La sanguinaria condesa Báthory

La búsqueda de la belleza y la juventud, ha hecho que muchas personas se volviesen locas para encontrarla. Un ejemplo de ello es Elizabeth Báthory, la condesa sangrienta.

En la sociedad actual existen unos valores que marcan las tendencias y cánones de belleza adecuados. Son millones de personas los que se obsesionan con su apariencia física y hacen cualquier cosa por intentar ser perfectos. Pero ¿es algo solamente actual? Ya hemos visto que los Neandertales estaban a la moda, pero veamos un caso un poco más exagerado.

Elizabeth Báthory, la condesa sangrienta

Lo cierto es que a lo largo de los siglos, los ideales de belleza han cambiado en gran medida y la gente siempre se ha esforzado por aparentar ser más joven y guapa. De hecho, existen casos extremos en los que se han llevado a cabo verdaderas locuras para lograr este objetivo. Uno de los más destacados es el de la condesa Elisabeth Báthory de Hungría, a la que se considera la Drácula femenina. La historia la recuerda como una de las mayores asesinas en serie.

Elisabeth nació el 7 de agosto de 1560 de George y Anna Báthory. Varios miembros de su familia poseían importantes cargos en la sociedad húngara del momento, como Stephan Báthory, que fue príncipe de Transilvania y rey de Polonia. Durante su infancia presenció diversos actos de tortura a criminales. Esto, junto con la influencia de familiares que se mostraban de forma cruel con el servicio, como su tía Klara que se divertía torturando a los criados, forjaron su forma de ser.

A la edad de 15 años contrajo matrimonio con el conde Ferenc Nadasdy, un gran guerrero conocido como ‘El Héroe Negro de Hungría’. A causa de su oficio, el conde pasaba largas temporadas lejos de su esposa. Durante estos periodos de tiempo, uno de los sirvientes llamado Thorko le enseñó las artes oscuras. Poco después, con la ayuda de su antigua enfermera Ilona Joo, su mayordomo János Ujvary y dos brujas llamadas Darvula y Dorottya Szentes, comenzó a torturar a las criadas del castillo. Algunos de los castigos que imponía consistían en arrastrarlas hacia la nieve arrojando agua fría para que muriesen congeladas o clavar alfileres bajo las uñas o en los labios de las chicas.

En 1600 el conde falleció en una batalla, lo que dio rienda suelta a las atrocidades de Elisabeth. Al haber cumplido ya los 40 años, la condesa comenzó a preocuparse por su aspecto físico, ya que se iba deteriorando poco a poco al ir envejeciendo. El origen de sus mayores crímenes fue el día en que una de sus criadas estaba cepillándole el pelo y sin querer le dio un tirón; la condesa le dio un bofetón tal fuerte que la sangre le salpicó la mano. Al limpiarla, pudo apreciar que esa zona estaba más tersa y suave como el de una mujer joven. En ese momento creyó haber descubierto la fuente de la eterna juventud. Mandó desangrar a la joven para rociar su sangre por todo su cuerpo para que todo él se mantuviera joven.

Durante una década entera estuvo cometiendo los más horrendos crímenes que se puedan pensar. Sus cómplices conseguían llevar chicas al castillo, normalmente de baja condición, para drenarlas por medio de oscuros rituales y así poder bañarse con esa sangre. En un principio les dio cristiana sepultura, pero llegó un momento en el que el número de muertes era tan alto que el párroco de la zona se negó a seguir haciendo su trabajo, ya que consideraba que había demasiadas jóvenes fallecidas en extrañas condiciones. Llegó a sospechar de la condesa, por lo que ella le amenazó para que no contase nada.

En los últimos años se volvió más descuidada y comenzó a enterrar los cuerpos en sitios al azar, donde podían ser descubiertos con facilidad por los habitantes de las zonas cercanas, como en campos de alrededor, el arroyo de la parte posterior del casillo, el jardín de la cocina, etc.

Retrato de Báthory

Todo ello fue descubierto cuando una de las futuras víctimas de la condesa escapó del castillo, de forma que pudo informar a las autoridades de los hechos que se estaban llevando a cabo en el castillo. El rey Mátyás II ordenó al gobernador de la provincia György Thurzo, que además era primo de la condesa, atacar el castillo.

El asalto se llevó a cabo el 30 de diciembre de 1610. Lo que descubrieron en su interior les horrorizó. Algunos ejemplos de ello son una niña muerta en la habitación principal completamente desangrada y otra a su lado que aún estaba viva con el cuerpo agujereado; en las mazmorras del castillo se encontraban encerradas niñas que habían sido perforadas en varias ocasiones; además, bajo el castillo se encontraron decenas de cuerpos sin vida de las jóvenes que había ido asesinando en su obsesión por mantenerse joven y bella.

Entre el 2 y el 7 de enero de 1611 se llevó a cabo el juicio por tales crímenes. Los ayudantes de la condesa fueron testificando, afirmando que el número de chicas torturadas había sido mucho menor al que era en realidad. Una testigo conocida como la doncella Zusanna, mostró una lista en la que se mostraba un registro de todas las jóvenes que habían pasado por el castillo, una lista que había ido haciendo la propia condesa y cuya cifra ascendía a 650.

Según se pudo averiguar, fueron torturadas durante semanas e incluso meses en muchas ocasiones, tanto por los sirvientes como por la misma condesa. Las torturas se llevaban a cabo con tijeras, alfileres e incluso se les clavaban hierros cuando se las metía en jaulas colgadas del techo que le ofrecían duchas de sangre.

Tras los testimonios vinieron las sentencias. Todos sus cómplices fueron condenados a muerte e incinerados. Por ejemplo, en los casos de Ilona Joo y Dorottya Szentes, fueron condenadas a perder sus dedos arrancados por tenazas al rojo vivo para que sus cuerpos fueran arrojados al fuego después.

Estas sentencias no se podían aplicar a la condesa Báthory debido a su nobleza. El rey Mátyás II quiso condenarla a muerte, pero debido a un pariente de Elisabeth que era primer ministro, no se llevó a cabo. Por ello, su condena fue la de permanecer encerrada con cadena perpetua en su cámara de tortura del castillo, tapiando todas las ventanas y entradas a las ala exceptuando un pequeño resquicio por donde le podían pasar la comida.

El 31 de julio de 1614 dio a conocer su último testamento a dos sacerdotes de la catedral del obispado de Esztergom. En él quedaba patente que quería que sus propiedades pasasen a sus hijos a partes iguales. A finales de ese año, uno de los carceleros quiso ver por un momento a la condesa y, al echar un pequeño vistazo por la apertura por donde se le pasaba la comida, pudo ver que estaba muerta en el suelo. En un principio se la quiso sepultar en la localidad a la que pertenecía el castillo, pero tras las protestas de los habitantes de la zona se decidió trasladar el cuerpo al lugar originario de la familia Báthory, la ciudad de Ecsed.

Imágenes: Dominio Público

Licenciada en Periodismo y Comunicación Audiovisual, desde pequeña me he sentido atraída por el mundo de la información y la producción audiovisual. Pasión por informar y ser informada de cuanto acontece en cada rincón del planeta. Asimismo, gusto por formar parte en la creación de un producto audiovisual que posteriormente entretendrá o informará a la gente. Entre mis intereses se encuentran el cine, la fotografía, el medio ambiente y, ante todo, la historia. Considero fundamental conocer el origen de la cosas para saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. Interés especial en curiosidades, misterios y sucesos anecdóticos de nuestra historia.

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