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El Libro de Daniel: visiones apocalípticas, imperios y el fin de los tiempos

by Marcelo Ferrando Castro
7 abril, 2026
in Historia de las Religiones
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Las cuatro bestias del Libro de Daniel emergiendo del mar —león alado, oso, leopardo de cuatro cabezas y bestia oscura— y Daniel en Babilonia contemplando una visión celestial

Las cuatro bestias del capítulo 7 de Daniel emergiendo del mar tormentoso: el león alado de Babilonia, el oso de Media o Persia, el leopardo de cuatro cabezas de Grecia y la cuarta bestia innombrable. Abajo, Daniel en Babilonia contempla la visión celestial que transformará para siempre la escatología judía y cristiana. Crédito: Red Historia

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El Libro de Daniel es uno de los textos más influyentes, más debatidos y más malinterpretados de toda la Biblia. Es el único libro apocalíptico que entró en el canon hebreo, el texto que introdujo en la tradición judía algunas de las imágenes escatológicas más poderosas de la historia religiosa occidental como la estatua de metales, los cuatro imperios, el Hijo del Hombre que viene en las nubes del cielo o la resurrección de los muertos y el que más directamente influyó sobre el Apocalipsis de Juan, sobre la escatología cristiana y sobre el mesianismo judío posterior.

Es también el texto bíblico que más claramente ilustra la diferencia entre la lectura histórico-crítica y la lectura profética literal: para los especialistas académicos, Daniel es una obra del siglo II a.C. compuesta durante la persecución de Antíoco IV Epífanes como mensaje de resistencia y esperanza para los judíos perseguidos, usando el recurso literario de la profecía retrospectiva, presentar como predicción lo que ya ha ocurrido, para demostrar que Dios controla la historia. Para las corrientes evangélicas y dispensacionalistas, Daniel es una profecía genuina del siglo VI a.C. que predice eventos del futuro todavía por cumplirse.

Red Historia presenta ambas lecturas con respeto y rigor, porque las dos forman parte de la historia de la recepción del texto y ambas han generado tradiciones teológicas y culturales de enorme importancia.

Índice:

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  • El problema de la autoría y la fecha
  • La estructura del libro: dos partes distintas
  • La estatua de metales: los cuatro imperios
  • Las cuatro bestias: la visión del capítulo 7
  • El príncipe de Persia y los ángeles nacionales
  • La abominación desoladora
  • La resurrección de los muertos: el pasaje más revolucionario
  • Daniel en la tradición cristiana y judía posterior
  • Daniel y otros textos apocalípticos
  • Descubre más sobre apocalíptica judía
  • Fuentes y bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre el Libro de Daniel
    • ¿Cuándo fue escrito el Libro de Daniel?
    • ¿Quién es el Hijo del Hombre en Daniel?
    • ¿Qué es la abominación desoladora?
    • ¿Es Daniel una profecía genuina del futuro?
    • ¿Qué relación tiene Daniel con el Apocalipsis de Juan?

El problema de la autoría y la fecha

La pregunta sobre cuándo fue escrito el Libro de Daniel es una de las más debatidas de toda la crítica bíblica y sus implicaciones van mucho más allá de un simple dato histórico.

La posición tradicional afirma que Daniel fue un personaje histórico real que vivió en Babilonia durante el exilio del siglo VI a.C., que el libro fue escrito por él o sobre él en esa época y que las visiones que describe son profecías genuinas de eventos futuros, algunos de los cuales ya se han cumplido y otros todavía están por cumplirse.

La posición histórico-crítica, aceptada por la práctica totalidad de los especialistas académicos, argumenta que el libro fue compuesto en su forma final durante el siglo II a.C., probablemente entre el 167 y el 164 a.C., durante la persecución de Antíoco IV Epífanes contra el judaísmo. Los argumentos son múltiples y convergentes.

El primero es lingüístico: el libro está escrito en parte en hebreo y en parte en arameo y el arameo usado corresponde al del siglo II a.C., no al del VI a.C. El segundo es histórico: las «profecías» de Daniel son extraordinariamente precisas hasta el reinado de Antíoco IV y luego se vuelven vagas e incorrectas, lo que sugiere que el autor escribía sobre el pasado reciente con precisión y sobre el futuro inmediato con esperanza. El tercero es canónico: Daniel no fue incluido en la sección de los Profetas del canon hebreo sino en los Escritos, lo que sugiere que fue reconocido como texto sagrado tardíamente.

La posición histórico-crítica no niega el valor teológico del texto ni su importancia como documento de fe, simplemente lo sitúa en su contexto histórico real como obra de resistencia del siglo II a.C.

La estructura del libro: dos partes distintas

El Libro de Daniel tiene una estructura bipartita que refleja su carácter literario complejo.

La primera parte (capítulos 1-6) son narraciones en tercera persona sobre Daniel y sus compañeros en la corte babilónica: el episodio del horno de fuego, la escritura en la pared, el foso de los leones, la interpretación de los sueños del rey Nabucodonosor. Estos relatos tienen el carácter de cuentos de resistencia, judíos fieles a su Dios que mantienen su identidad en medio de una corte pagana y son vindicados espectacularmente.

La segunda parte (capítulos 7-12) son visiones apocalípticas en primera persona donde Daniel recibe revelaciones sobre el futuro de los imperios y el fin de los tiempos. Es en esta sección donde se concentra el vocabulario apocalíptico que influyó sobre toda la tradición posterior.

Esta bipartición sugiere que el libro puede haber tenido un proceso de composición en dos etapas, con las narraciones más antiguas, posiblemente del período persa, siglos V-IV a.C. y las visiones apocalípticas añadidas o profundamente revisadas durante la crisis macabea del siglo II a.C.

La estatua de metales: los cuatro imperios

La visión más famosa de la primera parte del libro es la interpretación que Daniel hace del sueño del rey Nabucodonosor: una estatua colosal con cabeza de oro, pecho y brazos de plata, vientre y muslos de bronce, piernas de hierro y pies de hierro mezclado con barro. Una piedra cortada sin manos golpea los pies de la estatua y la destruye y la piedra se convierte en una montaña que llena toda la tierra.

La interpretación de Daniel es explícita: cada metal representa un imperio. La cabeza de oro es Babilonia; los imperios de plata, bronce y hierro son los imperios sucesivos que dominarán el mundo y la piedra que destruye la estatua es el reino eterno que Dios establecerá y que nunca será destruido.

La identificación de los cuatro imperios ha generado debate durante siglos. La interpretación más aceptada académicamente los identifica como Babilonia, Media, Persia y Grecia, con el reino de Dios refiriéndose al período macabeo. La interpretación cristiana tradicional los identifica como Babilonia, Persia, Grecia y Roma, con el reino de Dios refiriéndose al cristianismo. Las corrientes dispensacionalistas añaden un quinto imperio futuro, un Imperio Romano revivido, correspondiente a los pies de hierro y barro.

Lo que todas las interpretaciones comparten es la estructura fundamental: la historia humana es una sucesión de imperios declinantes, de oro a barro, que serán destruidos por una intervención divina definitiva. Es la visión apocalíptica de la historia por excelencia.

Las cuatro bestias: la visión del capítulo 7

El capítulo 7 repite el esquema de los cuatro imperios pero en forma de visión nocturna: Daniel ve cuatro bestias que emergen del mar, cada una más terrible que la anterior. La primera es un león con alas de águila; la segunda es un oso que devora tres costillas; la tercera es un leopardo con cuatro cabezas y cuatro alas; la cuarta es un monstruo aterrador con diez cuernos y dientes de hierro.

De los diez cuernos emerge un undécimo cuerno pequeño que arranca tres de los otros y que tiene ojos de hombre y boca que habla con arrogancia. Este cuerno pequeño es casi con certeza una referencia a Antíoco IV Epífanes, el rey seléucida que persiguió al judaísmo y profanó el Templo.

La cuarta bestia y sus cuernos son destruidos por el Anciano de Días, una figura divina de cabello blanco como la lana sentada en un trono de fuego y el dominio es entregado a «alguien semejante a un hijo de hombre» que viene en las nubes del cielo.

Esta figura del Hijo del Hombre es uno de los conceptos más influyentes de todo el Antiguo Testamento. En su contexto original en Daniel puede referirse al pueblo de Israel como colectivo o a un ser angélico que lo representa. En la literatura apocalíptica posterior, especialmente en el Libro de Enoc, el Hijo del Hombre se convierte en una figura mesiánica individual y en los evangelios, Jesús usa el título «Hijo del Hombre» con una frecuencia que ha generado siglos de debate sobre qué quería decir exactamente con esa referencia.

El príncipe de Persia y los ángeles nacionales

El capítulo 10 de Daniel contiene uno de los desarrollos angelológicos más importantes de toda la Biblia hebrea: la doctrina de los príncipes angelicales de las naciones.

Daniel está en ayuno y oración cuando se le aparece un ser celestial que le explica por qué tardó en responder a su oración:

El príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días, pero el arcángel Miguel, uno de los príncipes principales, vino en mi ayuda.

Este pasaje introduce explícitamente la idea de que detrás de cada nación o imperio humano hay un ser angélico, o demoníaco, que lo gobierna en el plano espiritual y que la historia política humana es el reflejo de una guerra entre potencias celestiales. El arcángel Miguel es el príncipe de Israel, su protector celestial; el príncipe de Persia es su adversario sobrenatural.

Esta doctrina de los príncipes angelicales es fundamental para entender la demonología posterior. Es el origen directo de los «principados y potestades» de Pablo, de la jerarquía demoníaca de los grimorios medievales y de la concepción moderna de los «ángeles territoriales» en las corrientes evangélicas de guerra espiritual. Conecta directamente con la figura de Samael como príncipe angelical de Roma en la tradición rabínica y con Belial como adversario sobrenatural en los textos de Qumrán.

La abominación desoladora

Uno de los conceptos más debatidos del Libro de Daniel es la abominación desoladora, en hebreo shiqquts meshomem, que aparece en los capítulos 9, 11 y 12.

En su contexto histórico más inmediato, la abominación desoladora casi con certeza se refiere a la profanación del Templo de Jerusalén por Antíoco IV Epífanes en el 167 a.C., cuando instaló un altar a Zeus Olímpico en el Templo y ofreció cerdos en sacrificio sobre él. Ese acto fue la provocación central de la revuelta macabea.

Pero el término adquirió una vida posterior enorme. En el Nuevo Testamento, Jesús lo usa en el discurso escatológico de los evangelios sinópticos como señal del fin de los tiempos: «Cuando veáis la abominación desoladora de la que habló el profeta Daniel, puesta en el lugar santo…» (Mateo 24:15). Los intérpretes han identificado este cumplimiento con la destrucción romana del Templo en el 70 d.C., con la instalación de una estatua del emperador Adriano en el lugar del Templo en el 135 d.C., o con un evento futuro todavía por ocurrir.

Las corrientes dispensacionalistas identifican la abominación desoladora con un acto futuro del Anticristo que profanará un Templo reconstruido en Jerusalén durante la gran tribulación. Esta interpretación ha tenido una influencia enorme en la política del Medio Oriente contemporáneo, especialmente en los movimientos evangélicos que apoyan la reconstrucción del Templo.

La resurrección de los muertos: el pasaje más revolucionario

El capítulo 12 de Daniel contiene el pasaje más teológicamente revolucionario de todo el libro y uno de los más importantes de toda la Biblia hebrea: la primera afirmación clara de la resurrección de los muertos en el Antiguo Testamento.

En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo nación hasta entonces. En aquel tiempo será librado tu pueblo, todos los que se encuentren escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.

Este pasaje es extraordinario por varias razones. Es la primera vez en la Biblia hebrea que se afirma explícitamente que los muertos resucitarán para ser juzgados: unos para vida eterna y otros para condenación. El judaísmo preexílico no tenía una doctrina clara de la resurrección; el Sheol era un lugar de sombras donde iban todos los muertos sin distinción. La idea de que habrá una resurrección y un juicio diferenciado es una novedad teológica de primer orden.

Esta doctrina, desarrollada en la literatura apocalíptica posterior, especialmente en el Libro de Enoc y en los textos de Qumrán, es la base de la escatología cristiana y de la teología islámica del juicio final. Sin Daniel 12, la resurrección de Cristo no tendría el marco teológico judío en el que adquiere su significado.

Daniel en la tradición cristiana y judía posterior

La influencia del Libro de Daniel en las tradiciones religiosas posteriores es difícil de exagerar.

En el judaísmo, Daniel fue fundamental para el desarrollo del mesianismo. La figura del Hijo del Hombre y la promesa del reino eterno de Dios nutrieron las esperanzas mesiánicas del período del Segundo Templo. Varios de los movimientos mesiánicos del siglo I d.C., incluido el movimiento de Jesús, se articularon en el vocabulario de Daniel.

En el cristianismo primitivo, Daniel fue uno de los textos más citados y más interpretados. Los evangelios, las cartas de Pablo y el Apocalipsis de Juan están impregnados de su vocabulario y sus imágenes. La identificación de Jesús con el Hijo del Hombre de Daniel fue uno de los elementos centrales de la cristología primitiva.

En la escatología cristiana medieval, Daniel fue la fuente principal de las doctrinas sobre el Anticristo, los últimos tiempos y el juicio final. Sus cuatro imperios fueron identificados con los imperios históricos conocidos y el reino de Dios final fue identificado con la Iglesia cristiana o con el reino milenial futuro según las distintas tradiciones.

En el evangelicalismo contemporáneo, Daniel es uno de los textos proféticos más estudiados, especialmente en las corrientes dispensacionalistas que leen sus visiones como profecías literales de eventos futuros relacionados con Israel, el Anticristo y la gran tribulación.

Daniel y otros textos apocalípticos

AspectoDanielLibro de EnocLibro de los JubileosApocalipsis de Juan
Período de composiciónSiglo II a.C. (forma final)Siglos III-I a.C.Siglo II a.C.Siglo I d.C.
CanonBíblico (hebreo y cristiano)Apócrifo (etíope: canónico)Apócrifo (etíope: canónico)Bíblico (NT)
Figura centralHijo del Hombre, MiguelAzazel, Enoc, Hijo del HombreMastemaGran dragón, Bestia, Cordero
Visión de la historiaCuatro imperios declinantesSemanas de la historiaJubileos calendáricosSiete sellos, trompetas, copas
ResurrecciónSí, primera afirmación claraSí, desarrolladaImplícitaSí, central
Príncipes angelicalesSí, central (Miguel, príncipe de Persia)Sí (Vigilantes)ParcialmenteSí (ángeles de las iglesias)
Influencia en el NTDirecta y masivaDirecta (Judas, Apocalipsis)IndirectaEs NT

Descubre más sobre apocalíptica judía

  • La literatura apocalíptica judía: textos, figuras y fin de los tiempos
  • El Libro de los Jubileos: la reescritura del Génesis y Mastema
  • El Libro de Enoc: ángeles caídos y apocalíptica judía
  • El Apocalipsis de Juan: estructura, símbolos e interpretaciones
  • Los Rollos del Mar Muerto: descubrimiento, contenido e importancia
  • La demonología en los Rollos del Mar Muerto
  • Los esenios: la comunidad del desierto
  • Belial: el ángel de la oscuridad en Qumrán
  • Samael: el veneno de Dios y rey del Otro Lado
  • El origen del diablo: de fiscal celestial hebreo a príncipe del mal
  • Demonología: historia, clasificaciones y jerarquía del infierno

Fuentes y bibliografía

Fuentes:

  • Biblia de Jerusalén
  • Libro de Enoc
  • Libro de Daniel

Bibliografía:

  • García Martínez, Florentino (1992). Textos de Qumrán. Trotta, Madrid.
  • Alonso Schökel, Luis (1987). Daniel, Baruc, Carta de Jeremías, Lamentaciones. Ediciones Cristiandad, Madrid.
  • Collins, John J. (1993). Daniel: A Commentary on the Book of Daniel. Fortress Press, Minneapolis.
  • Goldingay, John E. (1989). Daniel. Word Biblical Commentary 30. Word Books, Dallas.
  • Porteous, Norman W. (1965). Daniel: A Commentary. Westminster Press, Filadelfia.
  • Hartman, Louis F.; Di Lella, Alexander A. (1978). The Book of Daniel. Anchor Bible 23. Doubleday.
  • Charlesworth, James H. (ed.) (1983). The Old Testament Pseudepigrapha, 2 vols. Doubleday.

Preguntas frecuentes sobre el Libro de Daniel

¿Cuándo fue escrito el Libro de Daniel?

La posición histórico-crítica, aceptada por la práctica totalidad de los especialistas académicos, sitúa la composición del libro en su forma final durante el siglo II a.C., probablemente entre el 167 y el 164 a.C., durante la persecución de Antíoco IV Epífanes. Los argumentos son lingüísticos —el arameo usado corresponde al siglo II—, históricos —las profecías son precisas hasta Antíoco y vagas después— y canónicos —Daniel fue incluido en los Escritos, no en los Profetas. La posición tradicional, mantenida en muchas comunidades religiosas, sitúa la composición en el siglo VI a.C. durante el exilio babilónico.

¿Quién es el Hijo del Hombre en Daniel?

En su contexto original en Daniel 7, la figura del Hijo del Hombre es probablemente una figura angélica o una personificación del pueblo de Israel que recibe el dominio eterno después de la destrucción de los imperios paganos. En la literatura apocalíptica posterior, especialmente en el Libro de Enoc, el Hijo del Hombre se convierte en una figura mesiánica individual preexistente. En los evangelios, Jesús usa el título con frecuencia y sus contemporáneos lo habrían entendido en referencia al Hijo del Hombre de Daniel, aunque el debate sobre qué quería decir exactamente con ese título continúa entre los especialistas.

¿Qué es la abominación desoladora?

En su contexto histórico más inmediato, la abominación desoladora se refiere a la profanación del Templo de Jerusalén por Antíoco IV Epífanes en el 167 a.C., cuando instaló un altar a Zeus y ofreció cerdos en sacrificio sobre él. El término adquirió una vida posterior enorme: Jesús lo usa en los evangelios como señal escatológica, los intérpretes lo han identificado con la destrucción romana del Templo en el 70 d.C., y las corrientes dispensacionalistas lo identifican con un acto futuro del Anticristo en un Templo reconstruido.

¿Es Daniel una profecía genuina del futuro?

Depende del marco interpretativo. La posición histórico-crítica argumenta que las «profecías» de Daniel son en realidad retrospecciones históricas presentadas como predicciones, un recurso literario común en la literatura apocalíptica antigua llamado vaticinium ex eventu (profecía después del hecho). La posición tradicional evangélica las considera profecías genuinas del siglo VI a.C., algunas ya cumplidas y otras todavía por cumplirse. Red Historia presenta ambas posiciones como parte de la historia de interpretación del texto.

¿Qué relación tiene Daniel con el Apocalipsis de Juan?

El Apocalipsis de Juan está impregnado del vocabulario y las imágenes de Daniel. La bestia de siete cabezas del Apocalipsis hereda los rasgos de las cuatro bestias de Daniel 7. El Anciano de Días de Daniel aparece transformado en la figura de Cristo glorioso del Apocalipsis 1. La abominación desoladora de Daniel resuena en la bestia que profana el templo del Apocalipsis. El Hijo del Hombre que viene en las nubes del cielo de Daniel 7 es citado casi literalmente en el Apocalipsis 1:7. Sin Daniel, el Apocalipsis de Juan sería incomprensible.

Tags: apocalíptica judiaBibliaJudaísmo
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