En el capítulo noveno del Apocalipsis de Juan, cuando el quinto ángel toca su trompeta, se abre el pozo del abismo y de él surge una humareda que oscurece el sol. De esa humareda emergen langostas con poder de escorpión, langostas que no atacan la hierba ni los árboles sino únicamente a los seres humanos que no tienen el sello de Dios en la frente y al frente de ese ejército de langostas infernales hay un rey, un ángel que gobierna el abismo:
«Tienen como rey al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego Apolión»
Con esa frase, el Apocalipsis de Juan presenta una de las figuras más enigmáticas de toda la literatura apocalíptica: Abadón, el rey del abismo, cuyo nombre hebreo y cuyo equivalente griego se mencionan en el mismo versículo como si el autor quisiera asegurarse de que lectores de distintas tradiciones culturales reconocieran a la misma figura. En hebreo, Abadón significa destrucción o perdición y en griego, Apollyon significa exactamente lo mismo: el destructor.
Esa doble denominación en dos lenguas sagradas del mundo antiguo es inusual en el Apocalipsis y sugiere que la figura tenía peso en ambas tradiciones culturales, pero el camino que lleva desde el Abadón de los textos bíblicos más antiguos, donde el término no designa a ningún ser personal sino simplemente al reino de los muertos, hasta el rey demoníaco del Apocalipsis es largo y fascinante y recorre los mismos territorios que hemos explorado en los artículos sobre Belial, Mastema y la literatura apocalíptica judía: la gradual personificación de conceptos abstractos en figuras con nombre, rango y función específica.
Abadón en el Antiguo Testamento: el lugar de la destrucción
En los textos más antiguos de la Biblia hebrea, Abadón, en hebreo Avadon, de la raíz avad, «perecer» o «destruirse», no es un ser personal sino un lugar: el reino de los muertos en su dimensión más profunda y más oscura, el territorio de la destrucción absoluta donde no llega ni el recuerdo de Dios.
El término aparece seis veces en la Biblia hebrea, siempre en contextos que lo sitúan como sinónimo o complemento del Sheol, el reino de los muertos en general, pero con una connotación de mayor profundidad y mayor oscuridad. Si el Sheol es el lugar donde van todos los muertos, Abadón es su dimensión más extrema, el abismo dentro del abismo.
En el libro de Job, Abadón aparece dos veces en contextos significativos. En Job 26:6, en el discurso de Job sobre el poder divino: «El Sheol está desnudo ante él, y el Abadón no tiene cobertura». La imagen es la de un lugar completamente expuesto a la mirada divina: incluso en lo más profundo del reino de los muertos, nada escapa a Dios. En Job 28:22, en el himno a la Sabiduría: «El Abadón y la Muerte dicen: Solo hemos oído su fama con nuestros oídos». Aquí Abadón aparece personificado junto a la Muerte como si fueran figuras capaces de hablar, pero es una personificación poética, no una referencia a un ser real.
En los Proverbios (15:11 y 27:20), Abadón aparece igualmente como el reino de los muertos en su dimensión más profunda, siempre junto al Sheol como par complementario. En el Salmo 88:11, en uno de los salmos más oscuros de toda la colección: «¿Se anunciará tu amor en el sepulcro, tu fidelidad en el Abadón?» El contexto es la pregunta desesperada sobre si la presencia divina puede alcanzar incluso al más profundo de los abismos de la muerte.
Lo que estos textos revelan sobre Abadón en su uso más antiguo es que es un concepto topográfico dentro de la cosmología del reino de los muertos, no una figura personal. Es el lugar de la destrucción total, el abismo más profundo del Sheol, donde incluso la memoria parece extinguirse.
La personificación de Abadón: de lugar a figura
El paso de Abadón como lugar a Abadón como figura personal ocurrió gradualmente durante el período intertestamentario, impulsado por el mismo proceso de personificación que transformó al ha-satan fiscal en el príncipe del mal y a términos abstractos como beliyya’al en Belial con existencia propia.
En los textos de Qumrán, especialmente en los Himnos de Acción de Gracias (Hodayot), Abadón aparece en contextos que sugieren una dimensión más personal que la de los textos bíblicos canónicos. El autor describe estar «en las cuerdas de la muerte» y en «los dominios de Abadón», usando el término con una intensidad existencial que va más allá de la simple referencia topográfica. Abadón en Qumrán es el territorio del adversario sobrenatural, el dominio de las fuerzas que se oponen a la vida y a la santidad.
El Libro de los Jubileos y otros textos del período apocalíptico desarrollaron la tendencia a personificar las fuerzas de la muerte y la destrucción en figuras con nombre y función específica. En ese contexto, Abadón, el nombre del lugar de la destrucción, estaba maduro para convertirse en el nombre del ser que gobierna ese lugar.
Abadón en el Apocalipsis de Juan: el rey del abismo
La cristalización definitiva de Abadón como figura personal ocurre en el Apocalipsis de Juan, donde aparece como el rey del ejército de langostas infernales que surge del abismo cuando el quinto ángel toca su trompeta. El pasaje completo (Apocalipsis 9:1-11) merece un análisis detallado porque es extraordinariamente rico en simbolismo.
El pozo del abismo
Cuando el quinto ángel toca su trompeta, Juan ve «una estrella que había caído del cielo a la tierra» y a esa estrella se le da «la llave del pozo del abismo». La «estrella caída» es casi con certeza un ángel, la imagen de las estrellas como ángeles es común en la literatura apocalíptica y su posesión de la llave del abismo sugiere que tiene autoridad sobre ese dominio.
El pozo del abismo, en griego to phrear tes abyssou, es la imagen del infierno como un pozo o cisterna sin fondo, conectado con la superficie del mundo pero profundo más allá de toda medida. Es el lugar donde están encadenados los ángeles caídos según el Libro de Enoc y donde Satanás será encadenado durante el milenio según el Apocalipsis 20. La imagen del abismo como pozo vertical contrasta con la imagen horizontal del Sheol como territorio subterráneo extendido, añadiendo una dimensión de profundidad insondable al reino de los muertos.
Las langostas infernales
Del abismo abierto surge humo y del humo emergen langostas con poderes extraordinarios. La imagen de las langostas es una referencia directa a la octava plaga de Egipto, la nube de langostas que devora todo lo verde, pero transformada en algo radicalmente distinto: estas langostas no atacan la vegetación sino a los humanos, y no los matan sino los atormentan durante cinco meses con dolor comparable al de la picadura del escorpión.
La descripción de las langostas es una de las imágenes más extraordinarias de todo el Apocalipsis: tienen caras de hombre, cabello de mujer, dientes de león, corazas de hierro, alas que suenan como carros de caballos en la batalla y colas con aguijón como los escorpiones. Es una criatura compuesta de elementos de distintos animales y figuras humanas que no corresponde a ningún animal real sino que es pura visión apocalíptica, el horror diseñado para transmitir la intensidad de la tribulación.
El rey del abismo
Al frente de ese ejército está Abadón / Apolión, descrito simplemente como «el ángel del abismo» y «su rey». El texto no elabora más sobre su naturaleza o su historia: no dice si es un ángel caído, si es identificable con Satanás o con alguna otra figura demoníaca conocida, ni cuál es su relación con el resto de la jerarquía infernal. Es simplemente el rey del abismo, el gobernante del pozo sin fondo.
La doble denominación en hebreo y griego, Abadón y Apolión, es significativa. El griego Apollyon es el participio presente activo del verbo apollymi, «destruir», y su conexión fonética con el dios griego Apolo ha generado debate entre los especialistas: ¿pretendía el autor del Apocalipsis hacer una referencia velada al dios del sol griego, identificándolo con el destructor del abismo? Algunos especialistas lo consideran una alusión deliberada a Apolo como símbolo del Imperio romano; otros la rechazan como coincidencia fonética.
Abadón en la tradición patrística y medieval
Los Padres de la Iglesia interpretaron el pasaje de Apocalipsis 9 de formas distintas, reflejando la riqueza y la ambigüedad de la figura.
Orígenes identificó a Abadón con el diablo, leyendo al rey del abismo como una de las denominaciones del adversario sobrenatural. Esta identificación directa con Satanás fue seguida por varios intérpretes posteriores y contribuyó a la fusión de las distintas figuras del adversario en una sola.
Andrés de Cesarea, en su influyente comentario al Apocalipsis del siglo VI, interpretó las langostas y su rey como demonios que actúan durante el período de la gran tribulación, distinguiendo cuidadosamente a Abadón/Apolión de Satanás aunque los dos actúen en el mismo bando del mal.
En la demonología medieval, Abadón fue incorporado a las clasificaciones de los grandes príncipes del infierno con perfiles variables según el tratado. En algunas clasificaciones aparece como el gobernante del séptimo círculo del infierno; en otras como el ángel de la muerte y la destrucción que actúa como ejecutor de los castigos infernales. La Pseudomonarchia Daemonum de Johann Weyer lo menciona como uno de los reyes del infierno, aunque con menos desarrollo que figuras como Belcebú o Belial.
El Dictionnaire Infernal de Collin de Plancy lo describe como el «ángel del abismo sin fondo» y lo representa con características de ángel destructor, gobernante de un ejército de demonios en forma de langosta coherente con la descripción del Apocalipsis.
Abadón y el imaginario evangélico contemporáneo
En las corrientes evangélicas y pentecostales contemporáneas, Abadón/Apolión ocupa un lugar destacado en la interpretación del Apocalipsis como profecía de eventos futuros literales. La pregunta sobre la identidad de las langostas del Apocalipsis 9 y de su rey ha generado interpretaciones muy variadas en esos círculos.
Algunas corrientes dispensacionalistas interpretan las langostas de Apocalipsis 9 como demonios literales que serán liberados del abismo durante la gran tribulación, y a Abadón como su rey sobrenatural. Otras los interpretan como símbolos de ejércitos militares modernos —helicópteros de combate, en algunas lecturas— y a Abadón como la fuerza sobrenatural que los guía.
La figura de Abadón también ha encontrado un lugar en la literatura de guerra espiritual de los círculos carismáticos, donde se lo identifica como uno de los grandes príncipes demoníacos que deben ser «atados» mediante la oración antes de que la evangelización pueda ser efectiva en determinados territorios.
Las interpretaciones evangélicas y dispensacionalistas leen el pasaje como profecía de eventos futuros literales en tanto que a lectura histórico-crítica, por su parte, sitúa el Apocalipsis en el contexto del siglo I d.C. como obra dirigida a comunidades cristianas bajo persecución romana, donde las imágenes apocalípticas funcionaban como lenguaje codificado de resistencia. Ambas lecturas han coexistido durante siglos en la tradición cristiana.
Abadón en la literatura y la cultura popular
La figura de Abadón ha tenido una presencia significativa en la literatura fantástica y la cultura popular contemporánea, especialmente en géneros como la fantasía oscura, el horror y el metal extremo.
En la serie de novelas «Good Omens» de Terry Pratchett y Neil Gaiman, Abadón aparece como uno de los cuatro jinetes del apocalipsis bajo el nombre de «Muerte», aunque con características que mezclan la tradición bíblica con el humor característico de los autores. En la serie de televisión basada en la novela, la figura adquiere una presencia visual memorable.
En los videojuegos de rol, especialmente en la saga Diablo de Blizzard, Abadón aparece como uno de los señores del infierno con poderes específicos relacionados con la muerte y la destrucción, coherente con su etimología bíblica aunque lejos del contexto teológico original.
En la música, especialmente en el metal extremo y el black metal, el nombre de Abadón aparece frecuentemente como referencia a la destrucción y el abismo, utilizado tanto por su resonancia sonora como por su carga simbólica apocalíptica.
La relación entre Abadón y otras figuras del adversario
Una de las preguntas más frecuentes sobre Abadón es su relación con las otras grandes figuras del adversario sobrenatural en la tradición judeocristiana: ¿es Abadón el mismo ser que Satanás? ¿Es idéntico a Belial o a Belcebú? ¿Tiene alguna relación con el gran dragón del Apocalipsis?
El texto del Apocalipsis no resuelve explícitamente estas preguntas y las distintas tradiciones teológicas han dado respuestas distintas.
La tradición patrística dominante, siguiendo a Orígenes, tendió a identificar a Abadón con Satanás o a subordinarlo directamente a él: Abadón sería el nombre específico de Satanás en su función de rey del abismo, no una figura distinta. Esta identificación simplificadora fue conveniente para la teología cristiana, que prefería concentrar el mal en una sola figura reconocible.
La demonología medieval tardía tendió a distinguir a Abadón de Satanás, situándolo como uno de los grandes príncipes del infierno con una función específica, el dominio del abismo y la destrucción, dentro de una jerarquía demoníaca elaborada. En ese sistema, Satanás o Lucifer es el soberano supremo del infierno y Abadón es uno de sus grandes príncipes con jurisdicción sobre el abismo.
La lectura histórico-académica moderna sugiere que en el período del Apocalipsis de Juan, los distintos nombres del adversario sobrenatural, Satanás, Belial, Belcebú, Abadón, eran nombres alternativos de la misma figura o figuras distintas dentro de un sistema demoníaco todavía no completamente sistematizado. La fusión de todas esas figuras en una jerarquía coherente fue obra de la teología cristiana posterior, no de los textos apocalípticos originales.
Abadón en las distintas tradiciones
| Tradición | Período | Naturaleza | Función | Relación con Satanás |
|---|---|---|---|---|
| Antiguo Testamento | Siglos X-V a.C. | Lugar: el abismo más profundo del Sheol | Territorio de la destrucción total | No relevante (no es un ser) |
| Qumrán | Siglos II a.C. – I d.C. | Dominio del adversario sobrenatural | Territorio de las fuerzas del mal | Relacionado con Belial como rey del abismo |
| Apocalipsis de Juan | Siglo I d.C. | Ángel y rey del abismo | Gobernar el ejército de langostas infernales durante la tribulación | Figura distinta pero en el mismo bando |
| Patrística | Siglos II-VI | Nombre alternativo del diablo | Satanás en su función destructora | Identificado con Satanás |
| Demonología medieval | Siglos VI-XVII | Gran príncipe del infierno | Gobernante del abismo; destrucción | Subordinado a Lucifer/Satanás |
| Evangelicalismo contemporáneo | Siglos XX-XXI | Príncipe demoníaco literal | Gobernar demonios durante la gran tribulación | Subordinado a Satanás |
| Cultura popular | Siglos XX-XXI | Figura del horror y la destrucción | Personaje en novelas, videojuegos, música | Variable según la obra |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Biblia de Jerusalén (ed. 2009): Apocalipsis 9:1-11; Job 26:6; Job 28:22; Salmo 88:11; Proverbios 15:11; 27:20.
- Textos de Qumrán, en García Martínez, F. (1992), Madrid.
Bibliografía:
- Collins, John J. (1997). El Apocalipsis de Juan. Verbo Divino, Estella.
- Pagels, Elaine (1995). The Origin of Satan. Random House, Nueva York.
- Russell, Jeffrey Burton (1977). The Devil: Perceptions of Evil from Antiquity to Primitive Christianity. Cornell University Press.
- Aune, David E. (1998). Revelation 6-16. Word Biblical Commentary 52B. Thomas Nelson, Nashville.
- Collins, John J. (1984). The Apocalyptic Imagination. Crossroad, Nueva York.
- Forsyth, Neil (1987). The Old Enemy: Satan and the Combat Myth. Princeton University Press.
- Kelly, Henry Ansgar (2006). Satan: A Biography. Cambridge University Press.
Preguntas frecuentes sobre Abadón
¿Qué significa el nombre Abadón?
Abadón procede del hebreo Avadon, de la raíz avad, que significa «perecer» o «destruirse». El término designa literalmente la «destrucción» o «perdición». En su uso más antiguo en la Biblia hebrea no es el nombre de un ser personal sino de un lugar: el abismo más profundo del reino de los muertos, el territorio de la destrucción total donde incluso el recuerdo parece extinguirse. La personificación de Abadón como rey del abismo ocurrió gradualmente durante el período intertestamentario y alcanzó su expresión más completa en el Apocalipsis de Juan.
¿Qué es Apolión y cómo se relaciona con Abadón?
Apolión —en griego Apollyon— es la traducción griega del nombre hebreo Abadón, usada en el Apocalipsis de Juan (9:11). El término griego procede del verbo apollymi, «destruir», y significa literalmente «el destructor». La doble denominación en el mismo versículo —»cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego Apolión»— sugiere que el autor del Apocalipsis quería asegurarse de que lectores de distintas tradiciones culturales reconocieran a la misma figura. La conexión fonética con el dios griego Apolo ha generado debate académico sobre si el autor pretendía hacer una alusión velada al Imperio romano.
¿Es Abadón el mismo ser que Satanás?
No necesariamente, aunque la tradición patrística tendió a identificarlos. En el Apocalipsis de Juan, Abadón aparece como el rey del abismo con una función específica —gobernar el ejército de langostas infernales durante el quinto sello— sin que el texto lo identifique explícitamente con Satanás. La demonología medieval tardía tendió a distinguirlos, situando a Abadón como uno de los grandes príncipes del infierno con jurisdicción sobre el abismo, subordinado a Lucifer o Satanás como soberano supremo.
¿Qué son las langostas del Apocalipsis que Abadón gobierna?
Las langostas del Apocalipsis 9 son criaturas compuestas de elementos de distintos animales y figuras humanas: caras de hombre, cabello de mujer, dientes de león, corazas de hierro, alas que suenan como carros de guerra y colas con aguijón de escorpión. No atacan la vegetación sino a los humanos sin el sello de Dios, atormentándolos durante cinco meses sin matarlos. Los intérpretes han propuesto distintas identificaciones: demonios literales, ejércitos militares simbólicos, fuerzas espirituales. En el contexto histórico del siglo I d.C., la imagen de las langostas probablemente evocaba a los ejércitos invasores del Imperio romano como instrumento del juicio divino.
¿Por qué Abadón es tan buscado en círculos evangélicos?
Porque el Apocalipsis de Juan ocupa un lugar central en la escatología evangélica y pentecostal, y Abadón/Apolión aparece en uno de los pasajes más dramáticos del libro. Las corrientes dispensacionalistas interpretan el Apocalipsis como profecía de eventos futuros literales, lo que convierte a Abadón en una figura relevante para entender qué ocurrirá durante la gran tribulación. Además, los movimientos de guerra espiritual identifican a Abadón como uno de los grandes príncipes demoníacos que deben ser «atados» mediante la oración.
¿Aparece Abadón en otros textos además del Apocalipsis?
En la Biblia hebrea, el término aparece seis veces como nombre de un lugar (Job, Proverbios, Salmos) sin connotación personal. En los textos de Qumrán aparece como dominio del adversario sobrenatural. El Apocalipsis de Juan es el único texto bíblico que lo presenta como una figura personal con nombre, rango y función específica. En la literatura intertestamentaria no hay un desarrollo significativo de Abadón como figura personal equivalente al de Belial o Mastema.










