Un nuevo estudio innovador ha logrado determinar que la tinta utilizada en el fuerte romano de Vindolanda era de origen local hecha con materiales orgánicos, fruto de técnicas olvidadas en el Mediterráneo continental pero mantenidas en el interior de Inglaterra a finales del siglo I a.C.
En el fuerte de encontró hace varias décadas al menos 1.300 tablillas de madera, donde se puede acceder a diferentes ventanas de la realidad romana en el siglo I d.C., desde correspondencia militar y registros de inventarios hasta cartas personales que cuentan el día a día.
A pesar de que estas tablillas se han estudiado durante mucho tiempo, la verdad es que se desconocía de la tinta utilizada, hasta que recientemente un estudio se dió a la tarea de revelar sus secretos.
El origen de la tinta del Fuerte Romano de Vindolanda
Las tablillas presentan una gran dificultad técnica a la hora de analizar químicamente la tinta en ellas, debido a que son muy frágiles y cualquier intento podría dañar la tablilla, por lo que se utilizaron imágenes multiespaciales que determinaron que la tinta se hacía con carbón y no con metales.
Para saber cuál era el origen del carbón utilizado, el equipo hizo análisis de espectroscopia Raman con lo que encontraron rastros de fuentes vegetales, huesos e incluso vides para crear la tinta negra.
Un elemento que ayudó a determinar la localidad de la tinta proviene de los mismos escritos, ya que son abundantes los registros de todo lo que entraba y salía del fuerte, no encontrando ninguna referencia a comercio de tinta.












