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El mito de la creación maorí, la separación de los amantes eternos

by Marcelo Ferrando Castro
28 mayo, 2026
in Mitología
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Ilustración del mito de la creación maorí con la separación de Ranginui (Padre Cielo) y Papatūānuku (Madre Tierra) por su hijo Tāne.

La ruptura del abrazo cósmico: Tāne empuja al Padre Cielo (Ranginui) lejos de la Madre Tierra (Papatūānuku) para dar paso al mundo de la luz, mientras en las profundidades late el luto familiar. Crédito: Red Historia

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En la cosmología maorí, el concepto de caos primordial no es un océano sin forma ni un monstruo que debe ser sacrificado, ni es vapor indiferenciado ni el vacío entre el fuego y el hielo. Es algo mucho más íntimo y más perturbador: es la oscuridad absoluta generada por el abrazo de dos amantes que no pueden o no quieren separarse. Ranginui, el Padre Cielo, y Papatūānuku, la Madre Tierra, yacen eternamente entrelazados en un abrazo tan apretado que entre sus cuerpos no existe espacio para la luz, para el movimiento ni para la vida. El caos maorí no es hostil ni amenazante: es simplemente el resultado de un amor demasiado grande para el universo que contiene.

Esta premisa convierte a la cosmología maorí en una de las más originales y emocionalmente complejas de todas las tradiciones antiguas. No hay batalla entre el orden y el caos, no hay monstruo primordial que deba ser derrotado ni gigante que deba ser sacrificado. Hay dos padres que se aman, unos hijos que sufren en la oscuridad y una decisión que romperá una familia para que el mundo pueda existir. La creación maorí es ante todo un drama familiar y sus consecuencias (la lluvia, la niebla, los terremotos, las tormentas), son las cicatrices emocionales de ese drama que continúan manifestándose en la naturaleza hasta el día de hoy.

La tradición maorí es la cosmología de Aotearoa, Nueva Zelanda y forma parte del gran tronco común de las mitologías polinesias que se extienden desde Hawaii hasta Tahití y Samoa. Sin embargo, la versión maorí de la separación de los padres primordiales es la más elaborada y filosóficamente rica de todas las tradiciones polinesias, con una galería de dioses-hijos que representan cada una de las fuerzas de la naturaleza y un debate cosmológico sobre la violencia y la compasión que no tiene equivalente en ninguna otra mitología.

Índice:

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  • Ranginui y Papatūānuku: los padres primordiales en su abrazo eterno
  • El debate entre los hijos: matar o separar
  • Tāne: la separación que crea el mundo de la luz
  • Tāwhirimātea: la tormenta de quien no aceptó la separación
  • El llanto eterno: la lluvia, la niebla y los terremotos
  • Papatūānuku: la madre cuyo cuerpo es el mundo
  • La cosmología maorí como drama familiar eterno
  • Artículos y subtemas relacionados con las entidades cósmicas
  • Fuentes y bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre el mito de la creación maorí
    • ¿Qué son Te Kore y Te Pō en la cosmología maorí?
    • ¿Por qué Tāne y no otro dios separó a Ranginui y Papatūānuku?
    • ¿Qué representa Tāwhirimātea y por qué no aceptó la separación?
    • ¿Quién es Rūaumoko y por qué causa los terremotos?
    • ¿Qué es el kaitiakitanga y cómo se relaciona con la cosmología maorí?
    • ¿Cómo se relaciona la cosmología maorí con otras mitologías polinesias?
    • ¿Qué papel tiene Tangaroa en la cosmología maorí?
    • ¿Por qué los maoríes giraron a Papatūānuku boca abajo?
    • ¿Qué es Te Ao-marama y qué importancia tiene en la cosmología maorí?
    • ¿Cómo explica la cosmología maorí el origen de los seres humanos?

Ranginui y Papatūānuku: los padres primordiales en su abrazo eterno

Antes de la separación, antes de la luz y de cualquier forma de vida, existía únicamente Te Kore, la nada, y de Te Kore surgió Te Pō, la noche, una oscuridad primordial que precedía a toda existencia diferenciada. De esa oscuridad emergieron Ranginui y Papatūānuku, el Padre Cielo y la Madre Tierra, que se unieron en un abrazo perpetuo del que nacieron todos los dioses y, en última instancia, toda la vida.

Ranginui es el gran cielo que todo lo abarca, la bóveda celeste personificada como padre eterno. Papatūānuku es la tierra fértil y nutricia, la madre que sostiene toda la vida sobre su cuerpo. Su unión no es simplemente la unión de dos divinidades sino la unión de los dos principios fundamentales del cosmos: el cielo y la tierra, lo de arriba y lo de abajo, lo masculino y lo femenino. Mientras permanecen abrazados, esos dos principios son inseparables y el universo no puede diferenciarse.

Entre sus cuerpos, en la oscuridad total de ese abrazo, viven sus hijos, que son las potencias de la naturaleza. Tāne, el dios de los bosques y de los pájaros. Tangaroa, el dios del mar. Tūmatauenga, el dios de la guerra y de los seres humanos. Tāwhirimātea, el dios de los vientos y las tormentas. Rongo, el dios de los alimentos cultivados. Haumia, el dios de los alimentos silvestres. Rūaumoko, el más pequeño, todavía al pecho de su madre. Todos ellos, más de 70 divinidades según algunas versiones, viven atrapados en una oscuridad que no tiene fin, sin espacio para moverse, sin luz para ver, sin posibilidad de desarrollar su naturaleza propio.

El debate entre los hijos: matar o separar

El punto de inflexión de la cosmología maorí es un debate entre los hijos atrapados en la oscuridad, un debate que no tiene precedentes en ninguna otra mitología antigua por su carga filosófica y moral. Los hijos, cansados de vivir en la oscuridad entre los cuerpos de sus padres, se plantean una pregunta fundamental: ¿qué deben hacer con Ranginui y Papatūānuku?

Es Tūmatauenga, el dios de la guerra y el más feroz de los hijos, quien formula la propuesta más radical: matar a los padres. Si están muertos, el abrazo se romperá y la luz podrá entrar. Es una solución brutal pero efectiva y Tūmatauenga la argumenta con la lógica fría de quien está dispuesto a pagar cualquier precio por la libertad.

Pero Tāne, el dios de los bosques, se opone. No por debilidad ni por sentimentalismo sino por una comprensión más profunda de lo que significa la creación. Tāne propone que es mejor separar a los padres, empujarlos el uno lejos del otro, dejar que Ranginui suba al cielo como un extraño mientras Papatūānuku permanece abajo para nutrir a sus hijos. La separación causará dolor, pero preservará a los padres. La muerte sería definitiva e irreversible pero la separación, aunque dolorosa, es un acto de amor.

El debate revela una de las tensiones más profundas de la cosmología maorí: entre la violencia que destruye y la violencia que transforma, entre la solución radical y la solución compasiva. Tāne gana el debate, pero la propuesta de Tūmatauenga no desaparece sino que quedará inscrita en la naturaleza del dios de la guerra y de los seres humanos, que son sus descendientes.

Tāne: la separación que crea el mundo de la luz

Tāne es el hijo que lleva a cabo la separación y el modo en que lo hace es tan significativo como la decisión misma. Tāne se coloca de cabeza apoyando sus manos sobre el cuerpo de su madre Papatūānuku y pone sus pies contra el cuerpo de su padre Ranginui. Emulando el crecimiento de un árbol cuyas raíces se clavan en la tierra y cuyas ramas empujan firmemente la bóveda celeste, Tāne estira sus piernas. Es un gesto de una violencia quieta y determinada, sin espadas ni batallas, solo el esfuerzo muscular de un hijo que decide que la luz debe existir aunque cueste el dolor de sus padres.

El abrazo se rompe lentamente. Ranginui sube, empujado por los pies de Tāne, alejándose de Papatūānuku y entre sus cuerpos separados entra la luz por primera vez. Es Te Ao-marama, el mundo de la luz, el universo tal como lo conocemos, creado no por un acto de guerra ni de sacrificio sino por el empuje de un hijo sobre el cuerpo de su padre.

Tāne no se detiene ahí. Una vez separados los padres, coloca el sol y la luna en el firmamento de Ranginui, pone las estrellas en el cielo y puebla los bosques de Papatūānuku con árboles y pájaros. Es el gran ordenador del cosmos maorí, quien toma la separación dolorosa y la convierte en un universo habitable y hermoso. Tāne también crea a la primera mujer, Hineahuone, moldeada con la tierra roja de Papatūānuku y con ella comienza el linaje de los seres humanos.

Tāwhirimātea: la tormenta de quien no aceptó la separación

No todos los hijos aceptaron la decisión de Tāne. Tāwhirimātea, el dios de los vientos y las tormentas, se opuso desde el principio a la separación de sus padres y, cuando esta se consumó, su dolor se convirtió en furia. Tāwhirimātea siguió a Ranginui al cielo y desde allí desató sus tormentas contra sus hermanos, destruyendo los bosques de Tāne con vientos huracanados y agitando los mares de Tangaroa con olas y tempestades.

La furia de Tāwhirimātea es la explicación maorí de las tormentas, los huracanes y las mareas violentas: son la expresión perpetua del dolor de un dios que nunca perdonó a sus hermanos por haber roto el hogar familiar. Tāwhirimātea no es un dios maligno sino un dios herido y sus tormentas no son caprichosas sino la manifestación de un dolor cósmico que no tiene resolución posible.

Esta guerra entre Tāwhirimātea y sus hermanos establece una de las tensiones fundamentales de la cosmología maorí: el orden creado por Tāne (los bosques, los mares, la vida) está constantemente amenazante por las tormentas de Tāwhirimātea, que recuerdan que la creación del mundo tuvo un costo emocional que nunca fue completamente pagado.

El llanto eterno: la lluvia, la niebla y los terremotos

La separación de Ranginui y Papatūānuku no fue el final de su historia sino el comienzo de una separación que continúa eternamente. Ranginui, desde el cielo, llora por la pérdida de Papatūānuku y sus lágrimas caen sobre la tierra: eso es la lluvia. Papatūānuku, desde abajo, exhala su añoranza hacia el cielo: eso es la niebla que sube de la tierra en las mañanas. El cosmos maorí está literalmente impregnado del llanto de dos amantes separados y cada vez que llueve o la niebla cubre los valles de Aotearoa, los maoríes ven la manifestación del dolor eterno de sus padres primordiales.

Para impedir que el dolor mutuo de los padres fuera demasiado insoportable, los hijos tomaron una decisión adicional: giraron a Papatūānuku boca abajo, de modo que Ranginui y Papatūānuku no pudieran verse el uno al otro y su sufrimiento fuera menor. Este giro explica por qué la tierra tiene su superficie, la piel de Papatūānuku, mirando hacia abajo, hacia las profundidades y no hacia el cielo.

Rūaumoko, el hijo más pequeño, estaba todavía al pecho de Papatūānuku cuando sus hermanos la giraron y fue arrastrado con ella hacia las profundidades de la tierra. Allí permanece y sus movimientos en el interior del cuerpo de su madre son los que causan los terremotos y las erupciones volcánicas. Los temblores de Aotearoa (una de las regiones sísmicamente más activas del planeta) son para los maoríes los movimientos de Rūaumoko en el seno de su madre, el niño eterno que nunca pudo nacer del todo a la luz del mundo.

Papatūānuku: la madre cuyo cuerpo es el mundo

Papatūānuku es mucho más que un personaje del mito de la creación: es la tierra misma y su relación con los maoríes es la de una madre con sus hijos. Toda la naturaleza de Aotearoa (sus montañas, sus ríos, sus bosques, sus costas) es el cuerpo de Papatūānuku y esta comprensión tiene consecuencias profundas en la relación maorí con el medio ambiente.

Los maoríes no conciben la tierra como un recurso a explotar sino como el cuerpo de su madre, que merece el mismo respeto y cuidado que se daría a un ser querido. El concepto de kaitiakitanga, la custodia o guardianía de la tierra y de sus recursos, surge directamente de esta cosmología: si la tierra es Papatūānuku, los seres humanos son sus nietos y los nietos tienen la obligación de cuidar a su abuela.

Esta visión de la tierra como madre viva es también la que hace que la cosmología maorí sea particularmente relevante en los debates contemporáneos sobre el medio ambiente y los derechos de la naturaleza. En 2017, el río Whanganui fue reconocido legalmente como persona jurídica en Nueva Zelanda, en parte gracias a la concepción maorí de los ríos como expresiones del cuerpo de Papatūānuku merecedoras de protección legal.

La cosmología maorí como drama familiar eterno

La cosmología maorí no resuelve sus tensiones sino que las perpetúa. Ranginui y Papatūānuku siguen separados y siguen llorando, Tāwhirimātea sigue lanzando sus tormentas contra sus hermanos y Rūaumoko sigue moviéndose en las profundidades. El drama de la separación no terminó con la creación del mundo sino que se convirtió en la estructura permanente del cosmos maorí.

Cada fenómeno natural (la lluvia, la niebla, las tormentas, los terremotos, las erupciones volcánicas) es la expresión continua de un drama familiar que no ha concluido y que no concluirá. El universo maorí es un universo emocionalmente vivo, donde las fuerzas de la naturaleza no son mecanismos ciegos sino expresiones del dolor, la rabia, el amor y la añoranza de los dioses que lo crearon.

Esta visión convierte a la cosmología maorí en una de las más humanamente comprensibles de todas las tradiciones antiguas. No requiere una teología compleja ni una filosofía abstracta para entender por qué llueve o por qué tiembla la tierra: basta con recordar que Ranginui llora a Papatūānuku y que Rūaumoko se mueve en su seno. El cosmos maorí es un cosmos que siente y esa sensibilidad es su mayor originalidad.


Artículos y subtemas relacionados con las entidades cósmicas

Este tema maestro introduce todas las tradiciones. Los siguientes subtemas abordarán cada tradición con profundidad:

  • Entidades cósmicas primordiales: guía de los mitos de la creación de las diferentes culturas
  • Potencias cósmicas chinas (Mitología y filosofía china): Pangu, Nüwa, Longwang, Qi
  • Entidades cósmicas del Cercano Oriente (Mesopotamia, Judaísmo, Persia): Abraxas, Tiamat, Apsu, Leviatán, Behemoth, Tehom, Ahriman, Yam, Illuyanka
  • Entidades primordiales griegas (Mitología clásica): Caos, Gaia, Urano, Tartaro, Pitón, Eurynome, Tifón
  • Potencias cósmicas nórdicas (Mitología nórdica): Ymir, Jörmungandr, Fenrir, Niflheim, Muspelheim, Ragnarök
  • Fuerzas primordiales hindúes (Hinduismo): Kali, Shakti, Vritra, Ananta Shesha
  • Potencias primordiales egipcias (Religión antigua): Nun, Apofis, Sekhmet, Atum
  • Creadores primordiales mesoamericanos (Mitología azteca y maya): Cipactli, Quetzalcóatl, Xibalba, Camazotz

Estos artículos profundizan en las potencias cósmicas maoríes y polinesias:

  • Ranginui y Papatūānuku: los padres primordiales del cosmos maorí
  • Tāne: el dios de los bosques que separó el cielo de la tierra
  • Tāwhirimātea: el dios de las tormentas y la furia de la separación
  • Entidades cósmicas polinesias: Hawaii, Tahití y Samoa

Fuentes y bibliografía

Fuentes:

  • Grey, George. Polynesian Mythology and Ancient Traditional History of the New Zealanders. John Murray, Londres, 1855. Primera recopilación sistemática de los mitos maoríes en inglés.
  • Te Ao Hou («El nuevo mundo»). Revista del Departamento de Asuntos Maoríes de Nueva Zelanda, 1952-1975. Fuente primaria de tradiciones orales transcritas.

Bibliografía:

  • Bernárdez, Enrique. El universo como obra de arte: La cosmogonía de los pueblos del mundo. Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2011.
  • Eliade, Mircea. Historia de las creencias y las ideas religiosas. Vol. 3. Paidós, Barcelona, 1999.
  • Alpers, Antony. Maori Myths and Tribal Legends. Longman Paul, Auckland, 1964.
  • Orbell, Margaret. The Illustrated Encyclopedia of Maori Myth and Legend. Canterbury University Press, Christchurch, 1995.
  • Tregear, Edward. The Maori-Polynesian Comparative Dictionary. Lyon and Blair, Wellington, 1891.
  • Best, Elsdon. Maori Religion and Mythology. 2 vols. Dominion Museum, Wellington, 1924.
  • POA, Te Ahukaramū Charles Royal. The Woven Universe: Selected Writings of Rev. Māori Marsden. Estate of Rev. Māori Marsden, Masterton, 2003.

Preguntas frecuentes sobre el mito de la creación maorí

¿Qué son Te Kore y Te Pō en la cosmología maorí?

Te Kore y Te Pō son los dos estados primordiales que precedieron a la creación del universo maorí. Te Kore, que se traduce aproximadamente como «la nada» o «el vacío», no es simplemente la ausencia de algo sino un estado de potencia latente e indiferenciada, anterior a cualquier forma de existencia. Es el punto de partida absoluto de la cosmogonía maorí, anterior incluso a Ranginui y Papatūānuku. Te Pō, «la noche» o «la oscuridad», es el estado que surge de Te Kore, una oscuridad primordial que en muchas versiones del mito se subdivide en múltiples capas o fases de oscuridad progresivamente más diferenciadas —Te Pō-nui, la gran noche; Te Pō-roa, la noche larga; Te Pō-uriuri, la noche profunda— antes de que emerjan los primeros seres. Esta concepción de la creación como un proceso gradual que va desde la nada absoluta hasta la existencia diferenciada, pasando por múltiples estados intermedios de oscuridad, es característica de la cosmología maorí y refleja una comprensión filosófica sofisticada del origen del universo.

¿Por qué Tāne y no otro dios separó a Ranginui y Papatūānuku?

Tāne, el dios de los bosques y de los pájaros, es quien lleva a cabo la separación precisamente porque su naturaleza lo capacita para ello de un modo que sus hermanos no pueden. Tāne representa el crecimiento, la vida vegetal y la conexión entre la tierra y el cielo —los árboles hunden sus raíces en Papatūānuku y elevan sus copas hacia Ranginui—, y es esa naturaleza mediadora la que lo convierte en el agente ideal de la separación. Además, Tāne es el que propone la solución compasiva frente a la propuesta violenta de Tūmatauenga: mientras el dios de la guerra quiere matar a los padres, Tāne insiste en separarlos preservando su vida. El método que elige —tumbarse de espaldas sobre Papatūānuku y empujar a Ranginui con los pies— es también significativo: Tāne no ataca a sus padres sino que usa su propio cuerpo como palanca, en un acto que es simultáneamente violento y reverente. Tras la separación, es también Tāne quien coloca el sol, la luna y las estrellas en el cielo y quien puebla los bosques con árboles y pájaros, completando el proceso de ordenación del cosmos que comenzó con la separación.

¿Qué representa Tāwhirimātea y por qué no aceptó la separación?

Tāwhirimātea, el dios de los vientos y las tormentas, es el único de los grandes hijos de Ranginui y Papatūānuku que se opuso activamente a la separación de sus padres y que no aceptó el nuevo orden creado por Tāne. Su negativa no es caprichosa sino que refleja una posición filosófica coherente: Tāwhirimātea consideraba que la separación de los padres era una transgresión, una ruptura del orden natural que no debía haberse producido. Cuando la separación se consumó, Tāwhirimātea siguió a Ranginui al cielo y desde allí desató sus vientos y tormentas contra sus hermanos, especialmente contra Tāne —destruyendo sus bosques— y contra Tangaroa —agitando sus mares—. Esta guerra de Tāwhirimātea contra sus hermanos nunca terminó del todo, y es la explicación maorí de las tormentas, los huracanes y las mareas violentas: son la expresión perpetua de la furia de un dios que nunca perdonó la ruptura del hogar familiar. Tāwhirimātea encarna así la tensión irresolta en el corazón de la cosmología maorí: la creación del mundo fue también la destrucción de algo que existía antes, y ese algo sigue reclamando su lugar.

¿Quién es Rūaumoko y por qué causa los terremotos?

Rūaumoko es el hijo más pequeño de Ranginui y Papatūānuku, el único que todavía estaba al pecho de su madre cuando sus hermanos la giraron boca abajo para que los padres no pudieran verse. Al girar a Papatūānuku, Rūaumoko fue arrastrado con ella hacia las profundidades de la tierra, y allí permanece, el niño eterno que nunca pudo nacer del todo a la luz del mundo. Los maoríes atribuyen los terremotos y las erupciones volcánicas a sus movimientos en el interior del cuerpo de su madre: cuando Rūaumoko se agita, la tierra tiembla; cuando su actividad es más intensa, los volcanes entran en erupción. Esta explicación es especialmente significativa en el contexto de Aotearoa, Nueva Zelanda, que es una de las regiones sísmicamente y volcánicamente más activas del planeta, situada en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Para los maoríes, cada terremoto es el movimiento de Rūaumoko, el recordatorio perpetuo de que la separación de los padres primordiales tuvo consecuencias que aún resuenan en las profundidades de la tierra.

¿Qué es el kaitiakitanga y cómo se relaciona con la cosmología maorí?

El kaitiakitanga es el concepto maorí de custodia o guardianía de la tierra y de sus recursos naturales, y surge directamente de la cosmología de Papatūānuku. Si la tierra es el cuerpo de Papatūānuku, la madre primordial, entonces los seres humanos —que son descendientes de Tāne, hijo de Papatūānuku— son literalmente los nietos de la tierra y tienen la obligación de cuidarla como se cuida a un ancestro. El kaitiakitanga no es simplemente una actitud de respeto hacia la naturaleza sino una responsabilidad cósmica que deriva de la relación genealógica entre los seres humanos y la tierra. Esta concepción ha tenido consecuencias muy concretas en la legislación neozelandesa contemporánea: en 2017, el río Whanganui fue reconocido legalmente como persona jurídica con derechos propios, en parte gracias a la presión de las comunidades maoríes que argumentaban que el río era una expresión viva del cuerpo de Papatūānuku y merecía protección legal como tal. Es uno de los casos más llamativos de una cosmología antigua influyendo directamente en el derecho contemporáneo.

¿Cómo se relaciona la cosmología maorí con otras mitologías polinesias?

La cosmología maorí forma parte del gran tronco común de las mitologías polinesias, que comparten una serie de figuras y relatos fundamentales aunque con variaciones significativas entre islas. El mito de la separación del Padre Cielo y la Madre Tierra aparece en prácticamente todas las tradiciones polinesias: en Hawái, Wakea es el Padre Cielo y Papa es la Madre Tierra; en Samoa, Tangaloa-lagi gobierna el cielo y Papa es también la tierra; en Tahití y Rarotonga aparecen versiones similares bajo nombres diferentes. Sin embargo, la versión maorí es la más elaborada de todas, con el mayor número de personajes, el debate filosófico más desarrollado entre los hijos y la explicación más detallada de los fenómenos naturales como consecuencia del drama familiar. Los estudiosos atribuyen esta riqueza a la relativa aislamiento de Aotearoa, que permitió a la tradición maorí desarrollarse con mayor profundidad y complejidad que las tradiciones de islas más pequeñas o con mayor contacto entre comunidades.

¿Qué papel tiene Tangaroa en la cosmología maorí?

Tangaroa es el dios del mar y uno de los hijos más importantes de Ranginui y Papatūānuku. En la cosmología maorí, Tangaroa gobierna todos los mares, los océanos y los seres que los habitan, y es considerado el ancestro de los peces y de los reptiles. Su relación con Tāne es de tensión permanente: mientras Tāne gobierna los bosques y los seres terrestres, Tangaroa gobierna las aguas y los seres marinos, y los dos dominios se encuentran en la costa, donde el mar reclama la tierra y los árboles intentan avanzar sobre el agua. Esta tensión entre Tāne y Tangaroa refleja la tensión ecológica fundamental de Aotearoa, una isla larga y estrecha donde la tierra y el mar están siempre en contacto y en competencia. Tangaroa también sufrió las consecuencias de las tormentas de Tāwhirimātea, que agitó sus mares como represalia por haber aceptado la separación de los padres, y esta agitación perpetua del océano es la explicación maorí de las olas y las corrientes marinas.

¿Por qué los maoríes giraron a Papatūānuku boca abajo?

El giro de Papatūānuku boca abajo es uno de los detalles más significativos y menos conocidos de la cosmología maorí. Tras la separación de Ranginui y Papatūānuku, ambos padres lloraban sin cesar por su pérdida mutua: Ranginui lloraba desde el cielo y sus lágrimas empapaban la tierra, mientras Papatūānuku sollozaba mirando hacia arriba. El llanto perpetuo de ambos amenazaba con inundar el mundo, y los hijos decidieron girar a Papatūānuku boca abajo para que los padres no pudieran verse el uno al otro y su sufrimiento se atenuara. Este giro tiene varias implicaciones cosmológicas: explica por qué la tierra tiene su superficie hacia abajo, hacia las profundidades, y no hacia el cielo; explica por qué los seres humanos caminamos sobre la espalda de Papatūānuku; y es la razón por la que Rūaumoko quedó atrapado en las profundidades. Sin embargo, el giro no puso fin al llanto: Ranginui sigue llorando desde el cielo —eso es la lluvia— y Papatūānuku sigue exhalando su añoranza hacia arriba —eso es la niebla—, porque el amor de los padres primordiales es más poderoso que cualquier separación física.

¿Qué es Te Ao-marama y qué importancia tiene en la cosmología maorí?

Te Ao-marama, «el mundo de la luz», es el nombre maorí del universo tal como lo conocemos, el cosmos que surge de la separación de Ranginui y Papatūānuku. Antes de la separación solo existía Te Pō, la oscuridad, y Te Kore, la nada. Con la separación, la luz entra por primera vez entre los cuerpos de los padres y Te Ao-marama comienza a existir. El nombre es significativo porque no describe el universo en términos físicos o astronómicos sino en términos de luz y visibilidad: el mundo es ante todo el lugar donde la luz existe, donde las cosas pueden ser vistas y conocidas. Esta concepción contrasta con el Te Pō, la oscuridad, que no desaparece del todo sino que se convierte en el ámbito de los muertos y de lo sobrenatural. En la cosmología maorí, Te Ao-marama y Te Pō coexisten como dos dimensiones de la realidad: el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, el mundo de la luz y el mundo de la oscuridad, separados pero en contacto permanente a través de los rituales, los sueños y la muerte.

¿Cómo explica la cosmología maorí el origen de los seres humanos?

Según la tradición maorí, los seres humanos son creación directa de Tāne, el dios de los bosques que separó el cielo de la tierra. Tras completar la separación y ordenar el cosmos, Tāne moldeó a la primera mujer, Hineahuone, con tierra roja tomada del cuerpo de Papatūānuku, y le insufló el aliento de la vida. Hineahuone es así literalmente «la mujer formada de tierra», y su creación establece el vínculo genealógico fundamental entre los seres humanos y Papatūānuku: los humanos están hechos de la misma sustancia que la madre tierra, y a ella regresarán cuando mueran. De la unión de Tāne con Hineahuone nació Hinetītama, y de Hinetītama descendieron los seres humanos. Esta genealogía tiene consecuencias filosóficas profundas: los maoríes no se conciben como seres separados de la naturaleza sino como parte de ella, descendientes de los mismos dioses que crearon los bosques, los mares y las montañas. El concepto de whakapapa, la genealogía que conecta a cada persona con sus ancestros divinos y con la tierra, es la expresión más concreta de esta cosmología en la vida cotidiana maorí.

Tags: Historia de OceaníaMitología polinesia
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27 mayo, 2026

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