Agustina de Aragón: “La Gran Artillera”

Agustina de Aragón, más conocida como “La Gran Artillera”, ha pasado a la historia por su valentía al enfrentarse a las tropas francesas que querían conquistar Zaragoza.

A lo largo de la historia, han sido muchas las mujeres que se han intentado hacerse hueco en un mundo de hombres, marcado por férreos convencionalismos que relegaban a la mujer a un segundo plano. Sin embargo y pese a todo, muchos han sido los nombres de grandes mujeres que han pasado a la Historia, respaldados por actos de imbatible valentía, superación, liderato, dedicación y sabiduría. Actos que les hicieron brillar y convertirse en símbolos revolucionarios de su tiempo.

la gran artillera
Agustina de Aragón, "La Gran Artillera"

Hoy os traemos la historia de una de estas mujeres que, con ahínco, valor y arrojo, defendió con uñas, dientes y pólvora, la vida e integridad de su familia, vecinos y ciudadanos de Zaragoza. Una mujer que ha pasado a la Historia como Agustina de Aragón, “La Gran Artillera”.

Agustina Raimunda María Zaragoza y Domènech nació en Barcelona en 1786, en el seno de una familia humilde. Agustina no destacó del resto de mujeres de su tiempo, al igual que ellas, tuvo una infancia y adolescencia común con idénticas obligaciones, venturas y penalidades.

Agustina contrajo pronto matrimonio, en 1803 con la edad de 16 años, con un oficial de artillería de nombre Juan Roca. Incluso aquello era algo cotidiano en su tiempo. Pretendo decir que no había en su vida señal alguna que anticipase que aquella mujer algún día sería recordada por sus actos de arrojo y valentía.

Sin embargo, los tiempos que le tocó vivir a Agustina no fueron comunes, pues nada hacía suponer que España pronto sería sitiada por la armada francesa en un intento de conquista de la península.

Como era costumbre, los soldados movilizados llevaban consigo a sus familias allí donde fuesen destinados y cuando Juan Roca fue destinado a los puestos de artillería de Zaragoza, Agustina y su familia le siguieron. Y fue en aquellos días que Zaragoza fue sitiada por sus tres puertas de acceso y sometida al bombardeo incesante de las baterías francesas.

Durante el asedio de esta ciudad, fue cuando Agustina llevó a cabo la acción que la hizo famosa. Tras haber caído heridos o muertos todos los defensores de la puerta del “Portillo”, las tropas francesas se dispusieron a tomarla al asalto bayoneta en mano.

En aquel momento, Agustina se presentó en la escena llevando viandas y refresco a su marido y debió quedar horrorizada al contemplar que la puerta estaba expuesta al enemigo y que todos sus defensores yacían muertos en un charco de sangre.

He aquí un momento de comprensible pánico que a muchos podría haberles hecho huir en pos de un lugar seguro donde poder refugiarse junto a sus familias. No obstante, a Agustina debió de pasársele por la cabeza la responsabilidad de una madre con su hijo y las posibles muertes de sus familiares y convecinos si aquel bastión caía.

Así, contra todo un regimiento de franceses iracundos por el ansia de batalla, encontró arrojo y valentía dónde otros refugiados no lo tuvieron y, cogiendo la mecha de manos de un artillero caído, logró disparar el cañón que hizo caer a media unidad de asaltantes. Cuenta la leyenda que los franceses, temieron una emboscada y se batieron en retirada, dando el tiempo suficiente para que lo refuerzos acudieran al lugar y tapasen la brecha en sus defensas. En ese momento nació la leyenda de Agustina de Aragón “La Gran Artillera”.

Agustina de Aragón defendiendo Zaragoza. Pintura de Sir David Wilkie (1828)

Cierto es que la leyenda se desdibujó con muchos adornos, pero en aquellos días, los hombres que luchaban y resistían la invasión de un ejército extranjero muy superior en número, necesitan un símbolo de resistencia y cuál mejor que el arrojo de una civil, una mujer que en solitario, había hecho huir al enemigo.

Y aún con tamaña gesta, la ciudad de Zaragoza acabaría siendo tomada y Agustina hecha prisionera, pero su renombre logró liberarla tras el pago de un rescate y aquella mujer, lejos de alejarse del peligro de la batalla, decidió recorrer la geografía española dando ánimos a la resistencia, como un símbolo viviente de coraje, entereza y rebeldía.