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Jeremías: el profeta de las lágrimas y la nueva alianza

by Marcelo Ferrando Castro
25 junio, 2026
in Historia de las Religiones, Biografías
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Jeremías anciano llora con una lágrima en la mejilla ante un rollo con escritura hebrea, mientras por la ventana se ve Jerusalén ardiendo

Jeremías, el profeta de las lágrimas, ante el rollo de sus profecías a la luz de una lámpara de aceite, mientras por la ventana Jerusalén arde bajo el ejército babilónico. En el suelo, los fragmentos de la vasija rota, uno de sus actos simbólicos más conocidos. Crédito: Red Historia

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Jeremías es uno de los cuatro profetas mayores del Antiguo Testamento y el más autobiográfico de todos ellos. Su actividad profética se extendió durante más de cuatro décadas, desde el año 627 a.C. aproximadamente hasta después de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor en el 587 a.C., abarcando uno de los períodos más dramáticos de la historia de Israel: el declive del reino de Judá, las reformas del rey Josías, la amenaza babilónica, el asedio y la caída de Jerusalén y el inicio del exilio. Fue testigo directo del fin del mundo que conocía y tuvo que anunciarlo sin que nadie quisiera escucharlo.

Lo que distingue a Jeremías de todos los demás profetas bíblicos es la dimensión personal de su mensaje. El libro que lleva su nombre contiene, además de los oráculos proféticos habituales, una serie de textos conocidos como las «confesiones de Jeremías», monólogos interiores en los que el profeta expresa su angustia, su resentimiento ante Dios, su deseo de no haber nacido y su lucha contra la vocación que lo consume. Ningún otro profeta del Antiguo Testamento se muestra tan desnudo interiormente, tan dispuesto a mostrar el coste personal de hablar en nombre de Dios cuando nadie quiere escuchar.

El libro de Jeremías contiene también uno de los textos teológicamente más innovadores de todo el Antiguo Testamento: el oráculo de la nueva alianza del capítulo 31, donde YHWH promete hacer con Israel una alianza diferente de la del Sinaí, no grabada en tablas de piedra sino escrita en el corazón de cada persona. Este texto fue citado en el Nuevo Testamento más que cualquier otro pasaje del Antiguo Testamento y es la base de la distinción cristiana entre el Antiguo y el Nuevo Testamento como dos alianzas distintas.

En el judaísmo, Jeremías es el profeta del exilio por excelencia, el que vivió la destrucción de Jerusalén y el que articuló teológicamente la posibilidad de seguir siendo pueblo de YHWH sin templo, sin rey y sin tierra. En el islam, aunque Jeremías no es mencionado por nombre en el Corán, su figura está presente en la tradición islámica a través de identificaciones con personajes coránicos y a través de la influencia de sus textos en la espiritualidad sufí.

Índice:

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  • El contexto histórico: Judá entre Egipto y Babilonia
  • La vocación: «antes de formarte en el vientre te conocí»
  • El mensaje profético: la destrucción inevitable
  • Las confesiones: el profeta ante Dios
  • La soledad de Jeremías: sin esposa, sin amigos, sin esperanza
  • El símbolo del alfarero: la arcilla en las manos de Dios
  • La carta a los exiliados: instrucciones para vivir en Babilonia
  • La nueva alianza: el texto más influyente de Jeremías
  • La caída de Jerusalén y el destino de Jeremías
  • Las Lamentaciones: el llanto sobre Jerusalén destruida
  • Los profetas mayores del Antiguo Testamento: comparativa
  • Artículos relacionados con el Antiguo Testamento
  • Fuentes y bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre Jeremías
    • ¿Quién fue Jeremías y cuándo vivió?
    • ¿Por qué se llama a Jeremías «el profeta llorón»?
    • ¿Qué es la nueva alianza de Jeremías?
    • ¿Por qué Jeremías recomendó rendirse a Babilonia?
    • ¿Qué contienen las confesiones de Jeremías?
    • ¿Qué fue de Jeremías después de la destrucción de Jerusalén?
    • ¿Cómo influyó Jeremías en el Nuevo Testamento?
    • ¿Qué es el libro de las Lamentaciones y tiene relación con Jeremías?

El contexto histórico: Judá entre Egipto y Babilonia

Para entender el mensaje de Jeremías es imprescindible entender el contexto geopolítico en que vivió. El siglo VII a.C. fue el período en que el Imperio asirio, que había dominado el antiguo Oriente Próximo durante más de un siglo y había destruido el reino del norte de Israel en el 722 a.C., comenzó su declive. En su lugar emergieron dos nuevas potencias: Egipto al suroeste y Babilonia al noreste. El pequeño reino de Judá quedó atrapado entre las dos, incapaz de mantenerse neutral y condenado a tomar partido en un juego de poderes que lo superaba completamente.

El rey Josías (640-609 a.C.) intentó aprovechar el declive asirio para expandir el reino y llevar a cabo una reforma religiosa radical basada en el libro de la Ley encontrado en el Templo, identificado generalmente con el núcleo del Deuteronomio. La reforma de Josías centralizó el culto en Jerusalén, destruyó los santuarios locales y los lugares altos y expulsó a los sacerdotes que servían ante imágenes. Fue la reforma religiosa más ambiciosa de la historia del reino de Judá y Jeremías la apoyó inicialmente.

Josías murió en la batalla de Meguido en el 609 a.C., intentando bloquear el avance del ejército egipcio hacia el norte. Su muerte fue un golpe traumático para todos los que habían depositado sus esperanzas en él, incluido Jeremías, que compuso una lamentación por el rey muerto. Después de Josías, sus sucesores, Joacaz, Joaquín, Joaquín y Sedecías, gobernaron en condiciones de subordinación creciente a Babilonia, con breves períodos de rebelión que cada vez terminaban peor. Nabucodonosor deportó a la élite de Jerusalén en el 597 a.C. y destruyó la ciudad y el Templo en el 587 a.C.

La vocación: «antes de formarte en el vientre te conocí»

La descripción de la vocación de Jeremías en el capítulo 1 del libro es una de las más elaboradas de toda la literatura profética y la que más influencia ha tenido en la teología de la vocación religiosa. YHWH le dice a Jeremías: «Antes de formarte en el vientre materno te conocí, y antes de que salieras del seno materno te consagré; te constituí profeta de las naciones».

Jeremías responde con una objeción que es también una de las más reconocibles de la Biblia: «¡Ah, Señor YHWH! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho». La objeción replica la de Moisés ante la zarza ardiente y la de otros profetas llamados por YHWH. YHWH responde de forma similar: «No digas: soy un muchacho; porque a todos aquellos a quienes te envíe irás, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte».

El texto de la vocación de Jeremías ha sido leído en la tradición judía y cristiana como una declaración sobre la preexistencia de la misión profética: Jeremías fue conocido y consagrado por Dios antes de nacer, lo que convierte su profecía no en una decisión humana sino en una vocación que lo precede. Pablo de Tarso usó un lenguaje similar para describir su propia vocación en la carta a los Gálatas: «Dios me separó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia».

El mensaje profético: la destrucción inevitable

El núcleo del mensaje de Jeremías es la certeza, que él mismo habría preferido no tener, de que la destrucción de Jerusalén era inevitable. YHWH lo había enviado a anunciar una catástrofe que los gobernantes, los sacerdotes y los profetas de corte se negaban a aceptar y Jeremías lo anunció durante décadas, siendo ignorado, ridiculizado, encarcelado y amenazado de muerte.

El diagnóstico de Jeremías sobre la situación de Judá era implacable. El pueblo había abandonado a YHWH, «la fuente de aguas vivas» y había cavado para sí «cisternas rotas que no retienen el agua». Los profetas profetizaban mentira, los sacerdotes gobernaban por su propia autoridad y el pueblo amaba que así fuera. La reforma de Josías había sido superficial: el pueblo había regresado a las prácticas que la reforma quería eliminar y la idolatría persistía en el Templo mismo.

La imagen más característica del mensaje de Jeremías es la del enemigo del norte. Desde las primeras visiones de su vocación, Jeremías vio que el desastre vendría del norte y a medida que el poder babilónico creció esa amenaza se fue identificando más claramente con Nabucodonosor. En uno de sus oráculos más dramáticos, describió a Babilonia como «el instrumento de YHWH», el azote que Dios mismo estaba usando para castigar a su pueblo infiel. Esta teología, que presentaba al enemigo pagano como agente de la voluntad divina, fue una de las más difíciles de aceptar para sus contemporáneos.

Las confesiones: el profeta ante Dios

Las confesiones de Jeremías son los textos más íntimos y más perturbadores de toda la literatura profética. Son monólogos interiores en los que el profeta expresa su sufrimiento, su ira y su desesperación ante una misión que lo ha aislado de todos y que le ha costado todo.

En una de las más conocidas, Jeremías se queja a YHWH: «Me sedujiste, YHWH, y me dejé seducir; me has sido más fuerte que yo y me has vencido. He sido cada día objeto de burla, todos se ríen de mí. Cada vez que hablo, tengo que gritar, tengo que proclamar: violencia y ruina. La palabra de YHWH ha sido para mí causa de oprobio y de burla todo el día». La acusación de que YHWH lo «sedujo» y lo «venció» es de una audacia teológica extraordinaria: Jeremías está acusando a Dios de haberle impuesto una misión sin revelarle completamente su coste.

Y sin embargo, cuando decide no hablar más, no puede: «Y dije: no lo recordaré más ni hablaré en su nombre. Sin embargo, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo y no pude». La imagen del fuego en los huesos que no puede apagarse es una de las descripciones más poderosas de la experiencia de la compulsión profética.

La confesión más oscura es la maldición de su propio nacimiento en el capítulo 20: «Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me dio a luz, no sea bendito. Maldito el hombre que dio las nuevas a mi padre diciendo: te ha nacido un hijo varón, haciéndole alegrarse con gran alegría… ¿Por qué salí del vientre para ver trabajo y dolor y que mis días se consumieran en vergüenza?». Esta maldición del día del nacimiento propio es uno de los textos más desesperados de toda la Biblia y uno de los que más paralelismos tiene con el libro de Job.

La soledad de Jeremías: sin esposa, sin amigos, sin esperanza

YHWH le prohibió a Jeremías casarse y tener hijos, una prohibición que el texto justifica teológicamente: en el tiempo de la catástrofe que se avecina, no tiene sentido traer hijos al mundo. La prohibición del matrimonio convirtió a Jeremías en un signo profético viviente: su soledad personal era el anuncio de la desolación colectiva que vendría.

Esta soledad fue agravada por el rechazo de su mensaje. Los sacerdotes y profetas del Templo lo acusaron de blasfemia cuando anunció que el Templo sería destruido como el santuario de Siló. El sacerdote Pashur lo hizo azotar y lo encerró en el cepo durante una noche y sus propios familiares y vecinos de Anatot conspiraron contra él. El rey Joaquín quemó el rollo de sus profecías mientras le eran leídas, cortando pedazos con un cuchillo y arrojándolos al brasero. Durante el asedio de Jerusalén, fue acusado de traición por haber recomendado rendirse a los babilonios, fue arrojado a una cisterna de barro donde se hundía lentamente y solo fue rescatado gracias a la intervención de un funcionario etíope de la corte.

La persecución que sufrió Jeremías a lo largo de su ministerio lo convirtió en el arquetipo del profeta rechazado, la figura que el Nuevo Testamento invocaría para describir el destino de Jesús. Cuando los discípulos preguntaron a Jesús quién creía la gente que era, uno de los nombres que mencionaron fue el de Jeremías.

El símbolo del alfarero: la arcilla en las manos de Dios

Entre los muchos actos simbólicos y visiones que organizan el libro de Jeremías, el del alfarero en el capítulo 18 es uno de los más conocidos y más influyentes en la teología posterior. YHWH envía a Jeremías a la casa del alfarero y Jeremías lo observa trabajando en el torno. La vasija que el alfarero está haciendo se estropea en su mano y él la rehace hasta que le da la forma que le parece bien.

YHWH interpreta la imagen: «¿No podré yo hacer con vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel». La metáfora del alfarero es una de las imágenes más poderosas de la soberanía divina en toda la Biblia y fue desarrollada extensamente en la teología posterior, desde Isaías hasta Pablo de Tarso, que la usa en la carta a los Romanos para ilustrar el misterio de la elección divina.

El libro de Jeremías contiene otros actos simbólicos igualmente memorables: el cíngulo de lino enterrado junto al Éufrates y recuperado podrido, que simboliza la corrupción de Judá; la vasija de barro rota en el valle de Ben-Hinom, que simboliza la destrucción irreversible de Jerusalén; el yugo de madera que Jeremías llevó al cuello para anunciar la sumisión a Babilonia y que el falso profeta Hananías rompió, provocando la respuesta de Jeremías: «Rompiste el yugo de madera, pero en su lugar harás yugo de hierro».

La carta a los exiliados: instrucciones para vivir en Babilonia

Después de la primera deportación del 597 a.C., cuando la élite de Jerusalén fue llevada a Babilonia, Jeremías escribió una carta a los exiliados que es uno de los textos pastoralmente más revolucionarios del Antiguo Testamento. En un momento en que los exiliados esperaban volver pronto y los profetas de corte les prometían un regreso rápido, Jeremías escribió lo contrario.

La carta del capítulo 29 dice: «Edificad casas y habitadlas; plantad huertos y comed su fruto. Tomad mujeres y engendrad hijos e hijas… Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a YHWH, porque en su paz tendréis vosotros paz». La instrucción de construir, plantar, casarse y rogar por el bienestar de la ciudad enemiga era exactamente lo contrario de lo que los exiliados querían escuchar y exactamente lo que necesitaban para sobrevivir.

La frase «procurad la paz de la ciudad» se convirtió en uno de los textos fundacionales de la ética judía de la diáspora, la disposición a vivir y prosperar en tierra extraña sin renunciar a la identidad propia. La tradición rabínica la desarrolló como el principio de dina de-malkhuta dina, «la ley del reino es la ley», que reconoce la autoridad legal del estado en que vive la comunidad judía.

Jeremías añade en la misma carta la promesa que equilibra el realismo: «Porque yo sé los planes que tengo para vosotros, dice YHWH, planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza». Esta frase, una de las más citadas de todo el Antiguo Testamento, es el corazón del mensaje de Jeremías: incluso en el exilio, incluso en la destrucción, YHWH tiene planes de futuro para su pueblo.

La nueva alianza: el texto más influyente de Jeremías

El capítulo 31 del libro de Jeremías contiene el oráculo que más ha influido en la historia del pensamiento religioso occidental. En medio de una serie de oráculos de consolación que prometen la restauración de Israel, aparece el texto de la nueva alianza:

He aquí que vienen días, dice YHWH, en que haré nueva alianza con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como la alianza que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi alianza, aunque fui yo un marido para ellos, dice YHWH. Pero esta es la alianza que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice YHWH: Daré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios y ellos me serán por pueblo.

La innovación teológica de este texto es radical. La alianza del Sinaí era externa: una ley grabada en tablas de piedra, transmitida por escrito, mediada por sacerdotes y profetas. La nueva alianza será interna: escrita en el corazón de cada persona, sin necesidad de mediación, con un conocimiento directo de YHWH que no requerirá enseñanza: «Y no enseñará más ninguno a su prójimo ni ninguno a su hermano diciendo: Conoce a YHWH; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande».

Este texto fue citado en la carta a los Hebreos (8:8-12) de forma más extensa que cualquier otro pasaje del Antiguo Testamento, convirtiéndolo en el fundamento escriturístico de la distinción entre el Antiguo y el Nuevo Testamento como dos alianzas distintas. La palabra «testamento» en el título de las dos partes de la Biblia cristiana traduce el término hebreo berit, alianza y la distinción entre las dos alianzas se fundamenta directamente en este texto de Jeremías.

La caída de Jerusalén y el destino de Jeremías

Cuando los babilonios finalmente destruyeron Jerusalén en el 587 a.C., Jeremías estaba en la ciudad. El libro narra los últimos días del asedio con una precisión que sugiere la memoria de un testigo directo: el hambre en la ciudad sitiada, la captura del rey Sedecías que intentó huir por la noche y fue capturado en los llanos de Jericó, la ejecución de sus hijos ante sus ojos y la posterior ceguera del rey. La destrucción del Templo y las murallas.

Nabucodonosor dio instrucciones a su comandante de tratar bien a Jeremías: «Tómalo y cuida de él, y no le hagas ningún mal, sino hazle conforme a todo lo que él te dijere». Jeremías recibió la opción de ir a Babilonia o quedarse en la tierra. Eligió quedarse con el gobernador Gedalías, que los babilonios habían nombrado para administrar el territorio.

Pero Gedalías fue asesinado por un grupo de judíos nacionalistas y el miedo a la represalia babilónica llevó a los supervivientes a huir a Egipto, llevando a Jeremías consigo contra su voluntad. Jeremías murió probablemente en Egipto, lejos de la tierra que había amado y cuya destrucción había anunciado y llorado durante toda su vida. No hay en el libro ninguna descripción de su muerte, solo el silencio de un relato que simplemente se interrumpe.

Las Lamentaciones: el llanto sobre Jerusalén destruida

El libro de las Lamentaciones, cinco poemas de duelo sobre la destrucción de Jerusalén, fue atribuido a Jeremías por la tradición judía y cristiana, aunque los investigadores modernos son más cautelosos sobre esta atribución. La conexión con Jeremías es comprensible: la intensidad emocional de las Lamentaciones, su capacidad de expresar el dolor colectivo a través de una voz individual y su disposición a acusar directamente a YHWH de la catástrofe recuerdan el estilo de las confesiones de Jeremías.

El primer poema comienza con una de las imágenes más poderosas de la literatura del duelo: «¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda; la señora de provincias ha sido hecha tributaria». La personificación de Jerusalén como viuda, que llora en la noche con las lágrimas en las mejillas y sin que nadie la consuele, es la imagen que dio a Jeremías el sobrenombre de «el profeta llorón», aunque la atribución del libro sea incierta.

Los profetas mayores del Antiguo Testamento: comparativa

AspectoIsaíasJeremíasEzequielDaniel
PeríodoSiglo VIII a.C.; reinado de Uzías a Ezequías627-580 a.C.; de Josías a la destrucción de JerusalénSiglo VI a.C.; exilio en BabiloniaSiglo VI a.C.; exilio en Babilonia (según el libro)
Contexto políticoAmenaza asiria; Judá en tensiónDeclive de Judá; amenaza babilónica; caída de JerusalénExilio en Babilonia; destrucción del TemploCorte babilónica y persa
Mensaje centralSantidad de YHWH; juicio y salvación; el siervo sufrienteDestrucción inevitable; nueva alianza interior; esperanza en el exilioGloria de YHWH que abandona el Templo; visión del templo futuroFidelidad en el exilio; apocalipticismo; reino de Dios
Dimensión personalEscasa; predomina el oráculo sobre la personaMáxima; confesiones, angustia, maldición del nacimientoNotable; visiones y actos simbólicos extremosModerada; protagonista de las narraciones
Texto más influyenteEl siervo sufriente (Is 52-53)La nueva alianza (Jr 31)El valle de los huesos secos (Ez 37)El Hijo del Hombre (Dn 7)
En el Nuevo TestamentoCitado más de 300 veces; Isaías 53 como profecía de la pasiónLa nueva alianza citada en Hebreos 8; Mateo lo menciona expresamenteInfluye en el Apocalipsis; el pastor y las ovejas«Hijo del Hombre» usado por Jesús; base del Apocalipsis
Destino finalSegún la tradición, martirizado bajo ManasésMuere en Egipto, deportado contra su voluntadMuere en el exilio babilónicoMuere en Babilonia tras una larga vida en la corte

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Fuentes y bibliografía

Fuentes:

  • La Biblia. Libro de Jeremías. Libro de las Lamentaciones. Carta a los hebreos (cap 8) Versión de la Biblia de Jerusalén.
  • Talmud Babilónico. Baba Batra 14b-15a (sobre la autoría del libro de Jeremías).

Bibliografía académica:

  • Bright, John. Jeremiah. The Anchor Bible. Doubleday, 1965.
  • Brueggemann, Walter. A Commentary on Jeremiah: Exile and Homecoming. Eerdmans, 1998.
  • Carroll, Robert P. Jeremiah: A Commentary. SCM Press, 1986.
  • Lundbom, Jack R. Jeremiah 1-20. The Anchor Yale Bible. Yale University Press, 1999.
  • McKane, William. A Critical and Exegetical Commentary on Jeremiah. T&T Clark, 1986.
  • Stulman, Louis. Jeremiah. Abingdon Old Testament Commentaries. Abingdon Press, 2005.
  • von Rad, Gerhard. Teología del Antiguo Testamento, vol. 2. Sígueme, 1972.

Preguntas frecuentes sobre Jeremías

¿Quién fue Jeremías y cuándo vivió?

Jeremías fue un profeta del reino de Judá que ejerció su ministerio durante más de cuatro décadas, desde el año 627 a.C. aproximadamente, durante el reinado del rey Josías, hasta después de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor en el 587 a.C. Nació en Anatot, una pequeña aldea a unos cinco kilómetros al norte de Jerusalén, en una familia sacerdotal. Fue testigo directo de uno de los períodos más dramáticos de la historia de Israel: el declive y la caída del reino de Judá, el asedio y la destrucción de Jerusalén y el inicio del exilio babilónico.

¿Por qué se llama a Jeremías «el profeta llorón»?

Jeremías recibió este sobrenombre por la intensidad emocional de su mensaje y por las Lamentaciones, el libro de duelo sobre la destrucción de Jerusalén que la tradición le atribuyó. Pero más que el llanto por la ciudad, lo que distingue a Jeremías es el llanto por su propia vocación: sus confesiones son los textos más angustiados de toda la literatura profética, y en ellos el profeta expresa su sufrimiento, su aislamiento y su lucha contra una misión que lo ha costado todo. La imagen del fuego en los huesos que no puede apagarse aunque quisiera es la descripción más memorable de esa compulsión profética que lo consumía.

¿Qué es la nueva alianza de Jeremías?

La nueva alianza, anunciada en el capítulo 31 del libro de Jeremías, es la promesa de YHWH de hacer con Israel una alianza diferente de la del Sinaí: no una ley grabada en tablas de piedra sino escrita en el corazón de cada persona, sin necesidad de mediación sacerdotal o profética, con un conocimiento directo de Dios accesible a todos. Este texto fue citado en la carta a los Hebreos más extensamente que cualquier otro pasaje del Antiguo Testamento y es la base escriturística de la distinción cristiana entre el Antiguo y el Nuevo Testamento como dos alianzas distintas. La palabra «testamento» en el título de ambas partes de la Biblia cristiana traduce el hebreo berit, alianza.

¿Por qué Jeremías recomendó rendirse a Babilonia?

Jeremías recomendó la rendición a Babilonia porque estaba convencido de que la resistencia era inútil y que YHWH mismo estaba usando a Nabucodonosor como instrumento de castigo contra Judá por su infidelidad. Esta posición lo hizo enormemente impopular y le valió la acusación de traición: durante el asedio final de Jerusalén fue arrojado a una cisterna de barro por ministros del rey que lo acusaban de desmoralizar a los soldados. Su mensaje era que la única forma de sobrevivir era someterse a lo que YHWH había decretado, y que intentar resistirlo era luchar contra la voluntad divina.

¿Qué contienen las confesiones de Jeremías?

Las confesiones de Jeremías son una serie de monólogos interiores dispersos a lo largo del libro en los que el profeta expresa su angustia ante la misión que le ha sido encomendada. Contienen acusaciones directas a Dios de haberlo engañado, quejas por el aislamiento y el rechazo que ha sufrido, el deseo de que sus enemigos sean castigados y la maldición de su propio día de nacimiento. Son los textos más íntimos y más perturbadores de toda la literatura profética y los que más se asemejan al libro de Job en su disposición a cuestionar directamente a Dios desde el sufrimiento.

¿Qué fue de Jeremías después de la destrucción de Jerusalén?

Después de la destrucción de Jerusalén, Nabucodonosor dio instrucciones de tratar bien a Jeremías y le ofreció la opción de ir a Babilonia o quedarse en la tierra devastada. Jeremías eligió quedarse con el gobernador Gedalías. Cuando Gedalías fue asesinado por un grupo de nacionalistas, los supervivientes huyeron a Egipto llevándose a Jeremías contra su voluntad. Jeremías murió probablemente en Egipto, en el exilio que nunca quiso y lejos de la tierra que había amado y llorado durante toda su vida. El libro no describe su muerte.

¿Cómo influyó Jeremías en el Nuevo Testamento?

La influencia de Jeremías en el Nuevo Testamento es profunda aunque menos visible que la de Isaías. El texto de la nueva alianza del capítulo 31 es el más citado, especialmente en la carta a los Hebreos, donde fundamenta la teología de Cristo como mediador de una alianza superior. El Evangelio de Mateo menciona a Jeremías expresamente cuando los discípulos informan a Jesús de que algunos lo identifican con él. La imagen del profeta rechazado, perseguido y sufriente que desarrolla el libro de Jeremías influyó en la comprensión cristiana del destino de Jesús y en la teología del martirio.

¿Qué es el libro de las Lamentaciones y tiene relación con Jeremías?

El libro de las Lamentaciones es una colección de cinco poemas de duelo sobre la destrucción de Jerusalén y el sufrimiento del pueblo en el exilio. La tradición judía y cristiana lo atribuyó a Jeremías, y la Biblia griega lo colocó después del libro de Jeremías con un encabezado que lo vincula al profeta. Los investigadores modernos son más cautelosos: el estilo y el vocabulario de las Lamentaciones difieren del libro de Jeremías en aspectos significativos, y la mayoría prefiere hablar de un autor anónimo que vivió la destrucción de Jerusalén. Sin embargo, la conexión emocional y temática con el mundo de Jeremías es innegable.

Tags: Antiguo TestamentoBibliaHistoria IsraelJudaísmo
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23 junio, 2026

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