En diciembre del 218 a.C., pocas semanas después de que Aníbal Barca cruzara los Alpes y descendiera a la llanura padana, el ejército romano cruzó el río Trebia al amanecer con el agua helada hasta la cintura, sin haber desayunado y con los miembros entumecidos por el frío. Al otro lado los esperaba un ejército cartaginés que había comido caliente, se había calentado junto a hogueras y llevaba horas perfectamente formado para el combate. El resultado no sorprende a nadie que conozca la historia, lo que sorprende es la precisión con que Aníbal había calculado cada detalle de esa mañana de invierno.
La batalla del río Trebia fue la primera gran derrota romana de la segunda guerra púnica y la primera demostración a gran escala del método de Aníbal: no solo ganar batallas, sino crear las condiciones en que el enemigo llegue al combate ya medio derrotado. De los 40.000 soldados romanos que cruzaron el Trebia esa mañana, unos 30.000 murieron o fueron capturados. Solo escapó un contingente de unos 10.000 hombres que rompió la línea cartaginesa por el centro y llegó a Placencia. Era el primer aviso de lo que vendría en Trasimeno y en Cannas.
El contexto: Aníbal en la llanura padana
Aníbal había cruzado los Alpes en el otoño del 218 a.C. con un ejército diezmado por el paso — unos 26.000 infantes y 6.000 jinetes, frente a los 90.000 con que había salido de Hispania según Polibio. Lo primero que hizo al llegar a la llanura padana fue reponer fuerzas y reclutar aliados entre los galos cisalpinos, que llevaban décadas resistiendo la expansión romana y recibieron a Aníbal como un libertador. Decenas de miles de guerreros galos se unieron a su ejército en las semanas siguientes.
El primer encuentro con Roma fue en el río Tesino, en noviembre del 218 a.C., una escaramuza de caballería en la que la caballería numida de Aníbal barrió a la romana y el cónsul Publio Cornelio Escipión resultó herido — salvado, según la tradición, por su hijo de 17 años, el futuro Africano. El Tesino fue una escaramuza, no una batalla, pero confirmó algo que Aníbal ya sabía: su caballería era superior a la romana y esa superioridad sería la clave de todo lo que vendría después.
Escipión, herido, retiró su ejército al sur del Po y envió mensajes urgentes a Roma pidiendo refuerzos. El otro cónsul del año, Tiberio Sempronio Longo, estaba en Sicilia preparando una expedición a África. Lo llamaron de vuelta y llegó a la llanura padana con su ejército en diciembre. Roma tenía ahora dos ejércitos consulares frente a Aníbal, una fuerza combinada de unos 40.000 legionarios y 4.000 jinetes.
El escenario: por qué Aníbal eligió el invierno
La elección del momento fue tan deliberada como la del terreno en Cannas. Aníbal no esperó la primavera para buscar la batalla decisiva, la buscó en pleno invierno, cuando el río Trebia estaba crecido y helado, cuando el frío de la llanura padana era suficiente para entorpecer los movimientos de un ejército y cuando las diferencias en preparación física entre sus tropas y las romanas podían explotarse al máximo.
El plan tenía varios elementos encadenados. Primero, provocar a los romanos para que cruzaran el río en las peores condiciones posibles. Segundo, tener a su propio ejército perfectamente preparado para el combate cuando los romanos llegaran al otro lado. Tercero, tender una emboscada lateral con una fuerza oculta que atacara el flanco romano en el momento más crítico.
El elemento humano era igualmente importante. Tiberio Sempronio Longo era agresivo y ambicioso. Quería una victoria antes de que acabara su año consular y antes de que Escipión, recuperándose de su herida, pudiera disputarle el mérito. Aníbal lo sabía o lo intuía y diseñó la trampa para explotar exactamente esa impaciencia.
La trampa: una escaramuza que no era una escaramuza
La mañana de la batalla, antes del amanecer, Aníbal envió a su caballería numida a atacar el campamento romano en la orilla este del Trebia. Era un ataque diseñado para parecer una incursión menor, suficiente para despertar al ejército romano y provocarlo a salir a perseguir a los atacantes, pero no tan fuerte como para alarmar a los cónsules sobre lo que venía después.
Funcionó con una precisión casi insultante. Tiberio Sempronio Longo ordenó a su ejército que cruzara el río sin esperar a que los hombres desayunaran, convencido de que los numidas huían ante una persecución. El Trebia estaba crecido por las lluvias de diciembre y el agua llegaba al pecho de los soldados más bajos. Cruzaron en formación de combate, con las armas en alto para mantenerlas secas, con el frío del agua helada contrayendo los músculos y con el estómago vacío después de una noche de guardia.
Al otro lado encontraron al ejército cartaginés perfectamente formado, bien alimentado y calentado. Aníbal había ordenado a sus soldados que encendieran hogueras frente a sus tiendas al amanecer, se frotaran el cuerpo con aceite para protegerse del frío y comieran antes de formar. Cada detalle estaba pensado para maximizar la diferencia de condiciones entre los dos ejércitos en el momento del choque.
El desarrollo: el centro que resistió y los flancos que no
La batalla comenzó con el choque de las líneas principales. En el centro, la infantería romana pesada — los hastati, los principes y los triarios — combatió con la dureza que cabía esperar de legionarios experimentados, incluso en esas condiciones. Durante un tiempo, el centro resistió y empujó hacia adelante contra la infantería cartaginesa e hispana.
Pero en los flancos la historia fue diferente. La caballería romana, numéricamente inferior y físicamente agotada por el cruce del río, fue arrollada rápidamente por la caballería cartaginesa y numida. Con los flancos descubiertos, la infantería ligera cartaginesa comenzó a atacar los costados de la masa romana y los galos aliados de Aníbal presionaban por todas partes.
En ese momento entró en acción el elemento decisivo que Aníbal había preparado la noche anterior. Su hermano Magón había apostado durante la noche a unos 2.000 soldados de infantería y caballería selectos en un barranco oculto junto al río, cubierto de maleza, a escasa distancia del campo de batalla. Cuando el combate estaba en su punto más álgido y los romanos tenían toda su atención fija en el frente, Magón salió del barranco y atacó por la retaguardia.
El cerco no fue tan perfecto como el de Cannas — la formación romana nunca llegó a quedar completamente rodeada — pero el efecto psicológico y táctico fue devastador. Atacados por el frente, los flancos y la retaguardia, exhaustos, ateridos y hambrientos, los romanos comenzaron a desintegrarse. Los que intentaron huir hacia el río murieron ahogados o cazados por la caballería y los que intentaron mantener la formación fueron destruidos sistemáticamente.
El único contingente que escapó fue el centro de la infantería pesada, unos 10.000 hombres que, con la disciplina que caracterizaba a las mejores legiones romanas, rompió la línea cartaginesa por el punto de menor resistencia y marchó en formación cerrada hacia Placencia. Era una retirada ordenada en medio de un desastre total y su posibilidad solo existió porque el centro cartaginés — formado por galos — estaba demasiado agotado para perseguirlos eficazmente.
Las consecuencias: Roma encaja el golpe
La noticia de la derrota llegó a Roma con el peso de lo inesperado. El ejército de los dos cónsules había sido destruido en su primera batalla campal contra Aníbal y el general cartaginés controlaba ahora la llanura padana sin oposición significativa.
Roma respondió con la sobriedad institucional que definiría su conducta durante toda la guerra. No hubo pánico generalizado ni propuestas de negociación. Se reclutaron nuevas legiones, se reforzaron las guarniciones de las ciudades del norte y se eligieron nuevos cónsules para el año siguiente. Uno de ellos, Cayo Flaminio, recibiría a Aníbal en el lago Trasimeno pocos meses después con resultados aún más catastróficos.
La batalla de Trebia tuvo también un efecto político en el norte de Italia que Aníbal había calculado: los pueblos galos que todavía dudaban se unieron masivamente a su ejército tras la victoria. Su fuerza, que había llegado a Italia diezmada tras los Alpes, era ahora mayor que al cruzarlos. Roma había perdido una batalla y Aníbal había ganado un ejército.
Por qué la batalla de Trebia importa más allá de sus cifras
La Trebia no es la batalla más famosa de las guerras púnicas, ni la más estudiada tácticamente. Cannas la eclipsa en escala y en perfección táctica y Trasimeno la supera en dramatismo narrativo. Pero la Trebia tiene una importancia que va más allá de sus cifras.
Fue la primera vez que Roma comprendió, o debería haber comprendido, que Aníbal no era un general convencional que buscaba la victoria en el choque frontal de las líneas. Era un general que ganaba las batallas antes de que comenzaran, manipulando las condiciones físicas, el terreno, el tiempo y la psicología del adversario para llegar al momento del choque con todas las ventajas posibles. En la Trebia usó el frío y el hambre. En Trasimeno usaría la niebla y un desfiladero. En Cannas usaría la propia agresividad romana como arma.
Roma tardó tres batallas y más de 100.000 muertos en entender el patrón. Cuando lo entendió, adoptó la estrategia de Fabio — evitar el combate campal, desgastar por el tiempo — y la guerra cambió de naturaleza. Pero ese aprendizaje costó la Trebia, Trasimeno y Cannas. La primera lección fue la más barata de las tres y Roma no la aprovechó.
Las tres grandes emboscadas de Aníbal en Italia
| Batalla | Año | Elemento explotado | Recurso clave |
|---|---|---|---|
| Trebia | 218 a.C. | Frío, hambre y agotamiento físico | Emboscada de Magón por la retaguardia |
| Lago Trasimeno | 217 a.C. | Niebla matinal y terreno de desfiladero | Emboscada total en ladera oculta |
| Cannas | 216 a.C. | Agresividad romana y superioridad numérica | Doble envoltura con centro convexo |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Polibio. Historias, libros III-XV. Traducción de M. Balasch Recort. Gredos, Madrid, 1981.
- Tito Livio. Desde la Fundación de la Ciudad (Ab Urbe Condita), libros XXI-XXX. Traducción de J. A. Villar Vidal. Gredos, Madrid, 1993.
- Apiano. Historias Romanas — Ibérica y Líbica. Traducción de A. Sancho Royo. Gredos, Madrid, 1980.
Bibliografía:
- Barceló, P.: Aníbal de Cartago. Alianza Editorial, Madrid, 2000.
- Connolly, P.: Las legiones romanas. Anaya, Madrid, 1989.
- Goldsworthy, A.: The Fall of Carthage: The Punic Wars 265-146 BC. Cassell, London, 2000.
- Lancel, S.: Aníbal. Crítica, Barcelona, 1997.
- Lazenby, J. F.: Hannibal’s War: A Military History of the Second Punic War. Aris & Phillips, Warminster, 1978.
- Sáez Abad, R.: Cannas 216 a.C.: la batalla que casi destruyó Roma. Almena, Madrid, 2005.
Preguntas frecuentes sobre la batalla del río Trebia
¿Por qué los romanos cruzaron el río sin desayunar?
Porque Aníbal los provocó deliberadamente. Envió su caballería numida a atacar el campamento romano al amanecer, antes de que los soldados hubieran comido, confiando en que el cónsul Tiberio Sempronio Longo — agresivo y ansioso por conseguir una victoria antes de que acabara su año consular — ordenaría la persecución inmediata sin esperar a que sus hombres se prepararan. El cálculo fue correcto. Los romanos cruzaron el río helado en ayunas, llegaron al otro lado exhaustos y ateridos, y se encontraron con un ejército cartaginés que llevaba horas calentado y alimentado. La diferencia de condiciones físicas fue uno de los factores decisivos de la batalla.
¿Qué fue la emboscada de Magón?
Magón era el hermano menor de Aníbal. La noche anterior a la batalla apostó en un barranco oculto junto al río, cubierto de maleza, a unos 2.000 soldados de infantería y caballería selectos. Durante el combate principal, cuando los romanos tenían toda su atención fija en el frente, Magón salió del barranco y atacó por la retaguardia. No fue un cerco tan perfecto como el de Cannas — el ejército romano nunca quedó completamente rodeado — pero el ataque simultáneo por el frente, los flancos y la retaguardia desintegró la cohesión romana y convirtió una batalla difícil en un desastre.
¿Cuántos soldados murieron en la batalla del río Trebia?
Las fuentes antiguas hablan de unos 30.000 muertos o capturados de los aproximadamente 40.000 romanos y aliados que cruzaron el río. El único contingente que escapó fue un núcleo de unos 10.000 infantes del centro que rompió la línea cartaginesa y marchó en formación cerrada hacia Placencia. Las bajas cartaginesas fueron significativamente menores, aunque los galos aliados de Aníbal sufrieron pérdidas considerables en el combate del centro.
¿Qué consecuencias tuvo la batalla para la guerra?
La Trebia tuvo dos consecuencias inmediatas. La primera fue militar: Aníbal controlaba ahora la llanura padana sin oposición significativa y podía avanzar hacia el sur cuando lo decidiera. La segunda fue política: los pueblos galos del norte de Italia que todavía dudaban se unieron masivamente a su ejército tras la victoria, compensando con creces las pérdidas del cruce de los Alpes. Para Roma, la Trebia fue el primer aviso de que Aníbal era un adversario diferente a todo lo que había enfrentado antes, un aviso que no supo aprovechar antes de Trasimeno y Cannas.
¿Por qué Tiberio Sempronio Longo aceptó combatir en esas condiciones?
Por una combinación de ambición personal y subestimación del adversario. Sempronio Longo quería una victoria antes de que acabara su año consular — el cargo de cónsul duraba un año y el mérito militar era fundamental para la carrera política en Roma. Además, la victoria en el Tesino había sido de Escipión, aunque fuera una escaramuza menor, y Sempronio no quería quedar a la sombra de su colega. Aníbal conocía o intuía esta dinámica y diseñó la provocación inicial — el ataque numida al amanecer — específicamente para explotar esa impaciencia.












