La revolución monoteísta de Akenatón provocó una profunda ruptura del orden religioso y político del Antiguo Egipto, que luego de la muerte del visir Ay el último representante de la dinastía Amarna, volvería al viejo orden con mayor fuerza, orden y poder.
El faraón Horembeb poseía un origen plebeyo, adquirió respeto como escriba y administrador para luego adquirir el respeto de todos como jefe militar y comandante de tropas, lo que le colocó en una posición interesante para conquistar el poder luego de la muerte de Tutankamón y el ascenso del visir Ay.
Al morir Ay, Horembeb tomó el poder de Egipto probablemente por un golpe militar, se casó con la hermana de Nefertiti para sellar una alianza con el poder anterior.
A partir de allí, Horembeb buscaría erradicar de la historia el monoteísmo de Akenatón junto al recuerdo de Tutankamón y el visir Ay, por lo que mandó a enterrar piedras de ese reinado, a la par que destruyó templos y renovó los rituales y la religión politeista anterior.
El faraón Horembeb luchó contra la corrupción que se había extendido por el reino egipcio, criticando la malversación de fondos, el robo de bienes y propiedades, los esclavos tomados por recaudadores de impuestos, dejando constancia escrita en su «Gran Edipto de Horembeb» en uno de los pilares de Karnak.
El orden y la prosperidad le hizo merecedor del respeto y cariño del pueblo, así como también el artífice de la dinastía que daría al faraón Ramsés II, al permitir que Ramsés I lograra convertirse en faraón dando pie a la XIX dinastía.
Cuando Horembeb murió fue sepultado en el Valle de los Reyes, aunque existen evidencias de que deseaba ser enterrado en Saqqara junto a su esposa, pero la tradición le llevó al Valle de los Reyes donde su tumba jamás fue profanada.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









