A mediados del siglo XV cuando Moctezuma I, arquitecto de la grandeza del imperio azteca decidió realizar un ritual de gran escala en la mítica ciudad de Tenochtitlan, probablemente nunca imaginó que los vestigios de dicho ritual podrían ser estudiados más de 500 años después, convirtiéndose en uno de los grandes hitos ceremoniales del México prehispánico.
En la década de los setenta y noventa del siglo pasado, ya se habían realizado varios hallazgos que parecían indicar la existencia de restos importantes de una ceremonia, no obstante, tuvo que esperarse hasta 2026, cuando ha sido reconstruido un anillo ceremonial completo.
Las ofrendas ceremoniales corresponden al periodo de Moctezuma I, expansor del Templo Mayor a la par del arquitecto de la Triple Alianza Azteca. Moctezuma I no debe confundirse con Moctezuma II quien estuvo presente en la llegada de Hernán Cortéz.
Los investigadores encontraron las ofrendas en los lados Este y Sur de la base del templo, lugar que los investigadores del siglo XX pensaron que debían existir mayores ofrendas. Allí fueron colocados seis depósitos de ofrendas, que no solo fueron un desafío en su época sino que también trajeron complejidad a la excavación reciente.
Entre las ofrendas destacan 83 figurillas de Mezcala, las cuales formaron parte de un botín de guerra obtenido luego de vencer a los señores de Tlaxco y Tlaxmalac, teniendo la particularidad de que estas figurillas no aparecen en ningún otro registro del Templo Mayor.
Adicionalmente, se hallaron cerca de 4 mil elementos marinos entre conchas y moluscos conservando algunas conchas la pequeña capa exterior que se pierde apenas mueren las conchas, lo que indica que fueron llevadas desde la costa a Tenochtitlan gracias a sus redes de transporte.












