Adolf Hitler fue el líder de la Alemania Nazi cuyos actos llevaron a desencadenar la guerra más cruenta de la historia: la Segunda Guerra Mundial.

El siglo XX destaca por haber contenido gran cantidad de figuras y personajes relevantes. Uno de los más importantes fue Adolf Hitler, quien tendría un gran impacto sobre la sociedad occidental, sobre el modo de concebir la guerra y sobre las relaciones entre los distintos países. Su ansia de venganza y de poder le alzó como líder de la Alemania Nazi, autobautizada como III Reich, y sumió a Europa en sus tiempos más oscuros y difíciles con una doctrina totalitaria firme. Tan sólo la unión de la mayoría de los países occidentales, pudo poner fin a su reinado de terror.

Adolf Hitler

Sin embargo, poca gente conoce los orígenes del dictador alemán. Adolf Hitler nació el 20 de abril de 1889 en Braunau (Austria) en el seno de una familia acomodada. Su padre era funcionario de aduanas y no pertenecía a ningún tipo de círculo social relevante. No destacó especialmente por sus estudios, sino más bien al contrario.

Se trasladó a Viena tras abandonar los estudios de la Realschule (equivalente alemana a la preparación para la formación profesional) para intentar triunfar como artista. Suspendió dos veces la prueba de acceso a la Academia de Bellas Artes de Viena y decidió vivir de trabajos eventuales, así como del poco dinero que conseguía vendiendo tarjetas postales. Su estancia en la capital austríaca supuso el inicio del sentimiento antisemita que guiaría su futura política social. Serían los prolegómenos de lo que, con los años, se convertiría en su doctrina de partido y personal.

Esta situación se mantendría hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, que en aquella época se conocía como la Gran Guerra, cuando se alistó en el ejército bávaro austríaco en 1914. Tuvo un rol destacado en el ejército alemán y fue entonces cuando sus ideas empezaron a madurar. Con la firma del armisticio en 1918, Hitler empezó a lanzar sus mensajes políticos contra los socialdemócratas y los marxistas, y se apropió de la “Dolchstoßlegende” (Leyenda de la puñalada por detrás). Esta leyenda culpaba a los líderes socialistas de haber traicionado a la ciudadanía y al ejército. En cualquier caso, la guerra fue lo que salvó a Adolf Hitler de una vida precaria y sin perspectiva de mejorar en el futuro.

Durante el periodo de entreguerras se produciría su ascenso al poder en Alemania. Pero no sólo un ascenso político, sino también personal. Hitler empezó a ser conocido como un agitador y en 1920 se unió al “Deutsche Arbeiter-Partei” (Partido Obrero Alemán), que destacaba por ser un partido político nacionalista alemán, antisemita y anticapitalista. Tan solo un año más tarde consiguió el puesto de portavoz y líder de dicho grupo. Una de sus primeras medidas fue el cambio de nombre. Optó por bautizarlo como “Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei” (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán).

Una de las primeras medidas de este nuevo partido fue la creación del “Ordnungsdienst”. Se trataba de una especie de servicio de voluntariado encargado de la seguridad de las conferencias y las reuniones del partido. Estaba formado por soldados con experiencia en el campo de batalla y que gozaban de una excelente preparación física. Este servicio pasaría a la historia conocido como “Sturmabteilung” o “SA” (Secciones de Asalto).

Poco a poco, Hitler fue ganando relevancia social en mítines multitudinarios y en reuniones masivas (normalmente en cervecerías, era lo habitual en la época). Se destapó como un excelente orador que convencía a todos con sus argumentos. Su objetivo era hacerse con el poder en Múnich y, como consecuencia, en Baviera y en toda Alemania. No obstante, el 9 de noviembre de 1923 fue detenido en dicha ciudad a causa del Putsch de la Cervecería, también conocido como “Hitlerputsch” (Golpe de Hitler). Le cayó una pena de 13 meses de cárcel.

Hitler junto a los demás acusados por el Putsch de Múnich durante su juicio

Su estancia en la cárcel es lo que acabaría por dar forma a todos sus ideales. No sólo de forma personal, sino a nivel de partido, ya que todos sus seguidores empezaron a verle como un mártir que estaba apresado por la causa. La idea de “sufridor” aumentó con la redacción del libro “Mein Kampf” (Mi lucha), en el que expuso todos los temas del nacionalismo alemán que él concebía como correcto.

Escribió sobre la superioridad de la raza aria sobre las razas “impuras, dando especial énfasis a la supremacía frente a los eslavos y a los judíos. A estos últimos, les empezó a acusar de todos los males que azotaban a la sociedad. También trató el pangermanismo, es decir, la idea de la creación de una Gran Nación Alemana que uniera a Austria y a Alemania, así como a todos los territorios que alguna vez pertenecieran a los reinos germanos.

Este punto es representativo de su procedencia austríaca. Algunos historiadores afirman que lo hizo para validar en cierta forma su descendencia no alemana. Por supuesto, todo el libro contiene eslóganes contra el comunismo, el socialismo y el parlamentarismo. Frente a estos conceptos, sitúa el culto a la fuerza y a la violencia, y realiza una clara apología de la guerra para vengarse, sobre todo, de Francia.

Una vez que salió en libertad, Hitler se convirtió en mucho más extremista de lo que había sido antes. En 1925 reforzó su partido creando las “Schutzstaffel” o “SS” (Escuadras de defensa). Era una organización política, militar y policial que se encargaría de garantizar la defensa del partido. También se crearon grupos sociales como la “Hitlerjugend” (Juventudes Hitlerianas) y grupos para mujeres. Todo para reforzar dos ideas: la figura de Hitler como líder y los ideales del partido.

Cúpula mayor de las SS. Quitando al primer individuo, de izq. a der.:Karl Ritter von Halt (sin uniforme), Reinhard Heydrich, Heinrich Himmler, Kurt Daluege, Karl Wolff

La difícil situación económica que se creó a partir de 1929 facilitó el ascenso al poder del NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán) y, como es lógico, de la figura de Adolf Hitler. Alemania se encontraba en una crisis mucho mayor que el resto del mundo, ya que no solamente se había colapsado el sistema financiero, sino que también debían todavía muchísimos millones de marcos a los aliados de la Primera Guerra Mundial en costes de reparación.

Francia no había suavizado las condiciones del Tratado de Versalles, sino todo lo contrario. El Gobierno de la República de Weimar no hizo nada para evitarlo, por lo que Hitler y los demás líderes de partidos extremistas lo tuvieron extremadamente fácil para convencer a la población de la necesidad de un cambio. La propaganda de Goebbels y de Hitler se haría hueco poco a poco dentro de la sociedad para generar desconfianza hacia problemas no existentes.

El cambio llegaría en 1932, cuando el NSDAP consiguió ganar gran parte de las elecciones por toda Alemania, convirtiéndose en el primer partido del país. Con la ayuda de Franz von Papen, el canciller de entonces, Hitler consiguió ser el nuevo canciller en 1933. En 1934, el futuro dictador alemán eliminó a sus enemigos políticos dentro y fuera de su propio partido y de la SA en la Noche de los Cuchillos Largos (Operación Colibrí). Finalmente, tras la muerte del presidente Hindenburg ese mismo año, Hitler se proclamó Reichsführer de Alemania.

Hitler con su primer Gabinete el 31 de enero de 1933, con Hermann Göring a su derecha y Franz von Papen a su izquierda

Aquí empezaría su etapa política, en la que habría que destacar que llevó a cabo el ideario que creó con “Mein Kampf”. Puso en marcha la policía del estado, a la que llamaría Gestapo, y que usaría para encontrar a todos aquellos que le fueran contrarios a él o al régimen. También comenzó con la llamada “Endlösung” (Solución Final), es decir, con el Holocausto judío. Todo aquel que fuera judío o tuviera sangre judía sería aniquilado. Para ello creó gran cantidad de campos de concentración y los “Blutschutzgesetze” (Leyes de Protección de la Sangre).

En el plano de política exterior, empezó su expansionismo europeo buscando crear el estado pangermánico que había descrito en su libro, así como terminar con las exigencias del Tratado de Versalles. En 1939 inició la guerra contra Polonia y, 6 años después, acabó perdiendo la Segunda Guerra Mundial. El principio de la guerra contó con los famosos Blitztkriege (Guerras Relámpago) y las campañas rápidas que pretendían hacer conquistas en tiempo récord. Hasta el estancamiento de la guerra en 1943 y la entrada de los Estados Unidos, funcionaron. Después, poco a poco, Alemania retrocedió.

Según la versión oficial, Adolf Hitler se suicidó en el bunker en el que se escondía en Berlín en 1945. Un año antes había sido objeto de un atentado interno en la Operación Valkiria, por lo que desconfiaba de su círculo más cercano. Pero no fue hasta el final, cuando los aliados penetraron en la ciudad, cuando el dictador que sembró el pánico y la guerra por Europa decidió quitarse la vida en la total soledad de su bunker.

Su suicidio fue la forma de evitar cualquier condena por parte de los aliados y un intento por mantener intacto su honor personal. Fue el final de uno de los mayores genocidas del mundo, que se alzó de forma democrática con el poder en un país tan avanzado como es Alemania, y que condujo al viejo continente a un estado de destrucción y muerte sin precedentes en la historia.

Biografía de Adolf Hitler
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Apasionado por la Historia, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Desde pequeño le encantaba la Historia y acabó por explorar sobre todo los siglos XVIII, XIX y XX.