Cneo Pompeyo recibió el sobrenombre de Magnus, el Grande, cuando tenía 25 años, antes de haber ocupado ninguna magistratura romana, antes incluso de haber sido senador. Se lo dio Sila, el dictador, después de que el joven general hubiera reclutado por su cuenta tres legiones entre los veteranos de su padre, se hubiera unido a la causa de Sila en la guerra civil y hubiera aplastado a los marianistas en Sicilia y África con una eficacia que asombró al propio dictador. Cuando Pompeyo se negó a licenciar a sus tropas hasta celebrar un triunfo — un honor reservado a los magistrados, que él no era — Sila cedió entre la irritación y la admiración. Según Plutarco, murmuró que Pompeyo era más adorado por la gente que el sol naciente.
Era un comienzo extraordinario y en cierta forma, Pompeyo nunca superó ese comienzo: pasó el resto de su vida intentando estar a la altura del sobrenombre que le habían dado demasiado pronto, acumulando victorias militares de una magnitud que ningún romano había alcanzado, y descubriendo al final que el talento para ganar guerras no era suficiente para sobrevivir en la política de la República tardía. Cuando murió en una playa de Egipto, decapitado por orden de un faraón adolescente que intentaba congraciarse con César, tenía 58 años y era el hombre que había conquistado más territorio para Roma que nadie antes que él.
Los orígenes: el hijo de un carnicero
El padre de Pompeyo, Cneo Pompeyo Estrabón, era un general de origen itálico que había hecho fortuna y carrera militar sin pertenecer a la vieja aristocracia romana. Sus contemporáneos le odiaban con una intensidad que las fuentes registran con detalle: Estrabón era codicioso, brutal y políticamente oportunista, cambiando de bando entre marianistas y silanos según convenía a sus intereses. Cuando murió durante el asedio de Roma en el 87 a.C., alcanzado por un rayo según algunas fuentes y por una epidemia según otras, su cadáver fue arrastrado por las calles por la multitud que le odiaba.
El joven Pompeyo heredó de su padre las legiones, las redes clientelares en el Piceno, la región del Adriático central donde los Pompeyo tenían sus bases y una capacidad organizativa y militar que las fuentes atribuyen a don natural más que a formación. Lo que no heredó fue el desprestigio: Pompeyo tenía la habilidad, que su padre nunca tuvo, de caer bien. Era físicamente atractivo, sabía escuchar, trataba a sus soldados con un respeto que les generaba lealtad casi fanática y proyectaba una imagen de moderación y seriedad que contrastaba favorablemente con la brutalidad de su padre.
Esa imagen era en parte real y en parte construcción deliberada. Pompeyo entendió desde joven que la reputación era un activo político tan valioso como los ejércitos y la cultivó con el mismo cuidado con que organizaba sus campañas.
Las primeras campañas: Sicilia, África e Hispania
La carrera militar de Pompeyo en los años de la dictadura de Sila fue una sucesión de éxitos que habrían bastado para hacer la reputación de cualquier otro general. En Sicilia aplastó a los marianistas con rapidez y ejecutó a su líder Cneo Papirio Carbón después de un juicio sumario. En África derrotó al rey númida Iarbas y al marianista Domicio Enobarbo, ambos en cuestión de semanas.
Cuando regresó a Roma con sus tropas y exigió el triunfo que le habían prometido, Sila intentó negarle el honor argumentando que no tenía la edad ni la magistratura requeridas. Pompeyo resistió y Sila cedió. Durante el triunfo, Pompeyo intentó entrar en Roma en un carro tirado por cuatro elefantes africanos capturados en la campaña, pero los animales eran demasiado grandes para la puerta de la ciudad y tuvo que cambiarlos por caballos. Era el tipo de gesto exagerado que habría parecido ridículo en otro, pero que en Pompeyo se leía como ambición jovial.
La campaña de Hispania entre el 77 y el 71 a.C. fue más difícil. Quinto Sertorio, el general marianista que había creado en la península ibérica un estado alternativo con un senado propio y un ejército formado por soldados romanos e indígenas hispanos, resultó ser el adversario más capaz que Pompeyo había enfrentado hasta entonces. La guerra duró cinco años y Pompeyo estuvo a punto de pedir la retirada al Senado en más de una ocasión. Sertorio fue finalmente asesinado por sus propios lugartenientes en el 72 a.C., y Pompeyo pudo reclamar la victoria de una campaña que en realidad había ganado el asesino de su enemigo, no él.
De regreso a Italia, interceptó y mató a 5.000 fugitivos de la revuelta de Espartaco que huían tras la derrota ante Craso y escribió al Senado reclamando el crédito de haber terminado la guerra servil. Era un robo de gloria descarado que Craso nunca perdonó y que estableció entre los dos hombres una rivalidad que definiría la política romana durante dos décadas.
La guerra contra los piratas: cuarenta días para limpiar el Mediterráneo
En el 67 a.C., el tribuno Aulo Gabinio propuso una ley que daba a un general sin nombre, pero que todo el mundo entendía que era Pompeyo, un mando extraordinario con poderes sin precedente para acabar con la piratería mediterránea. Los piratas cilicios llevaban décadas controlando gran parte del Mediterráneo oriental, atacando los suministros de grano de Roma e incluso asaltando puertos italianos. El problema era real y la paralización del comercio marítimo afectaba directamente al abastecimiento de Roma.
La ley Gabinia daba a su beneficiario el mando de todas las aguas mediterráneas y de las costas hasta 50 millas tierra adentro, con capacidad para reclutar el ejército y la flota que considerara necesarios y para gastar del tesoro público lo que fuera preciso. Era un poder que no tenía equivalente en la historia republicana y que la aristocracia senatorial recibió con horror: Catulo el viejo preguntó en el Senado a quién se recurriría si Pompeyo perecía, y Pompeyo respondió que a él mismo, señalándose.
La campaña fue un prodigio de organización. Pompeyo dividió el Mediterráneo en 13 sectores, asignó a cada uno un lugarteniente con una escuadra y barrió sistemáticamente de oeste a este. En 40 días el Mediterráneo occidental estaba limpio. En 49 días más había terminado toda la campaña, capturando o destruyendo casi 500 naves y reduciendo más de 120 bases piratas. Los prisioneros, en lugar de ser ejecutados o esclavizados como habría hecho cualquier otro general romano, fueron reasentados en ciudades del interior donde pudieran vivir de la agricultura. Era un gesto de clemencia calculada que reforzó la imagen de Pompeyo como general de una especie diferente.
La campaña oriental: Mitrídates, Siria y Jerusalén
Antes de que la campaña contra los piratas hubiera terminado, una nueva ley — la lex Manilia — añadió a los poderes de Pompeyo el mando de la guerra contra Mitrídates VI del Ponto, que llevaba décadas resistiendo a Roma en el Mar Negro. Cicerón, entonces pretor, apoyó públicamente la ley con uno de sus discursos más brillantes, el De imperio Cn. Pompei. Era el espaldarazo de un orador en ascenso a un general en la cima de su poder.
La guerra contra Mitrídates fue la culminación de las campañas orientales de Pompeyo y la fuente de la gloria que justificaría el sobrenombre de Magnus para el resto de la historia. En cuatro años, del 66 al 62 a.C., Pompeyo derrotó definitivamente a Mitrídates, que huyó al Bósforo y se suicidó; liquidó el reino seléucida de Siria y lo convirtió en provincia romana.
Reorganizó toda la estructura política del Mediterráneo oriental, creando reinos clientes, reorganizando fronteras y fundando ciudades y tomó Jerusalén después de un asedio de tres meses, entrando en el Sancta Sanctorum del Templo, la habitación más sagrada del judaísmo, donde solo podía entrar el Sumo Sacerdote una vez al año y saliendo sin tocar nada, en otro gesto de clemencia calculada que las fuentes judías recuerdan con sorpresa.
El balance territorial era impresionante: Pompeyo había añadido al territorio romano tres nuevas provincias, Ponto, Bitinia y Siria, establecido una cadena de reinos clientes desde el Cáucaso hasta Judea y aumentado los ingresos del Estado en una cantidad que las fuentes cifran en el doble de lo que era antes de sus campañas. Cuando regresó a Roma en el 61 a.C. y celebró un triunfo de dos días que enumeraba las decenas de reyes y príncipes sometidos, era sin duda el hombre más poderoso del mundo romano.
El Primer Triunvirato: la alianza con César y Craso
El problema de Pompeyo al regresar a Roma era el mismo que había tenido siempre: era un general excepcional y un político mediocre. Necesitaba que el Senado ratificara sus acuerdos orientales en bloque y que distribuyera tierra entre sus veteranos. El Senado, dominado por la facción de Catón el Joven y los optimates que desconfiaban de su poder, bloqueó sistemáticamente ambas demandas.
Fue entonces cuando aceptó la alianza con Julio César y Marco Licinio Craso que formaría el Primer Triunvirato. César necesitaba el respaldo militar de Pompeyo y el dinero de Craso para su candidatura consular. Craso necesitaba el poder político de los otros dos para sus propios intereses financieros y Pompeyo necesitaba que alguien desbloqueara sus demandas al Senado. El acuerdo fue informal, sin documentos ni ceremonias, pero cambió la política romana de forma irreversible.
El consulado de César en el 59 a.C. aprobó por la fuerza todo lo que Pompeyo necesitaba. La alianza se selló además con el matrimonio de Pompeyo con Julia, la hija de César, una joven de la que Pompeyo se enamoró genuinamente y cuya muerte en el 54 a.C. durante el parto eliminó el lazo humano más fuerte que unía a los dos hombres.
La ruptura con César y la guerra civil
La muerte de Craso en Carras en el 53 a.C. dejó a Roma con dos hombres demasiado poderosos para coexistir. La muerte de Julia había eliminado el vínculo afectivo y Pompeyo se fue acercando progresivamente a la facción senatorial de los optimates, que le necesitaban como contrapeso a César y que le ofrecían la legalidad republicana que su vanidad necesitaba. En el 52 a.C. fue nombrado cónsul único, una fórmula sin precedentes que era casi una dictadura disfrazada, para restaurar el orden tras los tumultos que siguieron al asesinato del demagogo Clodio.
Cuando en el 49 a.C. el Senado ordenó a César licenciar su ejército y César cruzó el Rubicón en lugar de obedecer, Pompeyo era nominalmente el comandante de las fuerzas republicanas. Pero la guerra civil demostró sus limitaciones: frente a la velocidad fulminante de César, Pompeyo optó por una estrategia de retirada y desgaste que sus aliados senatoriales, ansiosos por una batalla decisiva, interpretaron como cobardía. Abandonó Italia casi sin combatir, cruzó a Grecia con su ejército y sus aliados senatoriales, y esperó.
La batalla de Farsalia en agosto del 48 a.C. fue el enfrentamiento decisivo. Pompeyo tenía ventaja numérica, casi el doble de hombres que César, pero su caballería, en la que confiaba para envolver el flanco derecho enemigo, fue derrotada por una formación especial de veteranos de infantería que César había preparado específicamente para ese propósito. Cuando la caballería se desbandó, el flanco de Pompeyo quedó expuesto y el ejército se desintegró.
Pompeyo huyó del campo de batalla, embarcó en Mitilene donde esperaba su esposa Cornelia y navegó hacia Egipto buscando refugio en la corte del joven faraón Ptolomeo XIII, cuyo padre había sido aliado suyo.
La muerte en Egipto: una playa y una traición
El 28 de septiembre del 48 a.C., Pompeyo se aproximó a la costa egipcia en una pequeña embarcación. Los consejeros del faraón habían deliberado sobre qué hacer con él: recibirle suponía enemistarse con César; rechazarle suponía enemistarse con el hombre que todavía era una figura poderosa. Decidieron la opción más pragmática y más infame: matarle y ofrecer su cabeza a César como prueba de lealtad.
Lucio Septimio, un centurión romano que había servido bajo las órdenes de Pompeyo años antes, fue el encargado de hacerlo. Cuando la barca se acercó a la orilla y Pompeyo extendió la mano para ser ayudado a desembarcar, Septimio le apuñaló por la espalda. Pompeyo se cubrió el rostro con su toga y murió sin decir nada, según las fuentes, con la dignidad que la ocasión requería.
Cuando César llegó a Egipto días después y le presentaron la cabeza de Pompeyo, se dice que lloró. Era el enemigo que había derrotado, el hombre con quien había compartido poder durante años, el esposo de su hija Julia. Si las lágrimas fueron reales o calculadas es imposible saberlo. Lo que sí es cierto es que hizo ejecutar a los asesinos.
El legado de Pompeyo: grandeza sin genio
Pompeyo fue el general más exitoso de su generación en términos de territorio conquistado y enemigos derrotados. Su reorganización del Mediterráneo oriental fue duradera: las provincias que creó, los reinos clientes que estableció y las ciudades que fundó definieron la estructura política de esa región durante siglos. Fue también el primer romano en intentar gobernar un imperio mediterráneo con algo parecido a una visión estratégica de conjunto, en lugar de la improvisación que había caracterizado la expansión romana anterior.
Pero su fracaso político fue igualmente real. Nunca entendió que el poder en la República tardía requería algo más que victorias militares y reputación. César entendió que el poder requería instituciones, dinero, alianzas y la disposición a romper las reglas cuando era necesario. Pompeyo quería ser el primero dentro del sistema republicano, no transformar el sistema. Y cuando el sistema no pudo sostener a alguien de su tamaño, no supo qué hacer.
Esa es quizás la mejor forma de entender a Pompeyo: un hombre extraordinariamente capaz que llegó demasiado pronto a la cima para poder seguir creciendo y que pasó el resto de su vida intentando estar a la altura de un sobrenombre que le habían dado cuando tenía veinticinco años.
Las grandes campañas de Pompeyo
| Campaña | Años | Resultado | Importancia |
|---|---|---|---|
| Sicilia y África | 82-81 a.C. | Derrota de los marianistas. Primer triunfo. | Establece su reputación militar con 25 años. Sila le llama Magnus. |
| Hispania (guerra sertoriana) | 77-71 a.C. | Derrota de Sertorio tras su asesinato. | Primera campaña difícil. Pompeyo aprende los límites de su talento. |
| Guerra contra los piratas | 67 a.C. | Mediterráneo limpio en 49 días. | El mayor prodigio organizativo de la historia militar romana. |
| Guerra contra Mitrídates | 66-63 a.C. | Derrota y suicidio de Mitrídates. | Elimina la última gran amenaza oriental a Roma. |
| Reorganización de Oriente | 64-62 a.C. | Tres provincias nuevas. Toma de Jerusalén. | Dobla los ingresos del Estado romano. Define el Oriente Medio antiguo. |
| Guerra civil vs César | 49-48 a.C. | Derrota en Farsalia. Muerte en Egipto. | El fin de la República y de Pompeyo como dos caras de la misma moneda. |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Plutarco: Vida de Pompeyo, en Vidas paralelas. Traducción de A. Ranz Romanillos. Gredos, Madrid, 1985.
- César: La guerra civil. Traducción de J. Calonge Ruiz. Gredos, Madrid, 2005.
- Apiano: Historia romana — Guerras civiles, libros II-V. Traducción de A. Sancho Royo. Gredos, Madrid, 1985.
- Cicerón: Sobre el mando de Cneo Pompeyo (De Imperio Cn. Pompei). Traducción de J. Aspa Cereza. Gredos, Madrid, 1991.
Bibliografía:
- Montanelli, I.: Historia de Roma. Plaza & Janés, Barcelona, 1991.
- Grimal, P.: El proceso de la República romana. Paidós, Barcelona, 1990.
- Roldán Hervás, J. M.: La República romana. Cátedra, Madrid, 1981.
- Seager, R.: Pompey the Great: A Political Biography. Blackwell, Oxford, 2002.
- Greenhalgh, P.: Pompey: The Roman Alexander. Weidenfeld and Nicolson, London, 1980.
- Holland, T.: Rubicon: The Last Years of the Roman Republic. Doubleday, New York, 2003.
- Beard, M.: SPQR: A History of Ancient Rome. Profile Books, London, 2015.
Preguntas frecuentes sobre Pompeyo el Grande
¿Por qué Pompeyo recibió el sobrenombre de «el Grande»?
Sila se lo concedió después de sus victorias en Sicilia y África en el 81 a.C., cuando Pompeyo tenía veinticinco años. Era una referencia a Alejandro Magno — Magnus en latín equivale a Megas en griego — y reconocía la capacidad militar extraordinaria del joven general. Pompeyo usó el sobrenombre el resto de su vida y construyó conscientemente una imagen pública que aspiraba a la comparación con Alejandro, incluyendo el gesto de visitar la tumba del macedonio en Alejandría durante su campaña oriental.
¿Qué fue el Primer Triunvirato?
El Primer Triunvirato fue un acuerdo político informal — sin base legal ni reconocimiento oficial — entre Pompeyo, Julio César y Marco Licinio Craso, sellado en torno al 60 a.C. Los tres hombres acordaron apoyarse mutuamente para bloquear a sus enemigos en el Senado y avanzar sus respectivos intereses: César necesitaba respaldo para su candidatura consular, Craso necesitaba poder político para sus negocios, y Pompeyo necesitaba que alguien desbloqueara la ratificación de sus acuerdos orientales y la distribución de tierra para sus veteranos. No fue un gobierno conjunto sino una alianza de conveniencia que duró mientras los intereses de los tres coincidieron.
¿Por qué Pompeyo perdió en Farsalia teniendo más tropas que César?
La superioridad numérica de Pompeyo — aproximadamente 45.000 infantes y 7.000 jinetes frente a los 22.000 infantes y 1.000 jinetes de César — no compensó las diferencias en calidad y motivación. Los veteranos de César llevaban diez años combatiendo en las Galias bajo un general en quien confiaban absolutamente. Las tropas de Pompeyo eran más numerosas pero menos cohesionadas, con muchos reclutas recientes y aliados de calidad desigual. Además, César preparó específicamente una formación de veteranos de infantería para detener la carga de la caballería pompeyiana en el flanco derecho, que era el movimiento en que Pompeyo basaba su plan de batalla. Cuando esa carga fue detenida y rechazada, el flanco quedó expuesto y el ejército se desintegró.
¿Qué relación tuvo Pompeyo con Cicerón?
La relación fue larga, compleja y mutuamente insatisfactoria. Cicerón admiraba a Pompeyo como general y le apoyó públicamente en varias ocasiones importantes, incluido el discurso De imperio Cn. Pompei que respaldó la lex Manilia. Pero también le criticó en privado por su indecisión política y su tendencia a tomar decisiones sin consultar a sus aliados. Pompeyo, por su parte, apoyó el regreso de Cicerón del exilio al que le había condenado Clodio, pero no con la energía que Cicerón esperaba. Durante la guerra civil, Cicerón siguió a Pompeyo a Grecia con una convicción que era más sentimental que estratégica — creía que Pompeyo era la causa de la República — y regresó a Italia después de Farsalia con la amargura de quien ha apostado por el perdedor.
¿Dónde está enterrado Pompeyo?
Pompeyo fue decapitado en una playa egipcia y su cabeza fue embalsamada para presentársela a César. El resto de su cuerpo fue enterrado provisionalmente en la playa por su liberto Filipo. Según las fuentes, César ordenó que los restos fueran tratados con dignidad, y existe una tradición que habla de un pequeño monumento funerario en la zona de Pelusio, en el delta del Nilo. No ha sobrevivido ninguna tumba identificada ni ningún lugar de enterramiento confirmado arqueológicamente.












