Erwin Rommel, el zorro del desierto

El 15 de noviembre de 1891 nació en Heidenheim (Alemania) uno de los más reconocidos e importantes militares de toda la Historia: Erwin Rommel. Su vida siempre estuvo dedicada al ejército y a la servidumbre de su país. Participó en las dos Guerras Mundiales pero acabó suicidándose por sus desavenencias con Adolf Hitler.

Erwin Rommel, el zorro del desierto
Erwin Rommel, el zorro del desierto

Desde pequeño fue un niño muy extrovertido y amable. Era un apasionado del deporte y un estudiante notable. El 19 de julio de 1910 se incorporó como Cadete al 124º Regimiento de Infantería del ejército alemán. Después de ascender primero a Cabo y posteriormente a Sargento, Rommel entró en la Kriegsschule (Academia Militar) de Danzig. Tras su paso por la academia, ejerció de Teniente con la misión de instruir a las nuevas tropas. En esta primera etapa, empezó a destacar por su entusiasmo, su capacidad didáctica y por su serenidad a la hora de tomar decisiones.

El estallido de la Primera Guerra Mundial le trasladó al frente francés entre 1914 y 1915 como miembro de uno de los batallones encargados de ejecutar el Plan Schlieffen. Tras el éxito de la misión, fue ascendido a teniente primero y se le concedió el liderazgo de una compañía. Aquí comenzó a demostrar sus habilidades como estratega: su sección fue la que menos muertos y heridos tuvo.

El trascurso de la guerra lo llevó de un sitio a otro, donde demostró siempre su calidad como militar y, sobre todo como persona. Uno de los rasgos que le caracterizarían toda su vida era su nobleza frente a sus adversarios. Trató con caballerosidad a sus enemigos y se preocupó por su estado de salud. Sus éxitos le acabaron por dar la medalla al mérito militar y el ascenso a Capitán. Pero, a partir de 1917, fue trasladado al Estado Mayor y pasó el resto de la guerra realizando funciones administrativas.

Con la derrota alemana y las desmilitarización, Rommel no se unió a los Freikorps, sino que fue uno de los elegidos (por sus méritos militares) para permanecer en el ejército de la República de Weimar. El 31 de enero de 1933 le ascendieron a Mayor y le pusieron al mando del 3º Batallón del 17º Regimiento de Infantería, momento en el que conoció a Hitler.

Durante el resto de la década de los 30, estuvo al mando de unidades de instrucción. Se encargó de formar a los nuevos soldados, sobre todo tras la aprobación del rearme autorizada por Adolf Hitler. Además, en este periodo ascendió hasta el rango de Coronel. Fue una progresión en la que Rommel se mostró muy independiente del mando nazi, llegando a criticar las enseñanzas militares que se realizaban con la Hitlerjugend (Juventudes Hitlerianas).

Pero, aún con todo, el 23 de agosto de 1939 escaló aún más en su carrera militar recibiendo el rango de General. Hitler veía a Rommel como un gran estratega, por lo que le destinó como jefe de seguridad del Cuartel General del Führer.

La Segunda Guerra Mundial hizo que Rommel pudiera cumplir uno de sus sueños: ponerse al frente de la División Panzer. Esto sucedió en Francia en 1940. Actuó de forma rápida y eficaz, llevando el Blitzkrieg (Guerra Relámpago) al extremo. Siempre permaneció junto a los soldados en primera línea para ver más de cerca cómo podía guiar la situación hacia la victoria.

A partir de 1941, después de instruir al ejército italiano, empezó su campaña en el norte de África. Empezó una ofensiva en Libia que serían incapaces de parar los aliados. La velocidad con la que avanzaba y, sobre todo, la efectividad con la que lo hacía, le propició la adquisición del mote: “El Zorro del Desierto”. Los aliados iban rotando generales para ver si alguno podía frenar a Rommel, pero su avance era impecable.

Parecía que nada podría frenar al ejército alemán hasta que apareció la figura de Bernard Montgomery, el nuevo comandante del ejército británico. Rommel tenía como objetivo conquistar Egipto. Y estuvo a punto de hacerlo. Pero Montgomery le detuvo en El Alamein en dos ocasiones en 1942. La carencia de suministros y la habilidad del propio Montgomery fueron decisivos. Fue entonces cuando recibió el Kommandobefehl (Orden de Comandos) por parte de Hitler. En esa misiva, se instaba a ejecutar a todos los comandos aliados que fueran capturados. Como se vio durante la Primera Guerra Mundial, Rommel era un militar destacado pero, sobre todo, una persona remarcable, por lo que rechazó la orden del Führer y amenazó a todo aquel que quisiera llevarla a cabo dentro de su batallón.

Aquí empezaron a surgir las dudas de Rommel sobre el liderazgo de Hitler al frente de Alemania. Estas se confirmaron al ver el escaso apoyo que recibió a su plan para frenar el desembarco en Normandía el 6 de junio de 1944, después de que fuera trasladado a Francia para evitar una invasión aliada. Aunque estuvo muy cerca de vencer a los estadounidenses, Rommel fue herido de gravedad y se retiró de la batalla.

A partir de este momento, Rommel ya sabía de la incapacidad de Hitler para dirigir el país. Se postuló favorable a los “conjurados”, que intentaron atentar contra el Führer (Operación Valkiria). En un principio, su idea consistía en hacer que su regimiento se rindiera y que los aliados pudieran acceder hasta Berlín y terminar con la guerra. Pero pensó que sería más fácil si apoyaba el movimiento de la Operación Valkiria.

Muchas teorías se han escrito sobre la implicación o sobre la abstención de Erwin Rommel en la Operación Valkiria pero, en cualquier caso, fue repudiado por el Alto Mando alemán, especialmente por Hitler. La versión más extendida afirma que el Führer le amenazó con matar su familia si no se suicidaba. El 14 de octubre de 1944 fue encontrado muerto en Ulm. Oficialmente, se le atribuyó la muerte a un derrame cerebral.

Ese fue el final de, probablemente, el militar más respetado por todos los bandos durante la Segunda Guerra Mundial. Erwin Rommel fue una persona que veía la guerra como un arte, se mostraba contrario a involucrar a la población civil y siempre respetó a sus adversarios. Luchó codo con codo con sus soldados en primera línea y se distanció de los oficiales aristócratas prusianos que abundaban en el Alto Mando alemán.

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Apasionado por la Historia, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Desde pequeño le encantaba la Historia y acabó por explorar sobre todo los siglos XVIII, XIX y XX.

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