Entre todas las divinidades femeninas del mundo antiguo, pocas tuvieron una presencia tan extensa, tan duradera y tan transformada como Astarté. Desde los templos fenicios de Biblos y Sidón hasta los santuarios de Chipre, desde los textos de Ugarit hasta las inscripciones cartaginesas del norte de África, desde el Antiguo Testamento hasta la demonología cristiana medieval, Astarté recorrió 3.000 años de historia religiosa mediterránea cambiando de nombre, de atributos y de significado en cada parada de ese viaje extraordinario.
Su historia es también la historia de un proceso de destrucción sistemática. Astarté fue una de las grandes diosas del mundo antiguo, comparable en importancia a Ishtar en Mesopotamia o a Isis en Egipto, venerada como señora del amor y la guerra, de los astros y la fertilidad, de la mar y el cielo. Y sin embargo, cuando la tradición bíblica y luego la cristiana terminaron con ella, lo que quedó fue Astaroth: un demonio masculino de la jerarquía infernal, un gran duque del infierno que montaba un dragón y exhalaba un aliento fétido.
La transformación de diosa suprema a demonio masculino es uno de los casos más extremos y más reveladores de demonización religiosa que conoce la historia.
Recuperar la figura original de Astarté, antes de esa destrucción, requiere trabajar con fuentes muy diversas: los textos mitológicos de Ugarit, las inscripciones fenicias y púnicas, los testimonios de escritores griegos y romanos que la identificaron con Afrodita y Venus, los textos bíblicos que la condenan y la arqueología de sus templos y estatuillas. Ninguna fuente aislada es suficiente. Solo la convergencia de todas ellas permite reconstruir quién fue realmente esta diosa antes de que sus adversarios la transformaran en demonio.
Los nombres: Astarté, Ashtoreth, Ishtar y la familia semítica
El primer problema que presenta Astarté es su nombre, o más exactamente sus nombres, porque la misma diosa o diosas estrechamente relacionadas aparecen en las fuentes antiguas bajo formas distintas que reflejan las diferencias fonológicas entre las lenguas semíticas donde fue venerada.
En acadio, la lengua de Mesopotamia, su nombre es Ishtar, la gran diosa babilónica y asiria del amor, la guerra y el planeta Venus. En ugaritico, la lengua cananea de los textos de Ugarit, su nombre es Athtart o Ashtart. En hebreo bíblico, aparece como Ashtoreth, una vocalización deliberadamente deformada que los redactores bíblicos construyeron sustituyendo las vocales originales del nombre por las del hebreo boshet, «vergüenza», exactamente el mismo procedimiento que usaron para deformar los nombres que contenían el título Baal. En fenicio y púnico, es Ashtart o Astarte. En griego, fue identificada con Afrodita y a través de esa identificación con Venus en latín.
Esta familia de nombres refleja una continuidad religiosa real a través de las culturas semíticas del Próximo Oriente antiguo: desde Mesopotamia hasta el Mediterráneo occidental, existía una figura divina femenina asociada con el amor, la guerra, la fertilidad y el planeta Venus que recibía nombres fonéticamente relacionados y compartía atributos fundamentales. Si Ishtar y Astarté son la misma diosa o figuras distintas con una raíz común es un debate académico que no tiene respuesta definitiva, pero la conexión entre ellas es indudable.
La deformación bíblica del nombre, Ashtoreth en lugar de Ashtart, es en sí misma un dato histórico importante. Indica que los redactores bíblicos conocían perfectamente el nombre real de la diosa y decidieron deformarlo sistemáticamente para transmitir una connotación de vergüenza y abominación. Es una forma de violencia lingüística que refleja la intensidad de la polémica religiosa.
Astarté en los textos de Ugarit: entre la diosa y la guerrera
Los textos de Ugarit del siglo XIV a.C. presentan a Astarté, bajo el nombre de Athtart, como una figura divina importante pero no absolutamente central en el panteón cananeo. En el ciclo de Baal, aparece junto a Anat, la diosa de la guerra, como aliada de Baal en sus conflictos con otras divinidades. La distinción entre Athtart y Anat en estos textos es a veces difusa: ambas son diosas de naturaleza guerrera asociadas con Baal y algunos especialistas han debatido si en origen eran aspectos de una misma figura que se fue dividiendo en dos.
Lo que los textos de Ugarit dejan claro es que Athtart tenía una dimensión guerrera prominente. En un fragmento aparece cazando en el desierto, una actividad que en la iconografía del Próximo Oriente antiguo está estrechamente asociada con la violencia y el poder militar. En otro fragmento, su nombre aparece en el compuesto Athtart-shem-Baal, «Athtart del nombre de Baal», una fórmula que la vincula directamente al poder supremo masculino del panteón.
La dimensión astral de Astarté también está presente en los textos de Ugarit, aunque de forma más implícita que explícita. Su identificación con el planeta Venus, el lucero del alba y de la tarde, es uno de los rasgos más persistentes de la figura a través de todas sus versiones culturales. Venus era el astro más brillante del cielo nocturno, el que aparecía antes del amanecer anunciando el sol y el que brillaba al atardecer cuando este se ponía, una dualidad que conectaba perfectamente con la naturaleza ambivalente de Astarté como diosa del amor y la guerra, de la vida y la muerte.
Astarté en Fenicia: la gran diosa de las ciudades del mar
Es en el mundo fenicio donde Astarté alcanzó su mayor importancia y donde su culto está mejor documentado arqueológica e históricamente. Las grandes ciudades fenicias de la costa mediterránea, Biblos, Sidón, Tiro y sus colonias por todo el Mediterráneo, la veneraron como su diosa principal o una de las más importantes de su panteón.
En Sidón, Astarté era la diosa por excelencia de la ciudad. Las inscripciones reales fenicias la mencionan con frecuencia como la patrona que otorgaba legitimidad a los reyes. Una inscripción del rey Eshmunazar II de Sidón, del siglo V a.C., menciona que él y su madre construyeron un templo a Astarté y que la diosa les había concedido el dominio sobre varias ciudades como recompensa. Esta función de otorgadora de poder político a los reyes es una de las dimensiones de Astarté que los textos bíblicos condenan explícitamente cuando mencionan que Salomón construyó un santuario para «Ashtoreth, la abominación de los sidonios».
En Biblos, la ciudad más antigua de Fenicia, Astarté compartía el protagonismo religioso con Baalat Gebal, «la señora de Biblos», una figura que algunos especialistas identifican con Astarté y otros consideran una diosa distinta. Los textos egipcios del Imperio Medio mencionan a la diosa de Biblos con gran respeto, lo que refleja la importancia del santuario de Biblos en el mundo mediterráneo de la época.
El templo de Astarté en Sidón era uno de los santuarios más famosos del mundo antiguo. Los peregrinos llegaban desde toda la cuenca mediterránea y su culto incluía prácticas rituales que los escritores griegos y romanos describieron con fascinación y escándalo. El historiador griego Heródoto describe en Babilonia, refiriéndose probablemente a una práctica asociada con Ishtar, una costumbre según la cual las mujeres debían prostituirse ritualmente una vez en su vida en el templo de la diosa. Esta descripción, de historicidad debatida, influyó enormemente en la imagen que la antigüedad clásica y luego la tradición cristiana construyeron sobre los cultos de Astarté.
Chipre fue uno de los centros más importantes del culto de Astarté en el Mediterráneo, hasta el punto de que la identificación griega de Astarté con Afrodita se desarrolló en gran medida a través de la mediación chipriota. Pafos, en la costa occidental de la isla, tenía un santuario de Astarté de enorme antigüedad que los griegos reinterpretaron como el santuario de Afrodita donde la diosa había emergido del mar. La Afrodita de Chipre era en realidad Astarté bajo nombre griego y muchos de sus atributos, incluida la paloma como animal sagrado y la concha de mar como símbolo, derivan directamente de la iconografía de Astarté.
Los atributos y la iconografía
La iconografía de Astarté es rica y variada, y refleja la complejidad de una figura que reunía en sí misma aspectos que en otras tradiciones religiosas estaban distribuidos entre varias diosas distintas.
Su animal sagrado principal era la paloma, símbolo de amor y fertilidad que pasó directamente a Afrodita y de ahí a la iconografía cristiana donde la paloma representa al Espíritu Santo, una de las transmisiones iconográficas más sorprendentes de la historia de las religiones. También se le asociaba el león, símbolo de su dimensión guerrera, una combinación de amor y guerra que aparece también en Ishtar y que refleja la concepción semítica de la feminidad divina como una fuerza simultáneamente creadora y destructora.
Su símbolo astral era la estrella de ocho puntas, que representaba el planeta Venus en su doble aparición como lucero del alba y lucero vespertino. Este símbolo aparece en innumerables objetos de culto fenicios y cananeos y es uno de los más persistentes de toda la iconografía del Próximo Oriente antiguo. La estrella de ocho puntas de Astarté-Ishtar es el antecedente directo de la estrella de Venus que aparece en múltiples contextos religiosos y mágicos posteriores.
Las estatuillas de Astarté son el tipo de objeto arqueológico más frecuente en los yacimientos del Levante de la Edad del Bronce y del Hierro. Son figuras femeninas de terracota o bronce que sostienen sus pechos con las manos o los ofrecen hacia adelante, un gesto que en la iconografía del Próximo Oriente antiguo se asocia con la fertilidad, la nutrición y el poder generativo femenino. Miles de estas estatuillas han sido encontradas en yacimientos israelitas, lo que confirma que el culto de Astarté era una práctica cotidiana extendida incluso entre poblaciones que los textos bíblicos presentan como exclusivamente yahvistas.
Su corona más característica era la que incorporaba cuernos de vaca o de luna creciente, un símbolo que la conectaba con la luna y con la fertilidad agrícola. En algunos contextos llevaba también el disco solar, combinando así los símbolos de la luna y el sol en una figura que aspiraba a dominar el cosmos completo.
Astarté en la Biblia: de diosa a abominación
La Biblia hebrea menciona a Ashtoreth, la forma deformada del nombre, en varios pasajes siempre en contextos de condenación. El patrón es sistemático: cada vez que un rey israelita «hace lo malo ante los ojos de Yahvé», una de las manifestaciones de esa maldad es construir santuarios para Ashtoreth.
El pasaje más famoso es el del libro de los Reyes, donde se narra que Salomón, a pesar de su legendaria sabiduría, fue seducido por sus esposas extranjeras para adorar a dioses extranjeros y entre ellos específicamente a «Ashtoreth, la diosa de los sidonios«. Salomón construyó un santuario para ella en el monte de los Olivos, que los textos bíblicos llamaron sarcásticamente «el monte de la corrupción». El mismo Josías, el rey reformador que intentó purificar el culto yahvista en el siglo VII a.C., tuvo que destruir ese santuario como parte de su campaña de purificación religiosa.
El primer libro de Samuel menciona que los israelitas abandonaron a Ashtoreth y los baales para volver a Yahvé antes de la batalla de Mizpá, una narración que refleja la alternancia entre el yahvismo y el culto cananeo que los autores bíblicos presentan como el patrón recurrente de la historia religiosa de Israel. El mismo libro narra que tras la derrota y muerte del rey Saúl en el monte Gelboé, los filisteos colgaron su armadura en el templo de Ashtoreth en Bet-Seán, un dato que confirma que el culto de Astarté estaba presente también en la religión filistea.
La condena bíblica de Ashtoreth tiene varias dimensiones. La dimensión teológica es la más evidente: Ashtoreth es una diosa falsa cuyo culto ofende a Yahvé. Pero hay también una dimensión sexual en la condena: los textos bíblicos asocian con frecuencia el culto a Ashtoreth con la prostitución ritual, las qedeshot, mujeres que prestaban servicios sexuales en el contexto del santuario. La historicidad de esa prostitución ritual ha sido muy debatida por los especialistas modernos, y muchos consideran que la acusación era en parte una polémica retórica destinada a desacreditar el culto rival más que una descripción factual de sus prácticas.
La demonización: de diosa femenina a demonio masculino
El proceso de demonización de Astarté es uno de los más dramáticos de toda la historia religiosa occidental, no solo porque la convirtió en demonio sino porque cambió su género en el proceso.
El primer paso fue la degradación bíblica ya descrita: Ashtoreth pasó de ser una gran diosa a ser «la abominación de los sidonios», un ídolo falso al que los reyes débiles rendían culto en sus momentos de extravío. Esta degradación mantuvo al menos el género femenino de la figura. El segundo paso fue la demonización explícita en la literatura apocalíptica judía y cristiana primitiva, donde Ashtoreth fue identificada con los demonios que se ocultaban detrás de los ídolos para recibir culto ilícito. En este estadio, la figura seguía siendo reconociblemente femenina.
El tercer paso, el más sorprendente, fue la masculinización en la demonología cristiana medieval. En los grandes tratados de demonología, especialmente en la Lemegeton o Clavícula de Salomón y en el Pseudomonarchia Daemonum de Johann Weyer del siglo XVI, Astaroth aparece como un gran duque o un gran príncipe del infierno, invariablemente masculino, que monta un dragón o un lobo, lleva en la mano izquierda una serpiente venenosa y exhala un aliento tan pestilente que obliga a los conjuradores a usar un anillo mágico de protección.
¿Por qué cambió el género? Los especialistas han propuesto varias explicaciones. Una posibilidad es que la forma del nombre en latín, Astaroth, al terminar en consonante, sonara más masculina que femenina para los oídos medievales. Otra es que la asociación de Astaroth con el poder y el conocimiento, atributos que la demonología medieval asignaba preferentemente a figuras masculinas, empujara hacia la masculinización. Una tercera explicación es que los demonólogos medievales, que trabajaban principalmente con fuentes en latín y griego donde la figura ya había perdido mucho de su contexto original, simplemente no tenían información suficiente para mantener el género correcto y masculinizaron por defecto una figura de poder.
En la jerarquía demoníaca medieval, Astaroth ocupa un rango muy elevado: es uno de los tres grandes del infierno junto con Lucifer y Belcebú según algunas clasificaciones y se le atribuye el dominio sobre 40 legiones de demonios. Sus especialidades demoníacas incluyen revelar secretos del pasado y del futuro, enseñar las artes liberales y responder preguntas sobre la creación y la caída de los ángeles, una función que refleja irónicamente la sabiduría que la diosa original poseía como señora del cosmos.
Astarté a través de las tradiciones
| Tradición | Nombre | Período | Atributos principales | Naturaleza |
|---|---|---|---|---|
| Mesopotámica | Ishtar | 3000-500 a.C. | Amor, guerra, Venus, leones | Gran diosa del panteón babilónico y asirio |
| Ugarítica | Athtart | Siglo XIV a.C. | Guerra, caza, aliada de Baal | Diosa importante del panteón cananeo |
| Fenicia | Ashtart / Astarté | 1200-300 a.C. | Amor, guerra, Venus, paloma, leones | Gran diosa de Sidón, Tiro y Biblos |
| Chipriota | Astarté / Afrodita | 1200-300 a.C. | Amor, mar, paloma, concha | Fusión con Afrodita griega en Pafos |
| Bíblica hebrea | Ashtoreth | Siglos X-VI a.C. | Abominación, prostitución ritual | Ídolo falso condenado por los profetas |
| Cristiana medieval | Astaroth | Siglos XIII-XVII | Conocimiento, secretos, cuarenta legiones | Gran duque del infierno, masculino |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Ciclo de Baal de Ugarit (s. XIV a.C.), en Del Olmo Lete, G. (1981). Mitos y leyendas de Canaán. Ediciones Cristiandad, Madrid.
- Inscripción de Eshmunazar II (s. V a.C.), en Corpus Inscriptionum Semiticarum, I.3.
- Biblia de Jerusalén (ed. 2009): 1 Reyes 11:5-33; 2 Reyes 23:13; 1 Samuel 7:3-4; 31:10.
- Heródoto. Historias, I.199.
Bibliografía:
- Xella, Paolo (2007). Los dioses fenicios. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid.
- Del Olmo Lete, Gregorio (1998). Mitos, leyendas y rituales de los semitas occidentales. Trotta, Barcelona.
- Bonnet, Corinne (1996). Astarté: dossier documentaire et perspectives historiques. Consiglio Nazionale delle Ricerche, Roma.
- Budin, Stephanie Lynn (2004). The Origin of Aphrodite. CDL Press, Bethesda.
- Day, John (2000). Yahweh and the Gods and Goddesses of Canaan. Sheffield Academic Press.
- Hooks, Stephen M. (1985). Sacred Prostitution in Israel and the Ancient Near East. Harvard Semitic Monographs.
- Smith, Mark S. (1990). The Early History of God. Harper & Row, San Francisco.
Preguntas frecuentes sobre Astarté
¿Quién era Astarté y por qué era importante?
Astarté era la gran diosa semítica del amor, la guerra y el planeta Venus, venerada en el mundo cananeo y fenicio desde el segundo milenio antes de Cristo. Era una de las divinidades más importantes del Mediterráneo oriental, con templos principales en Sidón, Tiro, Biblos y Chipre. Sus atributos la hacían una figura de extraordinario poder: era a la vez diosa del amor erótico y de la fertilidad, señora de la guerra y la caza, y personificación del planeta Venus en su doble manifestación como lucero del alba y vespertino. Su importancia se refleja en la extensión de su culto, que alcanzó desde Mesopotamia hasta Cartago y desde Chipre hasta Palestina.
¿Cuál es la diferencia entre Astarté e Ishtar?
Astarté e Ishtar son figuras estrechamente relacionadas que comparten un origen semítico común. Ishtar es la versión mesopotámica, acadio-babilónica, de la gran diosa semítica del amor y la guerra, mientras que Astarté es la versión cananea y fenicia de la misma figura. Los nombres son fonéticamente relacionados: ambos derivan probablemente de una raíz semítica común. Comparten los mismos atributos fundamentales: el amor, la guerra, la fertilidad y la identificación con el planeta Venus. Sin embargo, hay diferencias de énfasis y de mitología específica: Ishtar tiene un corpus mitológico más extenso, especialmente el mito de su descenso al inframundo, mientras que Astarté está más documentada en el contexto fenicio y mediterráneo occidental.
¿Por qué la Biblia condena a Astarté?
La condena bíblica de Ashtoreth, la forma deformada del nombre de Astarté, responde a la competencia religiosa entre el yahvismo y el culto cananeo en el Israel de la Edad del Hierro. Los textos bíblicos reflejan una situación histórica real en que el culto de Astarté era una alternativa religiosa atractiva para muchas comunidades israelitas, especialmente en contextos agrícolas donde su función como diosa de la fertilidad era relevante. Los profetas y los redactores deuteronomistas construyeron sistemáticamente una imagen negativa de Ashtoreth, asociándola con la prostitución ritual, la idolatría y el abandono de Yahvé, para reforzar la identidad religiosa exclusivista que estaban promoviendo.
¿Cómo se relaciona Astarté con Afrodita?
La identificación entre Astarté y Afrodita se desarrolló principalmente a través de Chipre, donde existía un culto antiquísimo de Astarté en Pafos que los griegos reinterpretaron como el santuario de Afrodita. La Afrodita chipriota heredó de Astarté varios atributos iconográficos, especialmente la paloma como animal sagrado y la concha de mar como símbolo. La identificación fue reconocida por los propios griegos, que a veces llamaban a Afrodita «la siria» o la describían con características que derivaban claramente de la diosa semítica. A través de Afrodita, y luego de Venus, algunos atributos de Astarté sobrevivieron en la cultura occidental clásica mucho tiempo después de que su culto original hubiera desaparecido.
¿Por qué Astaroth, el demonio medieval, es masculino si Astarté era femenina?
La masculinización de Astaroth en la demonología cristiana medieval es uno de los fenómenos más llamativos del proceso de demonización de Astarté. Los especialistas han propuesto varias explicaciones: la forma latina del nombre, terminada en consonante, sonaba más masculina que femenina; la asociación con el poder y el conocimiento, atributos que la demonología medieval asignaba preferentemente a figuras masculinas; y la pérdida de contexto cultural que llevó a los demonólogos medievales a masculinizar por defecto una figura de poder cuyo género original desconocían. La ironía es que Astaroth se especializó en revelar conocimientos sobre la creación y la caída de los ángeles, una función que refleja distorsionadamente la sabiduría cósmica de la diosa original.












