Biografía de Catalina II ‘la Grande’

Catalina II 'La Grande' de Rusia

Catalina II ‘la Grande’, fue una de las monarcas más destacadas de la historia de Rusia y de Europa. Durante su mandato, Rusia aumentó exponencialmente su organización territorial, de forma que el gobierno del país fue mucho más sencillo. Se posicionó al principio de su vida como una defensora de los valores liberales, pero acabó cediendo ante las presiones de la nobleza.

Catalina II ‘La Grande’ de Rusia

Nació bajo el nombre de Federica Augusta Sofía el 2 de mayo de 1729 en Stettin (Polonia), siendo hija de Christian Augusto, príncipe de Anhalt-Zerbst. Sus padres preconizaron el matrimonio con el gran duque Pedro de Rusia, que se produjo el 21 de agosto de 1745. Antes de la boda, Federica Augusta tuvo que unirse a la Iglesia Ortodoxa bajo el nombre de Catalina (Ekaterina, en ruso).

No obstante, la pareja fracasó y ambos tuvieron sendos amantes. Las intrigas militares se unieron a las amorosas y, en julio de 1762, Pedro fue depuesto por el jefe de la Guardia Imperial y amante de Catalina, Grigori Orlov. El golpe de estado situó a la hasta entonces reina consorte al frente de Rusia, proclamándola Catalina II, emperatriz de todas las Rusias.

Catalina supo cultivar su fama de “soberana ilustrada”, llevando a cabo una política oportunista y pragmática para convertir a Rusia en una gran potencia que fuera admitida en el concierto de las naciones europeas. Intentó europeizar el país y dotar a la nobleza de un puesto relevante. Sin embargo, fracasó en la creación de un código con las ideas de Montesquieu.

Su política exterior se saldó con el acceso al mar Negro y las anexiones de Ucrania, Bielorrusia, Lituania y Crimea. También estuvo marcada por los los tres repartos de Polonia y por las guerras ruso-turcas de 1768-1774 y 1787-1791. Estos conflictos los finiquitó la emperatriz mediante los tratados de Kuchuk-Kainarzhi en 1774 y de Iasi en 1792.

En política interior también se mostró realista y pragmática. Abandonó los proyectos de cambios liberales de los primeros años de su reinado y puso en marcha una serie de reformas prácticas orientadas a la mejora de la administración y de la economía. Estas políticas las amplió y las redobló tras las agitaciones sociales de 1773, cuando los campesinos se sublevaron debido a la nefasta situación en la que vivían.

Mapa del Imperio de Rusia en 1792

Lo cierto es que los “siervos” aceptaban cada vez menos su condición, sobre todo después de que Pedro III en 1762 librase del servicio militar obligatorio a la nobleza. Estos cambios llevaron a que Yemelián Pugachov se sublevase en 1773. Por eso la emperatriz ideó la reforma administrativa de 1775, en la que colocaba la administración provincial bajo la autoridad de un gobernador único. Catalina dividió Rusia en provincias y distritos que gozaban de su propia administración, policía y aparato judicial.

En 1783 se introdujo la servidumbre en Ucrania, y se encargó a G.A. Potemkin la valorización de este territorio. Esta medida sentó bastante mal pero Catalina no paró ahí, sino que en 1785, promulgó la “carta de la nobleza”, en la que confirmaba sus privilegios y le otorgaba una organización corporativa, y la “carta de las ciudades”, que concedía la autonomía a las comunidades urbanas. En ningún momento redactó algo similar para los campesinos o los sirvientes, lo que aumentó el descontento de la población hacia su persona.

Los últimos años de su reinado estuvieron dominados por la preocupación por preservar a Rusia del contagio revolucionario que afectaba a Europa desde 1789. Para ello, se unió a la Primera Alianza contra los revolucionarios franceses. Catalina pensaba que erradicando la fuente de la sublevación podría garantizar su reinado.

El 17 de noviembre de 1796, la emperatriz falleció a causa de un ataque de apoplejía mientras se disponía a tomar un baño. El estamento de la nobleza, el más favorecido de todos, le rindió largos y grandes homenajes. Sería el final de una auténtica dama de hierro, que había pasado de intentar aplicar medidas liberales a satisfacer todos los deseos de la aristocracia rusa.

Apasionado por la Historia, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Desde pequeño le encantaba la Historia y acabó por explorar sobre todo los siglos XVIII, XIX y XX.