En las piedras talladas de Monte Albán se encuentra el llamado Glifo W, que muestra el conteo de la luna desde hace 2.200 años, es decir, entre el 496 al 221 a.C.
El Glifo ya era conocido desde hace casi un siglo cuando el arqueólogo mexicano Alfonso Caso lo descubrió en 1928, pensándose en un inicio que estaba relacionado con un calendario adivinatorio de 260 días o el calendario de 365 días.
El estudio realizado por John Justeson y Justin Patrick Lowry, han interpretado el glifo como la pieza fundamental de un calendario lunar, que sería una de las primeras prácticas de este tipo en toda Mesoamérica.
Los investigadores encontraron un patrón cuando estudiaron a profundidad las inscripciones, a saber: primero encontraban la mención de un día en el calendario de 260 días, posteriormente, se nombraba un año en el calendario de 52 años y finalmente, se utilizaba el Glifo W con un número escrito en barras y puntos.
Al combinar esos tres elementos se daban cuenta que el glifo arrojaba un número cercano al 29,53 días lo que coincide con el mes lunar, y los antiguos zapotecas con la unificación de estos tres datos creían poder predecir con exactitud el momento exacto en que sucedería algún hecho. .
El calendario mostraba la primera noche de luna creciente, luego los demás números daban la información del día de la siguiente fase.









