Los amalecitas fueron un pueblo nómada semita que habitó el desierto del Sinaí y el Negev durante la antigüedad, probablemente desde el segundo milenio antes de Cristo hasta su desaparición de la historia registrada alrededor del siglo VIII a.C. Su identidad se define principalmente por su conflicto perpetuo con los antiguos israelitas, conflicto que se extiende desde los primeros encuentros en el desierto después del Éxodo hasta su aniquilación durante el reinado del rey Saúl.
A diferencia de los pueblos sedentarios que formaban reinos establecidos, los amalecitas mantuvieron un modo de vida de incursiones, asaltos y pastoreo nómada, convirtiéndose en símbolos de la amenaza exterior que acechaba constantemente a Israel. Su importancia histórica radica menos en un imperio o civilización propia y más en su función como antagonistas en la narrativa bíblica, aunque la evidencia arqueológica confirma su existencia como grupo étnico identificable en la región del Levante antiguo.
¿Quiénes eran los amalecitas?
Los amalecitas fueron un pueblo de guerreros nómadas cuya presencia se documenta principalmente a través de los relatos bíblicos y en menor medida, a través de referencias arqueológicas e inscripciones de pueblos vecinos. Su nombre aparece frecuentemente en los textos antiguos como sinónimo de amenaza, incursión y conflicto fronterizo. Aunque su importancia política fue mínima comparada con los grandes imperios del Levante antiguo, su relevancia cultural y religiosa fue significativa, particularmente para la conciencia histórica de Israel.
El término «amalecita» se refiere a los descendientes de Amalec, quien según la tradición bíblica fue un descendiente de Esaú y, por lo tanto, un pariente lejano del pueblo israelita. Esta genealogía no es casual: la tradición judía posterior utilizó esta conexión familiar para subrayar que los amalecitas eran rivales pero no totalmente ajenos. El conflicto entre amalecitas e israelitas no era simplemente entre pueblos étnicamente diferentes, sino entre ramas de la misma familia semita que competían por los mismos territorios de pastoreo y recursos hídricos en el desierto árido del sur de Palestina.
Territorialmente, los amalecitas controlaban principalmente el Negev, la región árida al sur de Palestina y se extendían hacia el desierto del Sinaí. Este territorio semidesértico los obligaba a mantener un estilo de vida nómada o seminómada, dependiendo del pastoreo de ovejas, cabras y camellos. A diferencia de los pueblos que se habían asentado en las ciudades-estado del Levante, los amalecitas nunca construyeron ciudades permanentes ni desarrollaron un reino centralizado. Su organización política era tribal, con diversos clanes nómadas bajo liderazgo independiente. Esta descentralización fue tanto su flexibilidad táctica en el combate como su debilidad estratégica a largo plazo.
Orígenes y ubicación geográfica
Genealogía y orígenes según la tradición
Según el relato bíblico, Amalec fue el hijo de Elifaz (a su vez hijo de Esaú) y una concubina cananea llamada Timna. Esta genealogía sitúa a los amalecitas como descendientes colaterales de Esaú, el hermano gemelo de Jacob (quien recibió el nombre Israel). Esta conexión genealógica es importante porque, en la cosmovisión bíblica, explicaba tanto la familiaridad como la hostilidad entre los pueblos: eran parientes que competían por herencias y territorio.
Aunque la genealogía bíblica es legendaria, refleja probablemente realidades históricas. Los amalecitas eran efectivamente un pueblo semita relacionado étnicamente con los israelitas y ambos grupos compartían idiomas similares, religiones semíticas y sistemas de organización tribal. Sin embargo, mientras que los israelitas se enfocaron en establecerse en Palestina y desarrollar reinos, los amalecitas mantuvieron un estilo de vida predominantemente nómada.
Los historiadores modernos ubican los orígenes de los amalecitas en el sur de Palestina y el norte de la península del Sinaí. La evidencia epigráfica sugiere que el pueblo amalecita era conocido en el mundo antiguo desde al menos el segundo milenio antes de Cristo, aunque su documentación en fuentes escritas es fragmentaria.
Territorio: el Negev y el desierto del Sinaí
El Negev es la región árida y semidesértica que se extiende al sur de Palestina, un territorio de mesetas altas, valles profundos y muy pocos recursos hídricos. Las precipitaciones anuales son mínimas, lo que hace que la agricultura sea extremadamente difícil. Sin embargo, el Negev fue hogar de pueblos pastorales durante milenios, como los amalecitas.
Este territorio geográfico definió la identidad amalecita. Los amalecitas no eran únicamente guerreros sino también pastores que dependían del movimiento constante en busca de agua y pastos. En las épocas de sequía severa, estos pueblos nómadas a menudo incursionaban en territorios más fértiles del norte, lo que generaba conflictos periódicos. Su movilidad les daba ventajas táticas en el combate: podían atacar rápidamente, retirarse al desierto donde sus perseguidores tenían desventaja y regresar cuando la presión disminuía.
El desierto del Sinaí, ubicado más al sur, también fue territorio amalecita. Este desierto, conocido por su aridez extrema, fue cruzado según la tradición bíblica por los israelitas durante el Éxodo. Los relatos bíblicos sugieren que los amalecitas atacaron a los israelitas mientras vagaban por el desierto, lo que marcó el comienzo de una enemistad que perduró siglos.
Los amalecitas en la narrativa histórica
Los primeros conflictos: el Éxodo y el desierto
El primer encuentro registrado entre amalecitas e israelitas ocurre en el contexto del Éxodo, el relato bíblico de la salida de Egipto. Según el Libro del Éxodo, cuando los israelitas viajaban por el desierto del Sinaí después de su liberación de Egipto, los amalecitas los atacaron. Este ataque no fue un encuentro casual sino una incursión estratégica contra un grupo que parecía vulnerable durante su travesía.
El Libro del Éxodo describe el encuentro como una batalla donde Moisés, el líder de los israelitas, ordenó a Josué que liderara un ejército para defender al pueblo. Según el relato, mientras Josué combatía en el valle, Moisés permanecía en una colina cercana, levantando sus brazos. Cuando los brazos de Moisés se elevaban, los israelitas ganaban terreno; cuando bajaba los brazos, los amalecitas avanzaban. Finalmente, Moisés fue sostenido por Aarón y Hur, permitiendo que mantuviera sus brazos levantados hasta que Josué logró la victoria.
Este relato es claramente legendario en sus detalles dramáticos, pero refleja probablemente una realidad histórica: un encuentro entre israelitas viajeros y amalecitas defensores del territorio del desierto, con victoria israelita. El relato subraya que este fue el primer ataque amalecita, lo que marca el comienzo de una enemistad que se perpetuaría durante siglos.
Tras esta batalla inicial, el relato bíblico incluye una promesa divina: Dios declara que tendría «guerra contra Amalec de generación en generación«. Esta promesa religiosa convierte el conflicto con los amalecitas de un mero asunto de política internacional a una cuestión de fe. Los amalecitas no son simplemente rivales políticos sino enemigos designados por Dios.
El período de los Jueces: incursiones constantes
Durante el período de los Jueces (aproximadamente 1200-1000 a.C.), los amalecitas continuaron siendo una amenaza persistente para los asentamientos israelitas en el Negev y el sur de Palestina. En este período de descentralización política israelita, cuando no había un rey centralizado sino líderes tribales llamados «jueces», los amalecitas aprovechaban las divisiones internas para realizar incursiones.
El Libro de los Jueces registra varios encuentros. El juez Gedeón, por ejemplo, combatió contra amalecitas y otros pueblos del desierto. Estos no fueron eventos de gran escala que cambiaran el curso de la historia sino más bien conflictos continuos de frontera, típicos del mundo antiguo donde pueblos nómadas y sedentarios compitían por recursos.
La razzia (incursión nómada rápida) era la táctica característica amalecita. Grupos de guerreros montados incursionaban rápidamente en territorios israelitas, saqueaban ganado, destruían cosechas, capturaban cautivos y se retiraban hacia el desierto antes de que una defensa organizada pudiera formarse. Esta táctica fue efectiva durante siglos porque aprovechaba la movilidad amalecita y la falta de coordinación israelita antes de la unificación bajo una monarquía.
Saúl y la aniquilación final
El fin de los amalecitas como pueblo identificable llegó durante el reinado del primer rey israelita, Saúl (aproximadamente 1020-1000 a.C.). Saúl, cuyo reinado se caracterizó por la consolidación del poder israelita y la expansión territorial, emprendió una campaña militar de gran escala contra los amalecitas con el objetivo explícito de su aniquilación completa.
Según el relato bíblico en el Libro de Samuel, Dios ordenó a Saúl que fuera a guerra contra Amalec y destruyera completamente al pueblo. El mandamiento es extraordinariamente brutal: «Ahora ve y ataca a Amalec y destruye completamente todo lo que tiene. No le dejes nada; mata a hombres, mujeres, niños y animales de cría, caballos y asnos«. Este mandamiento fue interpretado en la tradición judía posterior como un herem (destierro sagrado), una prohibición religiosa de permitir la supervivencia del pueblo enemigo.
Saúl llevó a cabo la campaña militar, derrotando a los amalecitas en combate abierto. Sin embargo, el relato bíblico sugiere que Saúl no fue completamente obediente al mandamiento divino. Permitió que el rey amalecita Agag sobreviviera y no destruyó completamente el ganado capturado. Por esta desobediencia parcial, el profeta Samuel fue enviado para completar la tarea, ejecutando personalmente a Agag. Esta narrativa subraya que la obediencia completa a Dios requería la eliminación total de los amalecitas.
Aunque la narrativa bíblica relata una aniquilación completa, la realidad histórica fue probablemente más compleja. El pueblo amalecita no fue completamente eliminado en una sola campaña sino gradualmente absorbido o dispersado durante este período. Sin embargo, después del reinado de Saúl, los amalecitas desaparecen como grupo etnopolítico identificable de los registros históricos. No vuelven a aparecer como amenaza fronteriza significativa en los relatos bíblicos posteriores.
Sociedad y cultura amalecita
Organización política y militar
Los amalecitas nunca desarrollaron una monarquía centralizada ni una estructura estatal compleja. Su organización era tribal, con múltiples clanes bajo el liderazgo de sus propios jefes. Esta descentralización reflejaba su modo de vida nómada. En una economía de pastoreo seminómada, la concentración de poder en una capital sería contraproducente y el modelo tribal permitía a cada clan mantener autonomía mientras participaba en decisiones colectivas.
La ausencia de una capital permanente también era una ventaja militar táctica. Los amalecitas no tenían un centro geográfico que pudiera ser conquistado para lograr la victoria total. Cuando enfrentaban una fuerza superior, simplemente se retiraban más profundamente al desierto, donde sus perseguidores tenían desventaja. Esto hizo que los amalecitas fueran enemigos persistentes pero nunca un poder que pudiera ser derrotado definitivamente, hasta que Saúl emprendió su campaña de aniquilación.
El liderazgo amalecita se basaba en la habilidad militar y el éxito en las inclursiones. Los caudillos que reunían más seguidores y lideraban incursiones exitosas ganaban prestigio y autoridad. El sistema era potencialmente meritocrático: cualquier guerrero valiente podría aspirar a liderar, pero requería demostrar capacidad militar.
Economía: pastoreo e incursiones
La base económica amalecita era el pastoreo de ovejas, cabras y especialmente en períodos posteriores, camellos. El Negev árido producía hierba suficiente para mantener rebaños durante la mayor parte del año, aunque el pastoreo requería un movimiento constante en busca de agua y pastos frescos.
Sin embargo, el pastoreo puro probablemente no generaba suficiente riqueza para mantener una población grande, así que los amalecitas complementaban su economía con el raiderismo: ataques a caravanas comerciales, incursiones en territorios vecinos para robar ganado y ataques contra ciudades fronterizas. El raiderismo no era una aberración cultural sino una parte normal de la economía amalecita. Los guerreros exitosos ganaban prestigio y compartían el botín, lo que reforzaba su posición social.
Las caravanas comerciales que viajaban por las rutas comerciales que cruzaban el Negev eran objetivos particulares. El Negev era una zona de paso entre Egipto, Arabia y el Levante. Estas rutas comerciales llevaban incienso, especias y otros bienes valiosos. El raiderismo amalecita sobre estas rutas no solo enriquecía a los amalecitas sino que también representaba un riesgo importante para el comercio regional.
Este modelo económico explica por qué los amalecitas fueron una amenaza persistente pero nunca une potencia hegemónica. Carecían de los recursos concentrados que generaban los reinos sedentarios, pero sus tácticas nómadas les permitían aprovecharse del comercio y la riqueza de otros pueblos.
Religión y creencias
La religión amalecita, como la de otros pueblos semitas de la época, era probablemente monolátrica: cada tribu o clan tenía su propio dios protector a quien rendía culto, mientras reconocía la existencia de otros dioses. Los nombres amalecitas registrados en fuentes bíblicas y otras fuentes sugieren que adoraban a deidades semitas comunes: probablemente incluían a Hadad (dios de la tormenta), Baal (dios del ganado) y otras divinidades de un panteón semita generalizado.
Los registros específicos sobre la religión amalecita son limitados. Los relatos bíblicos se enfocaban en los conflictos militares y religiosos, no en describir la cosmología amalecita. Sin embargo, el paralelismo entre la religión amalecita y la de otros pueblos del Levante antiguo sugiere que practicaban sacrificios de animales, celebraban festividades estacionales relacionadas con el pastoreo y buscaban la voluntad divina a través de adivinos y videntes.
La amenaza religiosa que los amalecitas representaban para Israel era menos teológica que práctica. Mientras que la religión israelita desarrollaba conceptos de alianza divina y elegibilidad nacional, la religión amalecita permaneció más localizada y tribal. Para los israelitas posteriores, los amalecitas representaban no solo rivales políticos sino también representantes de un paganismo que debía ser superado.
Evidencia arqueológica e histórica
Referencias extrabíblicas
Las referencias a los amalecitas en fuentes no bíblicas son limitadas pero significativas. El antiguo historiador griego Estrabón mencionó a los «amalequitas» como un pueblo del desierto de Arabia. Los relatos de autores clásicos como Plinio el Viejo también incluyen referencias a pueblos nómadas del desierto árabe que podrían identificarse con los amalecitas.
Más importante es la mención de Amalec en inscripciones egipcias. Las estelas y relieves de los faraones egipcios a veces registraban los pueblos que habían sido derrotados en batalla. Algunas referencias sugieren encuentros entre fuerzas egipcias y pueblos nómadas del Sinaí que podrían incluir a los amalecitas.
Sin embargo, los amalecitas nunca fueron lo suficientemente importantes para ser mencionados como una amenaza principal por los imperio antiguos. A diferencia de los filisteos que aparecen frecuentemente en registros egipcios, o de los hititas que tienen una prominencia significativa en fuentes mesopotámicas, los amalecitas permanecen principalmente como antagonistas en la narrativa bíblica.
Evidencia arqueológica
La evidencia arqueológica directa de asentamientos amalecitas es difícil de identificar. El Negev ha sido objeto de excavación arqueológica, pero distinguir entre restos de pueblos nómadas diferentes en un período específico es problemático. Los pueblos nómadas dejan registros arqueológicos menos densos que los sedentarios, lo que hace difícil la identificación cultural.
Sin embargo, el Negev contiene evidencia de ocupación pastoral durante la época en que los amalecitas estaban activos. Los sitios arqueológicos del Negev desde el segundo milenio hasta los primeros siglos del primer milenio a.C. muestran evidencia de ocupación pastoral seminómada, lo que es consistente con la existencia del pueblo amalecita.
Los estudios recientes de paleoecología en el Negev han mostrado que el clima en la época de los amalecitas fue probablemente más húmedo que el actual, permitiendo mayor ocupación pastoral. Esto refuerza la evidencia de que el Negev fue capaz de sostener poblaciones pastorales significativas durante el período antiguo.
Amalecitas vs. Pueblos vecinos
| Aspecto | Amalecitas | Israelitas | Filisteos | Edomitas |
|---|---|---|---|---|
| Modo de vida | Nómada/seminómada | Transición de nómada a sedentario | Sedentario/marítimo | Seminómada/sedentario |
| Territorio | Negev, desierto del Sinaí | Palestina central y sur | Costas mediterráneas | Edom, sur de Jordania |
| Organización política | Tribal descentralizada | Tribal → Monarquía centralizada | Ciudades-estado | Tribal → Reino |
| Economía principal | Pastoreo + raiderismo | Agricultura + pastoreo | Comercio marítimo | Pastoreo + comercio |
| Religión | Politeísmo semita | Monoteísmo evolucional | Politeísmo indoeuropeo | Politeísmo semita |
| Importancia política | Amenaza fronteriza | Potencia regional creciente | Poder importante | Poder regional |
| Duración como grupo identificable | ~1200 a.C. – 1000 a.C. (final) | Continuidad hasta presente | ~1200 a.C. – 600 a.C. | Continuidad antigua |
| Relación con Israel | Conflicto perpetuo | Entidad central | Rivalidad importante | Tensión fronteriza |
La importancia religiosa posterior: Amalec como símbolo
Amalec en la teología judía
Aunque los amalecitas desaparecieron como pueblo identificable alrededor del 1000 a.C., la memoria de Amalec perduró en la teología judía como símbolo de hostilidad maligna. En la tradición judía posterior, Amalec llegó a representar no solo un pueblo rival sino la encarnación del mal que se opone a Dios y a su pueblo elegido.
La Torá contiene una prescripción específica sobre cómo los israelitas deben tratar a Amalec: «Recuerda lo que Amalec hizo cuando saliste de Egipto» y «Debes borrar la memoria de Amalec de debajo del cielo». Esta prescripción se transformó en un mandamiento religioso específico en la ley judía: el deber de recordar y combatir a Amalec es considerado uno de los 613 mandamientos.
Con el tiempo, especialmente durante el período rabínico, Amalec fue espiritualizado: ya no se refería simplemente al pueblo antiguo sino a cualquier enemigo que buscara destruir a los judíos. Teólogos rabínicos especulaban sobre qué pueblos y naciones contemporáneas «encarnaban» a Amalec. Diferentes figuras históricas fueron identificadas con Amalec: algunos sostenían que eran los griegos seléucidas, otros que eran los romanos, otros que eran otros pueblos que perseguían a los judíos.
Amalec en el calendario y la liturgia judía
La importancia de Amalec en el judaísmo es reflejada en su presencia en el calendario litúrgico. Antes de la festividad de Purim, que conmemora la salvación de los judíos en Persia, existe una lectura especial llamada «Parashat Zachor» (Recuerda lo que Amalec hizo). En esta lectura, se recuerda el ataque amalecita contra los israelitas en el desierto.
Purim mismo tiene conexiones teológicas con el tema de Amalec. Según la tradición, Amán, el antagonista de la historia de Purim, fue descendiente de Amalec (específicamente, se dice que fue un descendiente del rey amalecita Agag). Por lo tanto, la salvación judía en la historia de Purim es interpretada como una continuación de la lucha histórica contra Amalec.
Esta transformación de un pueblo histórico antiguo en un símbolo teológico es característica de cómo las religiones monoteístas procesan la historia antigua. Los amalecitas, que fueron probablemente simplemente uno de muchos pueblos nómadas que compitieron con los israelitas en tiempos antiguos, fueron reimaginados como el enemigo arquetipal, cuyo nombre y memoria debían ser borrados del mundo.
Descubre más sobre los amalecitas y pueblos del Levante antiguo
- Pueblos del Levante antiguo: contexto regional general.
- Judaísmo: historia completa de la religión.
- Israelitas: el pueblo que conquistó Palestina y formó los reinos antiguos.
- Edomitas: descendientes de Esaú en el sur de Palestina.
- Los filisteos: la civilización que la Biblia convirtió en símbolo de ignorancia.
- Los nabateos: los maestros del desierto y el comercio.
- Saúl: primer rey de Israel.
- Primera Monarquía Israelita: estructura política del reino unificado.
Fuentes y bibliografía
Fuentes antiguas
- Biblia Hebrea / Tanakh. Libros de Éxodo, Jueces, y Samuel.
- Flavio Josefo. Antigüedades de los Judíos.
- Estrabón. Geografía. Sección sobre pueblos árabes y del desierto.
Estudios académicos modernos
- Bright, John. A History of Israel. 4ª edición. Westminster John Knox Press, 2000.
- Finkelstein, Israel y Silberman, Neil Asher. The Bible Unearthed: Archaeology’s New Vision of Ancient Israel and the Origin of Sacred Texts. Free Press, 2001.
- Miller, J. Maxwell y Hayes, John H. A History of Ancient Israel and Judah. 2ª edición. Westminster John Knox Press, 2006.
Arqueología del Negev
- Mazar, Amihai. Archaeology of the Land of the Bible: 10,000-586 B.C.E. Doubleday, 1990.
- Cribb, Roger. Nomads in Archaeology. Center for Archaeological Research, 2013.
Teología judía y Amalec
- Neusner, Jacob. Invitation to Midrash. Fortress Press, 1998. Incluye tratamiento de Amalec como símbolo religioso.
- Safrai, Shmuel y Stern, Menahem (editores). The Jewish People in the First Century: Historical Geography, Political History, Social, Cultural and Religious Life and Institutions. Fortress Press, 1974.
Pueblos nómadas del antiguo Levante
- Kurth, Gottfried. Bedouin Life in the Arabian Desert. Dover Publications, 1993. Para comparación etnográfica con pueblos nómadas.
- Lancaster, William (editor). The Kababish Arabs: Change and Adaptation in Nomadic Pastoral Breeding. Academic Press, 1981. Estudio etnográfico de pastores nómadas para comparación.
Preguntas frecuentes sobre los amalecitas
¿Existen pruebas de que los amalecitas realmente existieron como pueblo?
Aunque la evidencia arqueológica directa es limitada, múltiples fuentes antiguas confirman la existencia de los amalecitas como grupo identificable. Las referencias bíblicas, los relatos de historiadores clásicos, y las inscripciones egipcias mencionan pueblos nómadas del Sinaí y el Negev que pueden identificarse con los amalecitas. Además, el Negev ha mostrado arqueológicamente ocupación pastoral seminómada en el período correcto. Aunque no tenemos registros de sus propias ciudades o monumentos, la convergencia de evidencias sugiere que eran efectivamente un pueblo real.
¿Fueron los amalecitas completamente aniquilados por Saúl?
La narrativa bíblica describe una aniquilación completa, pero la realidad histórica fue probablemente más compleja. Saúl llevó a cabo una campaña militar exitosa que destruyó el poder amalecita como amenaza significativa, pero algunos amalecitas probablemente sobrevivieron, siendo gradualmente asimilados a otras poblaciones o dispersándose hacia regiones más remotas. Después de Saúl, no hay registro de amalecitas como grupo políico identificable, lo que sugiere que su efectiva desaparición como pueblo fue el resultado de la campaña de Saúl combinada con procesos más lentos de absorción cultural.
¿Por qué los amalecitas nunca desarrollaron un reino centralizado como los israelitas?
La geografía fue un factor importante. El Negev árido es difícil de controlar desde una única capital. El pastoreo nómada requiere movimiento constante, lo que hace que la concentración del poder sea problemática. Además, los amalecitas probablemente eran menos numerosos que los israelitas. Un reino centralizado requiere una población lo suficientemente grande para mantener una burocracia, un ejército permanente, y una capital. Los amalecitas prosperaron con un modelo tribal descentralizado que funcionaba bien para su modo de vida económico.
¿Cuál fue el rol de los amalecitas en la historia del Levante antiguo?
Los amalecitas jugaron un papel importante como guardianes de las rutas comerciales del Negev y el Sinaí, controlando parcialmente el comercio que fluía entre Egipto, Arabia, y el Levante. También fueron una constante amenaza fronteriza para los asentamientos israelitas del sur. Sin embargo, nunca fueron una potencia hegemónica como los imperios egipcio o mesopotamio. Su importancia fue principalmente regional y enfocada en las dinámicas de conflicto con Israel.
¿Cómo se transformó Amalec de un pueblo histórico a un símbolo religioso?
Con el tiempo, especialmente después de que los amalecitas desaparecieron como pueblo identificable, la memoria de Amalec fue espiritualizada en la tradición judía. Amalec llegó a representar la encarnación del mal y la hostilidad cósmica hacia el pueblo judío. En la teología rabínica posterior, cualquier enemigo que buscara destruir a los judíos fue potencialmente identificado como «encarnación de Amalec». Este proceso es común en las religiones donde la historia antigua es utilizada para entender el presente.
¿Cómo sabemos que los amalecitas hablaban un idioma semita?
Los nombres amalecitas registrados en fuentes bíblicas y otras fuentes son claramente semitas. Nombres como Amalec, Agag, y otros que aparecen en los textos utilizan patrones gramaticales y radicales semitas. Además, la genealogía que los conecta con Esaú indica que eran étnicamente semitas. Los pueblos vecinos como los edomitas, cananeos, e israelitas eran todos semitas, lo que sugiere que los amalecitas compartían esta matriz étnica y lingüística común al Levante antiguo.












