Cuando Jacob pronunció sus bendiciones finales a sus doce hijos en el capítulo 49 del Génesis, estableció un modelo literario que la tradición judía del período intertestamentario desarrollaría con una creatividad extraordinaria. Los Testamentos de los Doce Patriarcas, compuestos probablemente entre el siglo II a.C. y el I d.C., son la elaboración más ambiciosa de ese modelo: doce textos independientes, uno por cada hijo de Jacob, en los que cada patriarca pronuncia un discurso de despedida en su lecho de muerte que mezcla autobiografía confesional, exhortación ética y profecía apocalíptica.
El resultado es uno de los textos más fascinantes y más debatidos del período intertestamentario: un corpus que refleja las preocupaciones teológicas, éticas y demonológicas del judaísmo del Segundo Templo, que contiene algunas de las elaboraciones más tempranas sobre la figura de Beliar como adversario sobrenatural y que plantea preguntas sin respuesta definitiva sobre su relación con el judaísmo y el cristianismo primitivos.
Contexto y composición
Los Testamentos de los Doce Patriarcas no fueron escritos de una sola vez ni por un solo autor. La opinión mayoritaria entre los especialistas es que el núcleo del texto fue compuesto en hebreo o arameo en el contexto del judaísmo del período intertestamentario, probablemente en el siglo II a.C., posiblemente en círculos relacionados con la comunidad de Qumrán, posiblemente esenios o con grupos fariseos y que fue posteriormente editado y ampliado con adiciones de origen cristiano, probablemente en el siglo II d.C.
Esta historia compositiva compleja hace que los Testamentos sean uno de los textos más difíciles de analizar del canon apócrifo: es prácticamente imposible separar con certeza las capas judías de las capas cristinas, lo que ha generado un debate académico que dura más de un siglo sin resolución definitiva.
Lo que sí es claro es que el texto fue transmitido principalmente por comunidades cristianas, que lo conservaron y copiaron y que varios de sus pasajes contienen referencias cristológicas explícitas que son difícilmente atribuibles a un autor judío. Al mismo tiempo, el núcleo ético y demonológico del texto encaja perfectamente en el judaísmo del período del Segundo Templo, con paralelos directos en los Rollos del Mar Muerto.
La estructura de cada Testamento
Cada uno de los doce Testamentos sigue una estructura tripartita característica que combina tres géneros literarios distintos.
La autobiografía confesional
Cada patriarca de Israel comienza recordando un episodio central de su vida, frecuentemente uno en que pecó gravemente o fue sometido a una tentación intensa. Esta autobiografía no es un ejercicio de autocomplacencia sino una confesión pedagógica: el patriarca narra su pecado o su virtud para que sus descendientes aprendan de esa experiencia.


Lo notable de estas autobiografías es que frecuentemente amplían la narrativa del Génesis con episodios que el texto canónico no menciona. El Testamento de Rubén, por ejemplo, desarrolla extensamente su relación con Bilhá, la concubina de su padre, que el Génesis despacha con un solo versículo. El Testamento de José desarrolla con gran detalle la historia de la esposa de Potifar que intentó seducirlo, expandiendo los pocos capítulos del Génesis en una narración de resistencia moral ejemplar.
La exhortación ética
A partir de su experiencia autobiográfica, cada patriarca extrae una enseñanza moral que exhorta a sus hijos a seguir. Cada Testamento tiene un tema ético central que organiza toda su enseñanza:
El Testamento de Rubén trata sobre la fornicación y los peligros de las mujeres como instrumento de tentación, una perspectiva que refleja las preocupaciones ascéticas del judaísmo del período.
El Testamento de Simeón trata sobre la envidia, el vicio que lo llevó a odiar a José y a participar en su venta.
El Testamento de Leví es el más extenso e importante teológicamente: trata sobre el sacerdocio, incluye una visión celestial de Leví a través de los siete cielos y profetiza la corrupción del sacerdocio levítico. Es el Testamento más claramente conectado con las preocupaciones de Qumrán sobre la ilegitimidad del sacerdocio asmoneo.
El Testamento de Judá trata sobre la valentía, la avaricia y la fornicación, los tres pecados que Judá confiesa en su autobiografía, incluyendo su relación con Tamar que el Génesis 38 narra con llamativa franqueza.
El Testamento de Isacar trata sobre la sencillez de corazón, la virtud del agricultor honesto que trabaja la tierra sin ambiciones complicadas.
El Testamento de Zabulón trata sobre la compasión y la misericordia, virtudes que Zabulón exhibió cuando sus hermanos vendieron a José y él fue el único que lloró por él.
El Testamento de Dan trata sobre la ira, el vicio que casi llevó a Dan a matar a José y su relación con Satanás como su instigador.
El Testamento de Neftalí trata sobre la naturaleza y el orden creacional, con una visión de Neftalí sobre la dispersión de las tribus que es uno de los textos apocalípticos más elaborados del corpus.
El Testamento de Gad trata sobre el odio, el vicio opuesto a la compasión de Zabulón y su capacidad de destruir al que lo alberga más que al odiado.
El Testamento de Aser trata sobre la doblez de corazón, la incapacidad de comprometerse completamente con el bien o con el mal y desarrolla una doctrina de las dos inclinaciones que conecta con el concepto rabínico del yetzer ha-tov y el yetzer ha-ra.
El Testamento de José es el más extenso después del de Leví y el más elaborado narrativamente: trata sobre la castidad y la paciencia, desarrollando extensamente la historia de la resistencia de José a las insinuaciones de la esposa de Potifar como el modelo supremo de la virtud ante la tentación.
El Testamento de Benjamín trata sobre la pureza de corazón, la virtud del hombre de una sola inclinación que ama a Dios sin división interior.
La profecía escatológica
Cada Testamento termina con una sección profética en la que el patriarca anuncia el futuro de su tribu y frecuentemente el fin de los tiempos. Estas profecías incluyen anuncios de la dispersión de Israel por sus pecados, la llegada del Mesías, en algunos testamentos con características que la tradición cristiana identificó con Jesús y la restauración final.
Beliar: el adversario sobrenatural
El elemento demonoógico más importante de los Testamentos es la figura de Beliar, forma griega de Belial, como el adversario sobrenatural que tienta a los humanos y gobierna el reino del mal. Beliar aparece en casi todos los Testamentos como el agente activo detrás de las tentaciones que cada patriarca narra. No es simplemente una fuerza abstracta del mal sino un ser personal con estrategias específicas para cada tipo de pecado:
- En el Testamento de Dan: «He aquí que os he mostrado todo: elegid, pues, para vosotros la luz o las tinieblas, la ley del Señor o las obras de Beliar». El dualismo entre Dios y Beliar es explícito y total: no hay término medio.
- En el Testamento de Leví: Beliar es presentado como el gobernante del período presente, que será derrotado cuando llegue el Sacerdote mesiánico.
- En el Testamento de Neftalí: la historia del pecado de las tribus es narrada como la victoria temporal de Beliar sobre Israel.
- En el Testamento de José: Beliar es el instigador de la esposa de Potifar en su intento de seducir a José: «El espíritu de Beliar buscaba hacerme daño».
Esta elaboración de Beliar como adversario sobrenatural personalizado es coherente con la demonología de Qumrán, donde el Ángel de las Tinieblas gobierna a los hijos de la oscuridad en la guerra cósmica contra los hijos de la luz y con la tradición más amplia del judaísmo apocalíptico del período del Segundo Templo.
Los Testamentos y los Rollos del Mar Muerto
La relación entre los Testamentos de los Doce Patriarcas y los textos de Qumrán es uno de los debates más productivos de la investigación académica desde el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto en 1947.
Varios fragmentos hebreos y arameos encontrados en las cuevas de Qumrán han sido identificados como partes de textos relacionados con los Testamentos, especialmente un Testamento arameo de Leví y un Testamento arameo de Neftalí. Estos fragmentos son anteriores a los textos griegos conservados y sugieren que los Testamentos tienen raíces en tradiciones arameas antiguas que la comunidad de Qumrán conocía y valoraba.
Las coincidencias temáticas y terminológicas entre los Testamentos y los textos de Qumrán son múltiples. El dualismo entre la luz y las tinieblas, la figura de Beliar como adversario cósmico del bien, la expectativa de dos Mesías, uno sacerdotal de la tribu de Leví y otro real de la tribu de Judá y la preocupación por la pureza ritual y la separación de los impuros son elementos compartidos que sugieren un ambiente teológico común.
Los Testamentos y el Nuevo Testamento
La relación entre los Testamentos de los Doce Patriarcas y el Nuevo Testamento es igualmente significativa aunque más difícil de precisar. El debate académico gira en torno a una pregunta fundamental: ¿los pasajes de los Testamentos que recuerdan enseñanzas del Nuevo Testamento son interpolaciones cristianas en un texto originalmente judío, o son textos judíos que el Nuevo Testamento conocía y con los que dialogaba?
Algunos ejemplos de esa resonancia son notables. El Testamento de Dan contiene una formulación del mandamiento del amor que recuerda a Mateo 22:37-39: «Amad al Señor en toda vuestra vida y unos a otros con corazón verdadero». El Testamento de Gad desarrolla una enseñanza sobre el perdón de los enemigos que recuerda al Sermón de la Montaña. El Testamento de Benjamín habla de un hombre bueno que no tiene doble visión, la misma metáfora del ojo sano y el ojo malo de Mateo 6:22-23.
La explicación más convincente para muchos especialistas es que tanto los Testamentos en su núcleo judío como el Nuevo Testamento bebían de un ambiente ético y apocalíptico común del judaísmo del Segundo Templo y que las comunidades cristianas que transmitieron los Testamentos añadieron adiciones cristológicas que reforzaron esas resonancias.
Los doce Testamentos de los Patriarcas
| Testamento | Tema ético central | Episodio autobiográfico | Papel de Beliar |
|---|---|---|---|
| Rubén | Fornicación y peligros de la lujuria | Relación con Bilhá, la concubina de Jacob | Beliar tienta mediante el deseo sexual |
| Simeón | Envidia y sus consecuencias | Envidia hacia José que casi lo lleva al fratricidio | El espíritu de envidia viene de Beliar |
| Leví | Sacerdocio, pureza y visión celestial | Visión de los siete cielos; masacre de Siquén | Beliar será derrotado por el Sacerdote mesiánico |
| Judá | Valentía, avaricia y fornicación | Relación con Tamar; venta de José | El vino abre la puerta a Beliar |
| Isacar | Sencillez de corazón | Vida recta de agricultor sin ambiciones | Beliar no tiene poder sobre el corazón sencillo |
| Zabulón | Compasión y misericordia | Fue el único que lloró por José | La compasión es el escudo contra Beliar |
| Dan | Ira y su relación con Satanás | Odio hacia José que casi lo lleva al asesinato | Beliar gobierna mediante la ira; dualismo luz/tinieblas explícito |
| Neftalí | Naturaleza y orden creacional | Visión de la dispersión de las tribus | El pecado contra el orden natural sirve a Beliar |
| Gad | Odio y sus efectos destructivos | Odio hacia José; arrepentimiento tardío | El odio es la puerta principal de Beliar al alma |
| Aser | Doblez de corazón vs pureza de intención | Doctrina de las dos inclinaciones | Beliar habita en el corazón dividido |
| José | Castidad y paciencia ante la adversidad | Resistencia a la esposa de Potifar; esclavitud en Egipto | El espíritu de Beliar actuó a través de la esposa de Potifar |
| Benjamín | Pureza de corazón y bondad | Amor hacia José; vida recta | El hombre de corazón puro es invulnerable a Beliar |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Charlesworth, J.H. (ed.) (1983). The Old Testament Pseudepigrapha, vol. I. Doubleday, Garden City.
- García Martínez, F.; Tigchelaar, E.J.C. (eds.) (1997). The Dead Sea Scrolls Study Edition. Brill, Leiden.
- Early Jewish Writings: «Testaments of the Twelve Patriarchs«.
Bibliografía:
- Díez Macho, Alejandro (ed.) (1987). Apócrifos del Antiguo Testamento, vol. V. Ediciones Cristiandad, Madrid.
- García Martínez, Florentino (1992). Textos de Qumrán. Trotta, Madrid.
- de Jonge, Marinus (ed.) (1978). Studies on the Testaments of the Twelve Patriarchs. Brill, Leiden.
- Hollander, H.W.; de Jonge, M. (1985). The Testaments of the Twelve Patriarchs: A Commentary. Brill, Leiden.
- Kugel, James L. (1998). Traditions of the Bible. Harvard University Press, Cambridge.
Preguntas frecuentes sobre los Testamentos de los Doce Patriarcas
¿Qué son exactamente los Testamentos de los Doce Patriarcas?
Los Testamentos de los Doce Patriarcas son doce textos apócrifos del período intertestamentario, uno por cada hijo de Jacob, que presentan a cada patriarca pronunciando un discurso de despedida en su lecho de muerte. Cada texto tiene tres partes: una autobiografía confesional donde el patriarca recuerda sus pecados o virtudes, una exhortación ética para sus descendientes y una profecía sobre el futuro. Son importantes para la historia del judaísmo del Segundo Templo, la demonología judía y los orígenes del cristianismo.
¿Son los Testamentos un texto judío o cristiano?
La pregunta no tiene respuesta sencilla. El consenso académico mayoritario considera que los Testamentos tienen un núcleo judío del siglo II a.C. —compuesto en un ambiente relacionado con Qumrán o con el judaísmo apocalíptico del período— que fue posteriormente editado y ampliado con adiciones cristológicas, probablemente en el siglo II d.C. Algunas minorías académicas los consideran una composición cristiana que usa fuentes judías, mientras que otros los ven como un texto casi completamente judío con solo mínimas interpolaciones.
¿Qué papel tiene Beliar en los Testamentos?
Beliar —forma griega de Belial— es el adversario sobrenatural que aparece en casi todos los Testamentos como el instigador de las tentaciones que cada patriarca narra. No es una fuerza abstracta sino un ser personal con estrategias específicas para cada tipo de pecado: tienta a Rubén mediante la lujuria, a Simeón mediante la envidia, a Dan mediante la ira, a José mediante la seducción. El dualismo entre Dios y Beliar en los Testamentos es explícito y total, coherente con la demonología de Qumrán y la apocalíptica del período.
¿Por qué los Testamentos no están en la Biblia?
Los Testamentos de los Doce Patriarcas no forman parte del canon hebreo ni del Antiguo Testamento protestante o católico porque fueron compuestos después del cierre del canon hebreo y porque contienen elaboraciones que van más allá del texto bíblico canónico. Sin embargo, fueron considerados textos de gran autoridad en algunas comunidades judías y cristianas antiguas, y su influencia en la ética y la escatología del período es indudable.









