El libro de Ester es uno de los más extraordinarios del Antiguo Testamento: una novela de intriga palaciega ambientada en la corte persa de Susa que narra cómo una joven judía llamada Ester, adoptada por su primo Mardoqueo, llega a ser reina de Persia y usa su posición para salvar a su pueblo de un decreto de exterminio. Es el único libro de la Biblia hebrea que no menciona el nombre de Dios en ningún momento, lo que ha generado debate teológico durante siglos y es el fundamento de la fiesta del Purim, la celebración más alegre y más carnavalesca del calendario judío.
La historia tiene todos los elementos de un relato perfectamente construido: una reina depuesta por negarse a exhibirse ante los cortesanos borrachos del rey, un concurso de belleza para elegir su sustituta, una joven judía que oculta su identidad, un funcionario de la corte obsesionado con destruir a los judíos porque uno de ellos no se inclina ante él, un decreto de exterminio irrevocable firmado con el sello real, una reina que arriesga su vida para salvar a su pueblo y una inversión final donde el destructor es destruido por la horca que él mismo había preparado para su víctima.
La historicidad del libro es uno de los debates más activos de la arqueología bíblica. La ambientación en la corte persa de Asuero, identificado generalmente con Jerjes I (486-465 a.C.), muestra un conocimiento detallado de las costumbres y protocolos de la corte aqueménida que los investigadores han señalado como sorprendentemente preciso. Pero los personajes principales, Ester, Mardoqueo y Amán, no aparecen en ningún documento persa conocido y algunos detalles del relato son difíciles de conciliar con lo que sabemos de la historia persa. La mayoría de los investigadores lo clasifican como una obra literaria de ficción histórica con trasfondo real, comparable a la novela histórica moderna, no como una crónica factual.
En el judaísmo, el libro de Ester es leído en la sinagoga dos veces durante el Purim, de noche y de mañana y su lectura pública es una de las más participativas y festivas de todo el año litúrgico: los fieles hacen ruido con matracas cada vez que se menciona el nombre de Amán para borrar su recuerdo. La fiesta del Purim, con sus disfraces, su alegría desbordante y su inversión del orden habitual, es la respuesta del judaísmo a todos los intentos de exterminio que han jalonado su historia.
El libro de Ester: género y debates
El libro de Ester ocupa un lugar singular en el canon bíblico. Junto con el Cantar de los Cantares es el único libro de la Biblia hebrea que no menciona el nombre de Dios y junto con Rut es uno de los dos libros del canon hebreo que llevan el nombre de una mujer. Su inclusión en el canon fue debatida: el rabino Akiva, en el siglo II d.C., la defendió con entusiasmo; otros la cuestionaron precisamente por la ausencia de Dios y por el contenido violento del final, donde los judíos matan a 75.000 personas de los pueblos que habían intentado exterminarlos.
El debate sobre el género literario del libro es más técnico pero igualmente relevante. La mayoría de los investigadores modernos lo clasifican como diasporanovela, un género literario del judaísmo del período persa y helenístico que narra las aventuras de un judío virtuoso en una corte extranjera que supera adversidades gracias a su sabiduría, su belleza o su fidelidad a Dios. El libro de Daniel tiene elementos del mismo género y las novelas de José en Egipto y de Tobit son comparables.
La versión griega del libro de Ester, conservada en la Septuaginta y más larga que la versión hebrea, añade seis secciones que no están en el texto hebreo, incluyendo oraciones de Ester y Mardoqueo y menciones explícitas de Dios. Estas adiciones, conocidas como las «adiciones griegas a Ester», fueron incluidas en el canon católico y ortodoxo pero no en el hebreo ni en el protestante, lo que explica que en las biblias católicas el libro de Ester sea considerablemente más largo que en las hebreas y protestantes.
El contexto histórico: la corte persa de Asuero
El libro de Ester sitúa su acción en Susa, la capital de invierno del Imperio persa aqueménida, durante el reinado de Asuero, identificado casi universalmente con Jerjes I (486-465 a.C.), hijo de Darío I el Grande. El nombre hebreo Asuero corresponde al persa Khshayarsha y al griego Xerxes, todos nombres del mismo rey.
El relato comienza en el año tercero del reinado de Asuero, que sería el 483 a.C., con un banquete de 180 días que el rey celebró para mostrar las riquezas de su gloria y el honor de su majestad. Las excavaciones arqueológicas en Susa, realizadas principalmente por equipos franceses en el siglo XIX y principios del XX, han confirmado la existencia del palacio real descrito en el libro, incluyendo el patio interior y el salón del trono. La descripción de los cortinajes de lino blanco y tela azul sujetos con cordones de lino y púrpura en anillas de plata sobre columnas de mármol es coherente con lo que sabemos de la arquitectura palaciega aqueménida.
El rey Jerjes I es conocido en la historia por sus campañas contra Grecia: fue él quien ordenó la construcción del puente de barcas sobre el Helesponto, quien presenció la batalla de las Termópilas y cuya flota fue destruida en Salamina. El libro de Ester lo sitúa en Susa precisamente en los años que preceden a esas campañas, lo que algunos investigadores han señalado como un dato de verosimilitud histórica.
La corte persa que describe el libro muestra un conocimiento de los protocolos y costumbres aqueménidas que los especialistas en historia persa han valorado positivamente. La ley que prohíbe acercarse al rey sin ser llamado bajo pena de muerte, el sistema de los siete nobles que tienen acceso directo al rey, la práctica de los edictos reales en todos los idiomas del imperio, el uso del sello real para ratificar decretos irrevocables: todos estos detalles son coherentes con lo que sabemos de la administración persa del período aqueménida.
Vasti: la reina depuesta
El libro comienza no con Ester sino con Vasti, la reina que la precede y cuya destitución hace posible la historia. En el séptimo día del gran banquete, cuando el corazón del rey estaba alegre a causa del vino, Asuero mandó llamar a Vasti para que se presentara ante él con la corona real, para mostrar su belleza al pueblo y a los príncipes, porque era hermosa.
Vasti se negó. El texto no da ninguna explicación de su negativa, lo que ha generado especulación rabínica y moderna: ¿fue una cuestión de dignidad personal, de protección ante una exhibición que consideraba degradante, de rebeldía política? El texto simplemente dice que la reina Vasti no quiso comparecer a la orden del rey transmitida por los eunucos y que el rey se enojó en gran manera.
Los consejeros del rey le advirtieron que si la negativa de Vasti llegaba a oídos de todas las mujeres, estas también despreciarían a sus maridos. La preocupación no era solo el agravio personal del rey sino el efecto social de que una reina desafiara la autoridad de su marido. El consejo fue que Vasti fuera desposeída de su dignidad real y su condición dada a otra mejor que ella y que se enviara un edicto real por todo el reino proclamando que cada hombre sería señor en su casa.
La figura de Vasti ha tenido una larga vida en la interpretación feminista moderna. Su negativa a ser exhibida ante los cortesanos borrachos de su marido ha sido leída como un acto de dignidad y autonomía y la preocupación de los consejeros por el efecto que podría tener en las otras mujeres del reino revela hasta qué punto el texto percibe la amenaza que supone para el orden patriarcal una mujer que dice no.
Ester y Mardoqueo: los judíos en la diáspora
Ester, cuyo nombre hebreo es Hadasa y cuyo nombre persa es Ester, es una huérfana judía criada por su primo Mardoqueo, un benjaminita descendiente de Kis, de la misma familia que el rey Saúl. La genealogía no es accidental: Amán, el antagonista de la historia, es un agagueo, descendiente del rey Agag de Amalec, el enemigo que el rey Saúl no mató cuando debía haberlo hecho según la orden divina transmitida por Samuel. La rivalidad entre Mardoqueo y Amán tiene así raíces en una deuda histórica no saldada de generaciones anteriores.
Mardoqueo trabaja en la puerta del rey, lo que lo sitúa en la categoría de los funcionarios menores de la corte, con acceso suficiente para conocer las conspiraciones del palacio pero sin el rango de los grandes nobles. Cuando Ester es llevada al harén del rey como candidata a reina, Mardoqueo le ordena que no revele su pueblo ni su parentesco, porque Ester obedeció los mandamientos de Mardoqueo como cuando estaba bajo su tutela.
La instrucción de Mardoqueo a Ester de ocultar su identidad judía es el detalle que da a la historia su tensión dramática central: Ester es reina pero nadie en la corte, excepto ella y Mardoqueo, sabe que es judía. Cuando llegue la crisis y Amán consiga el decreto de exterminio de todos los judíos del imperio, la pregunta será si Ester está dispuesta a revelar su identidad para salvar a su pueblo, arriesgando con ello su propia vida.
El ascenso de Ester
Después de la destitución de Vasti, los consejeros del rey propusieron reunir a todas las jóvenes vírgenes hermosas del reino y llevarlas al harén real para que se prepararan durante 12 meses con tratamientos de belleza: seis meses con aceite de mirra y seis con perfumes y cosméticos. Después, cada joven pasaría una noche con el rey y aquella que agradara al rey sería reina en lugar de Vasti.
Ester fue llevada al palacio del rey con las demás jóvenes. Agradó a Hegai, el eunuco encargado del harén, quien le dio los mejores tratamientos y los mejores aposentos. Ester se ganó la simpatía de todos los que la veían y cuando llegó su turno de pasar ante el rey, Asuero la amó más que a todas las otras mujeres y ella halló gracia y benevolencia ante él más que todas las doncellas. Puso la corona real en su cabeza y la hizo reina en lugar de Vasti.
El episodio del ascenso de Ester ha generado incomodidad en lectores modernos por la naturaleza del proceso: es esencialmente un concurso en el que el criterio es el agrado sexual del rey. Los comentaristas han respondido de formas diversas: algunos leen en el texto una crítica implícita al sistema que describe, otros señalan que Ester no es pasiva sino estratégicamente activa en cómo se presenta ante el rey y ante los miembros del harén, construyendo alianzas que le serán útiles más adelante.
Amán y el decreto de exterminio
Amán el agagueo fue elevado por el rey a la más alta posición entre los nobles y todos los siervos del rey que estaban en la puerta se inclinaban y se postraban ante él, pero Mardoqueo no se inclinaba ni se postraba. Sus compañeros le preguntaban cada día por qué transgredía la orden del rey, pero él no les escuchaba. Cuando le dijeron a Amán para ver si la actitud de Mardoqueo se mantendría, Amán vio que Mardoqueo no se inclinaba ni se postraba ante él y se llenó de ira, pero le pareció poco poner la mano solo sobre Mardoqueo, porque le habían informado de quién era su pueblo y buscó la manera de destruir a todos los judíos que había en todo el reino de Asuero.
La desproporción entre el insulto, un solo hombre que no se inclina y la respuesta, el exterminio de todo un pueblo, es la cifra del carácter de Amán y el motor dramático de toda la historia. Los comentaristas han señalado que la negativa de Mardoqueo a inclinarse no es simple terquedad sino probablemente una objeción religiosa: inclinarse ante un ser humano con la reverencia que se debe solo a Dios era incompatible con la fe judía.
Amán consultó a los adivinos para determinar el día propicio para ejecutar su plan. Se echaron suertes, purim en hebreo y cayó el mes de Adar, el duodécimo mes. Entonces Amán fue al rey y le pidió permiso para destruir a un pueblo cuyas leyes eran distintas a las de todos los pueblos y que no cumplía las leyes del rey. El rey le dio su anillo de sello, la herramienta de la autorización real y le dijo que hiciera del pueblo lo que le pareciera.
El decreto fue redactado y enviado por mensajeros a todas las provincias del reino: el edicto ordenaba matar, destruir y exterminar a todos los judíos, jóvenes y viejos, niños y mujeres, en un solo día, el día trece del mes duodécimo, el mes de Adar y saquear sus bienes. Cuando el decreto fue promulgado, el rey y Amán se sentaron a beber, pero la ciudad de Susa estaba consternada.
«Si perezco, que perezca»: la decisión de Ester
Cuando Mardoqueo supo lo que había ocurrido, rasgó sus vestidos, se vistió de saco y ceniza y salió por la ciudad clamando con gran y amargo clamor. Los judíos de todas las provincias ayunaban, lloraban y se lamentaban. Ester, en el palacio, se angustió en gran manera y envió ropa a Mardoqueo para que se la pusiera, pero él no la aceptó.
Mardoqueo le envió el texto del decreto y le pidió que fuera ante el rey a suplicar por su pueblo. Ester respondió que cualquiera, hombre o mujer, que se presentara ante el rey en el patio interior sin haber sido llamado, tenía una sola ley: la muerte, a menos que el rey extendiera hacia él su cetro de oro y ella no había sido llamada a presentarse ante el rey en los últimos 30 días.
La respuesta de Mardoqueo es una de las frases más citadas del libro:
No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrán de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?
La última pregunta, «¿quién sabe si para esta hora has llegado al reino?», es la formulación más cercana a la providencia divina en todo el libro y lo es de forma deliberadamente ambigua: no dice que Dios la puso allí sino que «quién sabe si» fue así. Es la teología de la providencia expresada en forma de pregunta retórica, sin afirmación dogmática, que deja al lector sacar sus propias conclusiones.
Ester tomó su decisión. Pidió a Mardoqueo que reuniera a todos los judíos de Susa para ayunar tres días por ella y después dijo la frase que ha definido su figura para todas las generaciones posteriores:
Entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.
El banquete y la caída de Amán
Al tercer día, Ester se vistió con sus ropas reales y se presentó en el patio interior del palacio. Cuando el rey la vio, halló gracia ante sus ojos y extendió hacia ella el cetro de oro. Ester se acercó y tocó la punta del cetro. El rey le preguntó qué quería, prometiéndole que le daría hasta la mitad del reino. Ester, en lugar de plantear directamente su petición, invitó al rey y a Amán a un banquete que había preparado.
En el banquete, el rey volvió a preguntarle qué quería. Ester volvió a diferir: invitó al rey y a Amán a otro banquete al día siguiente, donde haría conocer su petición. Esta demora deliberada, que ha intrigado a los lectores durante siglos, ha sido interpretada de formas diversas: como prudencia táctica de Ester para asegurarse el estado emocional más favorable del rey, como recurso narrativo para crear suspense o como un signo de la mano providencial que necesitaba que ocurriera una cosa más antes de que Ester hablara.
Lo que ocurrió en el intervalo fue decisivo. Amán salió del primer banquete lleno de alegría, pero al ver a Mardoqueo en la puerta del rey que no se levantaba ni se movía ante él, se llenó de ira. Su esposa Zeres y sus amigos le aconsejaron que mandara construir una horca de 50 codos de altura, unos 23 metros, para colgar en ella a Mardoqueo antes del segundo banquete. Amán ordenó que la construyeran.
Esa misma noche el rey no podía dormir y mandó que le trajeran el libro de las memorias y crónicas del reino para que se las leyeran. Se encontró escrita la narración de cómo Mardoqueo había denunciado la conspiración de los eunucos Bigtán y Teres que querían atentar contra el rey. El rey preguntó qué honor y dignidad se había dado a Mardoqueo por esto. Sus siervos respondieron que no se había hecho nada por él.
En ese momento Amán había llegado al patio exterior del palacio para pedir permiso al rey para colgar a Mardoqueo en la horca. El rey lo mandó llamar y le preguntó qué debía hacerse al hombre a quien el rey quiere honrar. Amán, creyendo que el rey se refería a él mismo, propuso que ese hombre fuera vestido con ropas reales, montado en el caballo del rey y paseado por la plaza de la ciudad mientras un noble proclamaba: «Así se hace al hombre a quien el rey quiere honrar». El rey respondió: «Date prisa, toma las ropas y el caballo como has dicho y hazlo así a Mardoqueo el judío que se sienta a la puerta del rey». Amán tuvo que hacer exactamente lo que había propuesto, con Mardoqueo como beneficiario.
En el segundo banquete, el rey volvió a preguntar a Ester cuál era su petición y esta vez Ester habló: pidió su vida y la vida de su pueblo, porque habían sido vendidos para ser exterminados. El rey preguntó quién era el responsable y Ester señaló a Amán. El rey, furioso, salió al jardín. Amán se quedó para suplicar a Ester por su vida y cayó sobre el diván donde ella estaba reclinada. Cuando el rey volvió y vio a Amán sobre el diván de Ester, exclamó: «¿Querrá también forzar a la reina estando yo en casa?». Inmediatamente los siervos cubrieron el rostro de Amán, señal de que su condena estaba decidida. Uno de los eunucos informó al rey de la horca que Amán había preparado para Mardoqueo y el rey ordenó que colgaran a Amán en ella.
La contraorden y la victoria judía
El decreto de exterminio de los judíos no podía revocarse porque llevaba el sello real y según la ley persa los edictos del rey eran irrevocables, pero Ester y Mardoqueo obtuvieron del rey permiso para emitir un segundo edicto en nombre del rey y con su sello, que autorizaba a los judíos de cada ciudad a reunirse y defenderse, a destruir, matar y exterminar a cualquier fuerza armada que los atacara, incluyendo a sus hijos y mujeres y a tomar sus bienes como botín.
El día trece del mes de Adar, el día señalado originalmente para el exterminio de los judíos, se convirtió en el día en que los judíos se defendieron y vencieron. En Susa mataron a 500 hombres y a los diez hijos de Amán. En todas las provincias del reino mataron a 75.000 de sus enemigos. El texto añade que no pusieron la mano en el botín, a diferencia de lo que el edicto les autorizaba, un detalle que algunos comentaristas interpretan como signo de que la motivación era la defensa y no el enriquecimiento.
El episodio de la violencia final es el más incómodo del libro para el lector moderno y ha generado un debate extenso. Los defensores del libro señalan que los judíos se limitaron a defenderse contra quienes habían intentado exterminarlos. Los críticos señalan que el número de muertos es desproporcionado y que el texto parece celebrar la violencia con una alegría que resulta difícil de compartir. La tradición rabínica tendió a minimizar este aspecto del relato centrando la celebración del Purim en la salvación más que en la venganza.
El Purim: la fiesta que nació del libro
Mardoqueo instituyó la fiesta del Purim, cuyo nombre deriva de pur, la suerte que Amán echó para determinar el día del exterminio de los judíos. Los judíos debían celebrar los días 14 y 15 de Adar cada año como días de alegría y banquete, de envío de porciones de comida unos a otros y de dones a los pobres.
El Purim es la fiesta más alegre y más carnavalesca del calendario judío. Sus características litúrgicas son únicas: la lectura del libro de Ester, la Meguilá, dos veces, de noche y de mañana, con la participación activa del público, que hace ruido con matracas para borrar el nombre de Amán cada vez que se pronuncia. Los disfraces, la alegría desbordante, la inversión del orden habitual. La obligación de dar de comer a los pobres y de enviar porciones de comida a los amigos y la tradición talmúdica de beber hasta no poder distinguir entre «maldito Amán» y «bendito Mardoqueo».
Esta última tradición, que en la práctica implica una borrachera considerable, ha sido objeto de debate rabínico durante siglos. Algunos la interpretan literalmente, otros la moderan con diversas estrategias exegéticas. Pero su presencia en el texto revela algo sobre el espíritu del Purim: es una fiesta que celebra la supervivencia con una alegría que no tiene parangón en ninguna otra celebración religiosa judía, porque celebra precisamente haber escapado de la aniquilación.
En la dispersión judía a lo largo de los siglos, el Purim adquirió una resonancia especial como celebración de la supervivencia frente a los intentos de exterminio. Cada vez que una comunidad judía escapaba de una persecución, a menudo instituía su propio «Purim local» en conmemoración. El Purim de Frankfurt (1616), el Purim de Estambul (1520) y docenas de otros Purim locales documentan esta práctica de replicar la estructura narrativa del libro de Ester en la historia vivida de cada comunidad.
El libro de Ester sin Dios: el debate teológico
La ausencia del nombre de Dios en el libro de Ester es el rasgo más desconcertante de todo el canon bíblico y el que más debate ha generado. En un libro que narra la salvación milagrosa de un pueblo de la aniquilación, no hay una sola mención al Dios que en el resto de la Biblia se presenta como el protector de Israel. No hay oración, no hay profecía, no hay milagro explícito.
Los comentaristas han respondido a esta ausencia de formas diversas. La respuesta más extendida es que Dios está presente de forma oculta, actuando a través de la cadena de coincidencias que salvan a los judíos: el insomnio del rey la noche precisa en que necesitaba recordar el servicio de Mardoqueo, la llegada de Amán al patio justo cuando el rey buscaba a alguien a quien honrar, la caída de Amán sobre el diván de Ester en el momento más inoportuno. Ninguno de estos eventos es sobrenatural por sí solo, pero su encadenamiento preciso sugiere una mano que los organiza sin aparecer en escena.
El teólogo Dietrich Bonhoeffer, escribiendo desde la prisión nazi donde esperaba su ejecución, señaló que Dios actúa en el mundo precisamente de esta forma, no interrumpiendo el curso natural de los eventos con milagros espectaculares sino actuando a través de ellos. El libro de Ester sería en este sentido el ejemplo bíblico más puro de la teología de la providencia oculta.
Otra respuesta es que la ausencia de Dios es una característica deliberada del género diasporanovela: en la diáspora, lejos del Templo y de la tierra, la experiencia de Dios es diferente, menos directa, más mediada por los eventos de la historia. El libro de Ester describiría la experiencia religiosa de la diáspora con una honestidad teológica que los libros escritos en la tierra prometida no tienen.
El libro de Ester: recepción en el judaísmo y el cristianismo
| Aspecto | Judaísmo | Catolicismo y Ortodoxia | Protestantismo |
|---|---|---|---|
| Versión canónica | Texto hebreo; sin adiciones griegas | Texto hebreo + adiciones griegas (deuterocanónicas) | Solo texto hebreo; adiciones en los apócrifos |
| Mención de Dios | Ausente en el texto hebreo; presencia oculta providencial | Presente en las adiciones griegas (oraciones de Ester y Mardoqueo) | Ausente; debate teológico sobre la canonicidad |
| Debate sobre canonicidad | Debatido; aceptado definitivamente en el concilio de Yamnia (~90 d.C.) | Aceptado; adiciones incluidas en el canon de Trento (1546) | Debatido; Lutero cuestionó su valor; aceptado finalmente |
| Uso litúrgico | Lectura de la Meguilá dos veces en el Purim; matracas para borrar el nombre de Amán | Lectura en el oficio divino; sin celebración específica del Purim | Lectura bíblica; sin celebración específica del Purim |
| Figura de Ester | Heroína nacional; modelo de valentía en la diáspora | Tipo de la Virgen María como intercesora | Modelo de valentía y fe providencial |
| Figura de Amán | Arquetipo del antisemita; su nombre se borra con matracas | Símbolo del mal derrotado por la intercesión | Ejemplo del orgullo y la soberbia castigados |
| Interpretación de la providencia | Dios actúa ocultamente a través de la cadena de coincidencias | Explícita en las adiciones griegas; Dios responde a la oración | Providencia oculta; Dios actúa sin mencionarse |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- La Biblia. Libro de Ester (versión hebrea). Versión de la Biblia de Jerusalén. Desclée de Brouwer, 2009.
- Talmud Babilónico. Meguilá 7b (tradición de beber en Purim); Meguilá 10b-17a (comentarios al libro de Ester).
Bibliografía académica:
- Berlin, Adele. Esther. The JPS Bible Commentary. Jewish Publication Society, 2001.
- Beal, Timothy K. The Book of Hiding: Gender, Ethnicity, Annihilation, and Esther. Routledge, 1997.
- Fox, Michael V. Character and Ideology in the Book of Esther. University of South Carolina Press, 1991.
- Levenson, Jon D. Esther: A Commentary. Westminster John Knox Press, 1997.
- Moore, Carey A. Esther. The Anchor Bible. Doubleday, 1971.
- Gordis, Robert. «Religion, Wisdom and History in the Book of Esther». Journal of Biblical Literature 100 (1981): 359-388.
Preguntas frecuentes sobre Ester
¿Quién fue Ester en la Biblia?
Ester, cuyo nombre hebreo era Hadasa, fue una joven judía huérfana criada por su primo Mardoqueo en la ciudad persa de Susa. Cuando el rey Asuero, identificado generalmente con Jerjes I de Persia, depuso a su reina Vasti, Ester fue seleccionada entre las jóvenes del reino y se convirtió en reina. Cuando el funcionario real Amán obtuvo un decreto para exterminar a todos los judíos del imperio, Ester arriesgó su vida para presentarse ante el rey sin ser llamada, reveló su identidad judía y consiguió la revocación efectiva del decreto. Es la protagonista de uno de los libros más leídos del Antiguo Testamento y el personaje que da nombre a la fiesta judía del Purim.
¿Por qué el libro de Ester no menciona a Dios?
El libro de Ester en su versión hebrea es el único libro de la Biblia que no menciona el nombre de Dios en ningún momento. La explicación más extendida es que el libro describe la experiencia religiosa de la diáspora, donde la presencia de Dios es oculta y actúa a través de la cadena de coincidencias que salvan a los judíos, sin interrumpir el curso natural de los eventos con milagros espectaculares. La versión griega del libro, más larga, añade oraciones explícitas de Ester y Mardoqueo y menciones directas de Dios, lo que sugiere que la ausencia en el texto hebreo fue percibida como un problema por lectores antiguos.
¿Qué es el Purim?
El Purim es la fiesta judía que conmemora la salvación narrada en el libro de Ester. Su nombre deriva de pur, la suerte que el funcionario Amán echó para determinar el día en que exterminaría a los judíos. Se celebra los días catorce y quince del mes hebreo de Adar, que corresponde aproximadamente a febrero o marzo. Sus características son la lectura pública del libro de Ester con matracas para borrar el nombre de Amán, los disfraces, la alegría desbordante, el envío de comida a los amigos y los donativos a los pobres. Es la fiesta más alegre y más carnavalesca del calendario judío.
¿Es histórico el libro de Ester?
La mayoría de los investigadores clasifican el libro de Ester como una obra de ficción histórica con trasfondo real, no como una crónica factual. La ambientación en la corte persa del rey Jerjes I muestra un conocimiento detallado de los protocolos y costumbres aqueménidas que los especialistas han valorado positivamente. Pero los personajes principales, Ester, Mardoqueo y Amán, no aparecen en ningún documento persa conocido, y algunos detalles son difíciles de conciliar con la historia persa. Es una novela histórica en el sentido moderno del término, que usa un trasfondo histórico real para narrar una historia que transmite verdades sobre la experiencia de la diáspora judía.
¿Quién fue Amán y por qué quiso exterminar a los judíos?
Amán fue un alto funcionario del rey persa Asuero, de origen agagueo, que obtuvo del rey un decreto para exterminar a todos los judíos del imperio porque el judío Mardoqueo se negaba a inclinarse ante él. La negativa de Mardoqueo era probablemente una objeción religiosa: inclinarse ante un ser humano con la reverencia debida solo a Dios era incompatible con la fe judía. La desproporción entre el agravio, un solo hombre que no se inclina, y la respuesta, el exterminio de todo un pueblo, es la cifra del carácter de Amán y el motor dramático de toda la historia.
¿Qué significa la frase «si perezco, que perezca»?
La frase es pronunciada por Ester cuando decide presentarse ante el rey sin haber sido llamada, lo que según la ley persa podía costarle la vida. Es la expresión más directa de su valentía y de su disposición a sacrificarse por su pueblo. La frase ha resonado en la historia judía como paradigma del coraje ante la amenaza de muerte: Ester no minimiza el peligro sino que lo acepta y actúa de todas formas. En el contexto de la historia judía de persecuciones y amenazas de exterminio, la figura de Ester y esta frase en particular han tenido una fuerza simbólica extraordinaria.
¿Qué relación tiene Ester con la figura de la Virgen María en el catolicismo?
En la tradición tipológica cristiana, Ester fue leída como prefiguración de la Virgen María. La analogía estructural es la de la intercesora: así como Ester se presentó ante el rey para interceder por su pueblo en peligro de muerte, María intercede ante Cristo por los fieles. La imagen de Ester presentándose ante el rey con su corona real y el rey extendiendo el cetro de oro fue ilustrada en numerosas obras de arte medieval y renacentista con iconografía que evocaba deliberadamente la coronación de la Virgen. Esta tipología aparece en las letanías lauretanas, donde María es invocada con títulos que recuerdan a los de Ester.
¿Por qué se usan matracas en el Purim?
La tradición de hacer ruido con matracas, en hebreo raashán o gragger en yiddish, cada vez que se pronuncia el nombre de Amán durante la lectura del libro de Ester cumple la obligación de «borrar el recuerdo de Amán» que la tradición rabínica derivó de la orden bíblica de borrar el recuerdo de Amalec, pueblo del que Amán era descendiente. El ruido de las matracas simbólicamente impide que el nombre de Amán sea escuchado, borrando su recuerdo de la historia. La práctica tiene también una función lúdica que hace de la lectura del Purim una de las más participativas y divertidas del año litúrgico judío.









