Los pobladores prehistóricos que habitaron los Pirineos pudieron adaptarse a 2.235 metros sobre el nivel del mar, tal como lo demuestra la evidencia recabada recientemente, en una cueva descubierta en la cadena montañosa.
El yacimiento se conoce como Cueva 338, y a pesar de que únicamente se han excavado unos 6 metros cuadrados, ya el equipo de investigación ha realizado grandes descubrimientos.
En primer lugar, se encontró evidencia de que el sitio había sido utilizado en numerosas ocasiones durante varios siglos, teniendo un arco de actividad entre los 5 mil a 4.500 años y decayendo hace unos 3 mil años.
En la entrada de la cueva los arqueológos desenterraron evidencia de 23 casas, las cuales no eran el hogar permanente de un grupo humano, sino que el lugar era utilizado esporádicamente, probablemente relacionado con actividades mineras
Las actividades mineras son una clara sospecha del equipo, ya que se encontraron restos de malaquita la cual se relaciona con la producción de cobre.
Los restos de malaquita tienen vestigios de haber sido trabajados en calor, lo que es indicativo de la actividad minera.
Un hallazgo que también llamó la atención de los investigadores es el descubrimiento del dedo de un niño y un diente de leche, lo que podría indicar que la cueva también fue un lugar de enterramiento.
En el sitio se encontraron algunos objetos personales, uno es un adorno de concha marina similar a otros encontrados en Cataluña, y un colgante de diente de oso pardo que parece ser un adorno local.
Los arqueólogos no ha logrado llegar a niveles más profundos, por lo que se esperan mayores descubrimientos aunque habrá que esperar al verano de 2026, para reactivar la excavación.









