Cuando Ciro el Grande conquistó Babilonia en el 539 a.C. y permitió a los judíos exiliados regresar a su tierra, no les devolvió simplemente la libertad física, les entregó también algo que no había sido pedido y cuyas consecuencias nadie podía prever: dos siglos de contacto intenso con la religión más sofisticada del mundo antiguo, el zoroastrismo, la fe oficial del Imperio persa que gobernó el Próximo Oriente desde el Mediterráneo hasta el Indo.
Ese contacto transformó el judaísmo de formas que los propios judíos tardaron generaciones en reconocer y que los historiadores modernos todavía debaten en sus detalles. Una de esas transformaciones, quizás la más duradera en sus consecuencias para la civilización occidental, fue la que afectó a la figura del adversario divino. El ha-satan hebreo, el fiscal celestial que actuaba con autorización de Dios en el tribunal divino, comenzó a absorber rasgos del Angra Mainyu zoroástrico, el espíritu destructivo coeterno con el principio del bien, y de esa absorción gradual nació, varios siglos después, el diablo cristiano.
Este artículo no pretende demostrar que el judaísmo simplemente copió el zoroastrismo, porque eso sería una simplificación que la evidencia no sostiene. Pretende algo más preciso: rastrear qué elementos específicos del dualismo zoroástrico encontraron terreno fértil en el pensamiento judío post-exílico, cómo se integraron en una tradición que los reinterpretó profundamente y qué transformaciones concretas produjeron en la figura del adversario que el judaísmo heredó al cristianismo y el cristianismo al mundo occidental.
El zoroastrismo en el momento del encuentro
Para entender la influencia hay que entender primero qué era el zoroastrismo en el momento en que los judíos entraron en contacto con él, hacia el siglo VI a.C. No era una religión joven ni improvisada: era una tradición con siglos de desarrollo teológico, con textos sagrados elaborados, con una cosmología sistemática y con una escatología —una doctrina sobre el fin de los tiempos— que no tenía equivalente en ninguna otra religión del mundo antiguo conocido.
Su fundador, el profeta Zaratustra, llamado Zoroastro en griego, había reformado la religión indoirania tradicional en una fecha que los especialistas siguen debatiendo, con propuestas que van desde el 1500 a.C. hasta el 600 a.C. Lo que reformó era un politeísmo indo-iranio compartido con la religión védica de la India, poblado de dioses llamados daeva y ahura. La reforma de Zaratustra invirtió esas categorías: los ahura eran seres de bien, encabezados por Ahura Mazda, «el señor sabio»; los daeva eran seres de mal, encabezados por Angra Mainyu, «el espíritu destructivo».


El texto más antiguo del zoroastrismo, los Gathas, son los himnos compuestos por el propio Zaratustra y conservados en el Avesta, el corpus de textos sagrados zoroástricos. Los Gathas presentan una visión teológica de una complejidad y una profundidad filosófica extraordinarias para su época. Su núcleo es la doctrina de los dos espíritus primordiales:
«En el principio, los dos espíritus que son gemelos se manifestaron en el sueño como el Bueno y el Malo, en pensamiento, palabra y acción. Entre estos dos, los sabios eligen correctamente, no los necios. Y cuando estos dos espíritus se encontraron, establecieron en el origen la vida y la no-vida». (Yasna 30.3-4)
Este pasaje es uno de los más debatidos de toda la literatura religiosa antigua. Los especialistas discrepan sobre si Zaratustra concebía a los dos espíritus como dos principios coeternos e iguales —dualismo radical— o como dos aspectos de una realidad mayor subordinados en última instancia a Ahura Mazda —dualismo moderado—. Lo que no admite duda es que la tensión entre dos principios opuestos, uno de bien y uno de mal, es el corazón de la teología zoroástrica desde sus textos más antiguos.
Angra Mainyu: el adversario cósmico zoroástrico
Angra Mainyu, en persa medio Ahriman, es la figura que más directamente influyó en la evolución del adversario hebreo. Entender su naturaleza con precisión es fundamental para entender qué aportó al diablo judeocristiano y qué no aportó.
En los textos zoroástricos más antiguos, los Gathas, Angra Mainyu es el «espíritu mentiroso» (druj), el que eligió el camino del mal en el origen del tiempo cuando los dos espíritus primordiales tomaron sus decisiones fundamentales. No es una divinidad independiente de la misma categoría que Ahura Mazda sino su contraparte negativa, el que dijo no donde Ahura Mazda dijo sí.
En los textos zoroástricos posteriores, especialmente en el Bundahishn y otros textos del período sasánida, la figura de Angra Mainyu se desarrolló con mucho más detalle. Sus características principales son:
- La malevolencia intrínseca: Angra Mainyu no es malo accidentalmente ni por obediencia a un poder superior. Es malo por naturaleza, por elección original, por constitución esencial. El mal no es una función que ejerce dentro del plan divino sino su ser más profundo.
- La independencia de acción: Angra Mainyu actúa por su propia iniciativa, sin autorización de Ahura Mazda y contra él. Invade el mundo bueno creado por Ahura Mazda, corrompe sus criaturas, introduce la enfermedad, la muerte y el pecado. No es un servidor del bien que lo prueba: es su enemigo.
- La jerarquía de sirvientes: Angra Mainyu preside un ejército de seres malignos, los daevas, que son las antiguas divinidades indo-iranias degradadas a demonios por la reforma de Zaratustra. Esta jerarquía demoníaca estructurada tiene su propio orden y su propia especialización.
- La derrota escatológica: aunque Angra Mainyu tiene poder real en el tiempo presente, su derrota al final de los tiempos está garantizada. En el Frashokereti, la renovación final del cosmos zoroástrico, Angra Mainyu será destruido definitivamente y el mundo será restaurado a su estado de perfección original.
Cada uno de estos rasgos encontraría eco en la evolución posterior del adversario judeocristiano, pero la transmisión no fue directa ni mecánica.
El mecanismo de la influencia: cómo viajaron las ideas
El problema metodológico central de este tema es demostrar que la influencia fue real y no meramente coincidente. Dos tradiciones pueden desarrollar ideas similares de forma independiente y la similitud no prueba la influencia. ¿Qué evidencia tenemos de que el dualismo zoroástrico influyó realmente en el judaísmo post-exílico?
La evidencia es de varios tipos y ninguno es concluyente por sí solo, pero el conjunto es persuasivo.
La evidencia histórica del contacto. Los judíos vivieron bajo dominio persa durante dos siglos, del 539 al 333 a.C. No era un contacto superficial: los judíos de la diáspora estaban integrados en la economía y la administración imperial. Las tablillas de Murashú, descubiertas en Nippur y datadas en el siglo V a.C., muestran a judíos con nombres hebreos participando activamente en la vida económica babilónica bajo administración persa. Los líderes religiosos judíos —sacerdotes, escribas, profetas— estaban en contacto con la cultura oficial del Imperio, que era zoroástrica.
La evidencia lingüística. Algunos términos que aparecen en el judaísmo post-exílico sin precedente claro en el judaísmo anterior tienen paralelos zoroástricos. El concepto de paraíso —en hebreo pardes, en persa pairidaeza, un jardín cerrado— es uno de los ejemplos más claros. La palabra entró en el hebreo desde el persa durante el período aqueménida.
La evidencia de la cronología. Las transformaciones más significativas en la figura del adversario hebreo ocurren precisamente durante y después del período persa, no antes. El satan del libro de Job, con su función fiscal subordinada, es anterior o contemporáneo al exilio. Las figuras de Mastema, Belial y Belcebú como príncipes del mal independientes aparecen en textos del período helenístico, después del contacto persa. La cronología es coherente con una influencia graduada.
La evidencia de los paralelos estructurales. La escatología judía post-exílica desarrolla elementos que no tienen precedente en el judaísmo anterior pero sí en el zoroastrismo: la resurrección de los muertos, el juicio final individual, el infierno como lugar de castigo, la renovación cósmica al final de los tiempos. El zoroastrismo tenía todos estos elementos desarrollados siglos antes de que aparecieran en el judaísmo.
Los cinco préstamos conceptuales específicos
Más allá de la influencia general, es posible identificar cinco préstamos conceptuales específicos del zoroastrismo que transformaron la figura del adversario hebreo.
1. La autonomía del mal
El ha-satan hebreo del libro de Job actúa con autorización explícita de Dios: «¿Te has fijado en mi siervo Job?» La iniciativa es de Dios, no del Adversario. El Adversario propone la prueba, pero es Dios quien la autoriza y quien fija sus límites. El Angra Mainyu zoroástrico actúa por iniciativa propia y contra la voluntad de Ahura Mazda. Invade el mundo bueno sin autorización, corrompe las criaturas de Ahura Mazda, introduce el mal donde había bien. Su acción no requiere autorización divina porque es constitutivamente opuesta a lo divino.
En la literatura apocalíptica judía del período post-persa, el adversario comienza a adquirir esa autonomía. En el Libro de los Jubileos, Mastema no espera autorización divina para tentar y destruir, actúa por su propia iniciativa maligna, aunque Dios mantiene un control último sobre él. En los textos de Qumrán, el Ángel de las Tinieblas actúa activamente contra el Ángel de la Luz en una guerra que no requiere autorización divina para cada acción. La autonomía del mal, que el zoroastrismo tenía desde sus orígenes, comenzó a permear la concepción judía del adversario.
2. La naturaleza intrínsecamente maligna
El ha-satan hebreo primitivo no es malo, es un funcionario que cumple una función necesaria dentro del plan divino. La maldad no reside en él sino en los humanos cuyas faltas señala. Es un instrumento de la justicia divina, no su enemigo. El Angra Mainyu zoroástrico es malo por naturaleza, por elección original irrevocable. Su maldad no es funcional sino constitutiva: es lo que es.
La transición del adversario hebreo desde la maldad funcional hacia la maldad intrínseca es uno de los procesos más claros del período post-exílico. En los textos de Qumrán, el Belial —»el inútil», «el sin valor»— es caracterizado como fundamentalmente maligno, no como un servidor de Dios con función incómoda. Esta transición no tiene una explicación interna satisfactoria dentro del judaísmo preexílico y sí tiene un paralelo directo en el zoroastrismo.
3. La jerarquía demoníaca estructurada
El judaísmo preexílico tiene seres malignos —la lilitu, los shedim, los se’irim— pero no tiene una jerarquía demoníaca organizada con un jefe supremo y una estructura de rangos.
El zoroastrismo tenía desde sus orígenes una jerarquía demoníaca encabezada por Angra Mainyu con los daevas como subordinados especializados: Aeshma era el demonio de la furia, Nasu era el demonio de la corrupción de los cadáveres, Jahi era la demonia de la lujuria, y así sucesivamente.
La literatura apocalíptica judía del período post-persa desarrolló exactamente ese tipo de jerarquía: un príncipe del mal (Mastema, Belial, Satanás según el texto), con subordinados especializados. El Libro de Enoc organiza a los ángeles caídos en una estructura jerárquica con jefes y rangos. Los textos de Qumrán hablan de «el ángel de las tinieblas» que comanda un ejército de espíritus malignos. Esta organización jerárquica del mundo demoníaco es un elemento zoroástrico que el judaísmo apocalíptico adoptó y adaptó.
4. El dualismo escatológico
El zoroastrismo enseñaba que la historia cósmica era una guerra entre Ahura Mazda y Angra Mainyu que terminaría con la victoria definitiva del bien, la derrota y destrucción de Angra Mainyu, la resurrección de los muertos y la renovación del cosmos. El judaísmo preexílico no tenía una escatología de este tipo. La historia era la historia de Israel con su Dios, con sus ciclos de fidelidad e infidelidad, de bendición y castigo, pero no había un final cósmico en el que el mal fuera definitivamente derrotado como principio.
La escatología dualista —historia como guerra entre el bien y el mal que termina con la victoria definitiva del bien— es uno de los elementos más claramente zoroástricos que aparecen en el judaísmo post-exílico. El Libro de Daniel, la Guerra de los Hijos de la Luz contra los Hijos de las Tinieblas de Qumrán y finalmente el Apocalipsis de Juan comparten esta estructura narrativa que tiene su formulación más antigua en el zoroastrismo.
5. La resurrección de los muertos
El zoroastrismo enseñaba la resurrección corporal de los muertos al final de los tiempos, el frashokereti, cuando los cuerpos de los muertos serían reunidos con sus almas para el juicio final.
La resurrección de los muertos es prácticamente ausente en el judaísmo preexílico. El sheol hebreo era un lugar de sombras donde todos los muertos iban por igual, buenos y malos, sin distinción. La idea de que los muertos resucitarían para un juicio que distinguiría entre ellos es una innovación post-exílica que aparece tardíamente en el Antiguo Testamento —en Daniel 12:2, uno de los textos más tardíos del canon hebreo— y se desarrolla plenamente en la literatura apocalíptica del período helenístico.
Este elemento no modifica directamente la figura del adversario, pero es fundamental para el sistema en el que el adversario opera: sin resurrección y juicio final, sin derrota escatológica del mal, la figura del príncipe del mal carece de su arco narrativo completo.
Los límites de la influencia: lo que el judaísmo no adoptó
La influencia zoroástrica fue real y significativa, pero el judaísmo no adoptó el zoroastrismo. Hay límites claros que son tan importantes como los préstamos para entender el proceso.
El monoteísmo no fue comprometido. El dualismo zoroástrico, en su versión más radical, implicaba dos principios igualmente poderosos y coeternos. El judaísmo post-exílico nunca aceptó esa igualdad. El adversario, por mucho poder independiente que adquiriera, seguía siendo una criatura de Dios, una criatura caída o rebelde, pero criatura. Ahura Mazda y Angra Mainyu son coiguales en el zoroastrismo; Dios y Satanás no lo son en el judaísmo ni en el cristianismo.
La naturaleza del mal siguió siendo diferente. En el zoroastrismo, el mal es un principio cosmológico original, no una consecuencia de una elección libre dentro del orden bueno de Dios. En el judaísmo, el mal entró en el mundo a través de la caída —de los ángeles, de los humanos— pero el orden original de la creación era bueno. Esta diferencia teológica fundamental se mantuvo a pesar de la influencia zoroástrica.
La salvación siguió siendo colectiva antes que individual. La soteriología zoroástrica y la escatología individual —el juicio del alma individual después de la muerte— influyeron en el judaísmo, pero el judaísmo mantuvo su énfasis en la relación de Dios con Israel como pueblo, no solo como suma de individuos.
El legado: del dualismo persa al diablo cristiano
La influencia zoroástrica sobre el judaísmo no produjo el diablo cristiano directamente, produjo una figura intermedia, el adversario apocalíptico judío del período helenístico, que el cristianismo heredó y desarrolló ulteriormente.
Cuando Jesús es tentado por Satanás en el desierto según los evangelios sinópticos, el Satanás que aparece tiene rasgos que proceden de tres tradiciones distintas en estratos cronológicos diferentes: el ha-satan hebreo como acusador y probador, el adversario apocalíptico judío como príncipe del mal con poder real en el mundo y el Angra Mainyu zoroástrico como contraparte del principio divino en la historia cósmica. El diablo cristiano es, en este sentido, una figura de síntesis que acumula capas de distintas tradiciones religiosas.
La ironía histórica es notable: Ciro el Grande, rey persa y zoroástrico, es el único monarca extranjero al que la Biblia hebrea llama «el ungido de Dios» (Isaías 45:1). El rey cuya religión aportaría algunos de los elementos conceptuales más duraderos al adversario del Dios de Israel fue también el liberador de Israel de la cautividad babilónica. La historia de las ideas religiosas raramente es lineal.
Comparación entre el ha-satan hebreo vs Angra Mainyu zoroástrico
| Aspecto | Ha-satan hebreo (pre-exílico) | Angra Mainyu zoroástrico | Adversario judío post-exílico |
|---|---|---|---|
| Naturaleza | Funcionario celestial, servidor de Dios | Principio del mal, coeterno con el bien | Ángel caído, criatura rebelde |
| Relación con Dios | Subordinado, actúa con autorización | Adversario independiente y coigual | Adversario subordinado pero autónomo |
| Origen del mal | No relevante (función, no esencia) | Elección original en el comienzo del tiempo | Caída por soberbia o lujuria |
| Autonomía de acción | Ninguna sin autorización divina | Total, actúa contra Dios | Parcial, limitada por providencia divina |
| Jerarquía demoníaca | No existe | Daevas estructurados y especializados | Ángeles caídos con rangos y funciones |
| Destino final | No especificado | Destrucción en el Frashokereti | Encadenamiento y lago de fuego |
| Fuente principal | Job, Zacarías, Números | Gathas, Avesta, Bundahishn | Enoc, Jubileos, Qumrán, NT |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes primarias
- Gathas (himnos de Zaratustra), en Insler, S. (1975). The Gathas of Zarathustra. Brill, Leiden.
- Bundahishn, en Anklesaria, B.T. (1956). Zand-Akasih: Iranian or Greater Bundahishn. Bombay.
- Biblia de Jerusalén: Isaías 40-55; Job 1-2; Daniel 10-12.
- Libro de los Jubileos, en Charlesworth, J.H. (ed.) (1983). The Old Testament Pseudepigrapha. Doubleday.
Bibliografía:
- Duchesne-Guillemin, Jacques (1991). The religion of ancient Iran. Fondo de Cultura Económica, México.
- Boyce, Mary (2003). Zoroastrians : their religious beliefs and practices. Routledge, London.
- Pagels, Elaine (1995). The Origin of Satan. Random House, Nueva York
- Boyce, Mary (1975). A History of Zoroastrianism, vol. I. Brill, Leiden.
- Shaked, Shaul (1984). «Iranian Influence on Judaism: First Century BCE to Second Century CE«. En The Cambridge History of Judaism, vol. I. Cambridge University Press.
- Winston, David (1966). «The Iranian Component in the Bible, Apocrypha, and Qumran«. History of Religions 5(2): 183-216.
- Hinnells, John R. (1973). «Zoroastrian Influence on the Judaeo-Christian Tradition». Journal of the K.R. Cama Oriental Institute 45: 1-23.
- Russell, Jeffrey Burton (1981). Satan: The Early Christian Tradition. Cornell University Press.
- Colpe, Carsten (1974). «The Phenomenon of Iranian Dualism». En Mithraic Studies. Manchester University Press.
Preguntas frecuentes sobre el zoroastrismo y el origen del diablo
¿Adoptó el judaísmo el dualismo zoroástrico?
No en su forma radical. El zoroastrismo en su versión más extrema postulaba dos principios igualmente poderosos y coeternos, Ahura Mazda y Angra Mainyu. El judaísmo nunca aceptó esa igualdad: el adversario, por mucho poder que adquiriera en la literatura apocalíptica, seguía siendo una criatura de Dios, no un principio coeterno. Lo que el judaísmo adoptó fue una forma moderada del dualismo zoroástrico: la idea de que el mal tiene un agente real e independiente que actúa en el mundo, dentro de los límites que Dios permite.
¿Cuándo exactamente ocurrió la influencia zoroástrica?
El proceso fue gradual durante el período persa, entre el 539 y el 333 a.C., cuando los judíos vivieron bajo dominio aqueménida. Las transformaciones más visibles no aparecen en los textos del período persa inmediato sino en la literatura apocalíptica del período helenístico, siglos III-I a.C. Esto sugiere que la influencia fue absorbida lentamente y sus consecuencias teológicas emergieron con retraso, lo que es consistente con cómo funcionan normalmente los procesos de influencia cultural entre tradiciones religiosas.
¿Qué evidencia tenemos de la influencia zoroástrica sobre el judaísmo?
La evidencia es de varios tipos: histórica (dos siglos de contacto directo bajo dominio persa), lingüística (términos persas adoptados en el hebreo como pardes, paraíso), cronológica (las transformaciones del adversario hebreo ocurren precisamente después del contacto persa) y estructural (paralelos conceptuales específicos que no tienen precedente en el judaísmo anterior pero sí en el zoroastrismo). Ningún tipo de evidencia es concluyente por sí solo, pero el conjunto es persuasivo para la mayoría de los especialistas.
¿Qué es el Angra Mainyu y en qué se diferencia del diablo cristiano?
Angra Mainyu es el principio del mal en el zoroastrismo, el «espíritu destructivo» que se opone a Ahura Mazda desde el origen del tiempo. Se diferencia del diablo cristiano en dos aspectos fundamentales: primero, Angra Mainyu es coeterno con el principio divino del bien, mientras que el diablo cristiano es una criatura caída de Dios; segundo, Angra Mainyu es un principio cosmológico original, mientras que el diablo cristiano es el resultado de una elección libre que introdujo el mal en un mundo originalmente bueno.
¿Por qué Ciro el Grande es llamado «ungido de Dios» en la Biblia?
En Isaías 45:1, el profeta del exilio llama a Ciro «su ungido», el mismo término hebreo —mashiach— que designa al rey davídico y que más tarde se aplicó al Mesías esperado. La razón es histórica y teológica: Ciro fue el instrumento que Dios usó para liberar a Israel de la cautividad babilónica, cumpliendo las profecías de restauración. Para los autores del Deuteroisaías, Ciro era un instrumento divino independientemente de su propia fe zoroástrica. Esta designación es única en toda la Biblia hebrea: ningún otro monarca extranjero recibe ese título.
¿Influyó el zoroastrismo en el islam además de en el judaísmo y el cristianismo?
Sí, aunque de forma más indirecta. El islam surgió en Arabia en el siglo VII d.C., en un contexto en el que el zoroastrismo era la religión oficial del Imperio sasánida, el gran rival de Bizancio. Elementos como Iblis, el ángel que se negó a postrarse ante Adán y fue expulsado del paraíso, comparten rasgos con el Angra Mainyu zoroástrico en su constitución como adversario de Dios. La escatología islámica —el juicio final, el infierno, el paraíso— también tiene paralelos con la escatología zoroástrica, aunque mediados por la tradición judeocristiana que el islam conoció directamente.












