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La Revolución de 1820 en Portugal

El levantamiento de Riego en España el 1 de enero de 1820 se extendió con gran facilidad a Portugal, donde la revolución también triunfó en un principio. Pero el paso de los años y un golpe de Estado, terminarían por destruir el sueño liberal portugués, que correría la misma suerte que el de sus vecinos españoles.

En el país luso se iniciaron las primeras revueltas el 24 de agosto de 1820 en la llamada “Revolución liberal de Oporto”. Los burgueses estaban descontentos por las consecuencias de la invasión francesa que habían sufrido gracias a Napoleón. También criticaban el domino británico al que estaba sometido el país y la medida adoptada en Brasil de abrir sus puertos al comercio mundial. La oficialidad británica controlaba el ejército de Portugal, aunque el peligro hacía tiempo que había pasado.

Pero una de las cosas que más molestó a los portugueses era la situación política de país. Desde que Napoleón intentase conquistar Portugal, el rey Juan VI había huido rápidamente a Brasil y había establecido allí su gobierno y la administración del imperio colonial portugués. Esto había desplazado a los lusos a un segundo plano y, además, les había condenado económicamente, pues la exclusividad del comercio con sus colonias ya no existía.

La revuelta militar de Oporto supuso un cambio. En pocos días tomó el control de la ciudad y, a partir de ahí, el resto de ciudades se adhirieron con facilidad a las propuestas constitucionalistas. En Lisboa, antigua capital del Reino de Portugal, también hubo un alzamiento militar aunque hasta el 15 de septiembre de 1820 no se hicieron con el poder y con el control de la ciudad. Pocos días después, el 28 de septiembre, las autoridades de Lisboa y Oporto crearon la llamada “Junta Provisional do Supremo Governo do Reino”, que tomó las riendas del país.

El nuevo Gobierno contaba con el apoyo de todos los estratos sociales de Portugal. El clero, la nobleza y el ejército eran favorables a la nueva tendencia constitucionalista. Las principales medidas que querían adoptar eran el retorno de la Corte al Reino de Portugal, la restauración de la exclusividad comercial con Brasil y el establecimiento de una monarquía constitucional. Para poder llevar a la práctica todas estas cuestiones, se convocaron unas cortes generales extraordinarias y constituyentes. Su tarea era la de realizar una Constitución. Mientras la elaboraban, aplicaron el modelo de la Constitución Española de 1812.

En 1821, los liberales llamaron a Juan VI para que volviese al país, junto con el resto de la familia real. Todos regresaron, a excepción del príncipe Pedro, que se quedó como regente de Brasil. El monarca aceptó de buen grado la nueva situación constitucionalista del país y juró la Constitución.

Pero no todo fueron buenas noticias. A partir de aquí, empezaron a surgir varias tramas que debilitarían al Gobierno liberal y que acabarían por restaurar el Antiguo Régimen. Por un lado, el 7 de septiembre de 1822 se proclamó la independencia de Brasil debido a que las élites brasileñas no querían volver a ser subyugadas al control absoluto de Portugal. El regente de Brasil se convirtió en el emperador Pedro I.

Por otro lado, Carlota Joaquina, esposa de Juan VI y hermana de Fernando VII de España, se negaba a aceptar la pérdida de los poderes absolutos y recurrió a su hijo Miguel. Con él, planificó un golpe de Estado en 1823.

Miguel I al frente de la Vilafrancada.

Sin embargo, la muerte de Juan VI en 1826 fue lo que realmente eliminó la revolución liberal portuguesa. El heredero de Portugal era Pedro I de Brasil, ya que su padre le había nombrado su sucesor. Pero este, tras otorgar una constitución, abdicó en su hija María II. Aunque no duró demasiado su reinado, puesto que Miguel realizó un nuevo levantamiento armado e implantó un régimen absolutista que se mantuvo hasta 1834.

En definitiva, se puede considerar que los portugueses gozaron de un amplio periodo liberal que tuvo consecuencias positivas y negativas. Las positivas fueron que el poder económico regresó parcialmente, así como el éxito de un Gobierno liberal apoyado por todas las clases sociales. Sin embargo, la consecuencia más negativa fue, sin duda, la independencia de Portugal, quien hasta entonces había sido su principal fuente de ingresos.

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Víctor Muñoz Fernández
Apasionado por la Historia, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Desde pequeño le encantaba la Historia y acabó por explorar sobre todo los siglos XVIII, XIX y XX.

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