La ruqya (también llamada ruqyah) es la práctica de sanación y protección espiritual del islam basada en la recitación de versículos coránicos y plegarias proféticas sobre una persona afectada por la posesión de jinn, el mal de ojo (‘ayn) o la magia negra (sihr). Su nombre en árabe procede de la raíz r-q-y, que significa «soplar» o «recitar con soplido», y describe con precisión el método central del ritual: el practicante recita los versículos sagrados y sopla suavemente sobre la persona afectada, sobre agua que esta beberá o sobre aceite con el que será ungida.
La ruqya no es una práctica marginal ni esotérica dentro del islam, sino que tiene el respaldo explícito de hadices del profeta Mahoma, que la practicó personalmente y autorizó su uso bajo condiciones específicas. Es una práctica reconocida y activa en el mundo islámico contemporáneo, con una demanda creciente en países árabes, en el África subsahariana, en Asia central y entre las comunidades musulmanas de Europa y América. Los practicantes, los raqis, tienen en algunos países una presencia institucional notable y el debate teológico sobre los límites de la ruqya lícita frente a la magia prohibida es uno de los más vivos del islam contemporáneo.
Lo que distingue a la ruqya de otros sistemas de exorcismo religioso es su fundamento exclusivamente coránico: a diferencia del exorcismo católico, que tiene un ritual codificado en el Rituale Romanum con fórmulas específicas o del exorcismo rabínico, que emplea fórmulas cabalísticas y el shofar, la ruqya en su forma más pura no requiere más que la recitación de versículos del Corán y plegarias del profeta. El Corán mismo es el instrumento terapéutico, lo que convierte a la ruqya en una expresión directa de la creencia islámica en el poder transformador de la palabra divina.
Fundamentos coránicos y proféticos de la ruqya
La legitimidad de la ruqya en el islam descansa sobre dos pilares: los textos coránicos que describen al Corán como sanación y los hadices que documentan la práctica personal del profeta Mahoma.
El Corán se describe a sí mismo en varios versículos como una fuente de sanación y misericordia. La sura 17:82 afirma: «Hacemos descender del Corán lo que es una curación y una misericordia para los creyentes». La sura 41:44 dice: «Es una guía y una curación para los creyentes». Estos versículos establecen que el Corán tiene una dimensión terapéutica que va más allá de su función como guía moral y espiritual: es en sí mismo una medicina para las aflicciones tanto espirituales como físicas.
Los hadices que documentan la práctica de la ruqya por parte del profeta Mahoma son numerosos y específicos. En el Sahih al-Bujari, la colección de hadices más respetada del islam sunní, se recoge que Mahoma fue víctima de magia negra practicada por un judío llamado Labid ibn al-A’sam y que Gabriel le reveló las dos últimas suras del Corán, las Muawwidhatain, suras 113 y 114, como remedio. Según el hadiz, Mahoma recitó estas suras sobre sí mismo y se recuperó. Este episodio establece el modelo fundamental de la ruqya: la recitación coránica como antídoto contra la magia y la influencia de los jinn malignos.
Otro hadiz frecuentemente citado es el de la Fatiha, la sura de apertura del Corán, como remedio universal. Según una narración recogida en el Sahih al-Bujari, un compañero del profeta curó a un hombre picado por un escorpión recitando la Fatiha sobre él y soplando. Cuando lo informó al profeta, este lo aprobó diciendo: «¿Cómo sabías que era una ruqya?» La aprobación profética de esta práctica espontánea estableció la Fatiha como uno de los versículos más poderosos de la ruqya.
Los versículos de la ruqya: Ayat al-Kursi y las Muawwidhatain
La ruqya tiene un corpus de versículos coránicos que la tradición considera especialmente eficaces y entre ellos destacan dos por encima de todos los demás: el Ayat al-Kursi y las Muawwidhatain.
El Ayat al-Kursi, el «versículo del trono», Corán 2:255, es considerado el versículo más poderoso del Corán para la protección espiritual. Su texto proclama la unicidad y la omnipotencia de Dios con una densidad teológica extraordinaria:
Alá, no hay más dios que Él, el Viviente, el Subsistente. Ni el sopor ni el sueño se apoderan de Él. Suyo es lo que está en los cielos y en la tierra. ¿Quién podrá interceder ante Él sin Su permiso? Él sabe lo que está ante ellos y lo que está detrás de ellos, mientras que ellos no abarcan nada de Su ciencia, excepto lo que Él quiere. Su Trono se extiende sobre los cielos y la tierra, y no Le fatiga su custodia. Él es el Altísimo, el Inmenso.
Un hadiz del Sahih Muslim afirma que quien recita este versículo antes de dormir queda bajo la protección de Dios toda la noche y ningún demonio puede acercársele.
Las Muawwidhatain, «las dos que dan refugio», son las dos últimas suras del Corán: la sura 113 (Al-Falaq, «El alba») y la sura 114 (Al-Nas, «La humanidad»). La primera pide refugio a Dios «del mal de lo que ha creado, del mal de la oscuridad cuando se extiende, del mal de las que soplan sobre los nudos, del mal del envidioso cuando envidia». La segunda pide refugio «del mal del susurrador furtivo que susurra en el pecho de la gente, ya sean jinn o humanos». Estas dos suras son recitadas en prácticamente toda sesión de ruqya porque abordan directamente las tres causas principales de daño espiritual que la ruqya trata: la magia —»las que soplan sobre los nudos»—, el mal de ojo —»el envidioso»— y la posesión por jinn —»el susurrador furtivo»-.
Otros versículos frecuentemente utilizados en la ruqya incluyen los últimos versículos de la sura 2 (Al-Baqara), la sura 36 (Ya-Sin), considerada «el corazón del Corán» y varios versículos específicos que mencionan la protección divina contra Satán y los jinn malignos.
Las tres causas de daño espiritual: sihr, ‘ayn y mass al-jinn
La ruqya islámica trata principalmente tres tipos de aflicciones espirituales, que la tradición distingue con precisión y para las que prescribe enfoques específicos dentro del marco general de la recitación coránica.
El sihr, la magia negra, es considerado en el islam uno de los pecados más graves, explícitamente prohibido por el Corán y por los hadices. Sin embargo, la teología islámica reconoce que la magia negra existe y puede causar daño real a sus víctimas: puede romper matrimonios, causar enfermedades, generar odio entre personas que se amaban o provocar comportamientos compulsivos inexplicables. El sihr opera a través de la invocación de jinn malignos por parte del practicante de magia, que los utiliza como instrumentos para dañar a la víctima. El tratamiento mediante ruqya busca neutralizar el efecto del sihr y expulsar a los jinn que lo ejecutan.
El ‘ayn, el mal de ojo, es una de las creencias más universales del mundo islámico y tiene respaldo explícito en los hadices: el profeta Mahoma afirmó que «el mal de ojo es real» (al-‘ayn haqq). Se produce cuando una persona mira a otra con envidia o admiración excesiva sin pronunciar la bendición divina (mashallah, «lo que Dios quiere») y puede causar daño físico o espiritual a la persona mirada. El tratamiento mediante ruqya incluye la recitación de versículos de protección y, en algunos casos, el uso del agua con la que el causante del mal de ojo se ha lavado, vertida sobre la víctima.
El mass al-jinn, la posesión o el contacto de los jinn, es la aflicción más grave y la que requiere el tratamiento más intensivo. Como explicamos en el artículo sobre los jinn, la posesión puede ocurrir por provocación involuntaria, por magia negra o por debilidad espiritual. Los síntomas que la tradición islámica asocia a la posesión por jinn incluyen comportamientos erráticos o violentos, voces o personalidades alternativas, aversión al Corán o a la mención de Dios, convulsiones durante la recitación de la ruqya y sueños perturbadores recurrentes. Durante la sesión de ruqya, el jinn puede «hablar» a través de la persona poseída y el raqi puede interrogarlo sobre su identidad, las razones de su presencia y las condiciones de su partida.

El ritual de la ruqya: procedimiento y práctica
La ruqya en su forma más básica puede ser practicada por cualquier musulmán con conocimiento suficiente del Corán: recitar el Ayat al-Kursi y las Muawwidhatain sobre uno mismo o sobre un familiar es una práctica de protección cotidiana que no requiere especialista. Sin embargo, el tratamiento de casos graves de posesión, magia negra o mal de ojo intenso es realizado por un raqi, el especialista en ruqya, cuya autoridad no deriva de una ordenación clerical como en el catolicismo sino de su conocimiento del Corán, su integridad religiosa y su experiencia práctica.
Una sesión de ruqya con un raqi sigue generalmente este procedimiento. El raqi comienza con una evaluación de la persona afectada, preguntando sobre sus síntomas, su historial y las posibles causas de su situación. Luego inicia la recitación: coloca la mano sobre la cabeza o el pecho de la persona y comienza a recitar los versículos de la ruqya en voz alta, a veces con soplidos suaves sobre las partes del cuerpo afectadas. Durante la recitación, observa las reacciones de la persona: si hay un jinn presente, la recitación coránica puede provocar reacciones físicas (temblores, gritos, llanto, vómitos) que el raqi interpreta como signos de la presencia del jinn y de su resistencia al Corán.
Si el jinn se manifiesta, el raqi puede interrogarlo, preguntarle su nombre, su religión, las razones de su presencia y sus condiciones de partida. Si el jinn es musulmán, el raqi lo exhorta a temer a Dios y a partir voluntariamente; si es infiel, le ordena partir en nombre de Dios y con la autoridad del Corán. En ambos casos, la recitación continúa hasta que el raqi considera que el jinn ha abandonado el cuerpo.
El tratamiento suele complementarse con agua de ruqya: agua sobre la que el raqi ha recitado versículos coránicos y que la persona bebe y con la que se lava. El aceite de nigella (habbatus-sauda), mencionado en un hadiz del profeta como remedio para todas las enfermedades excepto la muerte, es también frecuentemente utilizado en combinación con la ruqya. En casos de sihr, el raqi puede buscar y destruir el objeto mágico (un nudo atado con cabellos, un papel con escritura mágica) que el practicante de magia ha utilizado para canalizar el daño.
La ruqya lícita y la ruqya prohibida
Uno de los debates teológicos más importantes del islam contemporáneo en relación con la ruqya es la distinción entre la ruqya lícita, la ruqya shar’iyya y la ruqya prohibida, la que cae en los dominios de la magia y la brujería que el islam condena.
Los criterios que los eruditos islámicos han establecido para distinguir la ruqya lícita de la prohibida son relativamente claros en teoría, aunque en la práctica la línea puede ser difusa. La ruqya lícita debe estar compuesta exclusivamente de versículos coránicos, nombres y atributos de Dios y plegarias proféticas auténticas; el practicante debe creer que la curación viene de Dios y no de la ruqya en sí misma; el texto debe ser comprensible (en árabe o traducido) y no contener palabras incomprensibles que puedan ser invocaciones a entidades no islámicas y el método no debe implicar acciones prohibidas como el sacrificio de animales para los jinn o la escritura de fórmulas mágicas.
La ruqya prohibida, en cambio, implica la invocación directa de jinn o de entidades no islámicas, el uso de talismanes con escritura incomprensible, los sacrificios a los jinn o el aprendizaje de «nombres secretos» de los jinn para obligarlos a actuar. Este tipo de práctica, que existe en el mundo islámico bajo el nombre genérico de sihr, magia, es considerada shirk, asociación de otra entidad con Dios, uno de los pecados más graves del islam.
El Consejo de Eruditos Islámicos de varios países ha publicado fatuas (dictámenes religiosos) sobre la práctica de la ruqya, estableciendo criterios para distinguir la práctica lícita de la prohibida y advirtiendo contra los charlatanes que explotan la demanda de exorcismo para enriquecerse. La proliferación de raqis de dudosa formación y métodos cuestionables es una preocupación real en el mundo islámico contemporáneo, especialmente en países con alta demanda de ruqya como Marruecos, Egipto y Mauritania.
La ruqya en el mundo contemporáneo
La ruqya vive en el siglo XXI una expansión notable impulsada por varios factores convergentes: el crecimiento del islam en el mundo, la mayor movilidad de las comunidades musulmanas, el acceso a las redes sociales y a internet y una mayor conciencia religiosa en sectores de la población que en generaciones anteriores habrían recurrido a prácticas más sincréticas o directamente a la medicina occidental.
En países como Marruecos, Egipto, Arabia Saudí y Mauritania, la demanda de ruqya es enorme y los raqis de reconocida reputación tienen agendas con meses de espera. En Indonesia y Malasia, el mayor país musulmán del mundo y uno de los más desarrollados de Asia respectivamente, la ruqya coexiste con sistemas médicos modernos y es practicada tanto en contextos informales como en clínicas especializadas.
En Europa y América del Norte, las comunidades musulmanas inmigrantes han llevado la práctica de la ruqya a países donde era prácticamente desconocida y han surgido raqis que atienden tanto a comunidades árabes como a comunidades de África subsahariana, Asia central y el sudeste asiático. Las sesiones de ruqya en Europa se realizan frecuentemente en mezquitas o en domicilios privados, y algunos raqis han establecido consultas regulares con listas de espera.
Las redes sociales y YouTube han transformado también la accesibilidad de la ruqya: hay miles de videos de recitación de ruqya disponibles en internet que cualquier persona puede escuchar en casa y canales especializados con millones de suscriptores que ofrecen sesiones de ruqya grabadas para distintos tipos de aflicciones. Esta democratización de la ruqya ha generado debate entre los eruditos islámicos: algunos la consideran una extensión legítima de la práctica, otros temen que la ausencia de supervisión personal del raqi abra la puerta a usos incorrectos.
La ruqya y otros sistemas de exorcismo
| Aspecto | Ruqya (islam) | Exorcismo católico | Exorcismo rabínico |
|---|---|---|---|
| Instrumento principal | Versículos coránicos | Rituale Romanum, nombre de Cristo | Fórmulas cabalísticas, shofar |
| Autorización requerida | No formal; cualquier musulmán puede practicarla | Obispo diocesano | Autoridad rabínica reconocida |
| Entidad expulsada | Jinn maligno, efectos del sihr y el ‘ayn | Demonio | Dybbuk (alma humana errante) |
| Complementos rituales | Agua de ruqya, aceite de nigella | Agua bendita, crucifijo, aceite | Shofar, textos cabalísticos |
| Evaluación médica previa | Recomendada por eruditos, no obligatoria | Obligatoria desde 1999 | Variable según el rabino |
| Base textual | Corán y hadices proféticos | Evangelios, tradición patrística | Literatura cabalística luriánica |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Corán 2:255, 17:82, 41:44, 51:56, 55:15, 72:1-28, 113:1-5, 114:1-6 en traducción de Julio Cortés, Herder, Barcelona, 2005.
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Bibliografía:
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- Nasr, Seyyed Hossein (1987). Islamic Spirituality: Foundations. Crossroad, Nueva York.
- Waines, David (1995). An Introduction to Islam. Cambridge University Press, Cambridge.
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- Dein, Simon y Illaiee, Abdool Samad (2013). «Jinn and Mental Health: Looking at Jinn Possession in Modern Psychiatric Practice«. The Psychiatrist, 37(5), 185-188.
- Rubin, Uri (1994). The Eye of the Beholder: The Life of Muhammad as Viewed by the Early Muslims. Darwin Press, Princeton.
Preguntas frecuentes sobre la ruqya
¿Qué es exactamente la ruqya?
La ruqya es la práctica islámica de sanación y protección espiritual basada en la recitación de versículos coránicos y plegarias proféticas sobre una persona afectada por la posesión de jinn, el mal de ojo o la magia negra. Tiene respaldo explícito en hadices del profeta Mahoma, que la practicó personalmente, y es reconocida como práctica lícita por la mayoría de los eruditos islámicos cuando se realiza exclusivamente con textos coránicos y proféticos auténticos.
¿Cuáles son los versículos más importantes de la ruqya?
Los más utilizados son el Ayat al-Kursi (Corán 2:255), considerado el versículo más poderoso del Corán para la protección espiritual, y las Muawwidhatain: las suras 113 (Al-Falaq) y 114 (Al-Nas), que piden refugio a Dios contra el mal de lo creado, la magia y los jinn. La Fatiha —sura de apertura del Corán— también se usa frecuentemente como remedio general. Estos versículos abordan directamente las tres aflicciones principales que trata la ruqya: sihr, ‘ayn y mass al-jinn.
¿Puede cualquier musulmán practicar la ruqya?
Sí, en su forma básica. La recitación del Ayat al-Kursi y las Muawwidhatain sobre uno mismo o sobre un familiar es una práctica cotidiana de protección que no requiere ninguna autorización especial. Para el tratamiento de casos graves de posesión o magia negra se recurre a un raqi con experiencia, pero su autoridad no deriva de una ordenación clerical sino de su conocimiento del Corán y su integridad religiosa.
¿Qué diferencia hay entre la ruqya lícita y la prohibida?
La ruqya lícita —ruqya shar’iyya— usa exclusivamente versículos coránicos, nombres divinos y plegarias proféticas auténticas, y el practicante cree que la curación viene de Dios. La ruqya prohibida invoca directamente a jinn o entidades no islámicas, usa textos incomprensibles que pueden ser invocaciones mágicas, o implica acciones prohibidas como sacrificios a los jinn. Esta última es considerada sihr —magia prohibida— y uno de los pecados más graves del islam.
¿Cómo se sabe si una persona está poseída por un jinn o tiene una enfermedad mental?
Los eruditos islámicos contemporáneos recomiendan descartar causas médicas antes de diagnosticar una posesión por jinn. Los signos que la tradición islámica considera indicativos de posesión —aversión intensa al Corán, reacciones físicas violentas durante la recitación, voces distintas, conocimiento de cosas que la persona no podría saber naturalmente— deben diferenciarse de síntomas psiquiátricos. La práctica de los raqis más responsables incluye la derivación a médicos cuando los síntomas sugieren una causa natural.
¿Es la ruqya solo para musulmanes?
La ruqya en su sentido técnico islámico es una práctica religiosa musulmana. Sin embargo, en el mundo islámico es relativamente frecuente que personas no musulmanas busquen la ayuda de un raqi, especialmente en contextos donde la ruqya es la práctica de sanación espiritual más accesible culturalmente. Los eruditos islámicos tienen posiciones diversas sobre la licititud de practicar la ruqya sobre no musulmanes.
¿Qué es el agua de ruqya?
El agua de ruqya es agua sobre la que el raqi ha recitado versículos coránicos y soplado. Se considera que el agua absorbe la bendición de la recitación coránica y que beberla o bañarse con ella tiene efectos terapéuticos sobre las aflicciones espirituales. Es uno de los complementos más comunes de la sesión de ruqya junto con el aceite de nigella, cuyo uso el profeta Mahoma recomendó en un hadiz famoso.









