Hay criaturas que nacen del miedo al mar. En todas las culturas que han vivido cerca del océano o de las grandes masas de agua, el abismo marino ha sido el territorio del monstruo por excelencia: lo desconocido, lo inconmensurable, lo que puede devorar sin dejar rastro. Pero pocas de esas criaturas han tenido una trayectoria tan larga y tan compleja como Leviatán, el gran monstruo marino de la tradición bíblica, que recorrió tres mil años de historia religiosa desde los textos mitológicos cananeos de Ugarit hasta el Apocalipsis de Juan, acumulando capas de significado que convirtieron a una bestia del caos primordial en el demonio de la envidia, el símbolo del mal absoluto y una de las figuras más persistentes del imaginario religioso occidental.
Su nombre en hebreo, liwyatan, designa probablemente una criatura enroscada o retorcida, un ser serpentiforme de dimensiones colosales. Aparece siete veces en la Biblia hebrea, en contextos muy distintos que revelan la tensión entre dos concepciones de la criatura: Leviatán como monstruo del caos que Dios derrota en el origen del tiempo y Leviatán como criatura domada que juega en el mar bajo la soberanía divina. Esa tensión es el corazón del significado de Leviatán en la tradición bíblica, y su resolución en favor de una u otra interpretación determinó los distintos caminos que la figura tomó en la tradición posterior.
El camino que llevó a Leviatán desde el monstruo marino de Job y los Salmos hasta el gran dragón del Apocalipsis de Juan y el demonio de la envidia de la demonología medieval es uno de los recorridos más fascinantes de la historia de las ideas religiosas y su punto de partida no está en la Biblia sino en los textos mitológicos de Ugarit, la gran ciudad costera siria del segundo milenio a.C. donde la cultura cananea alcanzó su expresión literaria más elaborada.
Lotán en Ugarit: el origen cananeo del monstruo
Antes de que Leviatán apareciera en los textos bíblicos, existía en la mitología cananea una criatura llamada Lotán, cuyo nombre es cognado directo del hebreo liwyatan. Los textos de Ugarit, datados en el siglo XIV a.C. y descubiertos en el yacimiento de Ras Shamra en la costa siria a partir de 1929, describen a Lotán como el gran adversario del dios Baal en su ciclo mítico.
En el ciclo de Baal, el dios de la tormenta y la fertilidad se enfrenta a una serie de adversarios que amenazan el orden cósmico. Uno de ellos es Yam, el dios del mar y los ríos, que lucha contra Baal por la soberanía sobre el mundo. Asociado con Yam está Lotán, descrito en los textos con una precisión iconográfica notable:
«Cuando golpeaste a Lotán, la serpiente huidiza, cuando acabaste con la serpiente tortuosa, el poderoso de siete cabezas…»
Este pasaje de los textos de Ugarit es extraordinariamente importante porque establece la descripción canónica del monstruo marino que reaparecerá en la Biblia hebrea y finalmente en el Apocalipsis de Juan: una serpiente con múltiples cabezas, asociada con el caos primordial del mar, derrotada por el dios guerrero en el origen del cosmos. La serpiente de siete cabezas es uno de los elementos iconográficos más persistentes de toda la tradición religiosa del Próximo Oriente antiguo.
La función de Lotán en la mitología de Ugarit es cosmológica: representa las fuerzas del caos acuático que el orden divino debe derrotar para que el mundo sea posible. No es un ser maligno en el sentido moral sino una fuerza cósmica que se opone al orden, comparable al Tiamat del Enuma Elish babilónico o al Apofis egipcio. La batalla entre el dios y el monstruo marino es la forma narrativa que muchas culturas del Próximo Oriente antiguo dieron a la creación del cosmos ordenado a partir del caos primordial.
Leviatán en la Biblia hebrea: las distintas facetas del monstruo
La Biblia hebrea menciona a Leviatán en siete pasajes distintos y esos pasajes revelan una tensión interna significativa en la forma en que la tradición israelita concibió a la criatura.
El Leviatán de los Salmos: el monstruo derrotado en el origen
El Salmo 74 contiene la descripción más explícitamente mitológica de Leviatán en toda la Biblia hebrea. El salmista invoca la intervención divina recordando las grandes hazañas de Dios en el pasado:
Tú dividiste el mar con tu poder, rompiste las cabezas de los dragones sobre las aguas. Tú aplastaste las cabezas de Leviatán, lo diste como alimento a las criaturas del desierto.
Este pasaje es casi una traducción directa del mito de Lotán de Ugarit: el Dios de Israel, como Baal, derrota al monstruo marino de múltiples cabezas en un combate primordial. La victoria sobre Leviatán es aquí el fundamento del orden cósmico: Dios pudo dividir el mar y controlar las aguas porque primero derrotó al monstruo que las habitaba.
El Salmo 104 presenta una imagen radicalmente diferente, casi paradójica:
Allí está el mar, grande e inmenso, donde se mueven seres sin número, animales pequeños y grandes. Allí navegan los barcos, y Leviatán, que creaste para que juegue en él.
En este salmo, Leviatán no es el enemigo derrotado sino una criatura que Dios creó y que juega en el mar bajo su soberanía. El monstruo del caos se ha convertido en mascota cósmica, en evidencia del poder creador de Dios que puede domesticar incluso lo más aterrador. La tensión entre el Leviatán enemigo del Salmo 74 y el Leviatán juguetón del Salmo 104 no es una contradicción accidental sino la expresión de dos teologías distintas sobre la naturaleza del mal y el caos en relación con Dios.
El Leviatán de Isaías: la serpiente del fin de los tiempos
El libro de Isaías contiene una mención de Leviatán en un contexto apocalíptico que anticipa su papel posterior en el Apocalipsis de Juan. En Isaías 27:1, dentro de un oráculo sobre el juicio final:
En aquel día, el Señor castigará con su espada dura, grande y poderosa a Leviatán, la serpiente huidiza, a Leviatán, la serpiente tortuosa, y matará al dragón que está en el mar.
Este versículo usa exactamente la misma terminología que los textos de Ugarit —»serpiente huidiza», «serpiente tortuosa»— para describir a Leviatán, confirmando la conexión con la tradición cananea. Pero aquí Leviatán aparece en un contexto escatológico: su derrota no ocurrió en el origen del tiempo sino que ocurrirá al final de los tiempos, en el gran juicio de Dios sobre el mundo. El monstruo marino primordial se ha convertido en el adversario escatológico que Dios destruirá en el apocalipsis final.
El Leviatán de Job: la criatura que desafía la comprensión humana
El desarrollo más extenso y más poético de Leviatán en la Biblia hebrea se encuentra en el libro de Job, donde ocupa dos capítulos completos (40-41) en el discurso que Dios pronuncia desde el torbellino.
El contexto es el clímax del libro: Job ha cuestionado la justicia divina y Dios le responde con una serie de preguntas retóricas sobre la naturaleza y las criaturas del cosmos que demuestran la imposibilidad de que Job comprenda el orden divino. En ese contexto, Leviatán es el ejemplo supremo de la incapacidad humana para comprender y controlar las criaturas de Dios:
¿Puedes pescar a Leviatán con un anzuelo, o sujetar su lengua con una cuerda? ¿Puedes ponerle un junco en la nariz, o perforarle la mandíbula con un gancho? ¿Acaso te suplicará, te hablará con suavidad?… Nadie es tan audaz que se atreva a despertarle. ¿Quién puede entonces resistirme a mí?
La descripción de Leviatán en Job es extraordinariamente detallada y poéticamente magnífica: escamas tan apretadas que no entra el aire entre ellas, aliento de fuego, ojos como los rayos del alba, cuello tan fuerte que ante él el terror danza. Es la descripción del terror absoluto, de lo que no puede ser controlado ni comprendido por ninguna criatura humana.
Pero en Job, Leviatán no es el enemigo de Dios sino la criatura de Dios que ningún ser humano puede dominar. Su función retórica es demostrar la distancia entre el poder divino y el poder humano: si no puedes controlar a Leviatán, ¿cómo vas a cuestionar a quien lo creó? El monstruo del caos se ha convertido en instrumento de la teodicea divina.
Leviatán en la literatura intertestamentaria: hacia la demonización
El paso de Leviatán desde la criatura ambivalente de la Biblia hebrea al demonio del Apocalipsis ocurrió principalmente en la literatura intertestamentaria del período del Segundo Templo, el mismo ambiente que produjo los Rollos del Mar Muerto y que desarrolló la figura de Belial y Mastema, en un proceso de demonización muy calculado.
En el Libro de Enoc, Leviatán aparece junto a Behemot como dos monstruos primordiales separados en el origen del tiempo: Leviatán es colocado en el abismo del mar y Behemot en el desierto de Dundayin, al este del jardín donde habitan los elegidos. Su separación previene que el mundo sea destruido por su conflicto. Al final de los tiempos, ambos serán sacrificados para alimentar a los justos en el banquete mesiánico, una imagen que combina la tradición del monstruo primordial con la escatología apocalíptica del período.
El Libro IV de Esdras y el Apocalipsis de Baruc desarrollan esta tradición del banquete escatológico con Leviatán y Behemot, estableciendo la imagen de los dos monstruos como las criaturas del fin de los tiempos reservadas para el juicio final.
En los textos de Qumrán, Leviatán no ocupa un papel tan central como Belial o Mastema, pero su presencia como símbolo del caos acuático y del adversario primordial es coherente con la cosmología dualista de la comunidad.


Leviatán en el Apocalipsis de Juan: el gran dragón
La transformación más decisiva de Leviatán ocurre en el Apocalipsis de Juan, donde la criatura del Antiguo Testamento se fusiona con la serpiente del Génesis, con el dragón de la mitología del Próximo Oriente y con el adversario escatológico de la tradición apocalíptica judía para producir una de las imágenes más poderosas de toda la literatura religiosa occidental.
El capítulo 12 del Apocalipsis describe una visión que concentra siglos de tradición mitológica en unas pocas frases:
Apareció en el cielo una señal grandiosa: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza… Y apareció otra señal en el cielo: un gran dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y siete diademas en sus cabezas. Su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra.
Las siete cabezas del gran dragón rojo son directamente herederas de las siete cabezas de Lotán en los textos de Ugarit y de Leviatán en el Salmo 74. El Apocalipsis hace explícita la identificación en el versículo 9:
El gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el que engaña al mundo entero, fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.
Este versículo es uno de los más importantes de toda la historia de la demonología porque fusiona en una sola figura cuatro tradiciones distintas: el gran dragón marino de la mitología del Próximo Oriente, la serpiente antigua del Génesis, el diablo de la tradición apocalíptica judía y Satanás el adversario. Leviatán no es nombrado explícitamente pero su presencia iconográfica —el dragón de múltiples cabezas— es inequívoca.
El capítulo 20 del Apocalipsis completa la narrativa escatológica con la derrota final del dragón:
Vi a un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una gran cadena en la mano. Prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años.
Y finalmente:
El diablo, su seductor, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la bestia y el falso profeta.
La trayectoria de Leviatán se completa en el Apocalipsis: del monstruo marino cananeo al gran dragón escatológico identificado con Satanás, encadenado durante el milenio y destruido definitivamente en el lago de fuego.
Leviatán en la demonología medieval: el demonio de la envidia
La demonología cristiana medieval heredó del Apocalipsis la imagen de Leviatán como gran dragón identificado con Satanás, pero también desarrolló un perfil más específico para la figura dentro de las clasificaciones demoníacas del período.
En la jerarquía de los siete príncipes del infierno asociada a los siete pecados capitales, Leviatán fue asignado a la envidia. La asociación es teológicamente coherente: la envidia es el pecado que consiste en desear lo que otro tiene y querer destruirlo, la actitud del adversario que no puede soportar la felicidad o la santidad ajena. Es el pecado que la tradición cristiana atribuía al diablo como motivación de su rebelión: la envidia de la gloria divina o de la felicidad humana.
El teólogo y exorcista medieval Pedro Binsfeld, en su tratado Tractatus de confessionibus maleficorum et sagarum (1589), sistematizó la correspondencia entre los siete príncipes demoníacos y los siete pecados capitales, asignando a Leviatán la envidia dentro de una clasificación que se convirtió en referencia estándar de la demonología cristiana posterior.
El Dictionnaire Infernal de Collin de Plancy (1818), el gran catálogo demoníaco del siglo XIX, describe a Leviatán como uno de los grandes príncipes del infierno, guardián de los abismos infernales, representado como un enorme dragón marino o como una criatura compuesta de elementos de distintos animales.
En el Paraíso Perdido de Milton, Leviatán aparece en una de las comparaciones más memorables del poema: Satanás yaciendo en el lago de fuego es comparado con Leviatán, «esa bestia marina que la fábula llama Leviatán, la más grande de todas las criaturas que nadan en el océano.»
Leviatán como metáfora política: Hobbes y la modernidad
La trayectoria de Leviatán no termina en la demonología medieval sino que da un giro inesperado en la filosofía política moderna. En 1651, el filósofo inglés Thomas Hobbes publicó su gran obra de teoría política bajo el título Leviatán, usando la figura del monstruo bíblico como metáfora del Estado soberano.
Para Hobbes, el Leviatán bíblico —»rey de todos los hijos del orgullo», como lo llama Job— era la imagen perfecta del poder soberano absoluto que los humanos necesitan crear mediante el contrato social para escapar del estado de naturaleza, la guerra de todos contra todos. El Estado es el Leviatán artificial, el monstruo creado por los humanos que impone el orden sobre el caos.
Esta reinterpretación política de Leviatán es radicalmente distinta de todas las anteriores pero revela algo profundo sobre la persistencia de la figura: su capacidad para representar el poder absoluto, ya sea el poder divino sobre el caos en los Salmos, el poder del mal en el Apocalipsis o el poder soberano del Estado en Hobbes. Leviatán es siempre la figura del poder que no puede ser resistido.
Leviatán en las distintas tradiciones
| Tradición | Período | Nombre | Naturaleza | Función | Fuente |
|---|---|---|---|---|---|
| Cananea / Ugarit | Siglo XIV a.C. | Lotán | Serpiente de siete cabezas del caos acuático | Adversario de Baal en el combate mítico primordial | Textos de Ugarit (KTU 1.5) |
| Bíblica (Salmo 74) | Siglos X-VI a.C. | Leviatán | Monstruo marino de múltiples cabezas | Derrotado por YHWH en el origen del cosmos | Salmo 74:13-14 |
| Bíblica (Salmo 104) | Siglos X-VI a.C. | Leviatán | Criatura marina creada por Dios | Juega en el mar bajo la soberanía divina | Salmo 104:26 |
| Bíblica (Job) | Siglos VII-V a.C. | Leviatán | Criatura aterradora e indomable | Demostrar la incomprensibilidad del poder divino | Job 40-41 |
| Bíblica (Isaías) | Siglo VIII-VI a.C. | Leviatán | Serpiente escatológica | Derrotado por YHWH al final de los tiempos | Isaías 27:1 |
| Apocalíptica judía | Siglos II a.C. – I d.C. | Leviatán | Monstruo marino primordial separado de Behemot | Sacrificado para el banquete mesiánico final | Libro de Enoc, 4 Esdras |
| Nuevo Testamento | Siglo I d.C. | Gran dragón / serpiente antigua | Dragón de siete cabezas identificado con Satanás | Adversario escatológico derrotado y arrojado al lago de fuego | Apocalipsis 12, 20 |
| Demonología medieval | Siglos VI-XVII | Leviatán | Gran príncipe del infierno | Demonio de la envidia; guardián de los abismos | Binsfeld, Dictionnaire Infernal |
| Filosofía moderna | Siglo XVII | Leviatán | Metáfora del poder soberano absoluto | El Estado como monstruo artificial creado por el contrato social | Hobbes, Leviatán (1651) |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Biblia de Jerusalén (ed. 2009): Salmo 74:13-14; Salmo 104:26; Job 40-41; Isaías 27:1; Apocalipsis 12 y 20.
- Textos de Ugarit sobre el ciclo de Baal.
- Libro de Enoc.
Bibliografía:
- Day, John (1985). God’s Conflict with the Dragon and the Sea: Echoes of a Canaanite Myth in the Old Testament. Cambridge University Press. (Traducción española)
- Messadié, Gerald (1994). A history of the devil.
- Russell, Jeffrey Burton (1977). The Devil: Perceptions of Evil from Antiquity to Primitive Christianity. Cornell University Press.
- Day, John (1985). God’s Conflict with the Dragon and the Sea. Cambridge University Press.
- Wakeman, Mary K. (1973). God’s Battle with the Monster. Brill, Leiden.
- Collins, John J. (1993). Daniel: A Commentary on the Book of Daniel. Fortress Press, Minneapolis.
- Forsyth, Neil (1987). The Old Enemy: Satan and the Combat Myth. Princeton University Press.
- Hobbes, Thomas (1651). Leviathan. Ed. moderna: Oxford University Press, 1998.
Preguntas frecuentes sobre Leviatán
¿Qué es exactamente Leviatán en la Biblia?
Leviatán es una criatura marina de dimensiones colosales que aparece en siete pasajes de la Biblia hebrea con caracterizaciones distintas. En el Salmo 74 es el monstruo de múltiples cabezas que YHWH derrotó en el origen del cosmos, heredero directo del Lotán cananeo de Ugarit. En el Salmo 104 es una criatura que Dios creó para que jugara en el mar, imagen de la soberanía divina sobre todas las criaturas. En Job es la bestia aterradora e indomable que ningún ser humano puede controlar, usada para demostrar la incomprensibilidad del poder divino. En Isaías aparece en contexto escatológico como la serpiente que YHWH destruirá al final de los tiempos.
¿Es Leviatán el mismo ser que el dragón del Apocalipsis?
El Apocalipsis de Juan no menciona a Leviatán por nombre, pero el gran dragón rojo de siete cabezas del capítulo 12 es inequívocamente heredero de la tradición de Leviatán. Las siete cabezas del dragón proceden directamente de las siete cabezas del Lotán cananeo y del Leviatán del Salmo 74. El Apocalipsis identifica explícitamente al gran dragón con «la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás», fusionando en una sola figura el monstruo marino primordial, la serpiente del Génesis y el adversario sobrenatural de la tradición apocalíptica judía.
¿Por qué Leviatán se asocia con la envidia en la demonología medieval?
La asociación fue establecida principalmente por el teólogo Pedro Binsfeld en su tratado de 1589, dentro de la clasificación de los siete príncipes del infierno correspondientes a los siete pecados capitales. La envidia se asignó a Leviatán por coherencia teológica: la envidia es el pecado que consiste en no poder soportar la felicidad o la grandeza ajenas y desear destruirlas, que es precisamente la actitud que la tradición cristiana atribuía al adversario sobrenatural como motivación de su rebelión contra Dios y su hostilidad hacia la humanidad.
¿Qué es el Lotán de Ugarit y cómo se relaciona con Leviatán?
Lotán es el nombre cananeo del monstruo marino de siete cabezas que aparece en los textos mitológicos de Ugarit, datados en el siglo XIV a.C. Su nombre es cognado directo del hebreo liwyatan, el Leviatán bíblico. En los textos de Ugarit, Lotán es asociado con Yam, el dios del mar, y es derrotado por Baal en el combate mítico que establece el orden cósmico. Los textos bíblicos heredaron este mito y lo adaptaron al monoteísmo israelita: YHWH, en lugar de Baal, es quien derrota al monstruo marino en el origen del cosmos.
¿Por qué Hobbes llamó a su obra política «Leviatán»?
Thomas Hobbes usó el nombre de Leviatán como metáfora del Estado soberano absoluto porque en el libro de Job, Leviatán es descrito como «rey de todos los hijos del orgullo», una criatura que ningún ser humano puede resistir. Para Hobbes, el Estado soberano que los humanos crean mediante el contrato social para escapar del estado de naturaleza es como ese monstruo bíblico: un poder artificial de dimensiones colosales que impone el orden sobre el caos. La imagen del Leviatán como poder absoluto que no puede ser resistido era perfecta para su teoría del soberanía política.
¿Qué relación tiene Leviatán con Behemot?
En el libro de Job, Leviatán y Behemot aparecen en capítulos adyacentes como los dos grandes ejemplos de criaturas indomables que demuestran el poder divino. En la literatura apocalíptica judía del período intertestamentario, especialmente en el Libro de Enoc y en 4 Esdras, la pareja se desarrolla mitológicamente: Leviatán es la criatura del mar y Behemot la criatura de la tierra, ambos separados en el origen del tiempo para que su conflicto no destruya el mundo, y ambos reservados para ser sacrificados en el banquete mesiánico que celebrarán los justos al final de los tiempos.









