Consecuencias de la Segunda Guerra Mundial

La Segunda Guerra Mundial ha sido la más devastadora de la Historia. ¿Cuáles son sus consecuencias? Aquí os las contamos.

Hace unos días os hablamos de las causas de la Segunda Guerra, el peor enfrentamiento de la Historia. Hoy os traemos las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, la consecuencia directa más obvia fue el enorme número de víctimas humanas. Si la Primera Guerra Mundial cifra el número de muertos entre los 15 y los 30 millones, la segunda Gran Guerra duplica esos resultados hasta casi los 60 millones de muertos.

Tropas americanas marchan por los Campos Elíseos

Sin embargo, a esta cifra brutal hay que sumar el gran número de supervivientes con graves secuelas físicas y psicológicas que quedaron incapacitados para una vida plena, la desestructuración familiar y las victimas de hambruna que se produjeron en los años siguientes al fin de la guerra.

Tampoco debemos olvidar otra consecuencia lógica de aquel conflicto, la destrucción de Europa. La guerra dejó un panorama desalentador en el viejo continente, pueblos y ciudades enteras desaparecieron bajo el fuego de artillería y los bombardeos aéreos. Los grandes estados quedaron en una situación de ruina y precariedad. Desaparecieron vías férreas, carreteras, puentes y plantas industriales y las granjas y campos de cultivo quedaron arrasados y su suelo tan dañado que hicieron falta décadas para recuperar su fertilidad. El hambre se propagó por Europa como la peste y, si no hubiese sido por las ayudas económicas prestadas por Estados Unidos, el número de muertos por inanición hubiese sido aún mayor.

La rendición.
Si en el anterior artículo explicábamos como la situación de Alemania, a causa de las duras condiciones del Tratado de Versalles, supuso un aliciente para el estallido del nuevo conflicto, las exigidas en esta nueva rendición no fueron menos severas. Alemania debió aceptar la rendición incondicional y los aliados dividieron su territorio en cuatro zonas de ocupación (norteamericana, inglesa, francesa y soviética).

La ciudad de Berlín, situada en la zona rusa, también fue dividida en cuatro zonas. Además, Alemania sufrió el desmantelamiento de su potente aparato industrial, fuente de su poder armamentístico, cierto, pero también la fuente de toda su infraestructura y poder económico.

En el caso de Japón las consecuencias fueron más drásticas, pues firmó la rendición tras las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki, que dejaron serias secuelas tanto entre su población como en sus campos de cultivo durante generaciones, y supuso el inicio de la carrera armamentística nuclear que originó las grandes tensiones de la Guerra Fría.

Bomba atómica sobre Nagasaki

Los cambios territoriales.
Austria y Checoslovaquia recuperaron su autonomía. La frontera polaca siguió la línea del Order-Neisse y en consecuencia, Alemania perdió la Prusia Oriental y los territorios ubicados al este de dicha línea. Los aliados de Alemania (Bulgaria, Hungría, Rumania y Finlandia) firmaron tratados de paz con los aliados, imponiéndose las condiciones dictadas por los soviéticos que ocupaban esos países.

Italia perdió su imperio colonial: Trieste fue entregada a una comisión internacional, en tanto que l Venecia Julia pasó a manos de Yugoslavia. Japón perdió sus conquistas. China recuperó Formosa y la U.R.S.S. recuperó Salajín. Los Estados Unidos, por su parte, ocuparon posiciones estratégicas en el Pacífico y Corea quedó ocupada por fuerzas norteamericanas y soviéticas. De ésta ocupación y contaminación ideológica (en la que ambos bloques son responsables) surgió el caldo de cultivo que degeneraría años más tarde en el conflicto de la “Guerra de Corea
Los cambios políticos y la cooperación internacional.

Europa perdió gran parte de su poder frente a Estados Unidos, lo que llevó a la hegemonía de las dos superpotencias vencedoras: E.E.U.U. como defensor del modelo capitalista de mercado y U.R.S.S., defensora del comunismo, que empezó a expandirse por la tullida Europa Oriental y los Balcanes. Esto originó un nuevo conflicto ideológico que durante varias décadas sembró el temor ante una nueva guerra a escala global, en esta ocasión atómica. Y es que Rusia, bloque antagónico a los Estados Unidos, también invirtió en armamento nuclear. El mundo se volvió a dividir en dos bloques enfrentados que se miraban con creciente hostilidad.

No obstante, en esta época de tensiones, en la vieja Europa, renació aquella vieja idea de la cooperación como herramienta de unificación al servicio de la paz y la concordia. Es más, se entendió de forma paulatina que para que la paz fuese estable y duradera no sólo hacía falta cooperar sino responsabilizarse de las acciones. Se debían ceder competencias a favor de una unidad europea. Aunque no ocurrió de la noche a la mañana, de hecho aún se trabaja en este sentido, esta ambiciosa idea cobró verdadera importancia después de la Segunda Guerra Mundial.

Así nacieron primero organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, cuyos objetivos fueron mantener la paz y la seguridad internacional, fomentar relaciones amistosas entra las naciones y la solidaridad internacional, y promover la cooperación internacional para la resolución de problemas de orden económico, social y cultural.

Fruto de ésta nueva ideología también nacieron, esta vez en el marco europeo, otras organizaciones destinadas a la colaboración e integración como la CECA, EURATOM y la CEE.

La Cortina de Hierro, que dividió a Europa en dos bloques bien definidos

La Guerra Fría: temor a un conflicto nuclear.
La derrota del totalitarismo nazi-fascista no garantizó las buenas relaciones entre las potencias vencedoras, como ya hemos apuntado, las cosas fueron bien distintas. En 1947 se inicia la “Guerra Fría“, expresión usada para definir la tensión entre las dos grandes superpotencias y sus aliados (la U.R.S.S. y las llamadas “democracias populares” frente a las democracias occidentales). Ambos bloques iniciaron una carreara armamentista, propagandística y diplomática que llegó, en varias ocasiones, al borde de la “guerra nuclear“. Aquella guerra psicológica terminaría con un claro vencedor, los Estados Unidos y el capitalismo como modelo de mercado internacional, lo que supuso la hegemonía de EEUU como superpotencia internacional.

El papel de los Estados Unidos en la restructuración de Europa.
Estados Unidos fue quien ayudó a resurgir a la vieja Europa gracias al llamado Plan Marshall que ayudó económicamente a reconstruir las principales infraestructuras europeas destruidas durante la guerra y que permitió a los Estados Unidos no sólo mantener a raya la expansión del bloque soviético, sino convertirse en el banquero de Europa, asentado su estatus de superpotencia.

Para terminar, no debemos olvidar las repercusiones que la política de bloques surgida tras la guerra ocasionó en los distintos países satélites, tanto del bloque capitalista como del soviético, que han degenerado en lamentables guerras civiles durante la última década del siglo XX y de las que hablaremos en próximos artículos.

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