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Marco Licinio Craso: el hombre más rico de Roma y su desastre en Oriente

by Marcelo Ferrando Castro
1 marzo, 2026
in Biografías, Roma
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Busto de Marco Licinio Craso, el hombre más rico de Roma y miembro del Primer Triunvirato (115-53 a.C.)

Marco Licinio Craso fue el hombre más rico de Roma y el tercer miembro del Primer Triunvirato junto a César y Pompeyo. Su obsesión por la gloria militar le llevó al desastre de Carras en el 53 a.C., donde murió con siete legiones destruidas por los partos. Crédito: Wikimedia / Dominio público.

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Marco Licinio Craso es el miembro del Primer Triunvirato que la historia ha tratado con menos generosidad. César tiene su genio militar y su asesinato. Pompeyo tiene sus conquistas y su muerte trágica en una playa egipcia. Craso tiene la fortuna más grande de Roma y la derrota más humillante del siglo: Carras, en el 53 a.C., donde siete legiones romanas fueron destruidas por un ejército parto en la llanura mesopotámica y donde Craso murió de una forma que las fuentes antiguas describen con una mezcla de horror y satisfacción moral que revela cuánto le odiaban sus contemporáneos.

Era un hombre que lo tenía todo excepto lo que más quería: la gloria militar que en Roma era la única moneda que compraba el respeto definitivo. Tenía dinero suficiente para comprar ejércitos enteros, redes políticas que abarcaban todo el mundo romano, una inteligencia financiera sin rival en su época y la paciencia del especulador que espera el momento exacto para actuar. Le faltaba el talento para la guerra, y esa carencia le costó la vida.


Índice:

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  • El origen de una fortuna: incendios y especulación
  • La política: el arte de ser indispensable
  • La guerra de Espartaco: la decimatio y los seis mil crucificados
  • El Primer Triunvirato: la alianza de los tres
  • La campaña parta: el camino a Carras
  • Carras: la mayor derrota romana en Oriente
  • La muerte de Craso: oro fundido y leyenda
  • El legado de Craso: el tercer hombre del Triunvirato
  • Craso en el Primer Triunvirato
  • Explora más en Red Historia
  • Fuentes y bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre Marco Licinio Craso
    • ¿Cómo hizo Craso su fortuna?
    • ¿Qué fue exactamente la batalla de Carras?
    • ¿Es cierto que los partos vertieron oro fundido en la boca de Craso?
    • ¿Qué pasó con las águilas romanas capturadas en Carras?
    • ¿Por qué Craso quería ir a la guerra contra los partos?

El origen de una fortuna: incendios y especulación

La riqueza de Craso no fue heredada sino construida y los métodos que usó para construirla fueron lo suficientemente escandalosos como para que Plutarco los detallara con evidente deleite moral. El primer gran negocio de Craso fue la compra de propiedades confiscadas durante las proscripciones de Sila: los bienes de los proscriptos se subastaban a precios muy bajos porque nadie quería aparecer como comprador entusiasta de propiedades arrebatadas a hombres asesinados y Craso compró sistemáticamente y sin escrúpulos. Según Plutarco, llegó a añadir nombres a las listas de proscripción para apoderarse de propiedades que deseaba, aunque esta acusación es difícil de verificar.

El segundo negocio, el más famoso y el más comentado por las fuentes, era su brigada de bomberos privada. Roma era una ciudad de madera e insulae (bloques de apartamentos de varios pisos construidos con materiales baratos) que ardía con una frecuencia que los propietarios de inmuebles consideraban una pesadilla y Craso consideraba una oportunidad.

Tenía 500 esclavos entrenados como bomberos y cuando se declaraba un incendio los enviaba al lugar, pero no para apagar el fuego inmediatamente: primero negociaba con el propietario del edificio en llamas y con los dueños de los edificios adyacentes amenazados, comprando sus propiedades a precios de ruina mientras el fuego seguía avanzando. Solo entonces sus esclavos intervenían. Era una extorsión perfectamente legal en una ciudad sin servicios de emergencia públicos.

A estos negocios añadió minas de plata en Hispania, tierras agrícolas en varias regiones de Italia, talleres de artesanos esclavos que alquilaba a terceros y una actividad prestamista a senadores y magistrados que le daba influencia política además de intereses. Plutarco cifra su fortuna final en 7.100 talentos, equivalentes a varios miles de millones de euros en poder adquisitivo moderno. Era, sin discusión posible, el hombre más rico de Roma.

La política: el arte de ser indispensable

La fortuna de Craso no era solo riqueza personal, sino un instrumento político. En una República donde las campañas electorales costaban fortunas, donde los candidatos debían financiar juegos públicos y banquetes para mantener el apoyo popular y donde los generales necesitaban dinero propio para equipar sus ejércitos antes de que el Estado les reembolsara, tener acceso a Craso era tener acceso a una fuente de financiación sin la que la carrera política era casi imposible.

Craso prestaba dinero a senadores, magistrados y candidatos sin exigir interés inmediato, acumulando en cambio favores e influencia. Según Plutarco, casi ningún hombre importante de Roma pudo avanzar en su carrera sin haber recurrido en algún momento a Craso. Julio César en sus años de ascenso estaba tan endeudado con él que, cuando quiso partir a su gobierno en Hispania en el 61 a.C., los acreedores de César, en su mayoría intermediarios de Craso, bloquearon su salida hasta que Craso salió como garante de sus deudas. Era una inversión: Craso apostaba por César porque intuía que el retorno sería mayor que el riesgo.

Esta forma de poder era efectiva pero invisible y la visibilidad era exactamente lo que le faltaba a Craso. En Roma el prestigio supremo era la gloria militar: los triunfos, las coronas de laurel, los nombres de pueblos y reyes derrotados grabados en los arcos de triunfo. El dinero compraba muchas cosas pero no compraba eso y Craso lo sabía.

La guerra de Espartaco: la decimatio y los seis mil crucificados

La campaña contra Espartaco fue el único éxito militar real de Craso y estuvo a punto de ser también ese. Cuando el Senado le confió el mando contra los esclavos rebeldes en el 72 a.C., Craso encontró un ejército romano desmoralizado que había sufrido varias derrotas humillantes. Su primera medida fue restaurar la disciplina mediante la decimatio: seleccionó por sorteo a uno de cada diez soldados de las legiones que habían huido ante Espartaco y los hizo ejecutar por sus compañeros. La brutalidad del castigo, que no se había aplicado en generaciones, consiguió lo que se proponía: los soldados aprendieron que la cobardía ante el enemigo era más peligrosa que el propio enemigo.

La estrategia de Craso contra Espartaco fue de desgaste, no de batalla campal. Construyó una línea de contención de 50 kilómetros en el extremo sur de Italia para encerrar al ejército rebelde en la región de Brucio y rendirle por hambre. Espartaco rompió la línea en una noche de invierno, llenando el foso con tierra y ramas, pero el episodio aceleró la desintegración del ejército rebelde. La batalla final en Lucania en el 71 a.C. fue una victoria clara, aunque Pompeyo interceptó a los fugitivos y le robó el crédito con una carta al Senado que Craso nunca perdonó.

Los 6.000 prisioneros crucificados a lo largo de la Vía Apia entre Capua y Roma fueron decisión de Craso. Era un mensaje de una claridad brutal y calculada: el camino que había visto nacer la revuelta, Capua, donde estaba la escuela de gladiadores, quedaría marcado para siempre con las consecuencias de desafiar el orden romano.

El Primer Triunvirato: la alianza de los tres

La alianza de Craso con César y Pompeyo en torno al 60 a.C. fue un acuerdo de conveniencia mutua en el que cada parte aportaba lo que a las otras les faltaba. Pompeyo tenía el prestigio militar y la lealtad de sus veteranos. César tenía el talento político y el apoyo popular. Craso tenía el dinero que hacía funcionar todo lo demás.

La relación entre Craso y Pompeyo era de hostilidad apenas disimulada desde el episodio de Espartaco. Nunca se llevaron bien y nunca fingieron llevarse bien con convicción. Lo que les unía era únicamente la utilidad mutua y el liderazgo mediador de César, que necesitaba a los dos y que era el único capaz de mantenerlos en la misma alianza.

Cuando en el 56 a.C. la alianza amenazó con disolverse, Pompeyo y Craso habían roto abiertamente y César necesitaba renovar sus poderes en la Galia, los tres se reunieron en Lucca para renegociar los términos. El resultado fue que Pompeyo y Craso serían cónsules conjuntos en el 55 a.C. y recibirían después mandos provinciales importantes: Pompeyo en Hispania y Craso en Siria, con permiso implícito de lanzar una campaña contra el Imperio parto.

Era lo que Craso había querido siempre: una guerra de conquista que le diera la gloria que el dinero no podía comprar. Tenía 60 años.

La campaña parta: el camino a Carras

El Imperio parto era el gran poder oriental que Roma no había logrado someter. Se extendía desde el Éufrates hasta el Indo, controlaba las rutas de la seda y especias que conectaban el Mediterráneo con Asia central y tenía un ejército cuya táctica de caballería acorazada y arqueros montados era completamente diferente a cualquier cosa que las legiones romanas hubieran enfrentado antes.

Craso partió hacia Siria en el 54 a.C. con siete legiones, unos 40.000 hombres de infantería, más caballería auxiliar y tropas ligeras, en total cerca de 50.000 soldados. La campaña del primer año fue prometedora: cruzó el Éufrates, tomó varias ciudades mesopotámicas y estableció guarniciones antes de retirarse a invernar en Siria. Hasta ahí todo fue razonablemente bien.

El error crítico fue la campaña del 53 a.C. Un guía local árabe llamado Ariamnes, que según las fuentes estaba al servicio de los partos, convenció a Craso de avanzar directamente a través de la llanura mesopotámica en lugar de seguir el curso del Éufrates, que habría proporcionado agua y flancos protegidos. La llanura era el terreno ideal para la táctica parta y el peor posible para la infantería romana.

El ejército de Craso avanzó durante días por una llanura seca y calurosa, sin agua suficiente y con la moral deteriorándose bajo el sol de julio, hasta que cerca de la ciudad de Carras se encontró con el ejército parto comandado por el general Surena.

Carras: la mayor derrota romana en Oriente

Lo que siguió fue una de las derrotas más completas de la historia militar romana. Surena había traído consigo una fuerza de unos 10.000 jinetes, una combinación de catafractos — caballería acorazada de choque — y arqueros montados, con una caravana de mil camellos cargados de flechas para garantizar que la munición nunca se agotara.

La táctica parta era simple y devastadora: los arqueros montados rodeaban la formación romana en grandes círculos, disparando constantemente sin acercarse nunca al alcance de las armas romanas. Cuando la infantería romana intentaba cargar para romper el círculo, los jinetes se retiraban al galope — el famoso «tiro parto», disparando hacia atrás mientras huían — y luego regresaban cuando la formación romana se había desorganizado en la persecución.

Las legiones formaron en cuadro, la formación defensiva clásica, pero el cuadro era estático y los arqueros podían rodearlo y disparar desde cualquier ángulo. Las flechas partas atravesaban el escudo romano de madera y la armadura de bronce. Los hombres caían sin poder responder. El hijo de Craso, Publio, cargó con la caballería gala que había recibido de César para intentar romper el cerco y fue rodeado y destruido: su cabeza fue exhibida en una lanza ante la vista de las legiones de su padre.

Craso intentó negociar una retirada y fue convocado a una reunión con los generales partos. Fue asesinado durante esa reunión, aunque las circunstancias exactas son debatidas: las fuentes difieren sobre si murió en una pelea, si fue traicionado o si los negociadores fueron sorprendidos. Lo que sí es cierto es que no salió de esa reunión con vida.

La derrota fue catastrófica: 20.000 romanos muertos, 10.000 capturados y vendidos como esclavos en las fronteras orientales del Imperio parto, donde algunas fuentes afirman que sus descendientes fueron encontrados siglos después en Asia central y las águilas de las legiones capturadas por los partos, una humillación simbólica que Roma tardó 30 años en resolver cuando Augusto las recuperó mediante negociación diplomática.

La muerte de Craso: oro fundido y leyenda

La tradición sobre la muerte de Craso añade un detalle que es probablemente legendario pero que revela cómo le veían sus contemporáneos: los partos habrían vertido oro fundido en su garganta después de muerto, en referencia irónica a su insaciable avaricia. Plutarco lo recoge con escepticismo pero lo incluye, lo que dice todo sobre la reputación que Craso tenía en vida.

La cabeza de Craso fue enviada al rey parto Orodes II, que en ese momento estaba viendo representar una obra de teatro griega — las Bacantes de Eurípides — en su corte. El actor que interpretaba a Agave, la madre que en la tragedia porta la cabeza de su hijo Penteo como trofeo de una cacería báquica, usó la cabeza real de Craso como atrezzo para el clímax de la obra. Es una historia que suena a invención literaria demasiado perfecta, pero que las fuentes antiguas recogen como si fuera real y que en cualquier caso captura perfectamente el elemento teatral y grotesco que rodeó la muerte del hombre más rico de Roma.

El legado de Craso: el tercer hombre del Triunvirato

La muerte de Craso en Carras tuvo una consecuencia política que las fuentes antiguas reconocen: eliminó al árbitro que mantenía el equilibrio entre César y Pompeyo. Mientras Craso vivió, su riqueza y su influencia eran un contrapeso que ninguno de los otros dos podía ignorar. Con Craso muerto, la alianza perdió su pegamento financiero y su mediador tácito y el enfrentamiento entre César y Pompeyo se volvió inevitable en un plazo de años.

Es una ironía de la historia que el hombre que durante dos décadas fue el lubricante financiero de toda la política romana desapareciera de escena de una forma que aceleró exactamente el colapso que su presencia había retardado.

En cuanto a su riqueza, se disolvió. Sus herederos recibieron lo que quedaba, pero las redes clientelares y la influencia política que hacían de esa riqueza un instrumento de poder dependían de la presencia personal de Craso y no sobrevivieron a su muerte. El dinero, sin el hombre que sabía usarlo, era solo dinero.

Craso en el Primer Triunvirato

Aspecto César Pompeyo Craso
Lo que aportaba Talento político y apoyo popular. Prestigio militar y veteranos leales. Dinero y redes clientelares.
Lo que necesitaba Respaldo militar y financiación. Que el Senado ratificara sus acuerdos orientales. Gloria militar que el dinero no podía comprar.
Relación con los otros Mediador entre Pompeyo y Craso. Hostilidad apenas disimulada con Craso. Hostilidad con Pompeyo, utilidad con César.
Fin Asesinado en el Senado (44 a.C.). Decapitado en Egipto (48 a.C.). Muerto en Carras (53 a.C.).
Consecuencia de su muerte Guerra civil entre Antonio y Octaviano. César queda sin rival principal. Rompe el equilibrio del Triunvirato.

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  • Julio César: del consulado a la dictadura perpetua
  • La crisis de la República romana: causas y protagonistas
  • Espartaco: el gladiador que desafió a Roma
  • Augusto: cómo Octaviano convirtió una república en un imperio

Fuentes y bibliografía

Fuentes:

  • Plutarco: Vida de Craso, en Vidas paralelas. Traducción de A. Ranz Romanillos. Gredos, Madrid, 1985.
  • Apiano: Historia romana — Guerras civiles, libro II. Traducción de A. Sancho Royo. Gredos, Madrid, 1985.
  • Dion Casio: Historia romana, libro XL. Traducción de J. M. Candau Morón. Gredos, Madrid, 2004.
  • Floro: Epítome de la historia romana, libro I. Traducción de J. L. Moralejo. Gredos, Madrid, 2000.

Bibliografía:

  • Montanelli, I.: Historia de Roma. Plaza & Janés, Barcelona, 1991.
  • Grimal, P.: El proceso de la República romana. Paidós, Barcelona, 1990.
  • Roldán Hervás, J. M.: La República romana. Cátedra, Madrid, 1981.
  • Le Glay, M.; Voisin, J. L.; Le Bohec, Y.: Historia romana. Akal, Madrid, 2001.
  • Marshall, B. A.: Crassus: A Political Biography. Adolf M. Hakkert, Amsterdam, 1976.
  • Ward, A. M.: Marcus Crassus and the Late Roman Republic. University of Missouri Press, Columbia, 1977.
  • Holland, T.: Rubicon: The Last Years of the Roman Republic. Doubleday, New York, 2003.
  • Beard, M.: SPQR: A History of Ancient Rome. Profile Books, London, 2015.

Preguntas frecuentes sobre Marco Licinio Craso

¿Cómo hizo Craso su fortuna?

La fortuna de Craso se construyó sobre varias fuentes. La primera y más polémica fue la compra masiva de propiedades confiscadas durante las proscripciones de Sila a precios muy bajos. La segunda, la más famosa, fue su brigada de bomberos privada: cuando se declaraba un incendio en Roma, sus esclavos acudían al lugar pero negociaban la compra del edificio en llamas antes de intervenir, adquiriendo propiedades en ruinas por una fracción de su valor para luego reconstruirlas y alquilarlas. A esto añadió minas de plata, tierras agrícolas, talleres de artesanos esclavos y una actividad prestamista a senadores y políticos que le daba influencia además de intereses.

¿Qué fue exactamente la batalla de Carras?

Carras fue la batalla librada en junio del 53 a.C. en la llanura mesopotámica, cerca de la ciudad del mismo nombre, entre el ejército romano de Craso y el ejército parto comandado por el general Surena. Los partos usaron una táctica de caballería de arqueros montados que los romanos no habían enfrentado antes: rodeaban la formación de infantería romana disparando constantemente, retrocediendo cuando los romanos intentaban cargar y regresando cuando la formación se desorganizaba. El resultado fue la destrucción casi total del ejército romano: veinte mil muertos y diez mil capturados sobre un total de unos cincuenta mil hombres. Fue una de las peores derrotas de la historia militar romana.

¿Es cierto que los partos vertieron oro fundido en la boca de Craso?

Es casi con toda probabilidad una leyenda, aunque las fuentes antiguas la recogen. Plutarco la menciona con escepticismo pero sin descartarla, y Dion Casio la repite. El detalle encaja demasiado perfectamente con la reputación de avaricia que Craso tenía en vida como para ser completamente creíble como hecho histórico. Lo más probable es que sea una historia inventada o exagerada que circuló después de su muerte y que los historiadores romanos recogieron porque ilustraba bien la moraleja que querían transmitir: que la codicia tiene un precio.

¿Qué pasó con las águilas romanas capturadas en Carras?

Las águilas de las legiones — los estandartes sagrados que representaban el honor de cada unidad — capturadas por los partos en Carras fueron una humillación simbólica que pesó sobre Roma durante décadas. Augusto las recuperó finalmente en el 20 a.C. mediante negociación diplomática con el rey parto Fraates IV, sin necesidad de guerra. La recuperación fue celebrada como una victoria equivalente a una conquista militar y Augusto la usó ampliamente en su propaganda, acuñando monedas con la imagen de las águilas recuperadas.

¿Por qué Craso quería ir a la guerra contra los partos?

La respuesta más simple es la ambición de gloria militar en un contexto donde el dinero, por mucho que hubiera, no era suficiente para obtener el respeto máximo en Roma. Craso había visto a Pompeyo celebrar triunfos por sus conquistas orientales y a César acumular gloria en las Galias, y era dolorosamente consciente de que su única victoria militar significativa — la guerra de Espartaco — había sido parcialmente robada por Pompeyo. A los sesenta años, con el Triunvirato renovado en Lucca y el mando de Siria asegurado, la guerra contra los partos era su última oportunidad de estar a la altura de sus socios.

Tags: Historia de RomaRepública romana
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