El Antiguo Testamento es la colección de textos sagrados más antigua y más influyente de la civilización occidental. Es la base del judaísmo, el fundamento del cristianismo y una de las fuentes principales del islam. Es también una de las obras literarias más complejas, más heterogéneas y más fascinantes que ha producido la humanidad: una biblioteca de 39 a 46 libros (según la tradición que se consulte) que abarca más de mil años de historia, literatura, poesía, legislación, profecía y sabiduría, escritos en hebreo y arameo por decenas de autores distintos en contextos históricos radicalmente diferentes.
Decir «el Antiguo Testamento» es, en cierta medida, una simplificación. El término mismo es una denominación cristiana: designa los textos sagrados judíos desde la perspectiva de quien cree que existe también un «Nuevo» Testamento que los completa y los supera. Para el judaísmo, estos mismos textos se llaman la Biblia Hebrea o el Tanaj, un acrónimo de sus tres grandes secciones: Torá, Nevi’im y Ketuvim y no son el «antiguo» de nada sino simplemente las Escrituras, el texto sagrado por excelencia.
Esta distinción no es solo terminológica, sino que refleja una diferencia profunda en cómo judíos y cristianos leen los mismos textos, qué libros incluyen en su canon y qué función asignan a esas escrituras dentro de su sistema de creencias. Entender el Antiguo Testamento significa entender esa tensión, ese doble uso, esa riqueza de lecturas superpuestas que han hecho de estos textos una de las obras más comentadas, más debatidas y más transformadoras de la historia humana.
Qué es el Antiguo Testamento: el problema del nombre
El nombre Antiguo Testamento procede del latín Vetus Testamentum, la denominación que usó San Jerónimo en su traducción latina de la Biblia, la Vulgata, siglo IV d.C., para distinguir los textos hebreos del Novum Testamentum, el Nuevo Testamento cristiano. El término latino testamentum traduce el griego diatheke, que a su vez traduce el hebreo berit: alianza o pacto.
El «Antiguo Testamento» es literalmente el «Antiguo Pacto»: la alianza que Dios estableció con el pueblo de Israel, por contraposición al «Nuevo Pacto» que la teología cristiana afirma que Dios estableció con la humanidad a través de Jesucristo. Desde la perspectiva judía, la denominación «Antiguo Testamento» es problemática porque implica que esos textos han sido superados o reemplazados por algo más nuevo. Por eso el judaísmo usa el término Tanaj, el acrónimo hebreo de sus tres secciones, o simplemente «las Escrituras» o «la Biblia Hebrea».
En los estudios académicos modernos, el término «Biblia Hebrea» es preferido cuando se habla del texto desde una perspectiva histórico-crítica neutral, sin presuponer ninguna perspectiva teológica particular. En el contexto de la tradición cristiana, «Antiguo Testamento» sigue siendo el término estándar. En este artículo usaremos ambos términos según el contexto, siendo conscientes de que designan el mismo corpus textual desde perspectivas distintas.
La estructura del Tanaj: Torá, Nevi’im y Ketuvim
La estructura tradicional judía del Tanaj divide los textos en tres grandes secciones que tienen distinto peso de autoridad y distinta historia de canonización.
La Torá: los cinco libros de Moisés
La Torá, «instrucción» o «ley» en hebreo, es la sección más sagrada y más autoritativa de toda la Biblia Hebrea. La forman los cinco primeros libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, conocidos colectivamente en la tradición cristiana como el Pentateuco, del griego «cinco rollos» y atribuidos tradicionalmente a la autoría de Moisés.
La Torá cubre la historia desde la creación del mundo hasta la muerte de Moisés en la frontera de la Tierra Prometida. Contiene la narrativa fundacional del pueblo de Israel, la creación, los patriarcas, el éxodo de Egipto, la alianza en el Sinaí y el corpus legislativo fundamental que regula la vida religiosa, social y moral de la comunidad.
El Génesis narra la creación del mundo, la historia de Adán y Eva, el diluvio de Noé, la Torre de Babel y las historias de los patriarcas: Abraham, Isaac, Jacob y José. Es el texto fundacional de la cosmología y la antropología bíblica y el punto de partida de toda la tradición religiosa judeocristiana.
El Éxodo narra la esclavitud de Israel en Egipto, el llamamiento de Moisés, las diez plagas, el éxodo y la alianza en el Sinaí con la entrega de los Diez Mandamientos. Es el texto fundacional de la identidad de Israel como pueblo liberado por Dios.
El Levítico contiene principalmente legislación sobre los sacrificios, la pureza ritual y las normas sacerdotales. Es el libro más técnico y más difícil de la Torá para el lector moderno, pero fundamental para entender la religión del período del Templo.
El Números narra los 40 años de peregrinación por el desierto, con sus crisis, rebeliones y legislaciones adicionales. El nombre procede del censo del pueblo que aparece al principio del libro.
El Deuteronomio, «segunda ley» en griego, es el discurso de despedida de Moisés antes de su muerte, una rexposición y ampliación de la Ley con un énfasis especial en la fidelidad a Dios como condición de la prosperidad en la Tierra Prometida. Es el libro más «literario» de la Torá, con una prosa fluida y un tono de urgencia emocional que lo distinguen de los otros cuatro.
Los Nevi’im: los profetas
Los Nevi’im, «profetas» en hebreo, son la segunda sección del Tanaj y se dividen a su vez en dos grandes grupos: los Profetas Anteriores y los Profetas Posteriores.
Los Profetas Anteriores son en realidad libros históricos: Josué, Jueces, Samuel y Reyes. Narran la historia de Israel desde la conquista de Canaán hasta la destrucción de Jerusalén y el exilio babilónico. Su nombre «profético» no se debe a que contengan profecías en el sentido habitual sino a que la tradición judía los considera escritos por profetas y a que interpretan la historia desde una perspectiva teológica: la suerte de Israel depende de su fidelidad a Dios.
Los Profetas Posteriores son los que el lector moderno asocia habitualmente con el término «profeta»: Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores :Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías.
Isaías es el más influyente de los profetas desde la perspectiva cristiana, porque varios de sus oráculos fueron interpretados como profecías sobre Jesús. Contiene algunos de los textos poéticos más hermosos de toda la Biblia hebrea y desarrolla una visión del futuro de Israel y de la humanidad que influyó profundamente sobre la apocalíptica posterior. El capítulo 14, con su descripción de la caída del rey de Babilonia comparado con una estrella que cae del cielo, fue interpretado por la tradición cristiana como una referencia a la caída de Lucifer.
Jeremías es el profeta del exilio babilónico, el que vivió la destrucción de Jerusalén en el 586 a.C. y cuyo libro mezcla profecías, autobiografía y lamentos con una intensidad emocional única en toda la Biblia.
Ezequiel es el profeta visionario por excelencia: sus visiones del carro de fuego, la merkabá y del valle de los huesos secos son dos de las imágenes más poderosas de toda la Biblia y su influencia sobre la mística judía, especialmente sobre la cábala, fue determinante. Como desarrollamos en el artículo específico dedicado a él, Ezequiel es el puente entre la profecía clásica y la literatura apocalíptica.
Los Ketuvim: los escritos
Los Ketuvim, «escritos» en hebreo, son la sección más heterogénea del Tanaj, una colección de textos de géneros muy distintos que no encajan en las categorías de Torá ni de Profetas.
Los Salmos son la colección de poesía litúrgica más importante de toda la tradición judeocristiana: 150 poemas de alabanza, lamento, súplica, acción de gracias y reflexión sapiencial atribuidos principalmente al rey David, aunque en realidad compuestos por distintos autores a lo largo de varios siglos. Los Salmos son el libro más citado del Nuevo Testamento y el fundamento de la liturgia cristiana y judía.
Job es uno de los textos más filosóficamente ricos de toda la Biblia: un poema dramático sobre el sufrimiento de un hombre justo que cuestiona la justicia divina, con la figura de Leviatán y Behemot como ejemplos supremos del poder incomprensible de Dios.
Los Proverbios son una colección de sabiduría práctica y reflexión moral, atribuidos en parte al rey Salomón. Representan la tradición sapiencial de Israel, que comparte muchos elementos con la literatura sapiencial del Antiguo Egipto y Mesopotamia.
El Eclesiastés (o Qohelet) es el texto más escéptico y más filosóficamente perturbador de toda la Biblia: una reflexión sobre la vanidad de toda empresa humana y la imposibilidad de encontrar sentido permanente bajo el sol. Es un texto que ha fascinado a lectores de todas las épocas precisamente por su honestidad desencantada.
El Cantar de los Cantares es una colección de poemas de amor erótico que la tradición judía y cristiana interpretó alegóricamente como expresión del amor entre Dios e Israel o entre Cristo y la Iglesia, pero que en su literalidad es simplemente una de las más bellas colecciones de poesía amorosa de la literatura antigua.
Rut, Ester y Tobías son relatos cortos con protagonistas femeninas o extranjeras que exploran temas de lealtad, identidad y providencia divina en contextos históricos distintos.
Las Lamentaciones son cinco poemas sobre la destrucción de Jerusalén en el 586 a.C., atribuidos a Jeremías en la tradición, que expresan el dolor colectivo del exilio con una fuerza poética extraordinaria.
Daniel, que en el canon judío está en los Ketuvim, no entre los profetas, es el único texto apocalíptico del canon hebreo, con sus visiones de los cuatro imperios, el Hijo del Hombre y la resurrección de los muertos. Como desarrollamos en el artículo dedicado a Daniel, su composición data probablemente del siglo II a.C. y es el texto más directamente influyente sobre el Apocalipsis de Juan.
Esdras, Nehemías y Crónicas son libros históricos sobre el período postexílico: el retorno de los exiliados babilónicos, la reconstrucción del Templo y la restauración de la comunidad judía en Judea.
Las distintas versiones del canon
Uno de los aspectos más complejos del Antiguo Testamento es que no existe una versión única y universalmente aceptada del canon: distintas tradiciones religiosas incluyen distintos libros.
El canon hebreo o protocanónico
El canon hebreo, los 39 libros reconocidos por el judaísmo rabínico y por la mayoría de las tradiciones protestantes, fue fijado esencialmente en el siglo I d.C., aunque el proceso de canonización fue gradual y no completamente uniforme. Es el canon más restrictivo y el que corresponde a los textos escritos originalmente en hebreo o arameo.
Los deuterocanónicos o apócrifos
Las tradiciones católica y ortodoxa incluyen en su Antiguo Testamento un grupo adicional de libros llamados deuterocanónicos, «del segundo canon», que la tradición protestante llama apócrifos y que no forman parte del canon hebreo. Estos libros son: Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Sirácide (o Eclesiástico) y Baruc, más algunas adiciones a Daniel y Ester.
Estos textos fueron escritos en griego o fueron conservados principalmente en griego, y forman parte de la Septuaginta, la traducción griega de la Biblia hebrea realizada en Alejandría entre los siglos III y I a.C. que fue la Biblia usada por la comunidad cristiana primitiva y por eso incorporada al canon católico en el Concilio de Trento (1546).
La distinción entre protocanónicos y deuterocanónicos tiene consecuencias prácticas significativas: cuando los reformadores protestantes del siglo XVI volvieron al canon hebreo más restrictivo, eliminaron los deuterocanónicos de sus Biblias, creando las versiones protestantes del Antiguo Testamento con 39 libros en lugar de los 46 o más del canon católico.
Los apócrifos judíos y los textos de Qumrán
Más allá de los deuterocanónicos, existe un universo extenso de textos judíos del período del Segundo Templo que nunca entraron en ningún canon bíblico pero que tuvieron enorme importancia: el Libro de Enoc, el Libro de los Jubileos, los Testamentos de los Doce Patriarcas y muchos otros textos encontrados entre los Rollos del Mar Muerto. Como hemos explorado extensamente este último tiempo, estos textos son fundamentales para entender el judaísmo del período del Segundo Templo y los orígenes del cristianismo.
La composición del Antiguo Testamento: un proceso de siglos
Una de las contribuciones más importantes de la crítica bíblica moderna es el reconocimiento de que los textos del Antiguo Testamento no fueron escritos de una vez por autores únicos sino que son el resultado de un proceso de composición, edición y compilación que se extendió durante más de mil años.
La teoría documentaria
La hipótesis más influyente sobre la composición de la Torá es la teoría documentaria, formulada en su versión clásica por el erudito alemán Julius Wellhausen en 1878. Según esta hipótesis, el Pentateuco es el resultado de la fusión de cuatro fuentes o documentos distintos:
La fuente J o Yahvista, llamada así porque usa el nombre Yahvé para referirse a Dios, es la más antigua, probablemente del siglo IX a.C. y originaria del reino de Judá (sur). Es la que tiene el estilo narrativo más vivido y más antropomórfico.
La fuente E o Elohísta, que usa el nombre genérico Elohim para Dios, es probablemente del siglo VIII a.C. y originaria del reino de Israel (norte). Tiene un estilo más abstracto y más enfocado en la mediación de ángeles y sueños.
La fuente D o Deuteronomista es la que corresponde esencialmente al libro del Deuteronomio y a la tradición histórica de Josué, Jueces, Samuel y Reyes. Tiene un estilo homilético y parenético muy característico, con énfasis en la fidelidad a Dios como condición de la prosperidad.
La fuente P o Sacerdotal es la más tardía, probablemente del período exílico o postexílico (siglos VI-V a.C.). Es la responsable de las listas genealógicas, las normas cultuales y rituales del Levítico y las partes más sistemáticas y esquemáticas del Génesis, incluida la primera narración de la creación (Génesis 1:1-2:4).
La teoría documentaria en su forma clásica ha sido revisada y criticada extensamente desde Wellhausen y los especialistas modernos proponen modelos más complejos de composición. Pero el reconocimiento fundamental de que la Torá es el resultado de un proceso de composición múltiple y gradual, no de la escritura de un solo autor en un único momento, es ampliamente aceptado en los estudios bíblicos académicos.
Los grandes temas del Antiguo Testamento
A pesar de su heterogeneidad, el Antiguo Testamento desarrolla una serie de temas teológicos y narrativos que lo articulan como un conjunto coherente.
La creación y la condición humana
El Génesis plantea desde el principio las preguntas fundamentales sobre la existencia humana: ¿de dónde venimos?, ¿cuál es nuestra relación con Dios y con la naturaleza?, ¿qué significa ser humano?, ¿cuál es el origen del mal y del sufrimiento? Las respuestas del Génesis (creación a imagen de Dios, libertad y responsabilidad moral, ruptura de la armonía original, promesa de restauración) estructuran toda la teología bíblica posterior.
La alianza
El concepto central de toda la teología bíblica es la berit, la alianza o pacto, que Dios establece con distintos personajes a lo largo de la historia: con Noé, con Abraham, con Moisés en el Sinaí. La alianza define la relación especial entre Dios e Israel: Dios elige a este pueblo, lo libera y lo guía e Israel se compromete a vivir según la Torá. Las crisis de la historia de Israel son siempre, desde la perspectiva bíblica, rupturas de esa alianza; las restauraciones son siempre renovaciones de ella.
La justicia y el sufrimiento
Una de las tensiones más persistentes y más fecundas del Antiguo Testamento es la pregunta sobre la justicia divina ante el sufrimiento humano. El libro de Job es su expresión más filosófica; los Salmos de lamento son su expresión más personal; los profetas son su expresión más social y política. La pregunta nunca recibe una respuesta completamente satisfactoria en el Antiguo Testamento y esa insatisfacción es uno de los motores del desarrollo de la apocalíptica y de la doctrina de la resurrección en el período posterior.
La profecía y la historia
Los profetas del Antiguo Testamento no son principalmente predictores del futuro (aunque la tradición posterior los leyó en esa clave) sino intérpretes del presente a la luz de la voluntad de Dios. Su función fundamental es llamar a Israel al cumplimiento de la alianza, denunciar la injusticia y anunciar las consecuencias de la infidelidad. Cuando anuncian el futuro, lo hacen desde la perspectiva de quién será Dios fiel a sus promesas, no desde la del adivino que descifra un futuro fijo.
La esperanza mesiánica
A lo largo del Antiguo Testamento, especialmente en los profetas, se desarrolla gradualmente una esperanza en un futuro rey o ungido, el Mesías, del hebreo mashiach, «ungido», que restaurará el reino de Israel, establecerá la justicia y traerá la paz definitiva. Esta esperanza mesiánica, reinterpretada y amplificada en la literatura apocalíptica del período intertestamentario, es el contexto teológico dentro del cual el movimiento de Jesús adquiere su significado.
La influencia del Antiguo Testamento en la civilización occidental
La influencia del Antiguo Testamento en la civilización occidental es tan profunda y tan omnipresente que resulta difícil exagerarla. Es una de las fuentes primarias del derecho occidental (los Diez Mandamientos como fundamento de la ética jurídica), de la literatura (desde Dante hasta Milton, desde Shakespeare hasta Dostoievski), del arte (la iconografía cristiana y judía durante 20 siglos), de la música (desde los Salmos cantados en la liturgia hasta el Mesías de Händel) y del pensamiento político (la idea del pueblo elegido, el profetismo como crítica del poder, la justicia social como mandato divino).
Las narrativas del Antiguo Testamento (la creación, el diluvio, el éxodo, David y Goliat, Salomón y la sabiduría, los profetas contra los reyes) forman parte del repertorio de imágenes y referencias compartidas de la civilización occidental de una forma que trasciende las fronteras religiosas. Son textos que incluso los no creyentes conocen y usan, consciente o inconscientemente, cuando piensan sobre el origen del mundo, la naturaleza del mal, la relación entre el poder y la justicia, o la esperanza de un futuro mejor.
El Antiguo Testamento en las distintas tradiciones
| Tradición | Nombre del corpus | Número de libros | Lengua original | Función teológica |
|---|---|---|---|---|
| Judaísmo | Tanaj (Torá + Nevi’im + Ketuvim) | 24 (= 39 contando por separado) | Hebreo y arameo | Las Escrituras, revelación completa de Dios a Israel |
| Catolicismo | Antiguo Testamento | 46 | Hebreo, arameo y griego (deuterocanónicos) | Primera parte de la revelación, preparación para Cristo |
| Protestantismo | Antiguo Testamento | 39 | Hebreo y arameo | Primera parte de la revelación, preparación para Cristo |
| Iglesia Ortodoxa | Antiguo Testamento | 49-51 (según la iglesia) | Hebreo, arameo y griego | Primera parte de la revelación, con mayor peso de la Septuaginta |
| Iglesia Ortodoxa Etíope | Antiguo Testamento | 46+ (incluye Enoc, Jubileos) | Hebreo, arameo, griego y ge’ez | Canon más amplio, incluye textos apocalípticos |
| Islam | Tawrat (Torá) y Zabur (Salmos) | No definido formalmente | Árabe (tradición) | Revelaciones anteriores al Corán, parcialmente preservadas |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
Bibliografía:
- Sicre, José Luis (2011). Introducción al Antiguo Testamento. Verbo Divino, Estella.
- Trebolle Barrera, Julio (1993). La Biblia judía y la Biblia cristiana. Trotta, Madrid.
- Alonso Schökel, Luis; Bravo Aragón, Juan Miguel (1994). Apuntes de hermenéutica. Trotta, Madrid.
- Coogan, Michael D. (ed.) (2010). The New Oxford Annotated Bible. Oxford University Press.
- Childs, Brevard S. (1979). Introduction to the Old Testament as Scripture. Fortress Press.
- Alter, Robert (1981). The Art of Biblical Narrative. Basic Books, Nueva York.
- Wellhausen, Julius (1878). Prolegomena to the History of Israel. Ed. moderna: Scholars Press, 1994.
- Charlesworth, James H. (ed.) (1983). The Old Testament Pseudepigrapha, 2 vols. Doubleday.
Preguntas frecuentes sobre el Antiguo Testamento
¿Cuántos libros tiene el Antiguo Testamento?
Depende de la tradición religiosa. El canon hebreo —reconocido por el judaísmo y por las iglesias protestantes— tiene 39 libros. El canon católico incluye además 7 libros deuterocanónicos, llegando a 46. Las iglesias ortodoxas incluyen algunos libros adicionales, llegando a 49-51 según la iglesia. La Iglesia Ortodoxa Etíope tiene el canon más amplio, que incluye textos como el Libro de Enoc y el Libro de los Jubileos. Todas estas tradiciones comparten los mismos 39 libros del núcleo hebreo; las diferencias están en los libros adicionales.
¿Qué diferencia hay entre el Antiguo Testamento y la Biblia Hebrea?
Son esencialmente el mismo corpus de textos vistos desde perspectivas distintas. La Biblia Hebrea o Tanaj es la denominación judía: designa los textos sagrados del judaísmo sin implicar que existe algo «nuevo» que los completa. El Antiguo Testamento es la denominación cristiana: designa los mismos textos como la primera parte de la revelación bíblica, por contraposición al Nuevo Testamento. Los especialistas académicos prefieren el término «Biblia Hebrea» cuando quieren evitar presuponer una perspectiva teológica particular.
¿Cuándo fue escrito el Antiguo Testamento?
El proceso de composición se extendió durante más de mil años. Los textos más antiguos —algunos poemas del Libro de los Jueces, partes del Éxodo— pueden remontar al siglo XII o XI a.C. Los más recientes —el Libro de Daniel, algunas adiciones a libros más antiguos— fueron compuestos en el siglo II a.C. La mayor parte de la Torá alcanzó su forma actual durante el período monárquico y el exilio babilónico, entre los siglos IX y V a.C. La edición final del canon se completó esencialmente en el siglo I d.C.
¿Qué son los deuterocanónicos?
Son los libros incluidos en el Antiguo Testamento católico y ortodoxo pero no en el canon hebreo ni en el protestante: Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Sirácide y Baruc, más algunas adiciones a Daniel y Ester. Fueron escritos o conservados principalmente en griego y forman parte de la Septuaginta, la traducción griega de la Biblia hebrea usada por el cristianismo primitivo. Los protestantes los llaman «apócrifos» y los excluyen de su canon siguiendo la decisión de los reformadores del siglo XVI de volver al canon hebreo más restrictivo.
¿Cuál es la relación entre el Antiguo Testamento y el islam?
El islam reconoce a los profetas del Antiguo Testamento —Abraham, Moisés, David, Isaías— como profetas auténticos enviados por Dios. La Torá (Tawrat) y los Salmos (Zabur) son considerados en el Corán como revelaciones divinas anteriores al Corán, aunque el islam afirma que esos textos originales fueron alterados o mal interpretados a lo largo del tiempo. La figura de Abraham —el padre de la fe para las tres religiones monoteístas— es el punto de encuentro más importante entre el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y el Corán.









