El pronunciamiento de Riego: el inicio de las Revoluciones de 1820

fernando vii
Desembarco de Fernando VII y su familia en el Puerto de Santa María

La revolución liberal que se produjo en España en 1820 después de una década bastante convulsa, fue el inicio de las Revoluciones de 1820. Tras la Guerra de Independencia Española, los liberales pidieron el regreso de Fernando VII, llamado “el Deseado”, para que este firmase la Constitución de 1812. Sin embargo, el monarca tenía otra idea en mente y rechazó la carta magna ideada por las Cortes de Cádiz, restaurando sobre su figura el poder absoluto.

fernando vii
Desembarco de Fernando VII y su familia en el Puerto de Santa María

Hasta 1820, Fernando VII usó su posición para reprimir a los liberales a todos los niveles. Estos eran muy numerosos entre las filas del ejército e intentaron una serie de levantamientos militares en 1816 pero fueron reprimidos con bastante dureza por las fuerzas leales al monarca absolutista.

Pero esto cambió el 1 de enero de 1820. Ese día, el coronel Rafael de Riego realizó un pronunciamiento militar en Las Cabezas de San Juan en la provincia de Sevilla. Junto con otros oficiales, como Antonio Quiroga, proclamó la constitución y ordenó la detención del general en jefe del cuerpo expedicionario encargado de terminar con los independentistas sudamericanos que estaban azotando las colonias españolas.

Como no estaba seguro de quién le apoyaría en su revuelta, esperó a recibir refuerzos de otras ciudades importantes. No conformaban un contingente lo suficientemente numeroso como para poder realizar una acción sobre Madrid, así que no fue hasta comienzos de marzo de 1820 cuando realmente pudieron hacer algo. Ese mes, hubo una gran insurrección liberal en Galicia que se extendió rápidamente por todo el país, hasta el punto que el 7 de marzo el rey Fernando VII firmó un decreto por el que se sometía “a la voluntad del pueblo” y juraba la Constitución de 1812.

Esto es el inicio del Trienio Liberal que duró hasta 1823. Las medidas que aplicaron fueron la desamortización y la supresión de señoríos, mayorazgos y de la Inquisición, entre otras. Su intención era la de terminar con las bases del absolutismo, ya fuera en el plano social, el económico o el político. El principal foco de batalla liberal fue la Iglesia, a la que querían aplicar los mismos principios que habían llevado a cabo los franceses en su revolución de 1789. Su triunfo influyó de forma determinante en otros países como Portugal, Grecia e Italia, que buscarían obtener un éxito liberal similar.

Los liberales se dividieron entredoceañistas” (posteriormente, moderados) y “exaltados” (posteriormente, progresistas). Los primeros pedían modificar la Constitución, buscando una transacción con el rey, mientras que los exaltados o también conocidos como “veinteañistas”, pedían la aplicación estricta de la Constitución de 1812. Esta división causó una gran inestabilidad política que debilitó la idea liberal en el país y fomentó las ideas absolutistas que buscaban retornar.

Gracias a las conspiraciones del monarca y a la grave crisis económica, surgieron varios movimientos de protesta contra el gobierno liberal. Aparecieron partidas de campesinos fuertemente influenciados por la Iglesia en el País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña. Viendo el relativo éxito que podían tener los postulados absolutistas, la oposición realista al gobierno liberal creó la “Regencia Suprema de España” en Urgel. Era un gobierno español alternativo al liberalismo pero que acabó por fracasar. Esto iluminó a Fernando VII y a sus partidarios, quienes vieron en el extranjero la única esperanza de recuperar el poder.

En 1822, el monarca español se dirigió al Congreso de Verona a pedir ayuda a la Santa Alianza para recuperar su trono absoluto. Estos, aún con las reticencias de Gran Bretaña, concedieron permiso a Francia para invadir España. El 7 de abril de 1823, el rey galo envió a los llamados “Cien Mil Hijos de San Luis”, encabezados por el Duque de Angulema, a terminar con el liberalismo en el reino español. Poco a poco, la resistencia fue mermando hasta que, finalmente, el 1 de octubre el último foco de los liberales fue reducido en Cádiz.

A partir de aquí comenzaría en España la llamada Década Ominosa (1823-1833), con un gobierno absolutista marcado por una represión y persecución de los liberales sin precedentes. Sin embargo, las ideas con las que se levantó el pueblo español y que Riego defendió hasta el final, se extenderían como una mecha por los países vecinos y permanecerían para siempre en el ideario de una sociedad que sólo aguantó 10 años más de absolutismo.

Apasionado por la Historia, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Desde pequeño le encantaba la Historia y acabó por explorar sobre todo los siglos XVIII, XIX y XX.

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