Los pretores eran magistrados romanos responsables principalmente de la administración de justicia, aunque también tenían funciones militares y administrativas significativas. Originalmente, existía un solo pretor creado alrededor del 367 a.C. para aliviar la carga judicial de los cónsules, pero con el tiempo el número de pretores creció gradualmente hasta alcanzar múltiples magistrados durante la República tardía e Imperio.
El pretor más importante era el pretor urbano, quien juzgaba casos entre ciudadanos romanos en la ciudad de Roma, mientras que el pretor peregrino juzgaba casos que involucraban extranjeros o conflictos entre ciudadanos y no ciudadanos. Otros pretores manejaban jurisdicciones específicas como apelaciones o asuntos provinciales.
Lo que hacía a los pretores particularmente importantes era su poder para crear derecho a través del edicto, una proclamación que cada pretor emitía al asumir su cargo estableciendo los procedimientos, reglas y principios que gobernarían su corte durante ese año. Estos edictos no eran simplemente procedimientos legales, sino interpretaciones legales que establecían nuevos principios, permitiendo que el derecho evolucionara sin necesidad de legislación formal. Con el tiempo, los edictos pretorianos se convirtieron en la fuente principal de derecho romano.
Aunque los pretores tenían menos poder que los cónsules, no podían declarar guerra ni convocar al Senado, poseían imperium en asuntos de justicia y servían por un año como todos los magistrados, frecuentemente gobernando provincias después de dejar su cargo.
Origen de los pretores: división del poder judicial
Por qué se necesitaban pretores
En los primeros 100 años de la República, específicamente entre 509 y 409 a.C., no había pretores, sino que los cónsules manejaban prácticamente todo: poder ejecutivo, autoridad militar y responsabilidades judiciales. Este sistema funcionó mientras Roma fue una ciudad-estado relativamente pequeña, pero conforme la República se expandía territorialmente y su población crecía, el sistema comenzó a colapsar bajo su propio peso.
Los conflictos legales aumentaban constantemente, más ciudadanos romanos buscaban justicia de los magistrados, los mercaderes demandaban a deudores, los propietarios disputaban límites de tierras y las familias se enzarzaban en conflictos sobre herencias y testamentos. Simultáneamente, los cónsules estaban ocupados con responsabilidades ejecutivas que no podían delegar: conducción de guerras, negociación de tratados, convocatoria al Senado y supervisión de la burocracia estatal. Los cónsules, enfrentados a esta dicotomía, simplemente no tenían tiempo suficiente para presidir todos los juicios que los ciudadanos requerían.
Alrededor del 367 a.C., los romanos implementaron una solución estructural: crearon el pretor como magistrado dedicado específicamente a la administración de justicia. Un pretor era un magistrado que poseía imperium, poder para administrar justicia capital, aunque era subordinado al cónsul en otros aspectos del gobierno. El primer pretor fue probablemente un plebeyo, lo que indica que la creación del cargo fue parte de la lucha plebeya por acceso a magistraturas y participación en poder político.
El significado del nombre «pretor»
La palabra «pretor» probablemente provenía del latín praetore, que significaba literalmente «el que sale primero» o «el que va adelante«, posiblemente refiriéndose al hecho de que el pretor presidía tribunales públicamente, colocado «adelante» de todos los ciudadanos que litigaban. Alternativamente, el nombre puede derivar de praeire, que significaba «liderar» o «dirigir«, indicando específicamente que el pretor dirigía la administración de justicia y los procedimientos legales.
Tipos de pretores
El pretor urbano: Juez de los ciudadanos
El pretor urbano era sin duda el pretor más importante dentro de la estructura judicial romana. Juzgaba casos entre ciudadanos romanos en la ciudad de Roma, siendo la autoridad judicial suprema para asuntos civiles que no involucraban al Senado directamente.
Su jurisdicción era amplia y comprendía disputas civiles entre ciudadanos que involucraban propiedad, contratos y herencias, asuntos familiares complejos como divorcio y patria potestad (poder paternal), delitos menores que no requerían intervención consular y apelaciones de decisiones emitidas por magistrados menores que ciudadanos cuestionaban.
Como pretor urbano, un magistrado presidía tribunales que se reunían regularmente en la ciudad. Podía escuchar casos presentados ante él, emitir sentencias basadas en derecho y evidencia, ejecutar sus propias sentencias incluyendo sentencias capitales aunque los ciudadanos romanos tenían derecho de apelación y autorizar acciones legales permitiendo o denegando demandas que los ciudadanos buscaba llevar ante la corte.
Lo revolucionario del pretor urbano era su poder de crear derecho mediante el edicto. Cada año, cuando un nuevo pretor urbano asumía su cargo, emitía un edicto, una proclamación pública de los procedimientos y reglas que seguiría su corte durante ese año de magistratura. Este edicto era extraordinariamente importante porque permitía al pretor no simplemente aplicar derecho existente, sino crear nuevo derecho interpretando principios antiguos de nuevas formas.
El pretor peregrino: Juez de extranjeros
Con la expansión romana durante los siglos III y II a.C., Roma conquistó territorios vasto en el Mediterráneo y tuvo contacto creciente con pueblos extranjeros. Esta expansión generó una pregunta práctica fundamental: ¿cómo debería administrarse justicia en casos que involucraban extranjeros, personas que no eran ciudadanos romanos y por lo tanto no estaban protegidos por las leyes romanas tradicionales?
Alrededor del 242 a.C., respondiendo a esta necesidad, se creó el pretor peregrino como magistrado especializado en cases de extranjeros. Su jurisdicción incluía casos entre un ciudadano romano y un extranjero donde ambas partes tenían intereses legales conflictivos, casos entre extranjeros en territorio romano donde ambas partes buscaban arbitraje romano y asuntos comerciales que involucraban comercio internacional donde mercaderes de diferentes pueblos disputaban contratos y transacciones.
El pretor peregrino fue responsable de desarrollar el ius gentium, literalmente «derecho de gentes» o derecho internacional, un sistema de principios legales que transcendía fronteras nacionales y era aplicable universalmente entre pueblos diferentes. Este fue un desarrollo jurídico extraordinariamente importante que permitió a Roma administrar justicia equitativa en un imperio multiétnico donde ciudadanos romanos vivían junto a pueblos conquistados, esclavos, mercaderes extranjeros y diplomáticos de estados aliados.
Otros pretores especializados
Conforme la República tardía avanzaba y la administración de justicia se volvía cada vez más compleja, los romanos crearon pretores adicionales para manejar jurisdicciones específicas. Se estableció un pretor de apelaciones que manejaba apelaciones de decisiones de otros jueces, permitiendo revisión de sentencias que una de las partes cuestionaba. Se creó un pretor electoral que supervisaba asuntos electorales, asegurando que elecciones se realizaran de acuerdo con procedimientos legales. Se designaron pretores provinciales que gobernaban provincias después de completar su año como pretor urbano, llevando autoridad judicial romana a territorios conquistados.
La proliferación de pretores indicaba que la administración de justicia se estaba volviendo cada vez más sofisticada y que Roma requería una jerarquía especializada de magistrados para manejar la complejidad legal de un imperio en expansión.
El edicto pretorio: creación del Derecho
Qué era el edicto y su contenido
Cuando un pretor asumía su cargo al comenzar el año, se esperaba que emitiera públicamente un edicto, una proclamación formal de los procedimientos que seguiría su corte durante ese año de magistratura. Este edicto no era un documento breve, sino una proclamación comprehensiva que establecía el marco legal bajo el cual la corte operaría.
El edicto incluía instrucciones detalladas sobre procedimientos: cómo una persona podía presentar una demanda ante la corte, qué pasos específicos tenía que seguir, qué plazos de tiempo había para respuestas del demandado, dónde se reúniría la corte y cuándo. El edicto también especificaba qué tipos de acciones legales el pretor permitiría en su corte. Esto era extraordinariamente importante porque un pretor podía crear nuevas categorías de demandas que el pretor anterior no había permitido, efectivamente expandiendo el alcance del derecho.
El edicto describía también las soluciones legales disponibles: qué podía hacer un pretor si encontraba que un demandante tenía derecho, si podía otorgar dinero en daños como compensación, si podía ordenar que alguien devolviera propiedad que había sido tomada injustamente, o si podía prohibir una acción futura que causaría daño. El edicto contenía además las interpretaciones legales del pretor, nuevas formas en que podía interpretar leyes existentes estableciendo nuevos principios que gobernarían casos futuros.
La revolución legal: creación de derecho sin legislación formal
Lo extraordinariamente revolucionario del edicto pretorio era que permitía el cambio legal fundamental sin necesidad de legislación formal votada por las asambleas populares.
En teoría, la ley romana era establecida exclusivamente por las asambleas populares y solo esas asambleas tenían poder legal para «hacer» leyes formales. Un magistrado como pretor era teóricamente simplemente un ejecutor de ley existente, un funcionario que aplicaba principios que ya existían, no un creador de derecho nuevo.
Pero en la práctica, a través del edicto pretorio, los pretores estaban efectivamente creando derecho. Si un pretor decidía que cierto tipo de contrato debería ser ejecutable en su corte aunque las asambleas nunca formalmente lo permitieron, entonces era ejecutable mientras ese pretor estuviera en cargo. Si un pretor emitía un edicto permitiendo una nueva forma de demanda sobre herencias, esa demanda nueva era posible bajo su edicto.
El pretor siguiente podía mantener los mismos principios que su predecesor había establecido, lo que frecuentemente sucedía porque la continuidad legal era valorada, o podía cambiar los principios introduciendo nuevas interpretaciones. Con el tiempo, a través de sucesivos edictos emitidos por diferentes pretores durante décadas y siglos, el derecho romano evolucionaba constantemente, adaptándose a nuevas circunstancias sin necesidad de enmiendas legislativas formales.
El edicto perpetuo: sistematización de derecho
Durante la República tardía, los edictos pretorianos variaban considerablemente de año en año, dependiendo de quién era pretor ese año y cuáles eran sus prioridades legales. Este sistema permitía flexibilidad, pero creaba problemas significativos de inestabilidad legal. Un contrato que era válido bajo el edicto del pretor de este año podría ser inválido o problemático bajo el edicto del pretor del próximo año, creando incertidumbre legal que mercaderes y ciudadanos encontraba profundamente perturbadora.
Esta falta de consistencia fue reconocida como un problema grave. Los ciudadanos requería saber qué derecho gobernaría sus contratos y disputas y el cambio radical cada año era inviable para una economía funcionando.
En el siglo II d.C., durante el Imperio bajo el emperador Adriano, se implementó una solución importante. El emperador ordenó que se sistematizara completamente el edicto pretorio disperso y heterogéneo. Un jurista notable llamado Salvius Julianus fue comisionado para compilar todos los edictos pretorianos emitidos en años anteriores en un único edicto comprehensivo llamado el edicto perpetuo. Este edicto compilado se convirtió en una fuente permanente y fija de derecho que no cambiaría año a año.
El edicto perpetuo no era técnicamente una ley formal votada por asambleas, así que no rompía la ficción legal de que solo asambleas hacían derecho. Era simplemente la compilación de las prácticas pretorianas consagradas por siglos de precedente, pero tenía una autoridad de facto tan poderosa que funcionaba como derecho establecido y los jueces posteriores lo siguieron consistentemente.
Funciones de los pretores más allá de la justicia
Poder militar y orden público
Aunque los pretores eran principalmente jueces, también poseían responsabilidades militares que complementaban su autoridad judicial. Un pretor podía comandar un ejército en una provincia cuando se requería respuesta militar, podía conducir campañas militares menores contra poblaciones rebeldes o que amenazaban orden público y podía mantener orden público dentro de la ciudad cuando situaciones de disturbio civil amenazaban seguridad.
Sin embargo, su poder militar era generalmente inferior al de los cónsules, que tenían autoridad militar suprema. En una guerra importante o campaña militar de escala grande, el cónsul era típicamente el comandante en jefe designado, no el pretor. El pretor servía en rol militar subordinado, aunque en guerras menores podía tener autoridad significativa.
Administración provincial y enriquecimiento
Un pretor, después de completar su año como magistrado en Roma, frecuentemente era designado gobernador de una provincia romana. Como gobernador provincial, un ex pretor era llamado propraetor y poseía imperium proconsular, poder similar al de un cónsul en su provincia aunque de autoridad ligeramente menor.
Un gobernador provincial ex pretor podía administrar justicia en la provincia, recaudar impuestos de la población provincial que se enviaban a Roma, mantener orden militar mediante control de guarniciones legionarias y hacer tratados con pueblos vecinos aunque requería aprobación senatorial formal para tratados importantes.
Las provincias eran oportunidades extraordinarias de enriquecimiento personal, lo cual era razón principal por la cual hombres ambiciosos buscaba la pretura. Un pretor invertía significativa riqueza personal en su campaña electoral y en los gastos de su magistratura en Roma, esperando recuperar esa inversión y obtener ganancia sustancial como gobernador provincial. Un gobernador provincial ambicioso podía, a través de extracción de impuestos, sobornos, saqueo de templos y simplemente apropiación de dinero público, acumular riqueza extraordinaria durante solo tres a cinco años de gobierno provincial.
Funciones religiosas y administrativas menores
Como magistrado, un pretor tenía responsabilidades religiosas que completaban sus funciones judiciales y militares. Podía conducir sacrificios públicos en ocasiones importantes cuando era apropiado hacerlo, podía interpretar presagios religiosos en algunos casos cuando era requerido consultar voluntad de los dioses y podía supervisar templos públicos en algunos casos aunque esta era función menor.
Estas responsabilidades religiosas eran menores comparadas con sus funciones judiciales y militares, pero indicaban que los magistrados romanos eran funcionarios multifacéticos con responsabilidades que tocaban prácticamente todos los aspectos de la vida pública romana: justicia, guerra, administración y religión.
El cursus honorum y el pretorado
El pretor como paso necesario hacia el consulado
El pretorado era considerado un paso necesario en el cursus honorum, literalmente «carrera de los honores», que era la secuencia de cargos políticos que un romano ambicioso debía ocupar progresivamente para avanzar hacia poder máximo. Un hombre que aspiraba al consulado, la magistratura suprema, típicamente seguía una trayectoria establecida.
Primero servía en el ejército durante aproximadamente 10 años como oficial joven, ganando experiencia militar y construyendo reputación de valentía. Alrededor de los 30 años, ocupaba la cuestura, cargo que implicaba manejo de finanzas, ganando experiencia en administración fiscal. Alrededor de los 36 años, opcionalmente ocupaba la edilidad, cargo donde organizaba juegos públicos y mantenía infraestructura urbana, ofreciendo oportunidad de ganarse favor popular mediante espectáculos. Alrededor de los 39 años, ocupaba la pretura, magistratura que daba experiencia crucial en administración de justicia. Finalmente, alrededor de los 42 años o después, ocupaba el consulado.
Cada cargo preparaba progresivamente a un hombre para la siguiente etapa en su carrera política. La pretura era especialmente importante porque daba experiencia práctica en administración de justicia, que era una de las funciones principales que un cónsul tendría que desempeñar. Un hombre que no había sido pretor antes de ser cónsul era raro y anómalo. Se esperaba que un futuro cónsul tuviera experiencia judicial sustancial ganada durante su año como pretor.
Requisitos formales para la pretura
Para ser elegido pretor, un candidato debía cumplir varios requisitos formales establecidos por ley y costumbre. Debía ser ciudadano romano de pleno derecho sin restricciones legales. Debía haber alcanzado una edad mínima de aproximadamente 39 años, asegurando madurez y experiencia. Debía haber ocupado la pretura dentro de los últimos dos años, lo que significa que debía estar dentro de la ventana de tiempo permitida para candidatura. Debía poseer suficiente riqueza no solo para financiar su propia campaña electoral sino también para pagar los gastos esperados de su magistratura, incluyendo eventos públicos. Debía poseer conexiones políticas significativas para ser elegido, ya que la elección requería apoyo de votantes influyentes. No debía haber sido condenado criminalmente ni estar bajo cargos criminales serios.
Los requisitos para la pretura eran similares a los del consulado, aunque el pretorado era considerado menos prestigioso que el consulado y atraía candidatos con menos riqueza y conexiones políticas que los que buscaban el consulado.
Pretores famosos y su legado
Cicerón: orador y pretor
Aunque Marco Tulio Cicerón fue más famoso como cónsul y como orador extraordinario cuya retórica es estudiada aún hoy, también ocupó la pretura como paso en su cursus honorum. Su rol como pretor fue menos prominente históricamente que su consulado, pero servía como paso necesario en su carrera política.
Escipión el Africano: general y pretor
Publio Cornelio Escipión, conocido como «el Africano» por sus victorias en Africa, fue el general que derrotó a Aníbal en la Segunda Guerra Púnica, la guerra que determinó supremacía romana en el Mediterráneo. Escipión fue pretor y posteriormente gobernador de provincias, donde su poder militar como ex pretor fue considerable y reconocido. Su carrera ilustró cómo la pretura era frecuentemente paso para generales militares que buscaban poder político además de militar.
Pretores anónimos: constructores del derecho romano
La mayoría de los pretores de la historia romana son completamente anónimos en la historiografía moderna. Sus nombres se conocen principalmente de registros legales dispersos y referencias fragmentarias. Pero juntos, durante siglos, sus edictos emitidos año tras año construyeron el derecho romano que aún influye fundamentalmente en sistemas legales modernos en todo el mundo occidental.
Cambios del pretorado bajo el imperio
Pretores bajo Augusto: poder formalizado pero controlado
Cuando Augusto estableció el Imperio Romano tras su victoria en las guerras civiles que destruyeron la República, la institución de los pretores continuaba siendo elegida formalmente. Los ciudadanos continuaba votando para elegir nuevos pretores cada año. El aparato republicano persistía en forma externa.
Pero fundamentalmente, el poder político cambió. El emperador controlaba la selección de pretores, ya sea influyendo en la elección o simplemente nombrando hombres leales. Los pretores hacían lo que el emperador deseaba, no lo que los ciudadanos o el Senado preferían. Su poder de crear derecho a través del edicto fue limitado y supervisado. El emperador podía anular edictos que no le agradaban, asegurando que el verdadero poder judicial permanecía en manos imperiales.
Declive gradual durante el Imperio
Con el tiempo, durante los siguientes siglos del Imperio, el poder de los pretores fue decayendo progresivamente. El emperador absorbía cada vez más poder judicial. Los edictos pretorianos fueron menos importantes en la creación de derecho nuevo porque el emperador podía legislar directamente sin necesidad de consultar a pretores. Los pretores se convirtieron en ejecutores de derecho imperial en lugar de creadores de derecho propio.
Hacia el Imperio tardío, hacia el siglo IV y V d.C., la institución de los pretores fue cada vez más ceremonial. Los pretores continuaban existiendo en papel, continuaban siendo elegidos o nombrados y continuaban presidiendo cortes, pero su poder verdadero en crear derecho había desaparecido casi completamente. El verdadero poder judicial estaba completamente en manos del emperador y de su burocracia imperial.
Legado de los pretores
Influencia en derecho moderno y sistemas legales
El concepto de un magistrado que administra justicia y crea derecho a través de decisiones judiciales es herencia directa del pretorado romano. Los sistemas modernos de «derecho común», particularmente en países de tradición anglosajona, donde los jueces crean derecho mediante sus decisiones y se sigue el principio de stare decisis (seguir precedentes judiciales establecidos), tienen raíces intelectuales profundas en el sistema pretoriano romano.
Los abogados y jueces modernos que citan precedentes y crean jurisprudencia están continuando la tradición que comenzaron los pretores romanos hace casi 2.000 años cuando descubrieron que la interpretación judicial podía ser fuente de derecho tan importante como legislación formal.
El edicto perpetuo y la codificación legal
La idea de compilar leyes dispersas y heterogéneas en un código único coherente fue popularizada cuando el edicto perpetuo fue compilado en el siglo II d.C. bajo el emperador Adriano. Este precedente de sistematización legal influyó posteriormente en esfuerzos de codificación durante la Edad Media y después.
El Código de Justiniano, compilado en el siglo VI d.C., que recolectó toda la ley romana dispersa en un código único comprehensivo, fue directamente influenciado por el modelo del edicto perpetuo y su sistemática organización. Los codificadores medievales y modernos, cuando buscaban organizar derecho nacional en códigos coherentes, seguían el ejemplo establecido por Salvius Julianus cuando sistematizó el edicto pretorio.
Explora más sobre las instituciones romanas
- Magistrados romanos: el sistema completo donde los pretores eran parte fundamental.
- Cónsules romanos: los magistrados superiores con poder mayor que los pretores.
- Derecho romano: el sistema legal comprehensivo que los pretores administraban y desarrollaban.
- El edicto pretorio: la creación más importante de los pretores en evolución legal.
- Justicia en Roma: cómo funcionaban los tribunales y el sistema judicial.
- Código de Justiniano: la compilación legal posterior que se basó en principios pretorianos.
- Instituciones políticas romanas: el sistema completo de magistraturas donde los pretores operaban.
- República romana: el período histórico donde los pretores tenían mayor poder independiente.
- Imperio romano: el período donde el poder pretoriano fue limitado por el emperador.
- Gayo y la jurisprudencia romana: juristas antiguos que escribieron sobre derecho pretoriano.
- Derecho común: sistemas legales modernos con raíces en tradiciones pretorianas romanas.
Fuentes y bibliografía
Fuentes primarias:
- Gayo. Institutas.
- Cicerón. Discursos judiciales.
- Justiniano. Digesto.
Bibliografía en español:
- Bravo, Gonzalo. Historia de la Roma Antigua. Alianza Editorial, 1998.
- Roldán Hervás, José Manuel. Instituciones Políticas de la República Romana. Akal, 1990.
- Kunkel, Wolfgang. Historia del Derecho Romano. Ariel, 1973.
- Iglesias, Juan. Derecho Romano: Instituciones de Derecho Privado. Ariel, 1972.
Bibliografía en inglés:
- Lintott, Andrew. The Constitution of the Roman Republic. Oxford University Press, 1999.
- Nicolet, Claude. The World of the Citizen in Republican Rome. University of California Press, 1980.
- Abbott, Frank Frost. A History and Description of Roman Political Institutions. Elibron Classics, 1981.
- Grant, Michael. The History of Rome. Faber & Faber, 1993.
- Mommsen, Theodor. Derecho Público Romano.
Análisis historiográfico
- Talamanca, Mario. Istituzioni di diritto romano. Giuffrè Editore, 1990.
- Honoré, Tony. Ulpian: Pioneer of Human Rights. Oxford University Press, 2002.
Preguntas frecuentes sobre los pretores
¿Cuál era la diferencia principal entre un pretor y un cónsul?
Un pretor era principalmente magistrado judicial, un cónsul principalmente magistrado ejecutivo y militar. Un cónsul tenía poder supremo en prácticamente todo: podía conducir guerras, convocar al Senado, ejecutar políticas. Un pretor tenía poder principalmente en su área de jurisdicción judicial. Había dos cónsules, pero múltiples pretores para manejar carga de trabajo judicial creciente.
¿Podía un pretor declarar guerra?
No. Solo los cónsules podían declarar guerra formalmente, aunque técnicamente la asamblea votaba pero el cónsul proponía la guerra. Un pretor podía conducir campañas militares menores contra poblaciones rebeldes, pero no podía iniciar guerras mayores ni hacer tratados de paz sin aprobación senatorial.
¿Cómo podía un pretor crear derecho si el derecho se hacía en asambleas?
Técnicamente, el pretor no estaba «creando» derecho nuevo en sentido legal formal, sino «interpretando» derecho existente. Pero en práctica, a través de nuevas interpretaciones de principios antiguos y nuevos procedimientos, estaba efectivamente creando derecho nuevo que era tan vinculante como si lo hubiera legislado la asamblea. Las asambleas no cuestionaban esto porque la flexibilidad legal permitida por edictos era valorada.
¿Cuánto poder judicial absoluto tenía un pretor dentro de su jurisdicción?
Un pretor tenía poder casi absoluto en su área de jurisdicción. Podía escuchar cualquier caso dentro de su jurisdicción, emitir cualquier sentencia que considerara apropiada, ejecutar sus propias sentencias, y crear nuevos procedimientos legales en su edicto. Su poder era limitado solo por el Senado que podía investigarlo después de dejar su cargo, tribunos que podían vetear en algunos casos, y apelaciones populares que los ciudadanos podían ejercer contra sentencias que consideraba injustas.
¿Qué sucedía si dos pretores diferentes emitían edictos conflictivos?
Los ciudadanos que litigaban podrían ir al pretor cuyo edicto favorecía su caso. Esto podía crear confusión legal considerable, pero era tolerado porque el sistema permitía flexibilidad legal. Una persona podía elegir ir ante el pretor urbano si creía que su caso era mejor bajo ese edicto, o ir ante el pretor peregrino si involucraba extranjeros.
¿Por qué Roma necesitaba múltiples pretores conforme crecía?
Conforme Roma se expandía territorialmente, había demasiados casos legales para un solo pretor manejar. Además, diferentes tipos de casos, civiles versus casos con extranjeros versus apelaciones, requería especialización diferente. Múltiples pretores permitía especialización en áreas específicas de derecho y más eficiencia en procesamiento de casos.
¿Qué sucedía cuando un pretor emitía un edicto que contradecía derecho antiguo?
Un pretor podía técnicamente reinterpretar derecho antiguo en su edicto de nuevas maneras. Si el Senado o ciudadanos cuestionaba esto, podía haber disputa política, pero generalmente el pretor podía mantener su interpretación mientras estuviera en cargo. Cuando dejaba cargo, su edicto con frecuencia era abandonado, pero a veces sus interpretaciones persistían si sucesivos pretores las mantenían.












