El matrimonio acaecido hace aproximadamente unos 3.500 años entre el rey de Ugarit Ammistamru II y la princesa de Amurru, terminó con varios documentos que podrían considerarse el primer divorcio de la historia, ya que el largo proceso legal dejó constancia de la separación de títulos, privilegios y bienes entre ambas partes.
Amurru era un reino colocado en un lugar estratégico entre las grandes potencias de la época, a saber, Egipto y los hititas.
Por su parte, Ugarit era una de las principales ciudades comerciales del imperio hitita, por lo que era crucial una finalización del matrimonio bien clara para evitar conflictos intestinos, que debilitarían a los hititas.
Adicionalmente, la princesa de Amurru no solo formaba parte de esa casa real sino que también era parte de la realeza hitita lo que complicaba más la situación.
Por ello, en tablillas cuneiformes se dejó estipulado que la princesa podría regresar a su lugar de origen con todo lo que había llevado, pero se le despojaba de todas las propiedades y títulos obtenidos en Ugarit.
De igual manera, la unión entre ambos había dejado un príncipe heredero que solo podía acceder al trono de Ugarit, si era separado de su madre y formado enteramente por el entorno paterno; de lo contrario perdería sus privilegios también.
Este decreto emitido por Tudhaliya IV no fue el único en tocar el final del matrimonio, se conoce que posteriormente la princesa fue extraditada de Amurru y finalmente ejecutada por el rey Ammistamru II.









