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La segunda guerra púnica: Aníbal contra Roma

by Marcelo Ferrando Castro
24 febrero, 2026
in Roma
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Formación de doble envoltura en la segunda guerra púnica: la maniobra táctica que definió el conflicto entre Roma y Cartago

La doble envoltura fue la maniobra táctica que definió la segunda guerra púnica: Aníbal la perfeccionó en Cannas para destruir ocho legiones romanas y Escipión la adoptó y la volvió contra los cartagineses en Ilipa y en Zama. El alumno superó al maestro. Crédito: Red Historia

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En el otoño del 218 a.C., un ejército cartaginés cruzó los Alpes con elefantes de guerra y descendió sobre Italia por el norte. Lo mandaba un general de 29 años llamado Aníbal Barca, hijo de Amílcar, y lo que traía consigo era la guerra más devastadora que Roma había conocido hasta entonces. Durante dieciséis años, Aníbal recorrió la península itálica sin perder una sola batalla campal, infligió a Roma tres de las derrotas más humillantes de su historia y estuvo, en al menos una ocasión, a pocas jornadas de marcha de la ciudad. Nunca la tomó.

La segunda guerra púnica es, en muchos sentidos, la guerra de dos hombres: Aníbal Barca y Publio Cornelio Escipión, el futuro Africano. El primero definió la primera mitad del conflicto con una campaña en Italia de audacia sin precedentes. El segundo redefinió la segunda mitad llevando la guerra a Hispania primero y a África después, hasta que los dos se encontraron en Zama en el 202 a.C. y el resultado del combate decidió quién dominaría el mundo mediterráneo durante los siguientes seis siglos.

La guerra comenzó en Hispania, se libró principalmente en Italia, tuvo un frente secundario crucial en la península ibérica y terminó en África. Involucró a docenas de pueblos — galos, íberos, celtíberos, macedonios, númidas, griegos de Sicilia — que eligieron bando según sus propios intereses y que sufrieron las consecuencias de haber apostado por el perdedor. Transformó a Roma de potencia regional en potencia mediterránea y condenó a Cartago a un declive del que nunca se recuperaría.


Índice:

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  • Las causas: la herencia de la primera guerra y los Barcidas en Hispania
  • El asedio de Sagunto: el detonante calculado
  • La campaña de los Alpes: el golpe estratégico más audaz de la Antigüedad
  • Trebia, Trasimeno y Cannas: tres años de catástrofes
  • La guerra en Italia: por qué Aníbal no tomó Roma
  • La campaña de Hispania: los Escipiones y la reconquista
  • La guerra llega a África: Escipión y la batalla de Zama
  • El Tratado de Zama: las condiciones del vencedor
  • Las consecuencias: un mundo transformado
  • Las grandes batallas de la segunda guerra púnica
  • Explora más en Red Historia
  • Fuentes y bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre la segunda guerra púnica
    • ¿Por qué Aníbal cruzó los Alpes en lugar de ir por mar?
    • ¿Cuántos soldados perdió Aníbal al cruzar los Alpes?
    • ¿Por qué fue tan devastadora la batalla de Cannas?
    • ¿Por qué Aníbal no marchó sobre Roma tras Cannas?
    • ¿Qué papel jugó Hispania en la segunda guerra púnica?
    • ¿Cómo terminó la vida de Aníbal?
    • ¿Qué diferencia al liderazgo de Aníbal del de Escipión?

Las causas: la herencia de la primera guerra y los Barcidas en Hispania

La segunda guerra púnica no surgió de la nada. Tenía raíces que se remontaban directamente al final de la primera guerra y a las humillaciones que Roma había impuesto a Cartago en los años siguientes.

El Tratado del Lutacio del 241 a.C. había dejado a Cartago exhausta pero no destruida. La indemnización de guerra era pesada y la pérdida de Sicilia era dolorosa, pero Cartago seguía siendo una potencia comercial de primer orden con recursos para recuperarse. Lo que hizo irreparable la herida fue la conducta de Roma durante la guerra de los mercenarios, el conflicto interno que casi destruyó Cartago entre el 241 y el 238 a.C.

Mientras Cartago luchaba por su supervivencia, Roma aprovechó la debilidad de su rival para arrebatarle Cerdeña y Córcega, territorios que no había conquistado en combate y exigió encima una indemnización adicional de 1.200 talentos. Fue un acto de pillaje diplomático que los cartagineses recordaron con amargura durante generaciones.

Amílcar Barca, que había salido de la primera guerra convencido de que Cartago había sido derrotada políticamente pero no militarmente, interpretó el robo de Cerdeña como una declaración de que Roma no respetaría ningún tratado cuando pudiera violarlos impunemente. Su respuesta fue construir en Hispania un poder suficiente para compensar lo perdido y preparar la revancha. Desde el 237 a.C. hasta su muerte en el 228 a.C., Amílcar sometió el sur y el este de la península ibérica, explotó sus minas de plata, reclutó sus guerreros y construyó la base económica y militar que sus hijos heredarían.

Asdrúbal el Bello, yerno de Amílcar, continuó la obra y fundó Cartago Nova en el 228 a.C. Fue Asdrúbal quien negoció con Roma el Tratado del Ebro en el 226 a.C., por el que Cartago se comprometía a no cruzar ese río con fines militares. El tratado reconocía implícitamente el dominio barcida sobre la mitad sur de la península y dejaba a los pueblos del norte bajo la influencia romana. Pero dejaba también una ambigüedad fatal: la ciudad de Sagunto, aliada de Roma, estaba al sur del Ebro.

Batalla naval romana durante la primera guerra púnica: legionarios cruzando el corvus para abordar una nave cartaginesa
El corvus en acción: el puente de abordaje romano que transformó los combates navales en batallas de infantería sobre el agua. Ilustración de una batalla durante la primera guerra púnica. Crédito: Red Historia

Cuando Aníbal heredó el mando en Hispania en el 221 a.C., tras el asesinato de Asdrúbal, encontró un ejército veterano, bien entrenado y financiado por dos décadas de explotación minera. Tenía 26 años, había crecido en los campamentos de su padre y conocía el arte de la guerra desde la infancia. Y tenía un plan.

El asedio de Sagunto: el detonante calculado

Aníbal no tropezó con Sagunto, la eligió deliberadamente como detonante del conflicto. La ciudad era aliada de Roma, estaba al sur del Ebro — dentro de la zona de influencia cartaginesa según el tratado del 226 a.C. — y su posición le permitía a Aníbal argumentar que Roma había violado el acuerdo al construir alianzas en territorio cartaginés.

El asedio comenzó en la primavera del 219 a.C. Sagunto resistió ocho meses con una tenacidad que las fuentes antiguas califican de heroica. Roma protestó diplomáticamente pero no envió ningún ejército de socorro. Las razones son debatidas: algunos historiadores argumentan que Roma estaba distraída con conflictos en el Adriático, otros que el Senado subestimó la gravedad de la situación. Lo cierto es que cuando Sagunto cayó, en el otoño del 219 a.C., Roma declaró la guerra a Cartago pero su aliada ya no existía.

La caída de Sagunto tuvo un efecto político inmediato en Hispania: los pueblos que todavía dudaban entre Roma y Cartago vieron que Roma no protegía a sus aliados. Aníbal había ganado la primera batalla de la guerra antes de salir de la península.

La campaña de los Alpes: el golpe estratégico más audaz de la Antigüedad

El plan de Aníbal era tan simple en su concepción como brutal en su ejecución: llevar la guerra al corazón de Italia antes de que Roma pudiera concentrar sus fuerzas, destruir el ejército romano en campo abierto, separar a los aliados itálicos de Roma y forzar una paz negociada desde una posición de fuerza. No pretendía destruir Roma ni conquistar Italia, pretendía hacer la guerra tan costosa que Roma prefiriera negociar.

Para llegar a Italia tenía dos opciones: el mar, controlado por la flota romana, o los Alpes, que nadie había cruzado con un ejército en la historia conocida. Eligió los Alpes.

Anibal con su ejército cruzando los Alpes. Crédito: Museo del Campidoglio

En la primavera del 218 a.C., Aníbal salió de Cartago Nova con un ejército de aproximadamente 90.000 soldados de infantería, 12.000 jinetes y 37 elefantes de guerra. Las cifras son de Polibio, que las considera exageradas en las fuentes que maneja y los historiadores modernos debaten los números exactos. Lo que no se debate es que cuando cruzó los Alpes y descendió a la llanura padana en el otoño del 218 a.C., le quedaban unos 26.000 infantes, 6.000 jinetes y un número reducido de elefantes. El cruce había costado más de la mitad del ejército.

El recorrido exacto del paso alpino que utilizó Aníbal es uno de los debates más persistentes de la historiografía antigua. Durante siglos se propusieron docenas de rutas y todavía hoy no hay consenso definitivo. Los candidatos más discutidos son el Col du Mont Cenis, el Col du Clapier y el Col de la Traversette. Un estudio geológico publicado en 2016 encontró en el Col de la Traversette depósitos de excrementos de caballos datados en la época de Aníbal, lo que ha inclinado a muchos investigadores hacia esa opción, aunque el debate sigue abierto.

Lo que sí describe Polibio con detalle es la naturaleza del cruce: nieve, hielo, caminos que se derrumbaban bajo el peso de los elefantes, ataques de tribus montañesas, caballos que se despeñaban por los barrancos y soldados que morían de frío en pasos a más de 2.000 metros de altitud. Fue una proeza logística y de liderazgo que los propios romanos admiraron, incluso mientras combatían a quien la había realizado.

Trebia, Trasimeno y Cannas: tres años de catástrofes

Los galos cisalpinos del norte de Italia, que llevaban décadas resistiendo la expansión romana, recibieron a Aníbal como un libertador y engrosaron sus filas con decenas de miles de guerreros. Roma respondió enviando dos ejércitos consulares al norte para cortar el avance cartaginés antes de que penetrara en la Italia central.

El primer encuentro serio tuvo lugar en el río Tesino, en noviembre del 218 a.C., una escaramuza de caballería en la que Aníbal venció y el cónsul Publio Cornelio Escipión fue herido y salvado, según la tradición, por su hijo de 17 años, el futuro Africano. El Tesino fue un aviso, no una batalla decisiva.

La primera gran batalla llegó pocas semanas después, en el río Trebia, en diciembre del 218 a.C. Aníbal había estudiado el terreno con cuidado. Atrajo al ejército romano a cruzar el río helado al amanecer, sin desayunar y con el agua hasta la cintura, mientras sus propias tropas habían comido, se habían calentado junto a hogueras y estaban perfectamente dispuestas para el combate. La caballería numida desbordó los flancos romanos, la infantería cartaginesa e hispana resistió el centro y una fuerza de emboscada al mando de su hermano Magón atacó por la retaguardia. De los 40.000 soldados romanos que cruzaron el Trebia, unos 10.000 lograron escapar. El resto murió o fue capturado.

Pero fue en el lago Trasimeno, en junio del 217 a.C., donde Aníbal demostró que su genio táctico no dependía de las circunstancias sino de su capacidad para crearlas. El cónsul Cayo Flaminio perseguía al ejército cartaginés por el estrecho corredor entre el lago y las colinas cuando Aníbal desplegó a su ejército en la niebla matinal a lo largo de toda la ladera. En menos de tres horas, 15.000 romanos murieron en la orilla del lago, incluyendo al propio Flaminio. Fue la mayor emboscada de la historia militar antigua y su planificación — la selección del terreno, el ocultamiento del ejército, el uso de la niebla como aliado — refleja un nivel de pensamiento estratégico que los manuales militares modernos siguen citando.

Roma reaccionó nombrando un dictador, Quinto Fabio Máximo, que adoptó una estrategia completamente nueva: evitar el combate campal, hostigar a Aníbal con guerrillas, cortar sus líneas de suministro y esperar a que el tiempo desgastara al ejército cartaginés lejos de sus bases. La estrategia era correcta y Fabio la aplicó con disciplina, pero era impopular. Los romanos la llamaban, con desprecio, la estrategia del Cunctator — el Contemporizador — y cuando expiró la dictadura de Fabio, los nuevos cónsules decidieron buscar la batalla decisiva que Fabio había rechazado.

La encontraron en Cannas, en el 2 de agosto del 216 a.C., en la llanura de Apulia. El ejército romano era el más grande que Roma había reunido hasta entonces: según Polibio, unos 86.000 soldados de infantería y 6.000 jinetes. Aníbal tenía 40.000 soldados y 10.000 jinetes. La inferioridad numérica de Aníbal en infantería era tan obvia que los cónsules romanos estaban convencidos de que la batalla sería una aplastante victoria, pero fue la derrota más catastrófica de la historia romana.

Aníbal dispuso su infantería en una línea convexa hacia el enemigo, con los mejores soldados africanos en los flancos y los hispanos y galos — sus tropas menos fiables — en el centro abombado. Cuando la infantería romana empujó, el centro cartaginés cedió deliberadamente, retrocediendo en una línea cada vez más cóncava que envolvía a los romanos en un abrazo mortal mientras los flancos africanos giraban hacia dentro y la caballería cartaginesa y numida completaba el cerco por la retaguardia. En pocas horas, entre 50.000 y 70.000 romanos murieron en un espacio tan pequeño que los sobrevivientes apenas podían moverse para defenderse. Era la doble envoltura perfecta, una maniobra que los ejércitos modernos estudian como el ideal de la destrucción del enemigo.

La guerra en Italia: por qué Aníbal no tomó Roma

Tras Cannas, el lugarteniente de Aníbal, Maharbal, le instó a marchar directamente sobre Roma: «En cinco días cenarás en el Capitolio», le dijo, según Livio. Aníbal no lo hizo. «Sabes cómo vencer, Aníbal, pero no sabes cómo usar la victoria«, respondió Maharbal, en lo que se convirtió en una de las frases más citadas de la historia militar.

¿Por qué Aníbal no marchó sobre Roma tras Cannas? El debate ha ocupado a los historiadores durante siglos. Las razones más invocadas son la falta de maquinaria de asedio para tomar una ciudad tan grande y bien amurallada, el agotamiento de sus tropas tras tres batallas en menos de dos años y la expectativa de que las defecciones de los aliados itálicos harían caer a Roma sin necesidad de asalto directo.

De hecho, las defecciones llegaron. Capua, la segunda ciudad de Italia, se pasó al bando cartaginés. Varias ciudades de Apulia, Samnio y Bruttium hicieron lo mismo. El rey Filipo V de Macedonia firmó una alianza con Aníbal. Siracusa, tras la muerte de Hierón II, viró hacia Cartago. Parecía que la estrategia de Aníbal funcionaba.

Pero Roma no se rindió y el Senado rehusó negociar. Rechazó todas las propuestas cartaginesas, reclutó nuevos ejércitos, armó a los esclavos, bajó la edad de reclutamiento y retomó la estrategia de Fabio: no enfrentarse a Aníbal en campo abierto, sino aislarlo, cortar sus comunicaciones y reconquistar una por una las ciudades que se habían pasado a su bando.

La guerra en Italia se convirtió en un largo desgaste. Aníbal ganaba todas las batallas campales pero no podía estar en todas partes. Roma recuperó Capua en el 211 a.C. tras un largo asedio y la represalia fue brutal: los líderes de la defección fueron ejecutados, la ciudad perdió su autonomía y sus ciudadanos fueron reducidos a la condición de peregrinos sin derechos. El mensaje a los demás aliados que habían traicionado a Roma fue inequívoco.

La situación de Aníbal en Italia se deterioró progresivamente. Sus refuerzos desde Hispania nunca llegaron en cantidad suficiente. Su hermano Asdrúbal cruzó los Alpes en el 207 a.C. con un ejército de socorro, pero fue interceptado y destruido en la batalla del río Metauro antes de poder unirse a Aníbal. Según Livio, Aníbal supo de la muerte de su hermano cuando los romanos lanzaron la cabeza de Asdrúbal al campamento cartaginés. Fue el momento en que comprendió que la guerra en Italia estaba perdida.

La campaña de Hispania: los Escipiones y la reconquista

Mientras Aníbal devastaba Italia, el frente hispano fue igualmente decisivo para el resultado final de la guerra. Si Hispania permanecía en manos cartaginesas, Aníbal tenía una retaguardia segura desde la que recibir refuerzos y recursos. Si Roma la conquistaba, Aníbal quedaba aislado.

Los cónsules Publio y Cneo Escipión operaron en Hispania desde el 218 a.C. con resultados inicialmente prometedores: construyeron una red de alianzas con los pueblos del norte del Ebro, ganaron varias batallas y cortaron el flujo de refuerzos hacia Italia. Pero en el 211 a.C. sufrieron dos derrotas catastróficas en el alto Guadalquivir y ambos murieron en combate con pocas semanas de diferencia.

Roma envió entonces a Publio Cornelio Escipión, el hijo del cónsul muerto, con 25 años y sin experiencia de mando independiente. Su primera acción fue la más audaz: en la primavera del 209 a.C. marchó directamente sobre Cartago Nova y la tomó en un solo día de asalto. La ciudad contenía el tesoro de guerra cartaginés, los arsenales y, sobre todo, los rehenes de los pueblos hispanos que Cartago retenía como garantía de lealtad. Escipión los liberó a todos sin rescate.

Busto de mármol de Publio Cornelio Escipión Africano, copia romana posterior. Aunque no existen retratos contemporáneos de Escipión (murió 183 a.C.), esta escultura representa la iconografía romana republicana del general.
Busto de Publio Cornelio Escipión Africano. Crédito: Ny Carlsberg Glyptotek, Dinamarca.

El gesto político tuvo efectos inmediatos. Los pueblos hispanos que habían permanecido neutrales o bajo la tutela cartaginesa comenzaron a cambiar de bando. Los ilergetes Indíbil y Mandonio, que mandaban el mayor contingente de caballería hispana al servicio de Cartago, desertaron y se presentaron ante Escipión. La base de reclutamiento cartaginesa en Hispania comenzó a desmoronarse.

La batalla decisiva llegó en la primavera del 206 a.C., en Ilipa, en el valle del Guadalquivir. Escipión empleó una táctica que invirtió la disposición habitual de sus fuerzas, colocando las legiones romanas en los flancos y los aliados hispanos en el centro. Cuando los cartagineses, que habían observado durante días la formación romana estándar, prepararon sus mejores tropas africanas para enfrentarse al centro, se encontraron con que las legiones en los flancos arrollaban su infantería más débil mientras el centro romano se limitaba a mantener la presión. La envoltura fue total. El poder barcida en Hispania se derrumbó.

La guerra llega a África: Escipión y la batalla de Zama

Con Hispania conquistada y Aníbal encerrado en el sur de Italia sin posibilidad de recibir refuerzos, Escipión convenció al Senado de dar el golpe definitivo: invadir África y llevar la guerra al territorio de Cartago. Era la misma estrategia que Régulo había intentado en la primera guerra y que había terminado en desastre, pero Escipión tenía lo que Régulo no tuvo: un ejército curtido en Hispania, alianzas con príncipes númidas y un plan que no dependía de una victoria rápida.

Desembarcó en África en el 204 a.C. y pasó los dos primeros años construyendo su posición, ganando aliados y destruyendo los ejércitos que Cartago enviaba contra él. El príncipe númida Masinisa, que tenía razones propias para odiar a Cartago, se convirtió en su aliado más valioso, aportando la caballería ligera que era el punto débil tradicional de los ejércitos romanos.

Cartago, desesperada, llamó a Aníbal de vuelta de Italia. Después de 16 años de campaña en suelo enemigo, Aníbal embarcó con los restos de su ejército y regresó a África por primera vez desde su infancia. Los dos grandes generales de la guerra se encontraron antes de la batalla para una entrevista personal — descrita por Polibio con detalles que los historiadores modernos discuten, pero que tiene la verosimilitud de lo que pudo ocurrir — en la que Aníbal ofreció condiciones de paz y Escipión las rechazó.

La batalla de Zama, librada en el otoño del 202 a.C. en la llanura tunecina, fue el enfrentamiento final. Aníbal desplegó sus 80 elefantes en primera línea, confiando en que la estampida animal desorganizaría a las legiones. Escipión había preparado una respuesta: dejó pasillos abiertos en la formación para que los elefantes pasaran sin causar daño y cuando la caballería de Masinisa completó la derrota de la caballería cartaginesa y giró sobre la retaguardia de Aníbal, el resultado fue una inversión perfecta de Cannas. El cazador cazado con sus propias armas.

Aníbal perdió la batalla de Zama y fue la primera derrota campal de su carrera. Aconsejó a Cartago que aceptara las condiciones de paz y Cartago no tuvo más opción.

Aníbal versus Escisión. Comparativa de Publio Cornelio Escipión Africano (izquierda, busto de mármol) y Aníbal Barca (derecha, grabado clásico). Dos generales de la antigüedad cuyas campañas definieron las Guerras Púnicas entre Roma y Cartago.
Aníbal Barca y Publio Cornelio Escipión Africano: dos genios militares cuyas estrategias opuestas definieron la Segunda Guerra Púnica. Aníbal fue el táctico extraordinario que ganó casi todas sus batallas. Escipión fue el estratega que comprendió cómo vencer a alguien como Aníbal. Sus destinos finales fueron idénticos: ambos murieron en exilio alrededor de 183 a.C., rechazados por la política de sus propios estados.

El Tratado de Zama: las condiciones del vencedor

La paz que Roma impuso en el 201 a.C. fue incomparablemente más dura que el Tratado del Lutacio de 40 años antes. Cartago perdía todas sus posesiones fuera de África, entregaba su flota de guerra, reducida a diez naves, pagaba una indemnización de 10.000 talentos en 50 años (más del triple de la indemnización anterior), renunciaba a hacer la guerra sin permiso de Roma, lo que la convertía en un Estado vasallo de facto y entregaba a Aníbal, aunque este logró escapar antes de que los romanos pudieran capturarlo.

Aníbal pasó los años siguientes al servicio de varios reyes helenísticos del Oriente mediterráneo, siempre como enemigo de Roma y siempre acosado por los agentes romanos que pedían su entrega. Murió en Bitinia en torno al 183 a.C., envenenándose él mismo para no caer en manos romanas. Tenía unos 64 años.

Escipión, el Africano, murió ese mismo año en su villa de Literno, en Campania, donde se había exiliado amargado por los ataques políticos de sus enemigos en Roma. La coincidencia de las fechas de muerte de los dos grandes rivales ha tentado a los historiadores a buscar un simbolismo que quizás no existe, pero que resulta difícil ignorar.

Las consecuencias: un mundo transformado

La segunda guerra púnica transformó el Mediterráneo de una forma que la primera no había podido hacer. Roma emergió del conflicto sin rivales en el mundo occidental: Cartago estaba liquidada como potencia militar, Macedonia había sido castigada por su alianza con Aníbal y los reinos helenísticos del Oriente miraban a Roma con una mezcla de respeto y aprensión que en pocas décadas se convertiría en sometimiento.

Hispania, teatro crucial del conflicto, quedó bajo control romano y se organizó en dos provincias. El proceso de romanización que comenzó con las alianzas de los Escipiones se aceleró en las décadas siguientes, aunque no sin resistencia: las guerras lusitanas y celtibéricas del siglo II a.C. fueron el epílogo violento de una conquista que la segunda guerra púnica había iniciado pero que todavía tardaría generaciones en completarse.

Cartago sobrevivió otros 50 años como ciudad próspera pero políticamente subordinada a Roma. Reconstruyó su economía comercial con una energía que alarmó a senadores romanos como Catón el Viejo, que terminó todos sus discursos en el Senado con la misma frase: Carthago delenda est (Cartago debe ser destruida). En el 146 a.C., la Tercera Guerra Púnica terminó con la destrucción total de la ciudad. Pero esa ya es otra historia.

La segunda guerra púnica dejó también una herencia intelectual duradera. Polibio, que vivió en Roma como rehén después de la tercera guerra macedónica y tuvo acceso a las fuentes más directas, escribió la historia más rigurosa del conflicto que tenemos. Su análisis de la batalla de Cannas, de la estrategia de Fabio y del liderazgo de Escipión sigue siendo lectura obligatoria en las academias militares.

Y la figura de Aníbal — el general que nunca perdió una batalla campal y sin embargo perdió la guerra — se convirtió en el arquetipo del genio militar condenado por las circunstancias, una imagen que Napoleón, el duque de Wellington y Patton citaron explícitamente como referencia.

Las grandes batallas de la segunda guerra púnica

Batalla Año Resultado Importancia
Tesino 218 a.C. Victoria cartaginesa Primera batalla; Escipión padre herido; los galos se unen a Aníbal
Trebia 218 a.C. Victoria cartaginesa Primer gran aniquilamiento de un ejército romano; 30.000 bajas
Lago Trasimeno 217 a.C. Victoria cartaginesa Mayor emboscada de la Antigüedad; 15.000 romanos muertos incluyendo al cónsul Flaminio
Cannas 216 a.C. Victoria cartaginesa Peor derrota de Roma: 50.000-70.000 muertos; la doble envoltura perfecta
Nola (x3) 216-214 a.C. Victoria romana Marcelo frena a Aníbal; primera victoria romana tras Cannas
Cartago Nova 209 a.C. Victoria romana Escipión toma la capital barcida en Hispania en un día; giro estratégico
Metauro 207 a.C. Victoria romana Muerte de Asdrúbal; Aníbal pierde sus refuerzos y la esperanza
Ilipa 206 a.C. Victoria romana Escipión expulsa a los cartagineses de Hispania; fin del dominio barcida
Zama 202 a.C. Victoria romana Única derrota campal de Aníbal; fin de la guerra; Roma domina el Mediterráneo

Explora más en Red Historia

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  • La primera guerra púnica: Roma y Cartago se disputan el Mediterráneo
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Fuentes y bibliografía

Fuentes primarias:

  • Polibio. Historias, libros III-XV. Traducción de M. Balasch Recort. Gredos, Madrid, 1981.
  • Tito Livio. Desde la Fundación de la Ciudad (Ab Urbe Condita), libros XXI-XXX. Traducción de J. A. Villar Vidal. Gredos, Madrid, 1993.
  • Apiano. Historias Romanas — Ibérica y Líbica. Traducción de A. Sancho Royo. Gredos, Madrid, 1980.
  • Cornelio Nepote: Vida de Aníbal. En Vidas de los grandes capitanes. Alianza Editorial, Madrid, 1985.

Bibliografía en español:

  • Barceló, P.: Aníbal de Cartago. Alianza Editorial, Madrid, 2000.
  • Lancel, S.: Aníbal. Crítica, Barcelona, 1997.
  • Sáez Abad, R.: Zama: el fin del sueño cartaginés. Almena, Madrid, 2006.
  • Sáez Abad, R.: Cannas 216 a.C.: la batalla que casi destruyó Roma. Almena, Madrid, 2005.
  • Blázquez Martínez, J. M.: Historia del Mediterráneo antiguo. Cátedra, Madrid, 1994.
  • Connolly, P.: Las legiones romanas. Anaya, Madrid, 1989.
  • González Wagner, C.: Cartago: historia de una metrópolis mediterránea. Alderabán, Madrid, 1999.
  • Huss, W.: Los cartagineses. Gredos, Madrid, 1993.
  • Lancel, S.: Cartago. Crítica, Barcelona, 1994.
  • Sáez Abad, R.: Zama: el fin del sueño cartaginés. Almena, Madrid, 2006.

Bibliografía en inglés:

  • Daly, G.: Cannae: The Experience of Battle in the Second Punic War. Routledge, London, 2002.
  • Goldsworthy, A.: Cannae. Cassell, London, 2001.
  • Scullard, H. H.: Scipio Africanus: Soldier and Politician. Thames & Hudson, London, 1970.
  • Caven, B.: The Punic Wars. Weidenfeld & Nicolson, London, 1980.
  • Goldsworthy, A.: The Fall of Carthage: The Punic Wars 265-146 BC. Cassell, London, 2000.
  • Hoyos, D.: Unplanned Wars: The Origins of the First and Second Punic Wars. De Gruyter, Berlin, 1998.
  • Hoyos, D. (ed.): A Companion to the Punic Wars. Wiley-Blackwell, Oxford, 2011.
  • Lazenby, J. F.: The First Punic War: A Military History. UCL Press, London, 1996.
  • Rankov, B. (ed.): Trireme Olympias: The Final Report. Oxbow Books, Oxford, 2012.
  • Tipps, G. K.: «The Battle of Ecnomus«. Historia, vol. 34, 1985, pp. 432-465.
  • Walbank, F. W.: A Historical Commentary on Polybius, vol. I. Clarendon Press, Oxford, 1957.

Recursos digitales:

  • Livius — Artículos sobre las Guerras Púnicas
  • JSTOR — Artículos académicos sobre historia naval romana
  • Real Academia de la Historia — Diccionario Biográfico Español

Preguntas frecuentes sobre la segunda guerra púnica

¿Por qué Aníbal cruzó los Alpes en lugar de ir por mar?

El mar Mediterráneo occidental estaba controlado por la flota romana, que habría interceptado cualquier desembarco en Italia. Los Alpes, aunque infinitamente más peligrosos en términos logísticos, ofrecían la ventaja de la sorpresa: ningún general había llevado un ejército por esa ruta, y Roma no tenía preparadas defensas en el norte de Italia. Aníbal calculó correctamente que la audacia del movimiento compensaba el coste del cruce, y que llegar a Italia antes de que Roma pudiera concentrar sus fuerzas era más valioso que cualquier alternativa más segura.

¿Cuántos soldados perdió Aníbal al cruzar los Alpes?

Las fuentes antiguas dan cifras que los historiadores modernos consideran exageradas, pero la magnitud de las pérdidas es indudable. Polibio estima que Aníbal salió de Hispania con unos 90.000 infantes y 12.000 jinetes, y que llegó a la llanura padana con 26.000 infantes y 6.000 jinetes. Eso supone una pérdida de aproximadamente el 70% de la fuerza inicial, aunque parte de esas bajas se produjeron ya en Hispania y en el sur de la Galia antes de llegar a los Alpes propiamente dichos.

¿Por qué fue tan devastadora la batalla de Cannas?

Cannas fue devastadora por dos razones combinadas. La primera es táctica: la doble envoltura de Aníbal fue ejecutada con una precisión que impidió a los romanos usar su ventaja numérica. La segunda es de escala: Roma había concentrado el mayor ejército de su historia, convencida de que la superioridad numérica sería decisiva, y el resultado fue que había más hombres para morir en un espacio reducido del que ninguno podía escapar. Se estima que murieron entre 50.000 y 70.000 romanos en pocas horas, una cifra sin precedentes en la historia occidental hasta las batallas de la Primera Guerra Mundial.

¿Por qué Aníbal no marchó sobre Roma tras Cannas?

Es la pregunta más debatida sobre toda la guerra. Las razones más aceptadas son: la falta de maquinaria de asedio adecuada para tomar una ciudad tan grande, el agotamiento de sus tropas tras tres campañas en menos de dos años, y la expectativa de que las defecciones de los aliados itálicos harían caer a Roma sin necesidad de asalto directo. En retrospectiva, muchos historiadores consideran que fue el mayor error estratégico de Aníbal, aunque otros argumentan que sin ingeniería de asedio habría sido igualmente imposible tomar Roma incluso marchando sobre ella.

¿Qué papel jugó Hispania en la segunda guerra púnica?

Un papel decisivo, aunque frecuentemente subestimado frente a la campaña italiana. Hispania era la base de recursos de los Barcidas: sus minas de plata financiaban el ejército, sus pueblos proporcionaban mercenarios y sus puertos eran la conexión logística entre Cartago y los ejércitos en Italia. Cuando Escipión tomó Cartago Nova en el 209 a.C. y destruyó el ejército cartaginés en Ilipa en el 206 a.C., Aníbal quedó definitivamente aislado en Italia sin posibilidad de recibir los refuerzos que necesitaba para continuar la guerra.

¿Cómo terminó la vida de Aníbal?

Tras la derrota de Zama, Aníbal se convirtió en sufete —magistrado— de Cartago y trató de reformar las instituciones de la ciudad para hacer frente a la indemnización de guerra. Sus enemigos internos lo acusaron ante Roma de conspirar contra el tratado de paz, y en el 195 a.C. huyó al exilio para no ser entregado. Pasó los siguientes doce años al servicio de Antíoco III de Siria y luego de Prusias de Bitinia, siempre como asesor militar y siempre perseguido por los agentes de Roma. Cuando Prusias acordó entregarlo, Aníbal se envenenó. Tenía unos 64 años. Sus últimas palabras, según Livio, fueron: «Liberemos a Roma de su larga angustia, ya que no quiere esperar la muerte de un viejo».

¿Qué diferencia al liderazgo de Aníbal del de Escipión?

Aníbal fue el maestro de la batalla campal: ningún general de la Antigüedad igualó su capacidad para leer el terreno, explotar las debilidades del enemigo y ejecutar maniobras de una complejidad que requerían una coordinación perfecta entre unidades de diferentes orígenes y lenguas. Escipión fue el maestro de la estrategia: comprendió que la guerra no se ganaba en Italia sino en Hispania y en África, llevó el conflicto al territorio cartaginés y en Zama invirtió las propias tácticas de Aníbal contra él. Son dos formas complementarias de genio militar, y la segunda guerra púnica fue, en buena medida, un experimento para determinar cuál de las dos era más decisiva a largo plazo.

Tags: CartagoGuerras PúnicasHistoria de Roma
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