Los libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento representan uno de los puntos de fractura más profundos en la historia religiosa occidental, una grieta que ha dividido a católicos, ortodoxos y protestantes durante más de mil años. La palabra «deuterocanónico» significa literalmente «segundo canon», textos que fueron aceptados como sagrados en una segunda ronda de canonización, pero que nunca gozaron de unanimidad religiosa.
Estos libros incluyen la Sabiduría, el Eclesiástico (también llamado Ben Sirá), Tobías, Judith, los Macabeos (cuatro libros en las tradiciones ortodoxas, dos en las católicas) y Baruc con su anexa Carta de Jeremías. Fueron escritos principalmente durante el período helenístico, entre el 300 y el 100 antes de Cristo, una época en que el judaísmo estaba siendo transformado por el contacto con la civilización griega.
Lo que hace a los deuterocanónicos únicos es que nunca fueron rechazados universalmente como los pseudepígrafos, pero tampoco fueron aceptados universalmente como los protocanónicos. Durante siglos, algunas comunidades religiosas los consideraban Escritura inspirada, mientras que otras los trataban como «útiles pero no canónicos» y finalmente otras los rechazaron completamente. Esta ambigüedad no es un accidente histórico, sino que refleja debates profundos sobre qué textos tenían autoridad verdadera, sobre si la revelación divina continuó después de Esdras y sobre cómo el judaísmo debería responder a la helenización de su mundo.
Los deuterocanónicos son también extraordinariamente valiosos para entender la historia judía del período que los historiadores llaman intertestamentario, el tiempo entre el cierre del Antiguo Testamento protocanónico y el surgimiento del cristianismo. Ofrecen perspectivas sobre cómo los judíos experimentaban la persecución, cómo resistían, cómo pensaban sobre Dios cuando su templo fue profanado. Son documentos de una comunidad en crisis, buscando justificación teológica para su supervivencia y su recepción diferencial por distintas tradiciones cristianas revela tanto sobre esas tradiciones como sobre los textos mismos.
La cuestión de la canonicidad: ¿quién decide qué es Escritura?
Para entender verdaderamente qué son los deuterocanónicos, hay que primero entender cómo funcionaba la canonicidad en el mundo antiguo. La idea moderna de que hay un «canon» definitivo de Escritura es una invención relativamente tardía. En los tiempos antiguos, la canonicidad no era binaria, no era simplemente que algo fuera canónico o no lo fuera. Había capas de autoridad, textos que eran considerados absolutamente sagrados por una comunidad, textos que eran leídos en sinagogas, textos que eran estudiados por eruditos y textos que circulaban entre comunidades específicas. Todo esto existía en un espectro, no en compartimentos separados.
Los deuterocanónicos ocupaban un lugar específico en este espectro. Fueron incluidos en la traducción al griego del Antiguo Testamento llamada la Septuaginta, que fue preparada para judíos de habla griega en Alejandría durante el siglo III a.C.. La Septuaginta es crucial para entender la canonicidad antigua porque fue el primer «canon» explícito que vemos en la historia religiosa. Los judíos helenísticos, cuando compilaron sus textos sagrados al griego para que sus comunidades pudieran leerlos, incluyeron los deuterocanónicos, no en una decisión casual, sino que significaba que estos textos eran considerados parte de la herencia religiosa judía legitima.
Sin embargo, cuando el judaísmo rabínico se consolidó después de la destrucción del Templo en 70 d.C., hubo un cambio. Los rabinos iniciaron un proceso de definición del canon de una manera mucho más rígida de lo que había sido previamente. Necesitaban establecer qué textos eran verdaderamente revelación divina y qué textos no lo eran. Era un proyecto de defensa de la identidad judía y en este proceso, decidieron que el canon debería ser cerrado, que debería limitarse al «protocanón», los textos que estaban en hebreo, que eran más antiguos y que podían ser rastreados hasta las épocas primordiales de Israel. Los deuterocanónicos, escritos más recientemente, principalmente en griego o en arameo, quedaron fuera.
Pero aquí es donde se vuelve complicado. El cristianismo primitivo heredó la Septuaginta, no el canon rabínico hebreo. Los cristianos primitivos, cuando compilaban sus escrituras, incluían los deuterocanónicos como parte de su Antiguo Testamento y durante los primeros siglos del cristianismo, no había debate sobre los deuterocanónicos. Simplemente eran Escritura. Fueron citados por Padres de la Iglesia, incluidos en los códices más antiguos y enseñados como verdad revelada.
El primer desacuerdo real surgió durante la Reforma protestante en el siglo XVI. Martín Lutero, cuando tradujo la Biblia al alemán, tomó la decisión consciente de excluir los deuterocanónicos. Su razonamiento era que solo debería incluir textos que fueran reconocidos como canónicos por el judaísmo contemporáneo. Si el judaísmo no los aceptaba, razonaba, entonces los cristianos tampoco deberían. La Iglesia Católica respondió en el Concilio de Trento en 1546 afirmando explícitamente que los deuterocanónicos eran canónicos. La Iglesia Ortodoxa, por su parte, nunca los excluyó realmente. Así se creó la brecha que persiste hasta hoy.
El período helenístico: cuando el judaísmo encontró Grecia
Para entender por qué los deuterocanónicos fueron escritos, hay que entender el contexto histórico en que nacieron. El mundo judío del siglo III antes de Cristo estaba siendo transformado por un evento histórico monumental: la conquista de Alejandro Magno. Cuando Alejandro conquistó el Imperio Persa en 333 a.C., el mundo judío quedó cautivo de la helenización. La civilización griega no era simplemente una amenaza militar, era una amenaza cultural, intelectual, espiritual.
La helenización no se imponía por la fuerza, sino que era seductora. Los judíos en Alejandría, particularmente, fueron expuestos a la filosofía griega, la literatura y la forma de vida griega. Algunos judíos, especialmente los de la clase alta, fueron seducidos y adoptaban nombres griegos, enviaban a sus hijos a escuelas griegas, olvidaban el hebreo y muchos dejaban de practicar sus tradiciones religiosas.
Para muchos judíos piadosos, esto representaba una crisis existencial. ¿Cómo podría la fe judía sobrevivir en un mundo greco-romano? ¿Cómo explicarían a sus hijos por qué su religión era verdadera cuando la filosofía griega ofrecía sistemas de pensamiento tan sofisticados? ¿Cómo podrían mantener su identidad cuando todo a su alrededor era griego?
Los deuterocanónicos fueron escritos, en gran medida, como respuesta a esta crisis. No fueron escritos por profetas antiguos, sino por judíos del período helenístico que estaban buscando formas de defender la fe judía, de mostrar que el judaísmo era sabio, que era elaborado y que podía competir intelectualmente con la filosofía griega. El Libro de la Sabiduría, por ejemplo, está completamente escrito en griego culto, con conceptos tomados de la filosofía platónica y estoica, pero el mensaje es completamente judío: que la verdadera sabiduría proviene de Dios, que los que persiguen la verdadera sabiduría serán salvados.
Otros deuterocanónicos fueron escritos en respuesta a persecuciones específicas. Los Macabeos documentan la rebelión judía contra Antíoco IV, quien intentó forzar la helenización violentamente y Judith narra la historia de una mujer judía que resiste la ocupación. Estos textos fueron escritos para inspirar a comunidades que se enfrentaban a la opresión, para afirmar que Dios estaba con los judíos, que su causa era justa, que la resistencia era noble.
El contexto helenístico es absolutamente crucial para entender por qué estos textos fueron eventualmente excluidos del canon rabínico. Los rabíes que se consolidaron después del 70 d.C. querían un canon que fuera definitivamente judío, no helenístico. Querían textos que fueran antiguos, que fueran de la época de los profetas, no de escritores contemporáneos que estaban intentando adaptarse a la cultura griega. Los deuterocanónicos, al haber sido escritos en respuesta a la helenización, portaban las marcas de ese encuentro cultural y precisamente por eso fueron excluidos.
Los libros deuterocanónicos: una cartografía
El Libro de la Sabiduría es quizás el más elaborado filosóficamente de todos los deuterocanónicos. Fue escrito en griego puro, probablemente en Alejandría en el siglo I antes de Cristo, en respuesta a la persecución de judíos por gobernantes greco-romanos. El autor adopta un nombre falso, Salomón, lo que lo convierte técnicamente en un pseudepígrafo además de un deuterocanónico, aunque rara vez es tratado como tal. El libro intenta demostrar que la verdadera sabiduría es la sabiduría bíblica, que aquellos que persiguen a los justos son necios y que la muerte es solo una transición hacia la vida eterna con Dios. Es un libro completamente apologético, una defensa de la fe judía ante un mundo que la cuestionaba.
El Eclesiástico, también conocido como el Libro de Ben Sirá, es muy diferente. Fue probablemente escrito a principios del siglo II antes de Cristo, en hebreo o arameo, por un sabio judío llamado Jesús ben Sira quien enseñaba en Jerusalén. El Eclesiástico es un libro de máximas, de proverbios, de enseñanzas morales, fundamentalmente una obra de sabiduría práctica. Dice cosas como «Honra a tu padre» y «El trabajo noble es glorioso». Es menos especulativo que la Sabiduría, más permeable en la vida cotidiana judía y probablemente porque era menos amenazante teológicamente, fue incluido en muchas comunidades judías incluso después del rechazo rabínico del canon más amplio.
Tobías es una novela piadosa, una historia con una lección moral. Narra cómo un joven judío llamado Tobías es bendecido por Dios cuando actúa con bondad hacia un extranjero. Es una afirmación de que la virtud es recompensada, que Dios cuida de los justos. El libro enfatiza la importancia de la fe, del matrimonio piadoso, del cuidado de los padres. Es casi una parábola, una forma narrativa de enseñar verdades religiosas. Tiene elementos de novela de ficción, lo que lo hace diferente de los otros deuterocanónicos que son más claramente textos morales o históricos.
Judith es otra novela piadosa, pero de un tipo muy diferente. Cuenta la historia de Judith, una viuda piadosa que seduce al general asirio Holofernes y lo asesina para salvar su pueblo. Es una historia de resistencia, de una mujer débil que derrota a un enemigo poderoso a través de ingenio y fe. Es claramente escrita como inspiración en tiempos de ocupación o persecución. Aunque probablemente los eventos de Judith nunca ocurrieron (es una novela, no historia), la lección es profundamente real: los enemigos de Dios serán derrotados.
Los Macabeos son diferentes de todos los anteriores porque son claramente históricos. Narran la revuelta de los Macabeos contra Antíoco IV, la profanación del Templo, la rededicación y el establecimiento de la dinastía asmonea. El Primer Libro de Macabeos es probablemente el relato más confiable que tenemos de estos eventos y el Segundo Libro es más interpretativo, más teológico, presentando los eventos de forma que subraya la providencia divina. Hay un Tercer y Cuarto Libro de Macabeos, aunque estos son considerados canónicos solo por algunas tradiciones ortodoxas, no por católicos o protestantes.
Baruc, con su anexa Carta de Jeremías, es un texto híbrido. Supuestamente escrito por Baruc, el escriba de Jeremías, después de la destrucción del Templo por Babilonia y contiene confesiones de pecado, oraciones, lamentos sobre la exilio. Es un texto que responde a trauma religioso, que intenta encontrar significado en la derrota. Probablemente fue escrito mucho más tarde, durante el período helenístico, pero proyecta su mensaje hacia atrás, como si Baruc estuviera hablando después de la primera destrucción del Templo, cuando en realidad el autor estaba respondiendo a circunstancias de su propio tiempo.
La división canónica: por qué el protestantismo los rechazó
La Historia de la canonicidad de los deuterocanónicos es una historia de inclusiones y exclusiones graduales, de diferencias confesionales que gradualmente se endurecieron en doctrina. Durante los primeros siglos del cristianismo, no había debate: los deuterocanónicos estaban en la Septuaginta, fueron incluidos en las primeras copias de la Biblia cristiana y fueron citados por Padres de la Iglesia. Cuando Jerónimo tradujo la Biblia al latín en el siglo IV, la Vulgata Latina, inicialmente incluyó los deuterocanónicos.
Jerónimo, sin embargo, dejó notas indicando que estos textos no estaban en el canon hebreo, que eran «útiles pero no canónicos». Esto plantó una semilla de duda que germinaría durante toda la Edad Media. Había una conciencia entre los eruditos de que los deuterocanónicos eran diferentes de los otros libros, que no estaban en el canon hebreo, que su estatus era ambiguo.
Cuando llegó la Reforma protestante en el siglo XVI, esta ambigüedad se convirtió en ruptura. Martín Lutero, en particular, fue muy vocal sobre el rechazo de los deuterocanónicos. Publicó su traducción de la Biblia al alemán y separó los deuterocanónicos del resto, poniéndolos en una sección aparte bajo el título «Apócrifos«. El mensaje era claro: estos textos no son de la misma categoría que los otros. La Iglesia Católica respondió en el Concilio de Trento en 1546 afirmando explícitamente que los deuterocanónicos eran canónicos, que eran parte de la Escritura inspirada. Esta fue la primera definición oficial de los deuterocanónicos por cualquier iglesia.
La Iglesia Ortodoxa Griega y Oriental nunca realmente participó en este debate con la misma intensidad. Mantuvo los deuterocanónicos en su canon, aunque con ciertos matices. Algunas tradiciones ortodoxas consideran que Macabeos tiene estatus ligeramente menor, pero generalmente están incluidos.
Así que hoy, siglos después de la Reforma, tenemos una división clara. Los protestantes (Luteranos, Calvinistas, Anglicanos) no incluyen los deuterocanónicos en su canon. Para ellos, la Biblia contiene 66 libros. Los católicos incluyen los deuterocanónicos (aunque no todos, solo siete libros específicos), dando a su Biblia 73 libros. Los ortodoxos incluyen aún más en algunas tradiciones, llegando a 79 o más libros. La diferencia es completamente resultado de decisiones humanas tomadas siglos después de que estos textos fueron escritos. No es que los textos mismos cambien, es que diferentes comunidades decidieron incluirlos o no en sus canones.
Influencia en la teología cristiana: más de lo que se admite
Aunque los deuterocanónicos han sido oficialmente excluidos del canon protestante, su influencia en el cristianismo occidental ha sido profunda y ubicua. Muchos conceptos teológicos que los protestantes consideran bíblicos en realidad provienen de los deuterocanónicos. El concepto cristiano del más allá, de la resurrección, de la vida después de la muerte, está más claramente desarrollado en los deuterocanónicos que en los protocanónicos. El Libro de la Sabiduría ofrece una visión clara de la inmortalidad del alma, de la vida eterna con Dios. Los Macabeos discuten la resurrección de los muertos.
La oración por los difuntos, una práctica importante en el catolicismo, está basada parcialmente en referencias en los Macabeos sobre oraciones por los muertos. La práctica de la caridad como redención, de la importancia de la limosna, está fuertemente enfatizada en Tobías. La idea del martirio como un acto noble que complace a Dios viene en gran parte de los Macabeos.
En la tradición católica, los deuterocanónicos son empleados con total libertad como Escritura autoritativa. Son citados en la liturgia. Influyeron en la formación de doctrinas. El desarrollo de la mariología católica, por ejemplo, fue influenciado por el énfasis en los deuterocanónicos sobre la importancia de las mujeres piadosas y virtuosas.
Incluso en el protestantismo, donde son formalmente rechazados, los deuterocanónicos han dejado su huella. Muchas iglesias protestantes históricamente los incluían en sus Biblias, simplemente separados en una sección de «apócrifos». Solo en tiempos modernos han sido completamente eliminados de muchas ediciones protestantes. Y muchos conceptos protestantes sobre virtud, sobre caridad, sobre resistencia en tiempos de opresión, fueron influenciados indirectamente por estos textos a través de la tradición eclesiástica.
El debate historiográfico contemporáneo
El campo de los estudios bíblicos en la academia moderna ha comenzado a reevaluar los deuterocanónicos con nuevos ojos. Hay un reconocimiento creciente de que la línea entre «canónico» y «no canónico» es mucho más borrosa de lo que las tradiciones religiosas han insistido. Los eruditos señalan que durante los primeros siglos del cristianismo, diferentes comunidades tenían diferentes canones. No había un único «canon» en el sentido en que hablamos de ello hoy.
Algunos eruditos argumentan que los deuterocanónicos fueron injustamente excluidos por las decisiones literalmente protestantes y que ofrecen perspectivas valiosas que el canon protestante ha abandonado. La sofisticación filosófica del Libro de la Sabiduría, por ejemplo, podría enriquecer enormemente la teología protestante contemporánea. Los Macabeos ofrecen perspectivas sobre cómo las comunidades religiosas responden a la persecución que son relevantes para cristianos en contextos de opresión hoy.
Hay también una revaluación de la decisión rabínica de excluir los deuterocanónicos. Algunos eruditos judíos modernos argumentan que esta decisión fue más política que teológica, que fue más sobre definir una identidad judía post-70 d.C. que sobre determinar genuinamente qué textos eran inspirados. Desde esta perspectiva, la inclusión de los deuterocanónicos en la Septuaginta es tan válida como la exclusión rabínica del canon hebreo. Ambas fueron decisiones humanas en contextos históricos específicos.
Lo que está claro es que el deuterocanonismo no es un estado fijo. Es un fenómeno histórico, un proceso mediante el cual diferentes comunidades, en diferentes tiempos, decidieron incluir o excluir textos del canon. Entender los deuterocanónicos correctamente significa entender esta historia, no simplemente aceptar las decisiones canónicas posteriores como si fueran inevitables o obvias.
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Fuentes y bibliografía
Fuentes primarias:
Estudios académicos principales:
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- Jobes, Karen H. & Silva, Moisés. Invitation to the Septuagint. Baker Academic, 2000.
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- Bartlett, John R. Maccabees. Sheffield Academic Press, 1998.
Preguntas frecuentes sobre los deuterocanónicos
¿Por qué los deuterocanónicos están en la Biblia católica pero no en la protestante?
La diferencia se remonta a decisiones hechas durante la Reforma protestante en el siglo XVI. Martín Lutero decidió que solo los textos reconocidos como canónicos por el judaísmo contemporáneo deberían ser incluidos. Como los rabíes judíos habían excluido los deuterocanónicos, Lutero también los excluyó. La Iglesia Católica respondió en el Concilio de Trento en 1546 afirmando explícitamente que los deuterocanónicos eran canónicos. Así que la división es fundamentalmente sobre autoridad: ¿quién decide qué es Escritura? ¿La tradición cristiana antigua o la decisión rabínica posterior?
¿Fue la decisión rabínica de excluir los deuterocanónicos correcta?
Eso es una pregunta teológica más que histórica. Históricamente, la decisión rabínica fue política. Los rabíes necesitaban definir un canon claro para preservar la identidad judía después de la destrucción del Templo. Incluir textos escritos en griego, por judíos helenizados, parecía amenazar esa identidad. Así que los excluyeron. Fue una decisión humana en un contexto histórico específico, no una revelación divina de que estos textos carecían de valor.
¿Los deuterocanónicos tienen menos valor porque fueron escritos más recientemente?
No. El hecho de que hayan sido escritos durante el período helenístico no los hace menos valiosos. Simplemente significa que son más cercanos en tiempo a la era cristiana. Algunos de los protoevangelios más antiguos también fueron escritos durante este período. La antigüedad no es automáticamente una medida de autoridad religiosa.
¿Qué hace que Baruc sea tanto pseudepígrafo como deuterocanónico?
Baruc afirma ser escrito por Baruc, el escriba de Jeremías, quien vivió en el siglo VI antes de Cristo. Pero fue escrito probablemente en el período helenístico, hace casi 2,000 años después. Esto lo hace pseudepígrafo (falsa autoría). Pero porque fue incluido en la Septuaginta y es aceptado por católicos y ortodoxos como canónico, también es deuterocanónico. Un texto puede ser ambas cosas simultáneamente.
¿Por qué la Iglesia Ortodoxa Griega nunca participó en el debate sobre los deuterocanónicos?
La Iglesia Ortodoxa simplemente mantuvo los deuterocanónicos en su canon. No hubo un debate oficial comparable al que ocurrió en Occidente con la Reforma protestante y la respuesta católica. Las iglesias orientales continuaron usando la Septuaginta tal como la habían heredado, sin sentir la necesidad de definirse en oposición a una decisión rabbínica posterior.
¿Hay comunidades religiosas contemporáneas que consideren que algunos deuterocanónicos tienen menos autoridad que otros?
Sí. Algunas tradiciones ortodoxas consideran que los Macabeos tienen un estatus ligeramente diferente, aunque todavía los incluyen. La Iglesia Católica trata todos los deuterocanónicos incluidos como completamente canónicos sin distinción. El protestantismo, por supuesto, los excluye todos. Así que hay matices en cómo diferentes tradiciones los ven.
¿Podrían los deuterocanónicos ser alguna vez reincorporados al canon protestante?
Es poco probable. La decisión de excluirlos se ha vuelto doctrinal en el protestantismo. Los protestantes creen que el canon debe limitarse a los textos reconocidos como canónicos por el judaísmo antiguo. Esta es una posición teológica firmemente establecida. Revertirla requeriría un cambio fundamental en cómo los protestantes entienden la canonicidad.
¿Los deuterocanónicos están escritos en el mismo nivel literario que los protocanónicos?
En general, sí. El Libro de la Sabiduría es sofisticado filosóficamente. Los Macabeos son narrativa histórica seria. El Eclesiástico es sabiduría práctica. Tobías y Judith son novelas piadosas. En términos de calidad literaria y profundidad teológica, no son inferiores a muchos libros protocanónicos. La diferencia es contextual y política, no de calidad literaria.
¿Influyen los deuterocanónicos en la teología cristiana moderna?
En el catolicismo, profundamente. Son citados en la liturgia y en la enseñanza oficial. En el protestantismo, mucho menos directamente, pero de formas indirectas a través de la tradición eclesiástica. Hay un movimiento contemporáneo entre algunos teólogos protestantes de reconocer el valor de los deuterocanónicos incluso si no son formalmente canónicos.
¿Dónde puedo leer los deuterocanónicos hoy?
La Biblia católica incluye todos los deuterocanónicos. Las Biblias ortodoxas incluyen los deuterocanónicos más algunos libros adicionales. Muchas ediciones protestantes históricas incluyeron los deuterocanónicos en una sección aparte. Pueden encontrarse en compilaciones académicas de textos antiguos. Una buena traducción al español es la Biblia de Jerusalén, que incluye los deuterocanónicos con notas explicativas valiosas.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









