El Plan Marshall fue el programa de recuperación económica organizado por EEUU para la reconstrucción de los países europeos una vez finalizada la Segunda Guerra.

El European Recovery Program (ERP), conocido popularmente como Plan Marshall, en honor al Secretario de estado de Estados Unidos George Marshall (el principal hombre tras su diseño), fue un programa de recuperación económica organizado por los Estados Unidos para la reconstrucción de los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial.

El Plan Marshall nació con la intención de ayudar en la reconstrucción de la tullida Europa Occidental tras la Segunda Gran Guerra. Fue Europa, y no los Estados Unidos (salvo el incidente de Pearl Harbor), la que tuvo que soportar en su territorio el peso del intento de conquista nazi. Como consecuencia del conflicto había quedado arruinada, mientras que Norteamérica apenas había sufrido daño alguno.

Cartel que anuncia los planes de reconstrucción del Plan Marshall en Alemania Occidental

Se dice que este fue uno de los motivos por el que el presidente Harry Truman, sintiéndose de algún modo en deuda con el continente, programó el pretencioso plan de recuperación económica de la Vieja Europa, pero lo cierto es que los motivos no fueron tan cándidos y nobles como se pretenden.

El principal escollo que los Estados Unidos querían subsanar era el auge de las políticas comunistas en Europa. Tras la Segunda Guerra Mundial, los bloques que habían salido fortalecidos fueron, por un lado los Estados Unidos con un modelo político de corte capitalista y por el otro, la Unión Soviética con una organización político-social de corte comunista. Dos sistemas antagónicos condenados a enfrentarse en las décadas posteriores.

Italia contaba con un partido de fuerte concepción comunista y Francia, gobernada en aquel entonces por un gobierno de coalición, también tenía entre sus filas a miembros del partido comunista. Además, estaba el problema de la Alemania Oriental, un peligroso caldo de cultivo para la expansión de las ideas y políticas soviéticas.

Imaginémonos la poca gracia que le hacía a Truman la idea de que la debilitada Europa cayese en manos de gobiernos de ideología comunista, quedando Norteamérica aislada de sus viejos aliados y rodeada de gobiernos de afinidad soviética.

Por otro lado, existía una amenaza de carácter estratégico que amenazaba con desbaratar el “estatus quo” en la zona del mediterráneo y los océanos índico y Pacífico. El Reino Unido, viejo aliado de Estados Unidos, había mantenido cierta hegemonía en el control de estos territorios, pero el país había quedado tan devastado por la guerra que ya no podía mantener el control de los mares, no sin la gran armada naval británica a pleno rendimiento.

La pérdida de territorios como Chipre, Malta, Gibraltar o el canal de Suez en nada beneficiaría a los Estados Unidos. El temor a que cayesen en manos de los nuevos e incipientes países satélites de la Unión Soviética era fundado, y ese riesgo debía evitarse a toda costa.

En otro orden de cosas, el Plan Marshall suponía en sí mismo un poderoso “efecto feedback” para la retroalimentación de la economía americana. ¿Por qué? Bien, la razón nos la encontramos en el propio sistema económico capitalista americano, basado en las inamovibles fuerzas de la oferta y la demanda.

La autarquía era un sistema de supervivencia pero no de crecimiento y expansión económica, por lo que debían exportar sus productos para crecer y una Europa debilitada no podía comerciar con ellos. Así, si se lograban recuperar las infraestructuras europeas, comenzaría a crecer la demanda de productos y materiales y los Estados Unidos se convertirían en el principal exportador.

Además de ello, Norteamérica se configuraba como el banquero de Europa, y el viejo continente no sólo hubo de devolver los préstamos y sus intereses, sino que tuvo que hacer frente a ciertas exigencias americanas en el ámbito comercial. Así la balanza económica de las siguientes décadas se inclinó a favor de los Estados Unidos. A fin de cuentas, Europa, le debía su recuperación.

Por todo ello, el Plan Marshall fue de vital importancia para la recuperación económica europea, pero al mismo tiempo, la ayuda prestada por Truman consiguió mantener la hegemonía norteamericana durante las décadas posteriores, logrando que los Estados Unidos fuesen la gran potencia que es hoy en día.

El Plan Marshall
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