyo de las legiones de Germania, que obedecían a un general mucho más poderoso.
Aulo Vitelio
Vitelio era el gobernador de la Germania Inferior y controlaba las legiones más poderosas del Imperio. Los soldados de esas legiones lo proclamaron emperador el mismo día en que mataban a Galba. Vitelio era un general competente pero sin las preocupaciones políticas que tenían Galba u Otón. Según las fuentes, era grosero, derrochador y sin interés en los asuntos de estado, pero sus legiones eran leales y eran las más numerosas que cualquiera de los otros candidatos controlaba.
Vitelio marchó hacia Italia. Otón intentó detenerlo con un ejército improvisado, pero fue derrotado en la batalla del Bedriago, cerca de Verona, el 14 de abril del 69 d.C. Otón, viendo que estaba perdido, se suicidó. Con su muerte había habido dos emperadores en apenas tres meses.
Titus Flavius Vespasianus
Vespasiano era un general experimentado que en ese momento estaba ocupado en la guerra contra los judíos rebeldes en Judea. No había buscado el poder imperial y de hecho, era el único de los cuatro que no había proclamado su propia candidatura. Pero cuando sus tropas vieron que Italia estaba cayendo en el caos y que Vitelio no estaba capacitado para mantener el orden, proclamaron a Vespasiano emperador en el 69 d.C.
Lo importante de Vespasiano no era su ambición sino su experiencia y su capacidad de ofrecerle algo a los ejércitos que lo proclamaban: estabilidad y orden. Después de las represiones de Nerón, después del caos del 69 d.C., los ejércitos querían un líder que tuviera un plan y que fuera capaz de ejecutarlo. Vespasiano tenía eso. Tenía además el apoyo de los gobernadores de Egipto y de otras provincias ricas, lo que significaba que tenía acceso a recursos financieros.
Las batallas del 69 d.C.
La guerra civil del 69 d.C. fue breve pero brutal. La principal batalla fue la del Bedriago, donde Otón fue derrotado por Vitelio, pero hubo otras. Las legiones de Judea, bajo el mando de Vespasiano, avanzaron hacia Occidente. Las legiones del Danubio, que habían estado bajo el mando de Vitelio pero que ahora se rebelaron contra él, avanzaron hacia Italia. Hubo saqueos, hubo ciudades quemadas, hubo campesinos ejecutados por los ejércitos que pasaban por sus tierras.
La batalla decisiva fue en el río Cremona, en el norte de Italia, donde las fuerzas de Vespasiano derrotaron definitivamente a Vitelio. Vitelio fue capturado, humillado públicamente, asesinado y su cuerpo fue arrojado al río Tíber. Con su muerte, Vespasiano consolidó el poder.
Los cuatro emperadores de 69 d.C.
| Emperador | Proclamado | Duración | Causa de muerte | Apoyos principales |
|---|---|---|---|---|
| Galba | Junio 68 d.C. | 7 meses | Asesinado por Guardia Pretoriana | Senado, gobernadores |
| Otón | 15 enero 69 | 3 meses | Suicidio tras derrota | Guardia Pretoriana, senadores |
| Vitelio | 2 enero 69 | 8 meses | Asesinado tras guerra civil | Legiones de Germania |
| Vespasiano | Julio 69 | Ascenso definitivo | (Reinó 69-79 d.C.) | Legiones de Judea, Danubio, Egipto |
Las consecuencias del año de los cuatro emperadores
El 69 d.C. tuvo consecuencias profundas para el Imperio. La más inmediata fue la destrucción material de Italia. Las batallas se habían librado en territorio italiano y las ciudades de la región de Cremona fueron parcialmente destruidas. Los campos fueron devastados, los campesinos fueron reclutados a la fuerza o asesinados y el comercio se paralizó. Italia tardaría años en recuperarse.
La segunda consecuencia fue institucional. El 69 d.C. demostró que la estructura que Augusto había creado tenía una fragilidad fundamental: el ejército, que era la base del poder imperial, podía elegir y depositar emperadores. No había un mecanismo claro de sucesión, lo que significaba que cada muerte de un emperador creaba un vacío de poder que los ejércitos tenían que llenar. Los historiadores antiguos vieron en el 69 d.C. un presagio de crisis futuras y tenían razón: este patrón se repetiría durante toda la historia imperial, especialmente durante la crisis del siglo III.
Pero también hubo una tercera consecuencia: la supervivencia del Imperio. A pesar del caos, a pesar de la guerra civil, a pesar de que tres emperadores fueron asesinados o se suicidaron en cuestión de meses, el Imperio no colapsó. Los gobernadores continuaron gobernando sus provincias, el comercio continuó, aunque en menor escala y el Senado continuó existiendo. Cuando Vespasiano consolidó el poder, tenía un estado funcional que heredar. Eso fue en gran medida mérito de la robustez de las instituciones que Augusto había creado.
Historiografía del 69 d.C.
La historiografía antigua es compleja porque la mayor parte de nuestras fuentes fueron escritas por historiadores que tenían opiniones políticas claras. Tácito, que escribía bajo los Antoninos, vio en el 69 d.C. una demostración de la fragilidad de la república aristocrática romana y una justificación de por qué se necesitaba un emperador fuerte. Suetonio, escribiendo bajo Adriano, tendía a enfatizar los aspectos más dramáticos y personales de los eventos en sus Vidas de los Doce Césares. Dion Casio, escribiendo mucho después, tenía una perspectiva que reflejaba su propia era.
La historiografía moderna tiende a ver el 69 d.C. como un punto de inflexión importante pero no como una amenaza existencial para el Imperio. El hecho de que Vespasiano, una vez consolidado el poder, fue capaz de gobernar durante diez años con relativa estabilidad sugiere que el sistema era más resiliente de lo que parecía durante el caos inmediato del 69 d.C.
La importancia de Vespasiano
Lo que hace especialmente importante el 69 d.C. es que produjo a Vespasiano, quien sería el primer emperador después de Augusto que no era de origen patricio romano ni tenía conexiones con la familia imperial anterior. Vespasiano era de clase ecuestre, de origen itálico pero no de la nobleza romana. Su llegada al poder fue un cambio de paradigma: demostró que un hombre capaz podía llegar al trono imperial sin ser un miembro de la vieja nobleza.
Vespasiano usó su experiencia militar para estabilizar el Imperio. Fue al mismo tiempo un general competente y un administrador pragmático. No intentó ser el filósofo rey que Augusto había cultivado como imagen, ni intentó ser la figura carismática que Nerón había pretendido ser. Fue simplemente un gobernante que quería que el Imperio funcionara, que gastaba dinero en lo que era necesario, que era cuidadoso con las finanzas, que mantenía a los ejércitos contentos y que respetaba las formas del Senado sin permitir que el Senado realmente desafiara su poder.
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Tácito: Historias.
- Suetonio: Vidas de los Doce Césares.
- Plinio el Viejo: Historia Natural (selecciones).
- Apiano: Historia romana (libro civil).
- Dion Casio: Historia romana (libros 65-67).
- Josefo: La guerra judía.
Bibliografía recomendada:
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- Murison, C. L.: Rebellion and Reconstruction: Galba to Domitian, An Historical Commentary on Cassius Dio’s Roman History, Books 64-67(A). American Philological Association, 1999.
- Morgan, G.: 69 A.D.: The Year of the Four Emperors. Oxford University Press, Oxford, 2006.
- Garzetti, A.: From Tiberius to the Antonines: A History of the Roman Empire, A.D. 14-192. Methuen, London, 1974.
- Goldsworthy, A.: The Roman Army at War 100 BC–AD 200. Oxford University Press, Oxford, 1996.
- Keppie, L.: The Making of the Roman Army: From Republic to Empire. University of Oklahoma Press, Norman, 1984.
- Jones, B. W.: The Emperor Domitian. Routledge, London, 1992.
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- Wellesley, K.: The Long Year: AD 69. Westview Press, Boulder, 1975.
- Braund, D. (ed.): Tacitus: Histories Book I. Bristol Classical Press, Bristol, 1996.
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- Campbell, B.: The Roman Army, 31 BC–AD 235: A Sourcebook. Routledge, London, 1994.
Preguntas frecuentes sobre el año de los cuatro emperadores
¿Por qué se conoce como el «año de los cuatro emperadores»?
Porque entre junio del 68 d.C. (cuando Galba fue proclamado) y diciembre del 69 d.C. (cuando Vespasiano consolidó el poder), cuatro generales diferentes fueron proclamados emperadores por sus propias tropas. Aunque el período se extendió técnicamente desde el 68 al 69 d.C., la mayor parte de la acción violenta ocurrió durante el 69 d.C., que es por lo que la historiografía lo denomina «el año de los cuatro emperadores».
¿Cuánto tiempo gobernó cada uno?
Galba gobernó desde junio del 68 d.C. hasta enero del 69 d.C., aproximadamente 7 meses. Otón gobernó desde enero del 69 hasta abril del 69, apenas 3 meses. Vitelio gobernó desde abril del 69 hasta diciembre del 69, aproximadamente 8 meses. Vespasiano fue proclamado en el 69 pero no consolidó completamente el poder hasta finales de año, reinando entonces desde el 69 d.C. hasta su muerte en el 79 d.C.
¿Fue realmente tan destructivo como dicen los historiadores?
Sí. Las batallas se libraron en Italia, especialmente en el norte, y ciudades como Cremona fueron parcialmente destruidas. Los campos fueron devastados, los civiles sufrieron hambres y enfermedades. Sin embargo, la escala no fue comparable a las guerras civiles del siglo I a.C., que duraron décadas. El caos del 69 d.C. fue breve pero intenso.
¿Por qué Vespasiano no fue proclamado hasta el final?
Vespasiano estaba en Judea, dirigiendo una campaña militar contra los rebeldes judíos. No tenía interés en la política de Roma ni buscaba activamente el poder. Pero cuando sus soldados vieron el caos que se desarrollaba en Italia, decidieron proclamarlo emperador porque sabían que él era capaz de mantener el orden. Fue una decisión pragmática, no ideológica.
¿Qué cambió después del 69 d.C.?
El 69 d.C. demostró que los ejércitos tenían poder para elegir emperadores, pero también que los emperadores que querían sobrevivir necesitaban mantener a los ejércitos contentos. Vespasiano entendió esto y pasó su reinado consolidando la lealtad del ejército y manteniendo las finanzas del Imperio en orden. Su éxito como emperador fue el resultado directo de lo que aprendió durante la crisis del 69 d.C.
¿Era Vitelio realmente tan incompetente como la tradición lo presenta?
Las fuentes antiguas, que fueron escritas bajo Vespasiano y sus sucesores, tendían a retratar a Vitelio como derrochador, grosero e incompetente. Es probable que fuera menos terrible de lo que esas historias sugieren, pero claramente no tenía las habilidades políticas o administrativas que Vespasiano tenía. El hecho de que fue rápidamente derrotado sugiere que sus fuerzas eran menos capaces de mantener la cohesión que las fuerzas de Vespasiano.
¿Qué pasó con Galba después de su muerte?
Las fuentes reportan que su cabeza fue cortada y exhibida públicamente, un insulto grave en la cultura romana. Su cuerpo fue arrojado a las escaleras. Fue un fin ignominioso para un general que había sido respetado por su carrera militar. Su trato después de la muerte reflejaba el resentimiento de los soldados por su intento de ahorrar dinero reduciendo sus bonos.












