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La batalla de Cannas: la doble envoltura perfecta

by Marcelo Ferrando Castro
25 febrero, 2026
in Roma
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La doble envoltura de Aníbal en la batalla de Cannas (216 a.C.): el ejército cartaginés cierra el cerco sobre las legiones romanas

La batalla de Cannas (216 a.C.): la doble envoltura de Aníbal atrapó a más de 70.000 legionarios romanos en un círculo del que no había escapatoria. La maniobra más estudiada de la historia militar antigua. Crédito: Red Historia.

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El 2 de agosto del 216 a.C., en una llanura polvoriente de Apulia, en el sur de Italia, Roma sufrió la peor derrota militar de su historia. En pocas horas, entre 50.000 y 70.000 soldados romanos murieron en un espacio tan reducido que los supervivientes apenas podían mover los brazos para defenderse. El cónsul Lucio Emilio Paulo murió en el campo. El otro cónsul, Cayo Terencio Varrón, huyó con los restos del ejército. El Senado romano recibió la noticia en silencio y decretó un luto de treinta días.

Lo que Aníbal Barca logró en Cannas no fue solo una victoria militar, fue la ejecución de una idea táctica tan precisa y tan completa que los ejércitos modernos la estudian todavía hoy como el modelo ideal de la destrucción del enemigo. La doble envoltura, envolver al adversario por ambos flancos mientras el centro cede deliberadamente, no era una maniobra nueva, pero nadie antes de Aníbal la había ejecutado a esa escala, con esa coordinación y contra un ejército tan numeroso. Alfred von Schlieffen, el estratega alemán que diseñó el plan de guerra contra Francia en 1905, llamó a Cannas la batalla perfecta y construyó toda su doctrina sobre el principio que Aníbal había aplicado 21 siglos antes.

Y sin embargo, Cannas no ganó la guerra. Roma no se rindió y rehusó negociar, reclutó nuevos ejércitos y siguió combatiendo durante 15 años más hasta que Escipión venció a Aníbal en Zama. La batalla más devastadora de la historia romana es también, paradójicamente, el episodio que mejor ilustra por qué Roma era casi imposible de derrotar: no porque sus generales fueran mejores, sino porque su sistema político no tenía mecanismo de rendición.

Índice:

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  • El contexto: Roma después de Trebia y Trasimeno
  • El terreno: por qué Aníbal eligió la llanura de Apulia
  • La disposición: el centro que cedería
  • El desarrollo: la trampa se cierra
  • Maharbal y la decisión de no marchar sobre Roma
  • La respuesta de Roma: el Senado que no se rindió
  • El legado táctico: de Schlieffen a Patton
  • Las principales batallas de Aníbal en Italia
  • Explora más en Red Historia
  • Fuentes y bibliografía
    • Fuentes primarias
    • En español
    • En inglés
    • Recursos digitales
  • Preguntas frecuentes sobre la batalla de Cannas
    • ¿Cuántos soldados murieron en la batalla de Cannas?
    • ¿En qué consistió exactamente la doble envoltura de Aníbal?
    • ¿Por qué Roma no se rindió después de Cannas?
    • ¿Qué fue del cónsul Varrón, el responsable de la batalla?
    • ¿Qué generales modernos estudiaron Cannas como modelo?
    • ¿Podría haberse evitado la derrota romana?
    • ¿Cuándo y dónde fue exactamente la batalla?

El contexto: Roma después de Trebia y Trasimeno

Cannas fue la tercera gran batalla de la campaña italiana de Aníbal, y la tercera derrota romana consecutiva. En el invierno del 218 a.C., Aníbal había destruido un ejército consular en el río Trebia usando el frío, el hambre y una emboscada lateral para aniquilar a tropas que cruzaron el río helado sin desayunar. En junio del 217 a.C., en el lago Trasimeno, había tendido la mayor emboscada de la historia antigua, destruyendo otro ejército consular en menos de tres horas aprovechando la niebla matinal y un desfiladero costero.

Tras Trasimeno, Roma nombró dictador a Quinto Fabio Máximo, que adoptó una estrategia de desgaste: evitar el combate campal, hostigar a Aníbal con guerrillas, cortar sus líneas de suministro y esperar a que el tiempo y el agotamiento hicieran su trabajo. La estrategia era correcta. Aníbal no podía ganar una guerra de desgaste lejos de sus bases, sin refuerzos regulares y sin poder tomar las ciudades amuralladas que se negaban a rendirse. Si Roma hubiera seguido la estrategia de Fabio, la guerra habría terminado de forma muy diferente.

Pero la estrategia de Fabio era impopular. Los romanos la llamaban con desprecio la táctica del Cunctator — el Contemporizador — y veían en ella una cobardía indigna de Roma. Cuando expiró la dictadura de Fabio, los nuevos cónsules elegidos para el 216 a.C., el patricio Lucio Emilio Paulo y el plebeyo Cayo Terencio Varrón, representaban posiciones opuestas sobre cómo afrontar la guerra. Paulo era prudente y partidario de la cautela y Varrón era agresivo y quería buscar la batalla decisiva que Fabio había evitado.

Para esa batalla, Roma reunió el mayor ejército de su historia hasta entonces. Las cifras de Polibio, la fuente más cercana y más rigurosa, hablan de ocho legiones romanas más contingentes aliados, en total unos 86.000 soldados y 6.000 jinetes. Era más del doble del ejército que Aníbal podía desplegar. La lógica parecía aplastante: con tanta superioridad numérica, la victoria era inevitable.

Aníbal tenía aproximadamente 40.000 soldados y 10.000 jinetes. Su inferioridad en infantería era obvia y su superioridad en caballería, especialmente en la caballería numida, la más rápida y maniobrable del Mediterráneo, era igualmente obvia, pero los cónsules romanos no le dieron la importancia que merecía.

El terreno: por qué Aníbal eligió la llanura de Apulia

La elección del terreno fue el primer elemento de la victoria de Aníbal. La llanura de Apulia, en el sureste de Italia, era completamente abierta y sin obstáculos naturales. Para un general que quisiera usar la superioridad numérica de la infantería romana, ese terreno era perfecto: sin flancos protegidos por ríos, colinas o bosques, las legiones podían desplegarse en toda su anchura y aplastar al enemigo con su masa.

Pero Aníbal no tenía intención de ganar con masa de infantería, tenía intención de ganar con movimiento y la llanura abierta era también perfecta para eso: sin obstáculos que interrumpieran las maniobras de flanqueo, su caballería podía moverse libremente y su plan de envoltura podía ejecutarse sin interferencias del terreno.

Había además un factor meteorológico que Aníbal aprovechó. El viento de scirocco, el viento caliente y cargado de polvo que sopla del sur en verano, soplaba ese día desde el sur, directamente a la cara del ejército romano. El polvo levantado por decenas de miles de pies reducía la visibilidad y dificultaba la comunicación entre las unidades romanas. Aníbal había elegido la posición de su ejército para tener ese viento a la espalda.

El escenario estaba preparado. La pregunta era si los cónsules romanos caerían en la trampa. Varrón, que tenía el mando ese día según el sistema romano de alternancia diaria del mando consular, aceptó el combate en las condiciones que Aníbal había elegido.

La disposición: el centro que cedería

La disposición táctica de Aníbal en Cannas es la parte más estudiada de la batalla y la que los manuales militares han reproducido durante siglos. Para entenderla hay que partir de la disposición romana, que era la convencional: infantería pesada en el centro, caballería en los flancos.

Aníbal dispuso sus fuerzas de una forma que subvertía completamente las expectativas del adversario. En el centro de su línea colocó a los galos e hispanos, sus tropas menos fiables en combate sostenido, formados en una línea convexa que sobresalía hacia el enemigo. En los flancos del centro, ocultos detrás de esa línea convexa, colocó a sus mejores soldados: la infantería africana, veterana y equipada con armas romanas capturadas en las batallas anteriores. En el flanco derecho situó la caballería hispana y gala, más pesada y en el flanco izquierdo, la caballería numida, más ligera y maniobrable.

El plan era de una elegancia brutal. Cuando las legiones romanas avanzaran y chocaran contra el centro convexo cartaginés, ese centro cedería deliberadamente, retrocediendo hacia atrás en una línea cada vez más cóncava. Los romanos, sintiendo que empujaban al enemigo, apretarían el avance y se concentrarían en el centro, apiñándose cada vez más. En ese momento, los flancos africanos girarían hacia dentro, cerrando el cerco lateralmente, mientras la caballería completaba la envoltura por la retaguardia.

Era una trampa que usaba la agresividad romana como arma contra los propios romanos.

El desarrollo: la trampa se cierra

La batalla comenzó al amanecer. La caballería hispana y gala del flanco derecho cartaginés atacó a la caballería romana del flanco izquierdo en un combate brutal y decidido desde el primer momento. A diferencia de la táctica habitual de la caballería antigua — cargar, retroceder, volver a cargar — los jinetes de Aníbal combatieron cuerpo a cuerpo, desmontando en algunos casos para luchar a pie. La caballería romana fue aplastada en poco tiempo.

Simultáneamente, en el otro flanco, la caballería numida mantuvo entretenida a la caballería aliada italiana con una táctica de escaramuza continua: atacar, fingir retirada, volver a atacar. No buscaba destruirla sino fijarla, impedirle que intervinieran en el combate central.

En el centro, la infantería romana avanzó contra la línea convexa de galos e hispanos. El choque fue violento y los cartagineses resistieron, pero gradualmente comenzaron a ceder terreno, exactamente como Aníbal había planeado. La línea convexa se fue aplastando hasta volverse recta y luego cóncava. Los romanos, sintiendo que ganaban terreno, apretaron el avance y se concentraron en el centro, comprimiéndose lateralmente. El espacio entre soldados se redujo hasta el punto de que los legionarios no podían usar sus pilums ni manejar sus espadas con eficacia.

En ese momento, los flancos africanos giraron hacia dentro. Los soldados africanos, equipados con las armaduras y los escudos romanos capturados en Trebia y Trasimeno, se volvieron hacia los flancos expuestos de la masa romana. Y la caballería hispana y gala, que había aplastado a la caballería romana en el flanco izquierdo, cruzó detrás de toda la línea de batalla y atacó a la caballería aliada italiana por la retaguardia, destruyéndola.

El cerco estaba completo. Decenas de miles de romanos quedaron atrapados en un espacio cada vez más reducido, rodeados por todos los lados, sin posibilidad de maniobrar ni de escapar. Los que estaban en el exterior del círculo morían combatiendo. Los que estaban en el interior morían aplastados o asfixiados por la presión de los cuerpos. Polibio escribe que había tan poco espacio que los soldados no podían caer al suelo cuando los herían: los cadáveres se sostenían en pie apretados por los vivos.

La carnicería duró horas. Cuando terminó, el campo estaba cubierto de entre 50.000 y 70.000 cadáveres romanos. Entre ellos, el cónsul Lucio Emilio Paulo, 80 senadores que habían combatido como oficiales y una proporción de la clase dirigente romana sin precedentes en ninguna batalla anterior.

Maharbal y la decisión de no marchar sobre Roma

Cuando terminó la batalla, el lugarteniente de Aníbal, Maharbal, se acercó al general con la urgencia del momento. «En cinco días cenarás en el Capitolio», le dijo, instándole a marchar directamente sobre Roma antes de que la ciudad pudiera recuperarse del golpe. Aníbal no lo hizo. «Sabes cómo vencer, Aníbal», respondió Maharbal según Livio, «pero no sabes cómo usar la victoria».

La frase se convirtió en una de las más citadas de la historia militar y el debate sobre si Aníbal cometió el mayor error estratégico de la Antigüedad al no marchar sobre Roma lleva 21 siglos sin resolverse.

Los argumentos a favor de que Aníbal debería haber marchado son poderosos: Roma estaba en el mayor shock de su historia, el camino hacia la ciudad estaba despejado y la guarnición que quedaba era mínima. Un avance inmediato habría podido capitalizar el pánico antes de que el Senado tuviera tiempo de reaccionar.

Los argumentos contrarios son igualmente sólidos. Aníbal no tenía maquinaria de asedio para tomar una ciudad amurallada del tamaño de Roma y un ejército exhausto después de una batalla de esa magnitud no estaba en condiciones de un asedio prolongado. Además, su plan no era destruir Roma sino obligarla a negociar separándola de sus aliados itálicos. Marchar sobre Roma habría sido abandonar esa estrategia por una apuesta a todo o nada que podría haber terminado en desastre si la ciudad resistía.

Lo que sí es cierto es que Aníbal sobreestimó el efecto político de Cannas. Esperaba que la derrota forzara a los aliados itálicos a abandonar a Roma en masa. Algunos lo hicieron: Capua, varias ciudades de Apulia y Samnio, pero la mayoría se mantuvo fiel y Roma, en lugar de negociar, decretó que ningún embajador cartaginés sería recibido mientras Aníbal estuviera en Italia.

La respuesta de Roma: el Senado que no se rindió

La reacción del Senado romano a Cannas fue uno de los momentos más extraordinarios de la historia política antigua. En las horas que siguieron a la llegada de las primeras noticias, el pánico fue real: las mujeres salieron a las calles lamentándose, los ciudadanos buscaban noticias de sus familiares y los más ricos comenzaron a pensar en huir.

El Senado actuó con una frialdad que sorprendió al propio Aníbal. Prohibió los lamentos públicos para frenar el pánico, rechazó todas las propuestas de rendición, no envió ningún embajador a negociar con Aníbal y reclutó nuevas legiones bajando la edad de reclutamiento, armó a los esclavos — algo sin precedentes — y liberó a los prisioneros que pagaran una suma mínima para engrosar las filas.

El dictador Marco Junio Pera inició el reclutamiento de emergencia con una disciplina brutal: los desertores y los soldados que habían huido de Cannas fueron enviados a Sicilia como castigo, considerados indignos de combatir en Italia. Era un mensaje inequívoco sobre las expectativas de Roma respecto al sacrificio individual.

Lo que el Senado comprendió y lo que Aníbal no calculó suficientemente, era que Roma no era una monarquía ni una oligarquía estrecha que pudiera capitular cuando su rey o su consejo decidiera que la guerra estaba perdida. Era una república con una cultura política que identificaba la rendición con el deshonor absoluto y que tenía mecanismos para seguir combatiendo incluso después de perder a buena parte de su clase dirigente en una sola batalla.

El legado táctico: de Schlieffen a Patton

La batalla de Cannas dejó una herencia táctica que ninguna otra batalla de la Antigüedad puede igualar. La doble envoltura — el principio de atacar al enemigo por ambos flancos mientras se fija su centro — se convirtió en el ideal de la batalla de aniquilamiento, la Vernichtungsschlacht que los teóricos militares alemanes del siglo XIX convirtieron en doctrina.

Alfred von Schlieffen, jefe del Estado Mayor alemán entre 1891 y 1905, escribió un ensayo titulado simplemente Cannae en el que analizaba la batalla como el modelo perfecto de operación militar y construía sobre ella su famoso plan de guerra contra Francia: un gran movimiento envolvente por el norte que reprodujera a escala continental lo que Aníbal había hecho en Apulia. El Plan Schlieffen fracasó en 1914 por razones logísticas y de coordinación que el propio Schlieffen había anticipado como riesgos, pero el ideal de Cannas siguió siendo la referencia.

el plan schlieffen de la primera guerra mundial
Plan Schlieffen de la Primera Guerra. Crédito: Dominio público.

George Patton, el general americano de la Segunda Guerra Mundial, tenía un retrato de Aníbal en su despacho y estudió Cannas como texto de referencia durante toda su carrera. Erwin Rommel citó explícitamente a Aníbal en sus memorias. El general israelí Moshe Dayan aplicó variantes de la doble envoltura en las guerras árabe-israelíes.

Lo que hace a Cannas tan duradera como referencia no es solo la táctica, sino la idea que la subyace: que la superioridad numérica puede ser convertida en vulnerabilidad si el adversario más débil consigue que el más fuerte concentre su masa en un punto donde pueda ser rodeada. Es un principio que trasciende la antigüedad y que aparece, bajo distintas formas, en contextos tan alejados de la llanura de Apulia como la batalla de Stalingrado en 1942 o las operaciones de cerco de la guerra de Corea.

Las principales batallas de Aníbal en Italia

Batalla Año Táctica principal Bajas romanas
Tesino 218 a.C. Superioridad de caballería numida Moderadas; cónsul Escipión herido
Trebia 218 a.C. Emboscada lateral + agotamiento previo ~30.000 muertos o capturados
Lago Trasimeno 217 a.C. Emboscada total en desfiladero costero ~15.000 muertos incluyendo al cónsul Flaminio
Cannas 216 a.C. Doble envoltura: centro convexo + flancos africanos 50.000-70.000 muertos; cónsul Paulo muerto
Nola (1ª) 216 a.C. Marcelo defiende con contraataque sorpresa Victoria romana; primera derrota de Aníbal

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Fuentes y bibliografía

Fuentes primarias

  • Polibio. Historias, libros III-XV.
  • Tito Livio. Desde la Fundación de la Ciudad (Ab Urbe Condita), libros XXI-XXX.
  • Apiano. Historias Romanas — Ibérica y Líbica.
  • Cornelio Nepote: Vida de Aníbal. En Vidas de los grandes capitanes.

En español

  • Barceló, P.: Aníbal de Cartago. Alianza Editorial, Madrid, 2000.
  • Connolly, P.: Las legiones romanas. Anaya, Madrid, 1989.
  • Lancel, S.: Aníbal. Crítica, Barcelona, 1997.
  • Lancel, S.: Cartago. Crítica, Barcelona, 1994.
  • Huss, W.: Los cartagineses
  • Quesada Sanz, F.: Armas de Grecia y Roma. La Esfera de los Libros, Madrid, 2008.
  • Sáez Abad, R.: Cannas 216 a.C.: la batalla que casi destruyó Roma. Almena, Madrid, 2005.

En inglés

  • Daly, G.: Cannae: The Experience of Battle in the Second Punic War. Routledge, London, 2002.
  • Goldsworthy, A.: Cannae. Cassell, London, 2001.
  • Goldsworthy, A.: The Fall of Carthage: The Punic Wars 265-146 BC. Cassell, London, 2000.
  • Lazenby, J. F.: Hannibal’s War: A Military History of the Second Punic War. Aris & Phillips, Warminster, 1978.
  • Sabin, P.: «The Mechanics of Battle in the Second Punic War». En Cornell, T. et al. (eds.): The Second Punic War: A Reappraisal. Institute of Classical Studies, London, 1996.
  • Schlieffen, A. von: Cannae. Traducción al inglés: Command and General Staff School Press, Fort Leavenworth, 1931.
  • Walbank, F. W.: A Historical Commentary on Polybius, vol. I. Clarendon Press, Oxford, 1957.

Recursos digitales

  • Livius — Artículos sobre las Guerras Púnicas
  • JSTOR — Artículos académicos sobre historia naval romana
  • Museo Arqueológico de Canne della Battaglia

Preguntas frecuentes sobre la batalla de Cannas

¿Cuántos soldados murieron en la batalla de Cannas?

Las fuentes antiguas dan cifras que oscilan entre 50.000 y 70.000 muertos romanos, además de varios miles de prisioneros. Polibio, la fuente más rigurosa, habla de 70.000 muertos. Los historiadores modernos tienden a aceptar cifras algo menores, en torno a 50.000-60.000, pero la magnitud de la matanza es indudable. Entre los muertos estaban el cónsul Lucio Emilio Paulo, ochenta senadores romanos que servían como oficiales y una proporción de la clase dirigente romana sin precedentes. Para dar una idea de la escala: en toda la Primera Guerra Mundial, el ejército británico perdió en un solo día en la batalla del Somme unos 57.000 hombres. Cannas fue algo comparable en pocas horas.

¿En qué consistió exactamente la doble envoltura de Aníbal?

La doble envoltura fue una maniobra en tres fases coordinadas. Primero, el centro cartaginés — formado por galos e hispanos, las tropas menos fiables — avanzó en línea convexa hacia el enemigo y luego cedió deliberadamente terreno, transformándose de convexo en cóncavo mientras atraía a la masa de infantería romana hacia el interior. Segundo, los flancos de infantería africana, ocultos inicialmente detrás del centro, giraron hacia dentro cuando el centro había retrocedido lo suficiente, atacando los flancos laterales de la masa romana comprimida. Tercero, la caballería completó el cerco por la retaguardia tras haber derrotado a la caballería romana en los flancos. El resultado fue un círculo completo del que los romanos no podían escapar.

¿Por qué Roma no se rindió después de Cannas?

La pregunta tiene una respuesta política y una cultural. La respuesta política es que Roma era una república con instituciones lo suficientemente sólidas para seguir funcionando incluso después de perder a una parte significativa de su clase dirigente en una batalla. El Senado reunió quórum y tomó decisiones en pocas horas. La respuesta cultural es que la rendición era, para la mentalidad romana, un deshonor absoluto que ningún individuo ni ninguna institución podía aceptar. Roma tenía además recursos humanos y económicos muy superiores a los de Aníbal: podía reemplazar ejércitos, Aníbal no.

¿Qué fue del cónsul Varrón, el responsable de la batalla?

Cayo Terencio Varrón huyó con los supervivientes hacia Venusia tras la derrota. En Roma, que en circunstancias normales habría castigado severamente a un general derrotado, fue recibido con una ceremonia que los historiadores modernos consideran uno de los gestos más inteligentes del Senado en toda la guerra: los senadores salieron a recibirle y le dieron las gracias por no haber desertado de la república. Era un mensaje político deliberado de que Roma seguía en pie y no buscaba culpables internos. Varrón no volvió a tener mando militar importante, pero no fue procesado.

¿Qué generales modernos estudiaron Cannas como modelo?

La lista es extraordinariamente larga. Alfred von Schlieffen, jefe del Estado Mayor alemán, escribió un ensayo titulado Cannae y construyó su plan de guerra de 1905 sobre el principio de la doble envoltura. Erwin Rommel citó a Aníbal en sus memorias y aplicó variantes de la envoltura en el norte de África. George Patton tenía un retrato de Aníbal en su despacho y estudió Cannas durante toda su carrera. El general israelí Moshe Dayan aplicó principios derivados de Cannas en las guerras árabe-israelíes. Es probablemente la batalla más estudiada en academias militares de todo el mundo.

¿Podría haberse evitado la derrota romana?

Sí, con la estrategia de Fabio Máximo, que había funcionado durante el año anterior: evitar el combate campal, hostigar a Aníbal con guerrillas y esperar a que el tiempo desgastara al ejército cartaginés. El propio cónsul Paulo era partidario de la cautela y se opuso a aceptar batalla en esas condiciones. Fue la presión política y la agresividad de su colega Varrón lo que llevó al ejército romano a la llanura de Apulia en las condiciones que Aníbal había elegido. La lección de Cannas es también, en cierta forma, una lección sobre los peligros de la presión popular sobre las decisiones militares.

¿Cuándo y dónde fue exactamente la batalla?

La batalla se libró el 2 de agosto del 216 a.C. en la llanura de Apulia, en el sur de Italia, cerca de la ciudad de Cannas — la actual Canne della Battaglia, en la provincia de Barletta-Andria-Trani, en la región de Apulia. El campo de batalla está junto al río Ofanto, el antiguo Aufidus. Hoy existe en el lugar un museo arqueológico y un parque conmemorativo donde se han encontrado restos óseos, armas y equipamiento militar de la época.

Tags: CartagoGuerras PúnicasHistoria de Roma
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