Elagábalo fue un desastre. No es la forma más elegante de comenzar una biografía, pero es la verdad que los historiadores antiguos nunca dudaron en afirmar. Llegó al trono a los 14 años porque su abuela orquestó una conspiración. Gobernó durante cuatro años de caos, escándalo e incertidumbre y fue ejecutado a los 18 años por la Guardia Pretoriana, que finalmente decidió que incluso un imperio inestable merecía algo mejor que un adolescente fuera de control.
Su reinado es una de las anomalías más extrañas en la historia imperial romana, no porque fuese violento como Caracalla o incompetente como Macrino, sino porque fue completamente diferente a cualquier cosa que Roma había experimentado antes.
Lo que hace a Elagábalo particularmente perturbador para los historiadores antiguos no era simplemente su juventud o su inexperiencia, era que representaba una amenaza a las categorías mismas que Roma usaba para entender el poder. Era sacerdote de un dios sirio, era una mujer biológicamente (o al menos eso era lo que sugerían los historiadores antiguos, aunque la verdad histórica es más compleja) y era alguien que parecía no entender o no le importaba que gobernar un imperio militar romano requería un tipo específico de performance masculina que él rechazaba o ignoraba.
Su breve reinado es la historia de cómo una conspiración familiar se desmorona bajo el peso de su propia ambición y de cómo el sistema político romano, por corrupto que fuese, tenía límites a lo que toleraría.
La conspiración de Masa Maesa: cómo un adolescente se convierte en emperador
Elagábalo no llegó al poder porque fuese el candidato más calificado, llegó porque su abuela Masa Maesa lo eligió. Masa Maesa era una mujer de poder extraordinario, madre de Júlia Domna (la esposa de Septimio Severo) y abuela tanto de Caracalla como de Geta. Cuando Caracalla fue asesinado en 217 y Macrino se convirtió en emperador, la familia de Caracalla perdió su acceso al poder, algo inaceptable para Masa Maesa. Era inaceptable que un abogado de origen humilde, sin conexiones dinásticas, gobernase el imperio que su familia había edificado.
Elagábalo nació en 203 en Emesa, una ciudad en Siria donde su familia controlaba el templo del dios solar Elagábalo y su verdadero nombre era Basiano. Era sacerdote del templo desde joven, lo que significaba que participaba en rituales religiosos y tenía acceso a los recursos económicos que el templo controlaba. Poco antes del ascenso de Elagábalo, fue nombrado sacerdote supremo, una posición que le dio aún más autoridad y visibilidad en la región.
Cuando Macrino gobernaba en 217-218, Masa Maesa vio su oportunidad. Comenzó a correr rumores de que Basiano era en realidad un hijo ilegítimo de Caracalla. Era una mentira, o al menos una verdad fuertemente cuestionable, pero era una mentira que servía a su propósito. Los historiadores antiguos sugieren que Basiano de hecho se parecía a Caracalla, lo que hacía el rumor más creíble de lo que debería haber sido. Lo importante era que los soldados que habían servido bajo Caracalla lo creyeron, o al menos estaban dispuestos a fingir que lo creían.
Masa Maesa también comprendía el poder de la religión. Basiano era sacerdote de Elagábalo, un dios solar sirio que había ganado considerable devoción entre las tropas orientales del imperio. Masa Maesa alimentó la idea de que Basiano no era simplemente un heredero de Caracalla sino también un representante de la voluntad divina. Esto era especialmente poderoso porque Macrino no tenía ningún apoyo religioso comparable, ningún dios que lo respaldase.
El primer año: caos y consolidación
Cuando Elagábalo fue proclamado emperador en junio de 218 a los 14 años, nadie esperaba que durase mucho tiempo. El imperio romano bajo el dominio de un adolescente sacerdote de un dios sirio era prácticamente inconcebible. Pero Elagábalo hizo algo que sorprendió a muchos: gobernó con el respaldo de su abuela Masa Maesa, que era verdaderamente la persona que tomaba las decisiones importantes. Elagábalo era el símbolo, el rostro legítimo del poder. Masa Maesa era la mano invisible que movía las piezas.
El primer acto de Elagábalo como emperador fue cambiar su nombre. Dejó de ser Basiano y se convirtió en Elagábalo, el mismo nombre que el dios que servía. Era un gesto extraordinario, uno que sugería que el emperador y el dios eran prácticamente intercambiables. Los historiadores antiguos lo leyeron como un acto de hybris, de arrogancia impía, pero era también un acto de genio político. Al vincularse directamente con la divinidad, Elagábalo estaba reclamando una forma de legitimidad que ningún otro emperador había intentado tan directamente.
Sus primeras políticas fueron relativamente conservadoras y no hizo cambios radicales. Intentó, de hecho, no parecer completamente incompetente, pero mientras gobernaba con una cierta moderación, comenzaron a circular historias sobre él. Historias que los historiadores antiguos consignarían generaciones después, historias que probablemente eran exageradas o inventadas, pero que reflejaban una verdad más profunda: que Elagábalo no era un emperador que Roma entendía o que quería.
El escándalo religioso: introduciendo Elagábalo a Roma
Lo que distinguió a Elagábalo de otros emperadores problemáticos fue su decisión de llevar su religión oriental directamente a Roma. Caracalla había sido violento y paranoico, pero había permanecido dentro de los parámetros de lo que Roma consideraba aceptable en un emperador. Elagábalo hizo algo diferente, intentó convertir el dios sirio Elagábalo en la principal deidad del imperio romano.
Macrino había mantenido a los dioses tradicionales romanos en su lugar apropiado. Elagábalo decidió que Elagábalo debería ser superior a Júpiter, que debería construir un templo grandioso para el dios en el corazón de Roma y que el culto sirio debería tener prioridad sobre los cultos tradicionales romanos. Para la elite romana, esto era prácticamente una blasfemia. No era simplemente que Elagábalo fuese joven o inexperimentado, era que estaba atacando los fundamentos religiosos del imperio romano.
Lo que es importante entender aquí es que el escándalo religioso de Elagábalo no era únicamente sobre religión, era una representación simbólica de un problema más profundo: que Elagábalo no entendía Roma, o no le importaba Roma, o ambas cosas. Estaba gobernando como si fuese un emperador de Emesa, no de Roma. Estaba trayendo los valores y las prácticas de su ciudad natal oriental y esperando que Roma simplemente los aceptara.
Los escándalos personales: la vida de Elagábalo fuera del trono
Los historiadores antiguos pasaron mucho más tiempo escribiendo sobre la vida personal de Elagábalo que sobre sus políticas. Esto es importante porque sugiere dónde estaba el verdadero escándalo, o al menos dónde los historiadores percibían que estaba. Los historiadores antiguos describen a Elagábalo como alguien que rechazaba las normas de género que Roma consideraba fundamentales. Describen a un joven que no quería ser tratado como un hombre, que quería ser llamado con nombres femeninos y que aparentemente quería casarse con hombres.
Ahora bien, es crucial ser cuidadoso aquí. Los historiadores antiguos que escribieron sobre Elagábalo escribían generaciones después de su muerte, bajo el dominio de emperadores que tenían todo el incentivo del mundo para pintarlo de la forma más negativa posible. No sabemos exactamente cuáles de estas historias son verdaderas y cuáles son invenciones de la propaganda posterior, pero lo que sí sabemos es que Elagábalo fue percibido por sus contemporáneos como alguien que no cumplía con las normas de masculinidad imperial romana y en un imperio donde gobernar requería un cierto tipo de performance masculina, esta percepción fue probablemente tan importante como la realidad misma.
Lo que parece claro es que Elagábalo se casó múltiples veces durante su reinado. Los historiadores antiguos dan el número de cinco matrimonios, aunque algunos eruditos modernos creen que esto es una exageración. Al menos uno de estos matrimonios fue con un hombre, lo que sugiere que Elagábalo no seguía las normas tradicionales romanas sobre quién debería casarse con quién. Para una sociedad que ciertamente tenía relaciones entre hombres pero que normalmente las ocultaba cuidadosamente bajo formas sociales aceptables, esta flagrancia fue probablemente más ofensiva que la realidad de las relaciones en sí.
Masa Maesa: el poder detrás del adolescente
Lo que no puede perderse es que durante todo este tiempo, Masa Maesa seguía siendo la fuerza real detrás del trono. Elagábalo gobernaba porque Masa Maesa le decía qué hacer. Masa Maesa controlaba el senado, las legiones en Siria y el tesoro. Elagábalo era el símbolo del poder, pero ella era el poder mismo. Mientras Elagábalo se ocupaba de rituales religiosos y matrimonios cada vez más escandalosos, Masa Maesa estaba negociando con senadores, apaciguando generales, manteniendo la maquinaria imperial funcionando.
Pero incluso Masa Maesa tenía sus límites. Tenía que mantener la ficción de que Elagábalo era emperador y de que su adolescente bisnieto tenía el derecho de gobernar. Cuanto más se comportaba Elagábalo de maneras que el imperio romano consideraba inaceptables, más vulnerable se volvía Masa Maesa, porque si Elagábalo perdía la legitimidad a los ojos de las legiones, entonces Masa Maesa perdía su poder también.
El cambio de poder: la rebelión de Alejandro Severo
En 221, menos de tres años en su reinado, Elagábalo comenzó a perder el apoyo de los senadores y los generales. Su abuela Masa Maesa vio que el viento se estaba moviendo en su contra y en lugar de permitir que el imperio se revolucionara y que su familia perdiese el poder completamente, Masa Maesa hizo lo que siempre hacía: reorganizó las piezas del tablero. Adoptó a su otro bisnieto, un muchacho llamado Basiano Alexiano, más tarde conocido como Alejandro Severo, primo de Elagábalo que tenía alrededor de 13 años y lo más importante, era visto como un candidato mucho más aceptable para el trono.
Masa Maesa comenzó a construir apoyo para Alejandro, particularmente entre la Guardia Pretoriana. Los historiadores antiguos sugieren que Elagábalo se dio cuenta de lo que estaba sucediendo e intentó combatirlo, que llegó incluso a intentar arrestar o ejecutar a su primo, pero para ese momento, la Guardia Pretoriana ya le había dado la espalda. Elagábalo ya no era un símbolo de legitimidad, era simplemente un adolescente problemático que se interponía en el camino de la estabilidad.
El final: asesinado por su propia guardia
En marzo de 222, apenas cuatro años después de haber comenzado su reinado, Elagábalo fue asesinado. La Guardia Pretoriana, que técnicamente era responsable de su seguridad, fue responsable de su muerte. Según los historiadores antiguos, fue ejecutado junto con su madre Júlia Maesa en el cuartel de la guardia o poco después. Su cuerpo fue arrastrado por las calles de Roma, mutilado y finalmente arrojado al río Tíber.
Lo que es particularmente significativo es que el imperio no protestó. Hubo alivio. La corta pesadilla del emperador adolescente que quería hacer un dios sirio el principal culto del imperio y que se comportaba de maneras que la elite romana consideraba inaceptables, había terminado. Fue reemplazado rápidamente por Alejandro Severo, que era joven pero al menos parecía más normal, más aceptable, más romano.
El legado: una aberración recordada
Elagábalo fue olvidado tan rápido como fue eliminado. Su nombre fue borrado de registros públicos, sus estatuas fueron destruidas y sus políticas fueron revertidas. Durante siglos, fue recordado principalmente a través de las historias de historiadores antiguos que probablemente exageraban o inventaban muchos de los detalles sobre su vida personal. Lo que quedó fue la imagen de un emperador aberración, alguien que no debería haber gobernado nunca, alguien que fue un accidente de la política familiar que todo el imperio lamentó.
Lo que es interesante sobre Elagábalo desde una perspectiva histórica moderna es que probablemente no fue tan malo como lo pintan. Ciertamente fue problemático y no fue buen gobernante, pero el nivel de odio dirigido hacia él, particularmente en fuentes posteriores, sugiere que había algo más en juego que simplemente mala gobernanza. Elagábalo fue odiado porque violaba categorías fundamentales de lo que el imperio romano esperaba de un emperador y porque traía a Roma valores y prácticas que Roma consideraba extranjeras y amenazantes. Fue odiado por su religión, por su juventud y por su aparente rechazo de las normas de género que se suponía debería mantener.
En el fondo, Elagábalo fue un recordatorio de que incluso en un imperio cuya estructura de poder se basaba parcialmente en la contingencia y el asesinato político, había límites a lo que los guardianes del poder tolerarían. Cuando Elagábalo cruzó esos límites, fue eliminado no porque fuese incompetente, sino porque era inaceptable.
Comparativa entre Elagábalo y sus predecesores en la dinastía Severa
| Aspecto | Elagábalo (218-222 dC) | Macrino (217-218 dC) | Caracalla (211-217 dC) | Septimio Severo (193-211 dC) |
|---|---|---|---|---|
| Edad al asumir | 14 años | 53 años | 23 años | 48 años |
| Edad al morir | 18 años | 54 años | 29 años | 65 años |
| Período de reinado | 4 años | 18 meses | 6 años | 18 años |
| Origen social | Sacerdote sirio, adolescente | Abogado de clase media | Familia imperial | General africano |
| Base de poder | Abuela Masa Maesa, religión | Administración fiscal | Ejército, carisma | Ejército, legitimidad |
| Relación con tradición romana | La rechaza abiertamente | La respeta | La ignora | La reclama |
| Principal reforma | Culto sirio como religión estatal | Ninguna significativa | Ciudadanía universal | Aumentos militares |
| Principal controversia | Género y religión | Asesinato de Caracalla | Paranoia y devaluación | Ninguna importante |
| Relación con Senado | La ignora | La respeta | La menosprecia | La cooptea |
| Paz con los partos | Sí, delegada | Sí, diplomática | No, guerra continua | No, guerra continua |
| Causa de muerte | Asesinado por Guardia Pretoriana | Ejecutado por Elagábalo | Asesinado por Macrino | Enfermedad en Britania |
| Legado inmediato | Completo rechazo | Olvido rápido | Influencia sobre sucesores | Dinastía continuada |
| Reputación histórica | Aberración infame | Neutra, poco conocido | Muy controversial | Fundador respetado |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes
- Dion Casio. Historia romana (Liber 79-80) — Relato de Dion Casio sobre el reinado de Elagábalo, aunque escribió años después. Proporciona el contexto político más directo que tenemos sobre cómo la elite romana veía a este emperador. La Loeb Classical Library ofrece traducción al inglés.
- Historia Augusta. Vidas de los emperadores romanos — Biografía de la Historia Augusta que es prácticamente la fuente más detallada sobre la vida de Elagábalo. Aunque la Historia Augusta es notoriamente problemática, algunos detalles sobre sus políticas religiosas y sus matrimonios probablemente se basan en fuentes confiables. Compilada en el siglo IV dC.
- Herodiano. Historia del Imperio Romano después de Marco Aurelio (Libro 5) — Historiador griego que narra el reinado de Elagábalo con un tono menos hostil que otros historiadores antiguos. Proporciona contexto político que equilibra algo la hostilidad de otras fuentes.
Bibliografía
- Icks, Martijn (2011), The Crimes of Elagabalus: Roman Culture and the Unchaste Emperor — Routledge. La monografía más completa en inglés sobre Elagábalo. Icks es particularmente cuidadoso sobre separar lo que sabemos de lo que los historiadores antiguos probablemente inventaron.
- Birley, Anthony R. (1988), Septimius Severus: The African Emperor — Oxford University Press. Contextualiza a Elagábalo como el final de la Dinastía Severa y el comienzo de la inestabilidad que definiría el siglo III.
- De Blois, Lukas (2002), The Policy of the Emperor Gallienus — Brill. Aunque enfocado en un período posterior, proporciona contexto sobre cómo los historiadores romanos recordaban el periodo de Elagábalo.
- Campbell, J.B. (1984), The Emperor and the Roman Army — Oxford University Press. Analiza cómo Elagábalo perdió el apoyo de la Guardia Pretoriana a través de una perspectiva de relaciones cívico-militares.
- Syme, Ronald (1971), Emperors and Biography: Studies in the Historia Augusta — Oxford University Press. Crítica metodológica sobre cuánto de lo que se cuenta sobre Elagábalo es probable ficción historiográfica.
Preguntas frecuentes sobre Elagábalo
¿Realmente Elagábalo era mujer o esto es invención de historiadores antiguos?
La verdad es complicada. Los historiadores antiguos describen a Elagábalo de maneras que sugieren que se identificaba de formas que no coincidían con las normas romanas de masculinidad. Pero sus escritos fueron producidos generaciones después, bajo emperadores que tenían todo el incentivo de pintar a Elagábalo de la forma más negativa posible. Lo que probablemente es cierto es que Elagábalo no cumplía con las normas de género que el imperio romano esperaba de un emperador. Más allá de eso, es difícil decir.
¿Por qué Masa Maesa permitió que Elagábalo hiciera cosas tan contraproducentes?
Porque tenía opciones limitadas. Elagábalo era el símbolo a través del cual ella ejercía el poder. Si lo disciplinaba demasiado, perdía su utilidad. Si lo dejaba completamente desenfrenado, el imperio se rebelaba. Masa Maesa estaba constantemente equilibrando estas fuerzas opuestas.
¿Fue Elagábalo realmente tan malo como lo pintan los historiadores antiguos?
Probablemente no tan malo pero fue percibido como una amenaza a las categorías fundamentales de lo que Roma consideraba aceptable en un emperador. Esto lo hizo vulnerable a la exageración y a la invención de historiadores posteriores que querían asegurarse de que no fuese recuperado como un precedente.
¿Por qué fue asesinado cuando Alejandro Severo también era joven?
Porque Alejandro fue joven pero aceptable. Parecía más romano, más conforme a las normas tradicionales. No intentaba hacer un dios sirio la principal religión del imperio. No se comportaba de manera que la elite romana consideraba completamente inaceptable.
¿Qué hubiera pasado si Elagábalo hubiera vivido más tiempo?
Hubiera sido depuesto más tarde de todas formas. Era insostenible. El imperio romano tenía su resistencia a los cambios radicales, y Elagábalo estaba empujando en contra de demasiadas resistencias a la vez.
¿Masa Maesa intentó proteger a Elagábalo de ser asesinado?
Probablemente no. Los historiadores antiguos sugieren que cuando vio que el viento se movía en contra, simplemente abandonó a Elagábalo y transfirió su lealtad a Alejandro Severo. Era una decisión política pragmática, aunque probablemente traumática para el adolescente cuya abuela lo había elevado y luego lo dejó caer.












