Cartago fue la potencia comercial y militar más importante del Mediterráneo occidental durante más de tres siglos, una civilización que representaba una visión completamente distinta de imperio comparada con Roma. Fundada como colonia fenicia alrededor del 814 a.C., creció desde un pequeño asentamiento costero en el norte de África hasta convertirse en un imperio comercial que rivalizaba con Roma por el control del mundo conocido. A diferencia de Roma, que expandía su poder mediante la conquista militar sistemática de territorios adyacentes e integración política de pueblos conquistados, Cartago construía su imperio mediante dominio naval, redes comerciales y alianzas estratégicas dispersas a lo largo del Mediterráneo.
Durante casi tres siglos, estos dos enfoques opuestos de imperialismo coexistieron en el Mediterráneo en un equilibrio inestable. Roma controlaba Italia y gradualmente la cuenca central del Mediterráneo. Cartago controlaba las rutas comerciales occidentales, dominaba el comercio marítimo y mantenía posesiones en España, Sicilia, Cerdeña, el norte de África, y Libia. Ambas potencias expandían continuamente su esfera de influencia, ambas competían por los mismos recursos y territorios y ambas reconocían que el Mediterráneo no era lo suficientemente grande para ambas. El conflicto era inevitable.
Lo fascinante de Cartago es que fue una civilización completamente diferente a Roma en su esencia más fundamental. Cartago no era una ciudad-estado que conquistaba pueblos vecinos e integraba sus poblaciones en un sistema político único, era una red comercial internacional que se extendía por el Mediterráneo: puertos estratégicos, almacenes, colonias comerciales, posesiones mineras.
Cartago era una oligarquía mercantil gobernada por familias ricas que se enriquecían mediante comercio, no una república ciudadana como Roma. Cartago usaba mercenarios para sus guerras, no ciudadanos soldados disciplinados. Cartago basaba su poder en su flota naval incomparable, no en ejércitos terrestres profesionales y permitía que ciudades conquistadas operaran cierta autonomía local a cambio de tributos y soldados, mientras que Roma absorbía sistemáticamente pueblos conquistados en su estructura política unitaria.
Estas diferencias fundamentales significaban que cuando Roma y Cartago finalmente chocaron, fue un conflicto entre dos civilizaciones con visiones radicalmente diferentes de cómo construir y mantener un imperio. Las Guerras Púnicas que resultaron fueron los conflictos más devastadores del mundo antiguo hasta ese momento. Millones murieron. Civilizaciones enteras fueron arrasadas. La economía del Mediterráneo fue destruida y reconstruida. Al final, Roma prevaleció. Pero la victoria fue extraordinariamente costosa y apenas se logró.
Los orígenes: de colonia fenicia a potencia comercial
El contexto fenicio: navegantes y mercaderes
Cartago fue fundada por colonos fenicios alrededor del 814 a.C., según la cronología más aceptada, aunque la leyenda romana, recogida por Virgilio y otros autores, atribuía su fundación a la princesa fenicia Dido y la databa más antiguamente. Los fenicios eran pueblos semitas del Mediterráneo oriental originarios de lo que hoy es Líbano, región que los griegos llamaban Fenicia. Eran primariamente comerciantes y navegantes, no conquistadores militares como los asirios o los griegos.
Durante el primer milenio antes de Cristo, los fenicios establecieron colonias a lo largo de todo el Mediterráneo: Chipre, Rodas, Malta, Sicilia, y la costa norte de África. Estas colonias no eran imperios territoriales, sino puntos comerciales estratégicos. Los fenicios importaban y exportaban cedro del Líbano, tejidos teñidos de púrpura, productos manufacturados, aceite de oliva, vino. A cambio, obtenían materias primas: metales de Esparta, estaño de Bretaña, oro de Nubia, especias de Oriente.
Cartago, cuyo nombre fenicio era Qart-hadasht («ciudad nueva»), fue originalmente una de estas colonias comerciales, fundada probablemente desde Tiro, la principal ciudad fenicia de la costa del Levante. Su ubicación era estratégica: en la costa del norte de África, cercana a Sicilia, con un puerto natural excelente y dentro del rango comercial de las principales rutas del Mediterráneo occidental.
El crecimiento de una ciudad comercial
Durante sus primeros siglos, Cartago fue principalmente una ciudad comercial de tamaño medio. Los cartagineses participaban en el comercio fenicio general, pero no controlaban territorios vastos ni ejercían poder político regional significativo. Sin embargo, la ubicación de Cartago en el norte de África le daba una ventaja crucial: estaba lejos de las grandes potencias terrestres del Oriente Próximo (Asiria, después Persia) que constantemente guerreaban en Mesopotamia, Siria y Anatolia. Esto permitió que Cartago se desarrollara con cierta independencia de las convulsiones políticas que afectaban al Mediterráneo oriental.
Conforme Cartago crecía, sus recursos aumentaban. El norte de África, donde estaba ubicada Cartago, era agrícola y potencialmente rico. Las regiones controladas por Cartago en Hispania (España moderna) contenían minas de metales preciosos: cobre, oro, plata. Sicilia ofrecía granos y productos agrícolas. El comercio con Nubia proporcionaba oro y marfil. Gradualmente, Cartago acumulaba riqueza que le permitía expandir su influencia política y militar.
Alrededor del siglo VI a.C., Cartago comenzó a transformarse de ciudad comercial en potencia política y militar regional. Esto no fue mediante la conquista sistemática como hacían los asirios, sino mediante una combinación de fuerza militar selectiva, dominio naval y diplomacia comercial. Cartago conquistó territorios cercanos en el norte de África, estableció colonias estratégicas en Sicilia, Cerdeña y Córcega, y desarrolló un imperio comercial que se extendía por todo el Mediterráneo occidental.

La estructura del imperio cartaginés: comercio, poder naval, y mercenarios
El dominio naval: la fortaleza fundamental de Cartago
La fortaleza de Cartago era incomparable: su armada naval. Los cartagineses controlaban el Mediterráneo occidental porque tenían la flota más poderosa. Esto les permitía tres cosas fundamentales que sustentaban su imperio: controlar el comercio (nadie podía comerciar en el Mediterráneo occidental sin permiso cartaginés), proteger sus rutas comerciales de piratas y competidores y proyectar poder militar a través de las aguas.
Los cartagineses construían barcos de guerra llamados birreme (con dos filas de remos) y trirremes (con tres filas de remos), naves que combinaban remos, velas y arietes de bronce para combate marino. Estos barcos eran más ágiles y maniobrable que los navíos más pesados de otros pueblos y los marineros cartagineses eran profesionales entrenados durante años, no ciudadanos ocasionales. El control naval cartaginés fue durante siglos prácticamente indiscutido en el Mediterráneo occidental.
Este dominio naval era crucial porque permitía a Cartago mantener su imperio disperso. A diferencia de Roma, cuyo imperio era territorial y continuo (Italia, luego cercanos), el imperio de Cartago era marítimo y disperso. Para que funcionara, Cartago necesitaba ser capaz de moverse rápidamente por el Mediterráneo, comunicarse con sus territorios lejanos y proyectar poder militar a través del agua. Su armada superior hacía esto posible.
El sistema mercenario: fuerza e debilidad
A diferencia de Roma, que reclutaba sus ejércitos principalmente de ciudadanos romanos, Cartago reclutaba soldados de toda la cuenca mediterránea. Los españoles de Hispania eran conocidos como guerreros feroces y valientes, los africanos del norte de África proporcionaban infantería ligera y caballería y los griegos, fenicios y otros pueblos proporcionaban soldados especialistas. Los cartagineses también empleaban elefantes de guerra, traídos probablemente de Nubia o posiblemente de Siria, que fueron una de sus armas más distintivas.
Este sistema mercenario tenía ventajas y desventajas cruciales. La ventaja era la flexibilidad: Cartago podía reclutar soldados especializados de donde mejor los encontrara. Un ejército cartaginés podía contener infantería pesada hispana, caballería nmidíaca ligera, infantería africana ligera y elefantes de guerra, una combinación táctica diversa y sofisticada.
La desventaja era la falta de cohesión. Los mercenarios no tenían la lealtad de ciudadanos soldados: lucharían mientras se les pagara, pero podrían desertar si el pago se demoraba o si la batalla parecía perdida. No tenían la identificación ideológica con Cartago que tenían los legionarios romanos con Roma. Esta falta de cohesión se haría evidente durante las Guerras Púnicas cuando, en momentos críticos, los mercenarios cartagineses se rebelarían o se rendirían mientras que los legionarios romanos lucharían hasta casi el aniquilamiento completo.
La oligarquía mercantil: poder político concentrado
Cartago no era una república ciudadana como Roma, era una oligarquía gobernada por familias mercantiles ricas. Las familias más poderosas controlaban el gobierno, los recursos del estado y la dirección de la política imperial. Esto permitía tomar decisiones rápidamente sin el proceso deliberativo lento de una asamblea ciudadana, pero también significaba que la estabilidad política dependía de la continua prosperidad de las familias gobernantes.
La familia Barca fue el ejemplo más destacado de este poder concentrado. Amílcar Barca fue el general cartaginés más importante durante la Primera Guerra Púnica (264-241 a.C.). Después de que Cartago fuese derrotada en esa guerra y fuese obligada a ceder Sicilia a Roma, Amílcar se dio cuenta de que Cartago necesitaba nuevas fuentes de riqueza y poder militar. Se fue a Hispania y gradualmente construyó lo que era prácticamente un imperio privado en el lugar. Desde Hispania, reclutaba soldados, minaba metales preciosos y acumulaba riqueza personal.

Cuando Amílcar murió en batalla, su obra fue continuada por su hijo Aníbal, quien heredaría no solo una riqueza considerable, sino una leal base militar. Esta concentración de poder en manos de una familia privada muestra las características particulares de la oligarquía cartaginesa: muy diferente de la estructura de poder romano donde el poder estaba más distribuido entre muchas familias patricias.
La economía: comercio, tributos, y producción
La economía cartaginesa descansaba fundamentalmente en tres pilares: comercio marítimo, tributos de territorios controlados y producción directa de recursos desde posesiones cartaginesas.
El comercio marítimo era el corazón de la economía cartaginesa. Los mercaderes cartagineses (tamkarum en terminología mesopotámica que fue adoptada en todo el Mediterráneo) comerciaban en todo el Mediterráneo occidental y más allá. Importaban estaño de Bretaña a través de intermediarios, cobre de Chipre, oro de Nubia, especias del Oriente Próximo. Exportaban productos manufacturados cartagineses: tejidos de púrpura de alta calidad (la púrpura era entonces el tinte más valioso del mundo), cerámica, vidrio, productos artesanales. Este comercio generaba ganancias enormes que enriquecían a los mercaderes cartagineses y llenaban los tesoros del estado.
Los tributos de territorios controlados constituían otro pilar. Todas las ciudades y territorios bajo control cartaginés pagaban tributos en dinero, granos, soldados, o productos. Sicilia, Cerdeña, Córcega y el norte de África pagaban tributos continuos, los cuales eran extraídos, no integrados como en Roma: Cartago no absorbía estas regiones en su estructura política sino que simplemente las explotaba para recursos.
La producción directa completaba la economía. Los territorios controlados por Cartago producían: Hispania metales y soldados, el norte de África granos, frutas y ganado y Sicilia bajo control cartaginés granos. Estos productos abastecían tanto el consumo cartaginés como sus mercados de exportación.
Esta economía basada en comercio y explotación fue muy exitosa durante siglos. Cartago acumuló una riqueza extraordinaria pero cuando el comercio fue interrumpido (como sucedería cuando Roma comenzó a construir una flota rival), la economía cartaginesa sufría más que la economía romana, que tenía más autosuficiencia territorial.
Cartago y sus vecinos: la búsqueda de equilibrio en el Mediterráneo
Griegos, fenicios y el Mediterráneo oriental
En el Mediterráneo oriental, Cartago coexistía con ciudades fenicias hermanas (Tiro, Sidón, Biblos), ciudades griegas, el Imperio Seléucida en Siria y Egipto ptolemaico. Las relaciones con las ciudades fenicias hermanas fueron generalmente cooperativas: Cartago era una colonia fenicia, aunque gradualmente se independizó políticamente de Tiro. Las relaciones con Grecia fueron más competitivas: los griegos establecieron colonias en Sicilia y el sur de Italia, territorio donde Cartago también ambicionaba influencia. Fueron frecuentes los conflictos donde piratas griegos atacaban naves cartaginesas o ciudades griegas se aliaban con enemigos de Cartago.

La amenaza de Siracusa y la competencia siciliana
Sicilia fue el punto de contención más importante entre Cartago y sus vecinos. La isla era rica, agrícola y estratégica. Cartago controlaba parcialmente Sicilia, principalmente la mitad occidental, pero la ciudad griega de Siracusa, ubicada en la mitad oriental, era una potencia griega poderosa que ambicionaba controlar toda la isla. Entre Cartago y Siracusa hubo guerras repetidas durante siglos. Estos conflictos serían una prueba de fuego para la efectividad militar de Cartago antes de su enfrentamiento final con Roma.
Cartago y Roma: dos visiones de imperio chocan
El contexto antes del conflicto
Durante la mayor parte del siglo III a.C., Cartago y Roma coexistieron sin conflicto directo importante. Cartago controlaba el Mediterráneo occidental, el comercio y posesiones dispersas y Roma controlaba Italia, su territorio base. Había un equilibrio tácito: cada poder respetaba a grosso modo la esfera de influencia del otro.
Pero este equilibrio era fundamentalmente inestable porque ambas potencias estaban en trayectorias de expansión. Roma, después de consolidar Italia, miraba naturalmente hacia afuera: hacia Sicilia, hacia el Mediterráneo. Cartago, después de siglos de expansión comercial, ambicionaba más territorios y mayor control político. Las dos trayectorias de expansión inevitablemente chocarían.

El punto de ruptura: Sicilia
El conflicto estalló sobre Sicilia. La ciudad griega de Mesina, ubicada en el estrecho entre Sicilia y Italia, pidió protección tanto a Cartago como a Roma alrededor del 265 a.C. Para ambas potencias, Sicilia era demasiado valiosa para permitir que el rival la controlara completamente. Roma, que había conquistado Italia, veía a Sicilia como el próximo paso natural en su expansión y Cartago, que controlaba parcialmente Sicilia durante siglos, no podía permitir que Roma tomara control de la isla completa.
La competencia por Sicilia condujo a la Primera Guerra Púnica (264-241 a.C.), un conflicto de 23 años que fue catastrófico para ambas partes. Roma, que no tenía experiencia naval significativa, se vio obligada a construir una armada desde cero. Cartago, que tenía supremacía naval, fue incapaz de lograr la victoria decisiva. La guerra terminó cuando Roma construyó una flota que igualaba a la cartaginesa y logró dominar el Mediterráneo.
Cartago fue derrotada en la Primera Guerra Púnica, perdió Sicilia (que se convirtió en la primera provincia romana), Cerdeña y Córcega y fue obligada a pagar indemnizaciones de guerra enormes que empobrecieron al estado cartaginés. La derrota fue humillante, pero no fue conclusiva.
La familia Barca: reconstrucción y preparación para la revancha
Amílcar Barca: de la derrota a la restauración
Después de la Primera Guerra Púnica, Cartago enfrentaba crisis políticas internas. El estado estaba empobrecido por las indemnizaciones de guerra y los soldados mercenarios que habían servido en Sicilia no eran pagados adecuadamente, lo que provocó una revuelta sangrienta de mercenarios que estuvo a punto de destruir Cartago completamente. La oligarquía gobernante se fracturó entre diferentes familias compitiendo por poder.
Fue en este contexto de crisis que Amílcar Barca emergió como figura dominante. Militar capaz, negociador astuto y hombre de visión política, Amílcar se dio cuenta de que Cartago no podría competir con Roma por el control del Mediterráneo mediante el poder naval (Roma ahora tenía igualdad naval y mejores soldados), pero podría reconstruir su poder mediante control territorial y riqueza en Hispania.
Amílcar se fue a Hispania (Iberia en términos griegos y romanos) alrededor de 237 a.C. y pasó el resto de su vida (hasta su muerte en batalla alrededor de 228 a.C.) construyendo lo que era esencialmente un imperio privado cartaginés en Hispania. Desde Hispania, reclutaba soldados, muchos de ellos hispanos fieros conocidos como lusitanos, que eran guerreros excepcionales. Minaba metales preciosos y acumulaba riqueza que enriquecía a la familia Barca y, por extensión, a Cartago en general.

Este proyecto fue extraordinariamente exitoso. Cuando Amílcar murió, dejó a su hijo Aníbal una herencia de riqueza, poder, y una leal base militar de decenas de miles de soldados entrenados. Este legado hizo posible lo que sucedería después.
Sociedad cartaginesa: estructuras sociales y vida cotidiana
Clases sociales cartaginesas
La sociedad cartaginesa era estratificada. En la cúspide estaban la oligarquía mercantil: las familias ricas que controlaban el comercio, la política y los recursos del estado. Amílcar Barca y su familia Barca eran el ejemplo más destacado, pero otras familias tenían un poder comparable aunque los Barca eran los dominantes.
Debajo de la oligarquía estaba una clase media de mercaderes, pequeños comerciantes, artesanos, y profesionales. Estos constituían la clase que realmente operaba el comercio de Cartago: los capitanes de barcos que navegaban rutas comerciales, los talleres de artesanos que producían cerámica y otros bienes y los escribas que mantenían los registros comerciales.
En el escalón inferior estaban los esclavos, muchos de ellos capturados en guerras o obtenidos del comercio de esclavos. Los esclavos trabajaban en los puertos, en los talleres, como sirvientes domésticos y en las minas de Hispania.
A diferencia de Roma, donde la estructura social era ciudadanía romana versus no-ciudadanos y esclavos, Cartago no tenía una clase de ciudadanos con derechos políticos similares. Cartago no era una república ciudadana, el poder político estaba en manos de la oligarquía, en tanto que Roma sí era una República.
La familia y género en Cartago
Las mujeres cartaginesas, como en muchas sociedades antiguas, estaban bajo autoridad patriarcal de padres o maridos y su rol principal era matrimonial y doméstico. Sin embargo, las mujeres de familias ricas tenían cierta influencia indirecta sobre poder político. Las doncellas de familias oligárquicas podían ser casadas estratégicamente con hombres poderosos de otras familias para crear alianzas políticas.
La religión cartaginesa enfatizaba diosas junto a dioses. Tanit, diosa del cielo y la fertilidad, era adorada ampliamente; Astarté, diosa del amor y la fertilidad, era otra deidad importante. Aunque dominadas por hombres, las mujeres cartaginesas participaban en vida religiosa como sacerdotisas, adoradoras y ofrendantes.
Religión y cultura cartaginesa
Los dioses de Cartago
La religión cartaginesa era heredera del sistema fenicio, basada en adoración a múltiples deidades que combinaban aspectos de fertilidad, guerra, comercio y celestiales. Baal-Hammon era el dios supremo, padre de los dioses, Tanit era la diosa más ampliamente adorada, considerada protectora de Cartago y Astarté era diosa del amor y la guerra.

Los cartagineses realizaban sacrificios a los dioses como acción de gracias y como petición por favor divino. Los sacrificios eran de animales principalmente, pero en tiempos de crisis extrema, había evidencia de sacrificios humanos. Los historiadores griegos y romanos, enemigos de Cartago, a menudo exageraban estos sacrificios humanos en su propaganda anti-cartaginesa, pero la arqueología confirma que los sacrificios humanos probablemente ocurrían, particularmente de niños, en contextos religiosos específicos, posiblemente en tiempos de gran peligro o para ofrendar al dios Moloc.
Cultura material y arte
Los cartagineses fueron menos originaless culturalmente que romanos o griegos. Adoptaban y adaptaban elementos culturales de pueblos con los que contactaban. La arquitectura cartaginesa mostraba influencias fenicias, griegas y egipcias. La cerámica cartaginesa imitaba formas y decoraciones griegas pero con características distintivas cartaginesas.
El arte figurativo cartaginés se ha perdido mayormente, pero la evidencia arqueológica muestra destreza en escultura de pequeña escala, trabajos en marfil y relieves decorativos. Los cartagineses fueron maestros artesanos que producían bienes comerciales de alto valor, lo que explica la riqueza del imperio basada en comercio de bienes manufacturados.
Literatura y conocimiento
A diferencia de griegos y romanos, que dejaron registros escritos extensos de su literatura y pensamiento, los cartagineses dejaron pocas evidencias de una tradición literaria desarrollada. Posiblemente tuvieron escritores y poetas, pero sus obras se perdieron. Lo que sabemos de la cultura cartaginesa viene principalmente de fuentes externas: historiadores griegos y romanos que escribieron sobre Cartago.
Esta diferencia es significativa. Los griegos y romanos preservaron su cultura mediante escritura extensiva, pero los cartagineses, pueblo de comerciantes y marineros, aparentemente priorizaban la riqueza y el poder político sobre preservar una tradición literaria desarrollada.
Cartago versus Roma
| Aspecto | Cartago | Roma |
|---|---|---|
| Base de poder | Comercio marítimo y dominio naval | Conquista territorial y poder militar terrestre |
| Estructura territorial | Dispersa (puertos y colonias) | Continua (Italia como base) |
| Tipo de gobierno | Oligarquía mercantil | República ciudadana con magistrados elegidos |
| Ejército | Mercenarios reclutados | Ciudadanos soldados profesionales |
| Arma distintiva | Dominio naval y flota superior | Legiones disciplinadas |
| Punto fuerte | Control comercial y riqueza | Disciplina militar y estructura política |
| Punto débil | Falta de cohesión política interna | Tardío en construir poder naval |
| Visión de imperio | Red comercial de puertos y posesiones | Estado territorial integrado |
| Gobernanza | Explotación tributaria | Integración política de conquistados |
| Vulnerabilidad crítica | Si pierde dominio naval | Si enfrenta enemigo naval superior |
| Recurso más valioso | Rutas comerciales y flota | Recursos territoriales y ciudadanía |
| Durabilidad política | Dependía de prosperidad mercantil | Más resiliente a crisis económicas |
La inevitabilidad del conflicto: dos imperios en trayectoria de colisión
Lo que hace inevitable el conflicto entre Cartago y Roma no es tanto odio o ambición desmedida, sino lógica geopolítica simple: ambas potencias estaban expandiendo en direcciones que eventualmente chocarían. Roma, después de consolidar Italia, miraba hacia afuera: hacia Sicilia, hacia el Mediterráneo, hacia el dominio del comercio. Cartago, después de siglos de expansión comercial, ambicionaba consolidar territorialmente su imperio disperso.
La Primera Guerra Púnica fue principalmente sobre Sicilia. Cartago perdió esa guerra y con ella Sicilia, Cerdeña y Córcega, pero Cartago no fue destruida. Bajo Amílcar Barca, reconstruyó su poder en Hispania. Cuando su hijo Aníbal heredó ese poder, trajo con él no solo riqueza sino la determinación de restaurar el honor cartaginés y lograr venganza contra Roma.
La Segunda Guerra Púnica sería resultado directo de esta lógica: Cartago, bajo Aníbal, buscaría desafiar la supremacía romana y Roma buscaría prevenir que Cartago reconstruyera su poder. Uno de estos dos imperios tendría que ceder o ser destruido. La historia del mundo antiguo se determinaría por cómo se resolviera este conflicto inevitable.
El legado de Cartago en el mundo antiguo
Influencia comercial y naval
Cartago, durante sus siglos de supremacía, definió el comercio del Mediterráneo occidental. Las rutas que Cartago controlaba, los puertos que desarrollaba y los productos que comerciaba, determinaban la economía de regiones enteras. La influencia cartaginesa se extendía más allá de sus posesiones directas a través de redes comerciales que Cartago controlaba o influenciaba.

Los cartagineses exploraron y comerciaban más allá del Mediterráneo. Hay evidencia de expediciones cartaginesas a lo largo de la costa atlántica de África. Posiblemente alcanzaron las Islas Canarias y comerciaron en el Océano Atlántico más extensivamente que cualquier otra potencia del Mediterráneo en su época.
El modelo de imperio marítimo disperso
Cartago representaba un modelo de imperio alternativo al imperio territorial concentrado de Roma. En lugar de expansión territorial continua desde una base central, Cartago se expandía mediante el control de puertos estratégicos, rutas comerciales y posesiones dispersas mantenidas por dominio naval. Este modelo era viable antes de que Roma construyera una armada rival. Una vez que Roma logró la igualdad naval, el modelo cartaginés se volvió vulnerable.
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Tito Livio. Desde la Fundación de la Ciudad (Ab Urbe Condita), Libros XXI-XXX. Narrativas detalladas de Cartago y las Guerras Púnicas desde perspectiva romana, aunque escrito más de 200 años después de los eventos.
- Plutarco. Vidas Paralelas, especialmente «Vida de Aníbal.» Descripción de líderes cartagineses y sus características personales, con énfasis en psicología y personalidad.
- Polibio. Historias, Libros I-V. Historiador griego que escribió más cercano a los eventos, con menos sesgo que Tito Livio, proporciona contexto geopolítico del Mediterráneo antiguo.
- Apiano. Historias Romanas, especialmente la sección sobre las Guerras Púnicas y guerra libia. Perspectiva posterior sobre los conflictos, compilada de fuentes anteriores.
- Estrabón. Geografía, Libros XVII. Descripción geográfica de Cartago, el norte de África, y regiones cartaginesas, proporciona contexto de recursos y geografía.
Estudios académicos sobre Cartago:
- Hoyos, Dexter (ed.). A Companion to the Punic Wars. Wiley-Blackwell, 2011. Colección de artículos académicos sobre todos los aspectos de Cartago y las Guerras Púnicas por historiadores especializados.
- Lancel, Serge. Carthage: A History. Blackwell, 1995. Historia completa de Cartago desde su fundación alrededor del 814 a.C. hasta su destrucción en 146 a.C., una de las obras académicas más exhaustivas.
- Eckstein, Arthur M. Mediterranean Anarchy, Interstate War, and the Rise of Rome. University of California Press, 2006. Análisis de Cartago en contexto de política internacional mediterránea, enfatiza la competencia de potencias múltiples.
- Miles, Richard. Carthage Must Be Destroyed: The Rise and Fall of an Ancient Civilization. Viking, 2010. Narrativa contemporánea accesible que integra últimas evidencias arqueológicas con fuentes históricas.
Historia del imperio cartaginés y fenicio:
- Aubet, Maria Eugenia. The Phoenicians and the West: Colonial Enterprises, Trade and Politics. Cambridge University Press, 2001. Historia de los fenicios y sus colonias, proporciona contexto fenicio para entender orígenes cartagineses.
- Markoe, Glenn. Phoenicians. University of California Press, 2000. Introducción a la cultura material fenicia y las características de la civilización fenicia que Cartago heredó.
- Woolley, C. Leonard. The Phoenicians. Thames and Hudson, 1963. Aunque más antigua, proporciona perspectiva clásica sobre civilización fenicia.
Economía y comercio cartaginés:
- Bang, Peter F. The Roman Bazaar: A Comparative Study of Trade and Markets in a Tributary Empire. Cambridge University Press, 2008. Aunque enfocado en economía romana, proporciona comparativas útiles con sistemas comerciales cartagineses.
- Raaflaub, Kurt A. (ed.). War and Peace in the Ancient World. Oxford University Press, 2007. Estudios de economía y logística de guerra en mundo antiguo, incluyendo perspectivas sobre Cartago.
Arqueología de Cartago:
- Lancel, Serge. Carthage: A History (edición arqueológica). Oxford University Press, 2001. Incluye amplia cobertura de evidencias arqueológicas.
Preguntas frecuentes sobre Cartago
¿Por qué se llama «Guerras Púnicas» al conflicto entre Roma y Cartago?
«Púnica» es el término latino para los cartagineses, derivado de «fenicio». Los romanos, que escribieron la mayoría de las historias, llamaron a estas guerras «Guerras Púnicas» (Bella Punica en latín). Los griegos las hubieran llamado «Guerras Libias» porque consideraban Libia (norte de África) como ubicación de Cartago. El término «Púnica» ha persistido en la historiografía occidental desde entonces.
¿Cuál era la relación entre Cartago y Tiro, su ciudad madre fenicia?
Cartago fue originalmente una colonia de Tiro, fundada alrededor del 814 a.C. Inicialmente, Tiro mantuvo cierta autoridad sobre sus colonias. Pero conforme Cartago crecía, gradualmente se independizaba políticamente. Para el momento del conflicto con Roma, Cartago era una potencia independiente que no reconocía autoridad de Tiro. Sin embargo, mantenía relaciones comerciales y culturales con Tiro y otras ciudades fenicias. El imperio fenicio nunca fue unificado como el imperio de Roma; era más bien una red de ciudades comercialmente conectadas con diversos grados de autonomía.
¿Cómo explicaban los cartagineses su derrota en la Primera Guerra Púnica?
Las fuentes cartaginesas de esta época se han perdido, así que sabemos la explicación romana. Los romanos atribuían la derrota a la decisión cartaginesa de negociar en lugar de continuar la guerra. Esto refleja la diferencia en visión de guerra: para Roma, la guerra era total y continuaba hasta la victoria completa o la aniquilación. Para Cartago, la guerra era transaccional: uno negocia la paz cuando los costos exceden los beneficios. Después de 23 años de guerra Cartago decidió que los costos eran insostenibles y negoció la paz. Para Roma, esto era rendición. Para Cartago, era pragmatismo.
¿Eran tan brutales los sacrificios humanos cartagineses como describían los escritores griegos y romanos?
Los escritores griegos y romanos, especialmente escribas militares, a menudo exageraban los aspectos más exóticos y brutales de las prácticas religiosas de enemigos para propaganda anti-cartaginesa. Esto es documentado históricamente. Sin embargo, la arqueología confirma que los sacrificios humanos probablemente ocurrían en Cartago, particularmente de niños, en contextos religiosos específicos. No fue práctica sistemática diaria sino eventos excepcionales en tiempos de crisis o para ofrendar a deidades específicas. La escala fue probablemente menor de lo que escritores enemigos describían, pero la práctica probablemente existió.
¿Por qué el comercio marítimo era tan importante para Cartago comparado con Roma?
Roma, como imperio terrestre, podía subsistir relativamente autosuficiente con sus recursos territoriales. Italia producía grano, aceite, vino, metales. Roma podía expandir territorialmente y así expandir sus recursos. Cartago, como imperio marítimo disperso, dependía del comercio para bienes que su territorio no producía suficientemente. Cartago no podía existir sin acceso a rutas comerciales y a su flota naval que las protegía. Esta diferencia fundamental hizo a Cartago vulnerable cuando Roma comenzó a construir una flota rival.
¿Cómo mantenía Cartago la lealtad de mercenarios si no eran ciudadanos?
A través de paga regular y promesas de saqueo. Los mercenarios luchaban por dinero y oportunidad de enriquecimiento personal mediante saqueo de ciudades conquistadas. Mientras Cartago ganaba batallas y proporcionaba paga, los mercenarios permanecían leales. Cuando Cartago perdía batallas o no pagaba adecuadamente (como sucedió después de la Primera Guerra Púnica), los mercenarios se rebelaban. Esta vulnerabilidad fundamental del sistema mercenario se haría evidente durante las Guerras Púnicas cuando los soldados cartagineses se rendirían o desertar en momentos críticos mientras que los legionarios romanos, siendo ciudadanos, lucharían hasta casi la aniquilación.
¿Qué sucedió con Hispania después de que Aníbal invadió Italia?
Hispania se convirtió en punto de conflicto importante durante la Segunda Guerra Púnica. Roma envió fuerzas militares a Hispania para destruir la base de poder cartaginesa allí. Los españoles, que inicialmente eran aliados de Cartago, se rebelaron gradualmente contra ambos poderes buscando independencia. Después de la derrota de Aníbal, Roma conquistó y pacificó Hispania, convertirla en provincias romanas. La resistencia de los pueblos españoles fue prolongada: las Guerras Lusitanas entre Roma y pueblos españoles duraron décadas después de las Guerras Púnicas.
¿Cómo era la vida en una ciudad cartaginesa típica?
Cartago y otras ciudades cartaginesas eran cosmopolitas, conectadas al comercio marítimo, con una mezcla de población autóctona (africana en el norte de África, griega en Sicilia) y colonos cartagineses. La élite vivía en casas amplias, frecuentemente cerca del puerto donde se conducía el comercio. Los puertos eran bulliciosos, llenos de mercaderes de diversas nacionalidades, marineros, esclavos trabajando, barcos siendo descargados. Había talleres artesanales donde se producían bienes para exportación. La vida económica era activa y orientada al comercio.












