Biografía de Lutero

Martin Lutero

Martín Lutero es el principal teólogo del protestantismo. Su oposición a la Iglesia Católica y a sus anticuados métodos, acabó por crear una escisión doctrinal que dura hasta nuestros días. Fue venerado por muchos tras su muerte y respetado por algunos de sus contemporáneos.

Martín Lutero

Nació el 10 de noviembre de 1483 en Eisleben (Alemania) en el seno de una familia con recursos muy limitados. Su educación primaria fue muy pobre, casi inexistente, pero fue capaz de ingresar en 1501 en la Universidad de Erfurt. Allí desarrolló de forma exponencial su talento y destacó por su buena memoria, su incomparable imaginación, su raciocinio y su dedicación al estudio. Aunque tuvo la oportunidad de seguir estudiando Derecho en la Universidad, optó por cambiar de vida radicalmente.

En 1507, Lutero se ordenó en el sacerdocio y un año más tarde comenzó a impartir Teología en la Universidad de Wittenberg. Este cambio se produjo debido al gran interés que tenía sobre lo que él llamaba “Palabra de Dios”, es decir, sobre la Biblia. Veía como durante toda su vida, él había pecado contra esos mandatos divinos, así que optó por “enmendar su camino”. El 9 de marzo de 1508, Lutero recibió su grado de bachiller en Estudios Bíblicos y, finalmente, el 19 de octubre de 1512 se le concedió el grado de doctor en Teología.

Su vida por aquel entonces estaba dedicada exclusivamente a la oración, la ascesis y los estudios teológicos. Escribió la obra “Comentario a la Epístola a los romanos”, que ponía de manifiesto la doctrina de la justificación de la salvación por la fe, idea esencial del texto de San Pablo, y que se convertiría en la piedra angular del protestantismo oficial.

Para Lutero, solo salvaba la fe, no las obras y menos aún las falsas buenas obras adquiridas con dinero. Este es el inicio de la oposición del teólogo a la venta de indulgencias que efectuaba el arzobispo Alberto de Brandeburgo, apoyado por la predicación de los religiosos dominicos.

Lutero lanzó la voz de alarma y colgó las llamadas “95 tesis” el 31 de octubre de 1517 en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg para dialogar sobre ellas. En sus escritos atacaba el principio mismo de las indulgencias, de forma que negaba a la Iglesia el poder de borrar las penas del más allá. En esta época, Lutero no tenía intención de separarse de la Iglesia, sino sólo de combatir los abusos que se manifestaban en ella mediante debates o discusiones teológicas con otros expertos en la materia. En todo momento defendió sus ideas y aceptó realizar profundas charlas con teólogos de renombre, como el cardenal Cayetano y Jean Eck.

Aunque siempre se mostró abierto al diálogo, desde Roma lo empezaron a ver como una amenaza, por lo que, por mandato del Papa León X, condenaron sus posiciones finalmente en 1520. Ese mismo año, Lutero publicó las tres obras que han sido llamadas desde entonces “Los grandes escritos reformadores”. Se trata del “Manifiesto a la nobleza de Alemania”, en el que ataca la supremacía romana y propugna el sacerdocio universal; “La cautividad de Babilonia”, donde impugna la teoría católica de los sacramentos, de los que solo conserva el bautismo y la Santa cena (eucaristía); y , finalmente, “De la libertad del cristiano”, en cuyas páginas formula una nueva doctrina de la Iglesia, no de la “visible”, con sus instituciones, sus dogmas y sus organigramas, sino de la invisible, la que yace “dentro de aquellos que viven en la verdadera fe”.

La reacción del papado no se hizo esperar. Tras varios avisos en los que amenazaban a Lutero, el 3 de enero de 1521 fue excomulgado mediante la bula “Decet Romanum Pontificem” y citado a comparecer ante la dieta imperial en Worms. Allí rehusó retractarse y se pasó al bando de los príncipes imperiales. Antes de que tomaran una decisión sobre el destino del teólogo, este abandonó la ciudad y desapareció por completo. El emperador Carlos V redactó el Edicto de Worms el 25 de mayo de 1521, por el cual se le declaraba prófugo y hereje, al mismo tiempo que se decretaba la quema y la prohibición de todos sus escritos.

Sin embargo, Lutero seguía contando con algunos apoyos. Federico de Sajonia le protegió, le ocultó y le ofreció hospedaje en su castillo de Wartburgo. Allí permaneció recluido, se dejó crecer una amplia barba y tomó un seudónimo para permanecer en el anonimato. Pero no permaneció ocioso, ya que tradujo al alemán el Nuevo Testamento y en 1534 concluyó la traducción de la Biblia entera.

En 1522, volvió a Wittenberg para defender su obra contra el radicalismo del teólogo Karlstadt y las desviaciones del movimiento anabaptista. Estas cuestiones le llevaron a intervenir en la sangrienta “Guerra de los campesinos” entre los años 1524 y 1525.

De nuevo, Lutero no estuvo pasivo y comenzó a organizar su Iglesia reformada. Para ello publicó el “Pequeño catecismo” y el “Gran Catecismo” en 1529, en los que reglamentó la liturgia y el culto. Se acercó a los humanistas para compartir sus teorías. Pero con los escritos de “De servo arbitrio” en 1525, tuvo ciertas controversias con Erasmo de Rotterdam y acabó por romper con los humanistas. De 1530, época de la dieta de Augsburgo, data la “Confesión de Augsburgo”. Fue un texto redactado por Melanchthon y es considerado, junto con los “Artículos de Smalkalda” de Lutero, como la confesión de fe de las Iglesias luteranas.

A partir de entonces, la vida del reformador se desarrolló en una atmósfera mucho más distendida. Martin Lutero, que en 1525 se casó con una antigua religiosa llamada Katharina von Bora y que le dio seis hijos, se dedicó a su vida familiar y a la consolidación de su obra. Finalmente, el 18 de febrero de 1546, falleció en su ciudad natal. Sus amigos publicaron las “Charlas de sobremesa”, unos textos que permiten comprender mejor la fuerte y compleja personalidad del teólogo.

Apasionado por la Historia, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Desde pequeño le encantaba la Historia y acabó por explorar sobre todo los siglos XVIII, XIX y XX.