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Eliseo: el profeta de los milagros y el sucesor de Elías

by Marcelo Ferrando Castro
25 junio, 2026
in Biografías, Historia de las Religiones
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Eliseo contempla con los brazos alzados la ascensión de Elías en el carro de fuego, mientras a sus pies el buey sacrificado y los yugos ardiendo sellan su vocación profética

La ascensión de Elías al cielo en el carro de fuego (2 Reyes 2) y la vocación de Eliseo (1 Reyes 19) reunidas en una sola composición: Elías arrebatado en el torbellino, Eliseo recibiendo el manto, y al fondo el buey sacrificado y los yugos quemados con que Eliseo selló su ruptura con la vida anterior. Crédito: Red Historia

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Eliseo es uno de los profetas más activos y más sorprendentes del Antiguo Testamento. Sucesor de Elías en el reino del norte de Israel, ejerció su ministerio durante más de 50 años, desde el reinado de Acab hasta el de Joás, aproximadamente entre el 850 y el 800 a.C. Su figura está dominada por una serie de milagros que no tiene parangón en ningún otro profeta del Antiguo Testamento: multiplicó el aceite de una viuda, resucitó al hijo de la sunamita, purificó un guiso envenenado, multiplicó panes para cien personas, curó la lepra del general sirio Naamán y hasta después de muerto su cadáver resucitó a un hombre que fue arrojado en su tumba. El único que supera a Eliseo en el número de milagros atribuidos dentro de la Biblia hebrea es Moisés.

La relación entre Elías y Eliseo es una de las más elaboradas de la literatura profética. Elías es el profeta solitario del desierto, el hombre del fuego y del silencio, el que desafía al rey en nombre de YHWH y huye exhausto al Horeb. Eliseo es distinto: es un profeta que vive entre la gente, que frecuenta ciudades y comunidades de profetas, que interviene en la política del reino del norte con una regularidad que Elías nunca tuvo. Si Elías es el profeta del espíritu de Dios que irrumpe en la historia, Eliseo es el profeta de la providencia divina que actúa en lo cotidiano.

El ministerio de Eliseo está también marcado por una paradoja que los lectores modernos encuentran desconcertante: el mismo hombre que resucita a los muertos y alimenta a los hambrientos también provoca la muerte de 42 muchachos que se burlaron de su calvicie, maldiciéndolos en nombre de YHWH para que dos osas los despedazaran. Esta coexistencia de misericordia extrema y severidad extrema en la misma figura ha generado debate exegético desde la antigüedad y sigue siendo uno de los textos más difíciles del ciclo de Eliseo.

En el judaísmo, Eliseo es el continuador del ministerio de Elías y el maestro de las comunidades de profetas que florecieron en el reino del norte. En el Nuevo Testamento, Jesús lo menciona expresamente junto a Elías en la sinagoga de Nazaret para ilustrar que los profetas son enviados a los extranjeros cuando Israel no los recibe, citando la curación de Naamán el sirio como ejemplo. La tipología entre Eliseo y Jesús, especialmente en los milagros de multiplicación de alimentos y resurrección de muertos, fue desarrollada extensamente en la exégesis cristiana.

Índice:

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  • La llamada de Eliseo: el manto de Elías
  • La ascensión de Elías y la doble porción del espíritu
  • Los milagros de Eliseo: catálogo y significado
    • La purificación del agua de Jericó
    • Los muchachos y las dos osas
    • El aceite de la viuda
    • La sunamita y la resurrección de su hijo
    • La curación de Naamán
  • Eliseo y la política del reino del norte
  • El milagro póstumo: la resurrección en la tumba
  • Eliseo y Elías: semejanzas y diferencias
  • Eliseo en el Nuevo Testamento y la tipología cristiana
  • Elías y Eliseo: los dos grandes profetas del reino del norte
  • Artículos relacionados con los profetas y el Antiguo Testamento
  • Fuentes y bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre Eliseo
    • ¿Quién fue Eliseo y qué relación tenía con Elías?
    • ¿Cuántos milagros hizo Eliseo?
    • ¿Cómo curó Eliseo la lepra de Naamán?
    • ¿Por qué Jesús mencionó a Eliseo en la sinagoga de Nazaret?
    • ¿Qué es el episodio de los muchachos y las osas?
    • ¿Cómo resucitó Eliseo al hijo de la sunamita?
    • ¿Cómo murió Eliseo?
    • ¿Qué fue el milagro póstumo de Eliseo?

La llamada de Eliseo: el manto de Elías

La vocación de Eliseo es narrada en el primer libro de los Reyes con una brevedad que contrasta con la elaboración de otras vocaciones proféticas. Elías, de regreso del Horeb después de su encuentro con YHWH, encuentra a Eliseo arando con doce yuntas de bueyes, siendo él el que araba con la decimosegunda. Elías pasó junto a él y echó su manto sobre él.

Eliseo dejó los bueyes, corrió tras Elías y le pidió permiso para despedirse de su padre y su madre. Elías respondió con una frase ambigua: «Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo?». La ambigüedad es deliberada: ¿está Elías dándole permiso, poniéndolo a prueba o recordándole que la decisión es suya? Eliseo regresó, mató los bueyes, los coció con la madera de los yugos y dio de comer a la gente. Después se levantó y siguió a Elías y le servía.

La imagen del manto echado sobre Eliseo es el símbolo de la transmisión del espíritu profético. El mismo manto volverá a ser protagonista en el momento más dramático del ciclo: cuando Elías sea arrebatado al cielo en un carro de fuego, su manto caerá sobre Eliseo como señal de que el espíritu del maestro ha pasado al discípulo. Eliseo lo recoge, golpea las aguas del Jordán con él y las aguas se dividen, replicando el milagro que Elías había realizado con el mismo manto momentos antes.

El sacrificio de los bueyes y la quema de los yugos es un gesto de ruptura irreversible con la vida anterior: Eliseo no solo deja el trabajo sino que destruye las herramientas con que podría retomarlo. Es uno de los gestos de vocación más radicales del Antiguo Testamento.

La ascensión de Elías y la doble porción del espíritu

El capítulo 2 del segundo libro de los Reyes narra uno de los episodios más extraordinarios de toda la Biblia: la ascensión de Elías al cielo en un carro de fuego. Elías y Eliseo recorren juntos el camino desde Guilgal hasta el Jordán, y en cada etapa Elías pide a Eliseo que se quede atrás. Eliseo rehúsa cada vez: «Vive YHWH y vive tu alma, que no te dejaré». Las comunidades de profetas de Betel y de Jericó salen al encuentro y advierten a Eliseo: «¿Sabes que YHWH quitará hoy a tu señor de sobre ti?». Eliseo responde: «Sí, ya lo sé; callad».

Cruzaron el Jordán, que se dividió cuando Elías golpeó las aguas con su manto. Elías preguntó a Eliseo qué quería que hiciera por él antes de ser tomado y Eliseo respondió: «Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí». La petición es audaz: Eliseo no pide lo que Elías tenía sino el doble. Elías respondió que era una cosa difícil, pero que si Eliseo lo veía cuando fuera tomado, así le sería concedido.

Mientras iban caminando y hablando, apareció un carro de fuego con caballos de fuego y los separó y Elías subió al cielo en un torbellino. Eliseo lo vio y clamó: «¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!». Y ya no lo vio más. Tomó sus propias vestiduras y las rasgó en dos pedazos. Recogió el manto de Elías que se había caído y volvió a las orillas del Jordán. Golpeó las aguas con el manto diciendo: «¿Dónde está YHWH, el Dios de Elías?». Las aguas se dividieron y Eliseo cruzó.

Elías siendo arrebatado al cielo en un torbellino mientras el carro de fuego con caballos de fuego pasa entre él y Eliseo, y el manto del profeta cae al suelo junto al río Jordán
El arrebatamiento de Elías: el carro de fuego con caballos de fuego separa al profeta de su discípulo Eliseo mientras el torbellino lo eleva al cielo. El manto de Elías cae al suelo, la señal de la transferencia del espíritu profético, y Eliseo lo recoge con los brazos extendidos. Es el único profeta bíblico junto a Enoc que no experimentó la muerte. Crédito: Red Historia

La exclamación de Eliseo, «¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!», expresa la doble pérdida: la del maestro amado y la del protector del reino. En el antiguo Israel, el profeta era considerado una defensa del pueblo tan importante como el ejército, y la pérdida de Elías era la pérdida de un escudo.

Los milagros de Eliseo: catálogo y significado

El ciclo de Eliseo en los capítulos 2 al 13 del segundo libro de los Reyes contiene el mayor número de milagros atribuidos a un solo individuo en todo el Antiguo Testamento. Su variedad es notable: milagros de provisión, milagros de curación, milagros de juicio y hasta un milagro póstumo.

La purificación del agua de Jericó

El primer milagro de Eliseo después de recibir el manto es la purificación del agua de Jericó, que los habitantes de la ciudad describen como mala y causante de abortos en la tierra. Eliseo pidió una vasija nueva con sal, la echó al manantial y dijo: «Así ha dicho YHWH: Yo he purificado estas aguas». Las aguas quedaron sanas. El episodio establece el tono del ministerio de Eliseo: su primera intervención no es política ni dramática sino práctica, en respuesta a una necesidad concreta de una comunidad.

Los muchachos y las dos osas

Inmediatamente después de la purificación del agua, el texto narra el episodio más perturbador del ciclo de Eliseo. Cuando subía el camino a Betel, unos muchachos salieron de la ciudad y se burlaron de él diciendo: «¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo!». Eliseo se volvió y los miró y los maldijo en nombre de YHWH y salieron dos osas del monte y despedazaron a 42 de los muchachos.

Este episodio ha generado más debate exegético que casi ningún otro del ciclo de Eliseo. Los intentos de justificarlo han sido múltiples: que los «muchachos» eran en realidad jóvenes adultos, que la burla tenía un contenido político o religioso más grave de lo que parece, que «calvo» era un insulto relacionado con la lepra y por tanto una acusación de impureza ritual. Ninguna de estas explicaciones satisface completamente al lector moderno y los comentaristas más honestos reconocen que el texto presenta una dificultad moral real que no puede resolverse por la vía de la racionalización.

El aceite de la viuda

Una mujer cuyo marido, un profeta, había muerto endeudado vino a Eliseo llorando: el acreedor iba a llevarse a sus dos hijos como esclavos para pagar la deuda. Eliseo le preguntó qué tenía en casa y respondió que solo una vasija de aceite. Eliseo le dijo que pidiera prestadas a sus vecinas todas las vasijas vacías que pudiera, que entrara en casa con sus hijos, cerrara la puerta y fuera llenando las vasijas con el aceite. Llenó todas las vasijas hasta que ya no había más. Cuando el aceite se detuvo, Eliseo le dijo que vendiera el aceite, pagara su deuda y viviera ella y sus hijos del resto.

El milagro del aceite tiene un paralelo directo en el ciclo de Elías, donde el profeta multiplicó la harina y el aceite de la viuda de Sarepta. La estructura es similar pero el enfoque es diferente: el milagro de Elías alimentó a la viuda directamente; el de Eliseo la habilita para resolver ella misma su problema económico. Es un milagro de empoderamiento además de provisión.

La sunamita y la resurrección de su hijo

El episodio de la sunamita es el más elaborado y literariamente más rico del ciclo de Eliseo. Una mujer acomodada de Sunem insistió en que Eliseo comiera en su casa cada vez que pasaba y convenció a su marido de que construyeran un pequeño cuarto en la azotea para que el profeta se quedara cuando viniera. Eliseo, agradecido, preguntó a su siervo Guiezi qué podía hacer por la mujer. Guiezi observó que no tenía hijos y que su marido era anciano. Eliseo la llamó y le anunció que al año siguiente tendría un hijo. La mujer respondió: «No, señor mío, hombre de Dios; no engañes a tu sierva». Pero al año siguiente concibió y dio a luz un hijo.

Años después, el niño estaba con su padre en el campo durante la siega y de repente se quejó de un dolor en la cabeza. El padre lo mandó con su madre. La mujer lo tuvo en su regazo hasta el mediodía y el niño murió. La mujer subió al cuarto del profeta, lo acostó en su cama, cerró la puerta y salió. Montó en un asno y fue a buscar a Eliseo al monte Carmelo.

Cuando Eliseo la vio venir de lejos, envió a Guiezi a preguntarle si todo estaba bien con ella, su marido y el niño. Ella respondió: «Bien». Pero cuando llegó ante Eliseo se echó a sus pies. Guiezi intentó apartarla. Eliseo le dijo que la dejara, que su alma estaba angustiada y que YHWH se lo había ocultado a él.

Eliseo envió a Guiezi por delante con su báculo para ponerlo sobre el rostro del niño, pero la mujer se negó a separarse de Eliseo. Guiezi puso el báculo sobre el rostro del niño sin resultado. Cuando Eliseo llegó, entró en el cuarto y cerró la puerta. Oró a YHWH, se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre su boca, sus ojos sobre sus ojos y sus manos sobre sus manos. El cuerpo del niño se fue calentando. Eliseo se levantó, dio una vuelta por la casa y volvió a tenderse sobre el niño. El niño estornudó siete veces y abrió los ojos.

Llamó a la sunamita y le dijo que tomara a su hijo. Ella se postró a sus pies, se inclinó hasta el suelo y tomó a su hijo y salió.

El episodio de la sunamita es el más cercano a los milagros del Nuevo Testamento en toda la narrativa profética del Antiguo Testamento. La resurrección por contacto físico directo, la puerta cerrada, la oración, el calentamiento progresivo del cuerpo y los siete estornudos son detalles narrativos de una precisión que ningún otro relato de resurrección en el Antiguo Testamento tiene.

La curación de Naamán

La curación de Naamán el sirio es el episodio más famoso del ciclo de Eliseo y el que más repercusión teológica ha tenido fuera del contexto israelita. Naamán era el comandante del ejército del rey de Aram, un hombre poderoso y valioso, pero leproso. Una joven israelita capturada en una incursión y que servía a la esposa de Naamán le dijo que ojalá su señor fuera a ver al profeta de Samaria, que lo curaría.

Naamán fue con una carta del rey de Aram al rey de Israel y con regalos considerables. El rey de Israel, al leer la carta en que el rey de Aram le pedía que curara a Naamán, rasgó sus vestidos: «¿Acaso soy yo Dios para dar la muerte y la vida, para que éste me envíe a curar a un hombre de su lepra?». Eliseo oyó que el rey había rasgado sus vestidos y le mandó decir que lo enviara a él.

Naamán llegó con sus caballos y sus carros a la puerta de la casa de Eliseo. Eliseo no salió a recibirlo sino que mandó un mensajero a decirle: «Ve y lávate siete veces en el Jordán y tu carne se restaurará y serás limpio». Naamán se enojó y se fue airado porque esperaba que el profeta saliera en persona, invocara el nombre de su Dios, agitara la mano sobre el lugar y curara la lepra. ¿No eran los ríos de Damasco mejores que todos los de Israel? Sus siervos lo persuadieron de que probara. Naamán bajó al Jordán y se zambulló siete veces. Su carne se restauró como la carne de un niño y quedó limpio.

Volvió a Eliseo con todo su séquito, se presentó ante él y dijo: «He aquí que ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra sino en Israel». Ofreció un regalo y Eliseo lo rechazó. Naamán pidió llevar consigo tierra de Israel para ofrecer sacrificios solo a YHWH en adelante, aunque pidió permiso para inclinarse en el templo de Rimón cuando acompañara al rey. Eliseo respondió: «Ve en paz».

El episodio tiene una densidad teológica extraordinaria. La curación de un extranjero por el profeta de Israel, sin cobrar, sin exigir conversión formal, con un simple gesto de obediencia en el Jordán, fue leída por Jesús en la sinagoga de Nazaret como ejemplo de que los profetas son enviados a los de fuera cuando los de dentro no los reciben.

Eliseo y la política del reino del norte

A diferencia de Elías, que intervino en la política principalmente a través del enfrentamiento directo con Acab y Jezabel, Eliseo tuvo una relación más compleja y más sostenida con el poder político del reino del norte. Fue consejero de reyes, informante en guerras y agente de cambios dinásticos.

Durante las guerras contra Aram, Eliseo informó repetidamente al rey de Israel sobre los movimientos del ejército sirio, lo que llevó al rey de Aram a sospechar que había un traidor en su consejo. Cuando le dijeron que era Eliseo, quien revelaba hasta lo que el rey decía en su dormitorio, el rey de Aram envió un gran ejército a Dotán para capturarlo. El siervo de Eliseo se levantó de mañana y vio la ciudad rodeada de caballos y carros. Aterrorizado, preguntó a Eliseo qué harían y éste respondió: «No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos». Oró para que YHWH abriera los ojos del siervo y el siervo vio el monte lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo. Eliseo oró para que el ejército sirio fuera cegado, los condujo a Samaria y cuando sus ojos fueron abiertos estaban en medio de la capital enemiga.

La intervención política más dramática de Eliseo fue su participación en el golpe de estado de Jehú. Eliseo envió a uno de los hijos de los profetas a ungir a Jehú, comandante del ejército israelita, como rey, con el mandato de destruir la casa de Acab. Jehú ejecutó el encargo con una brutalidad que el texto describe sin aparente malestar: mató al rey Joram de Israel, al rey Ocozías de Judá, a Jezabel y a todos los hijos de Acab. Más tarde el profeta Oseas condenaría explícitamente la masacre de Jezreel como una sangre que caería sobre la casa de Jehú.

El milagro póstumo: la resurrección en la tumba

El ciclo de Eliseo termina con un episodio único en toda la Biblia: un milagro que ocurre después de la muerte del profeta. Mientras un grupo de israelitas enterraba a un hombre, vieron una banda de moabitas y arrojaron el cadáver en la tumba de Eliseo. Cuando el cadáver tocó los huesos de Eliseo, el hombre revivió y se puso en pie.

Este milagro póstumo tiene consecuencias teológicas significativas, estableciendo que el poder de Eliseo no terminó con su muerte, que algo de su espíritu profético permanecía en sus huesos. La tradición cristiana lo leyó como una prefiguración de la resurrección y como un argumento a favor de la veneración de las reliquias de los santos, un tema que generó debate extenso en la Reforma protestante.

Eliseo y Elías: semejanzas y diferencias

La comparación entre Elías y Eliseo es uno de los ejercicios exegéticos más iluminadores de los libros de los Reyes. Los dos profetas comparten muchos episodios estructuralmente similares, lo que ha llevado a algunos investigadores a proponer que el ciclo de Eliseo fue modelado deliberadamente sobre el de Elías para presentarlo como su sucesor legítimo con igual autoridad.

Las semejanzas son numerosas. Ambos dividen las aguas del Jordán con el manto. Ambos tienen episodios de provisión milagrosa de alimentos para viudas. Ambos resucitan a hijos de mujeres que los habían acogido. Ambos tienen encuentros en el monte Carmelo. Ambos intervienen en la política del reino del norte.

Las diferencias son igualmente reveladoras. Elías es un profeta solitario que huye al desierto cuando está exhausto; Eliseo vive en comunidad, frecuenta las ciudades y nunca aparece en el desierto. Elías enfrenta directamente al rey y a la reina con oráculos de juicio; Eliseo trabaja más indirectamente, a través de intermediarios y de actos que tienen consecuencias políticas sin ser confrontaciones directas. Elías es arrebatado al cielo sin morir; Eliseo muere de una enfermedad en su lecho, aunque el texto añade que el rey Joás de Israel lo visitó llorando y usando la misma exclamación que Eliseo había usado cuando ascendió Elías: «¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!».

Eliseo en el Nuevo Testamento y la tipología cristiana

Jesús mencionó a Eliseo expresamente en la sinagoga de Nazaret, junto a Elías, para ilustrar que los profetas son enviados a extranjeros cuando Israel no los recibe: «Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio». La referencia provocó tal indignación entre los presentes que intentaron arrojar a Jesús por un precipicio.

La exégesis cristiana posterior desarrolló extensamente las semejanzas entre el ministerio de Eliseo y el de Jesús. Los paralelos son llamativos: Eliseo multiplicó panes para cien personas con veinte panes de cebada y un poco de grano y sobró; Jesús multiplicó panes para miles. Eliseo resucitó al hijo de la sunamita; Jesús resucitó a la hija de Jairo y al hijo de la viuda de Naín y a Lázaro. Eliseo curó la lepra de Naamán el extranjero; Jesús curó a diez leprosos y alabó especialmente al samaritano que volvió a dar gracias.

Elías y Eliseo: los dos grandes profetas del reino del norte

AspectoElíasEliseo
PeríodoSiglo IX a.C.; reinados de Acab y OcozíasSiglo IX-VIII a.C.; desde Acab hasta Joás; ~50 años de ministerio
OrigenTisbé de Galaad; origen oscuroAbel-Mehola; hijo de Safat; familia agricultora
CarácterSolitario; del desierto; temperamental; huye al Horeb agotadoComunitario; vive entre la gente; más estable emocionalmente
Milagros principalesLluvia y sequía; fuego del Carmelo; multiplicación harina y aceite; resurrección hijo viuda de SareptaAceite de la viuda; resurrección hijo sunamita; curación Naamán; multiplicación panes; ceguera ejército sirio; resurrección póstumo
Número de milagros~7 milagros principales~14 milagros; el doble que Elías (cumplimiento de la petición)
Relación con el poderConfrontación directa con Acab y JezabelRelación más compleja; consejero de reyes; agente de golpes de estado
MuerteArrebatado al cielo en carro de fuego; no muereMuere de enfermedad; milagro póstumo en la tumba
En el Nuevo TestamentoAparece en la Transfiguración; identificado con Juan el BautistaCitado por Jesús en Nazaret; tipología con milagros de Cristo
SímboloEl profeta del fuego y el torbellino; precursor del MesíasEl profeta de la providencia cotidiana; doble porción del espíritu

Artículos relacionados con los profetas y el Antiguo Testamento

  • El Antiguo Testamento: historia, estructura y libros principales
  • Levante antiguo: cuna de civilizaciones
  • Historia de Israel: desde la antigüedad hasta la actualidad
  • La monarquía unida de Israel: Saúl, David y Salomón
  • El reino del norte de Israel: historia y caída
  • Isaías: el profeta del siervo sufriente y la salvación
  • Jeremías: el profeta de las lágrimas y la nueva alianza
  • Ezequiel: el profeta del exilio y la gloria divina
  • Elías: el profeta del fuego y del Dios vivo
  • El período intertestamentario: entre los dos Testamentos

Fuentes y bibliografía

Fuentes:

  • La Biblia. Segundo libro de los Reyes, capítulos 2-13. Primer libro de los Reyes, capítulo 19. Evangelio de Lucas 4:27 Versión de la Biblia de Jerusalén. Desclée de Brouwer, 2009.
  • Talmud Babilónico. Sanhedrin 47a (milagro póstumo de Eliseo).

Bibliografía académica:

  • Cohn, Robert L. 2 Kings. Berit Olam. Liturgical Press, 2000.
  • Gray, John. I & II Kings: A Commentary. Westminster Press, 1970.
  • Hobbs, T.R. 2 Kings. Word Biblical Commentary. Word Books, 1985.
  • Moore, Rick D. God Saves: Lessons from the Elisha Stories. JSOT Press, 1990.
  • Provan, Iain. 1 and 2 Kings. New International Biblical Commentary. Hendrickson, 1995.
  • von Rad, Gerhard. Teología del Antiguo Testamento, vol. 2. Sígueme, 1972.
  • Brueggemann, Walter. 1 & 2 Kings. Smyth & Helwys Bible Commentary. Smyth & Helwys, 2000.

Preguntas frecuentes sobre Eliseo

¿Quién fue Eliseo y qué relación tenía con Elías?

Eliseo fue el sucesor profético de Elías en el reino del norte de Israel, activo durante más de cincuenta años aproximadamente entre el 850 y el 800 a.C. Elías lo llamó echando su manto sobre él mientras araba, y Eliseo lo siguió desde ese momento como discípulo y servidor. Cuando Elías fue arrebatado al cielo en un carro de fuego, su manto cayó sobre Eliseo como señal de que el espíritu profético del maestro había pasado al discípulo. Eliseo había pedido una doble porción del espíritu de Elías, y el número de milagros que el texto le atribuye, aproximadamente el doble que a Elías, puede leerse como el cumplimiento de esa petición.

¿Cuántos milagros hizo Eliseo?

El ciclo de Eliseo en el segundo libro de los Reyes contiene aproximadamente catorce milagros principales, el mayor número atribuido a un profeta individual en todo el Antiguo Testamento después de Moisés. Entre ellos se cuentan la purificación del agua de Jericó, la multiplicación del aceite de la viuda, la resurrección del hijo de la sunamita, la purificación del guiso envenenado, la multiplicación de panes para cien personas, la curación de la lepra de Naamán, la recuperación del hacha hundida en el río, la ceguera del ejército sirio y la resurrección póstumo de un cadáver arrojado en su tumba. Este último es el único milagro de toda la Biblia atribuido a los huesos de un profeta muerto.

¿Cómo curó Eliseo la lepra de Naamán?

Naamán, comandante del ejército sirio, llegó a Israel con regalos y una carta del rey de Aram pidiendo que fuera curado de su lepra. Eliseo no salió a recibirlo sino que envió un mensajero diciéndole que se lavara siete veces en el Jordán. Naamán se enojó, esperando un gesto más solemne del profeta, pero sus siervos lo persuadieron de que probara. Se zambulló siete veces en el Jordán y su carne se restauró como la de un niño. Volvió a Eliseo y declaró que no había Dios en toda la tierra sino en Israel. Eliseo rechazó los regalos que le ofreció en pago.

¿Por qué Jesús mencionó a Eliseo en la sinagoga de Nazaret?

Jesús mencionó a Eliseo junto a Elías en la sinagoga de Nazaret para ilustrar un principio teológico que sabía provocaría rechazo: que los profetas son enviados a los de fuera cuando los de dentro no los reciben. Citó específicamente la curación de Naamán el sirio como ejemplo de un extranjero que recibió lo que los israelitas de la época de Eliseo no recibieron. La referencia provocó tal indignación entre los presentes que intentaron arrojar a Jesús por un precipicio, lo que confirma que el punto de Jesús había sido perfectamente comprendido.

¿Qué es el episodio de los muchachos y las osas?

Cuando Eliseo subía a Betel después de recibir el manto de Elías, unos muchachos salieron de la ciudad y se burlaron de él llamándolo «calvo». Eliseo los maldijo en nombre de YHWH y dos osas salieron del monte y despedazaron a cuarenta y dos de los muchachos. Es el episodio más perturbador del ciclo de Eliseo y el que más debate exegético ha generado. Los intentos de justificarlo apelando al contexto cultural o a la gravedad de la burla no satisfacen completamente, y los comentaristas más honestos reconocen que plantea una dificultad moral real que el texto no resuelve.

¿Cómo resucitó Eliseo al hijo de la sunamita?

El hijo de la sunamita, que Eliseo había prometido a su madre estéril, murió de repente siendo niño. La madre fue a buscar a Eliseo al monte Carmelo. Eliseo envió primero a su siervo Guiezi con su báculo, que no produjo ningún resultado. Después llegó él mismo, entró en el cuarto donde estaba el niño muerto, cerró la puerta y oró a YHWH. Se tendió sobre el niño poniendo su boca sobre su boca, sus ojos sobre sus ojos y sus manos sobre sus manos. El cuerpo se fue calentando progresivamente. Eliseo se levantó, dio una vuelta y volvió a tenderse. El niño estornudó siete veces y abrió los ojos.

¿Cómo murió Eliseo?

A diferencia de Elías, que fue arrebatado al cielo sin morir, Eliseo murió de una enfermedad siendo anciano. El rey Joás de Israel lo visitó en su lecho de muerte llorando y exclamando «¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!», las mismas palabras que Eliseo había usado cuando ascendió Elías. Incluso en su lecho de muerte, Eliseo realizó un acto simbólico de profecía: hizo al rey disparar flechas por la ventana hacia el este, simbolizando las victorias sobre Aram, y golpear el suelo con flechas. Cuando el rey golpeó solo tres veces y se detuvo, Eliseo se enojó: debería haber golpeado cinco o seis veces para una victoria completa.

¿Qué fue el milagro póstumo de Eliseo?

Después de la muerte de Eliseo, mientras un grupo de israelitas enterraba a un hombre, vieron una banda de moabitas y en su prisa arrojaron el cadáver en la tumba de Eliseo. Cuando el cadáver tocó los huesos del profeta, el hombre revivió y se puso en pie. Es el único milagro de toda la Biblia atribuido al contacto con los restos de un profeta muerto. La exégesis cristiana lo leyó como argumento a favor de la veneración de reliquias y como prefiguración de la resurrección. El episodio también confirma narrativamente que la doble porción del espíritu que Eliseo había pedido a Elías seguía activa incluso después de su muerte.

Tags: Antiguo TestamentoBibliaJudaísmo
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