Encuentran cartas de japoneses internados durante la II Guerra Mundial en EEUU

Cartas de internados japoneses encontrados en una farmacia

Durante la reforma de un edificio histórico en Denver (Colorado), Alissa Williams y su esposo Mitch descubrieron una colección de 250 cartas y postales que fueron enviadas por japoneses residentes en Estados Unidos, internados en los campos de concentración americanos durante la Segunda Guerra Mundial.

Cartas de internados japoneses encontrados en una farmacia
Cartas de internados japoneses encontrados en una farmacia

Estos campos de concentración fueron una de las medidas defensivas que adoptaron los estadounidenses tras el ataque que las tropas japonesas habían realizado sobre Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. Con esta política, el gobierno norteamericano quería protegerse frente a posibles atentados contra la seguridad nacional, que pudiera cometer la población japonesa residente en Estados Unidos.

Las cartas encontradas habían sido enviadas a la Farmacia T.K, propiedad de un empresario de Colorado de origen japonés, Kobayashi Thomas y que fue administrada durante la guerra por su cuñado, Yutaka “Tak” Terasaki.

Las epístolas estaban escritas tanto en inglés como en japonés, y provenían de los campos de internamiento de California, Wyoming, Arizona, Arkansas, Utah y Colorado. En ellas los internos pedían productos de gran variedad que no sólo estaban relacionados con el entorno farmacéutico, desde unas pastillas para la tos, hasta condones y onzas de chocolate.

Los internados podían pagar todos estos artículos gracias a que recibían un pequeño sueldo por realizar trabajos dentro del campamento. Cobraban unos 19 dólares al mes y algunos de ellos incluso conseguían llevar algo de dinero extra a sus casas. A pesar de su aislamiento, leían ciertos periódicos dentro de los campos, y éstos contenían publicidad sobre productos que se podían encargar por correo o por catálogo. De hecho, en el conjunto de cartas se encontraron algunos de éstos últimos.

La farmacia de Denver parecía ofrecer productos muy solicitados por los internados y seguramente sus clientes se sintieran más a gusto comprando en una compañía de propietarios japoneses que en una propiamente norteamericana, debido sin duda a las tensiones producidas durante la guerra.

Thomas Kobayashi y Terasaki Tak ya no se encuentran entre nosotros para poder aclararnos el enigma de esa correspondencia, sin embargo el hermano menor de Tak, Sam, ha explicado que su hermano era un antiguo miembro de la Liga de Ciudadanos Americanos- japoneses, una organización sin ánimo de lucro, que dedicada a luchar desde 1929 por los derechos civiles de los estadounidenses de origen asiático. Además la esposa de Tak, la señora Mitchie, trabajaba por aquella época para Ralph Carr, el reivindicativo gobernador de Colorado desde 1939 hasta 1943.

Carr puso su carrera en juego para defender los derechos de los internados japoneses-estadounidenses mientras él era gobernador. Hizo unas declaraciones públicas contra los procesos de internamiento alegando que violaba la Constitución, y no dio la espalda a los japoneses-americanos desplazados, a pesar del gran racismo y paranoia generalizada que se extendía por todo el país.

Por aquel entonces a los japoneses se les denominaba “el peligro amarillo”, y no fue hasta 1988 cuando el Congreso aprobó el Acta de Libertades Civiles, donde por fin se reconocía que «se cometió una gran injusticia» con los ciudadanos de origen nipón. La valiente postura que adoptó Carr, afectó diametralmente a su carrera política. Perdió en 1942 una contienda por un puesto en el Senado y nunca más volvió a ostentar cargos de elección popular. Sin embargo, afianzó una gran reputación como una persona íntegra y justa ante las circunstancias más difíciles.

Un soldado americano vigila el internado japonés durante la Segunda Guerra Mundial.
Un soldado americano vigila el internado japonés durante la Segunda Guerra Mundial.

Por otro lado, el historiador del Estado de Colorado, Bill Convery, afirma que la Farmacia T.K debía ser una de las pocas farmacias de dueños japoneses-americanos en el oeste de EE.UU, ya que todas las propiedades de esa índole localizadas en esta zona, habían sido confiscadas por el gobierno e internado a sus regentes.

Asimismo, los internados no podían aportar muchos bienes materiales al campo y tampoco sabían hacia dónde se dirigían ni cuánto tiempo iban a estar lejos de sus casas. “Dentro de las pocas opciones que tenían para suavizar el impacto de esta situación inimaginable, esas empresas hicieron lo que pudieron“, comentaba Convery.

El edificio había estado desocupado durante siete años hasta que en 2010 la familia Williams lo compró, y en ningún momento se tuvo ni la más mínima noción de la existencia de estas cartas. La razón por la que se encontraban alojadas dentro de la pared sigue siendo un auténtico misterio, ya que muchas de las epístolas que se enviaban desde los campos de concentración, se hallaron a la intemperie dentro de los mismos.

Alissa y Mitch Williams por su parte, han notificado su hallazgo al Japanese American National Museum en Los Ángeles. Curiosamente, el museo se encuentra actualmente en medio de un importante proyecto que pretende recoger las historias orales, fotografías y cartas de los internados, así que seguramente estarán muy agradecidos y satisfechos con los nuevos documentos que les puede proporcionar los señores Williams.

El Proyecto de la Memoria llevado a cabo por el museo, se inició a principios del año 2012, concretamente el 19 de febrero, coincidiendo con el setenta aniversario de la firma de la Orden Ejecutiva 9066. La orden presidencial, firmada por Franklin D. Roosevelt que autorizaba a los militares a declarar partes de las zonas de Estados Unidos “en las cuales cualquiera o todas las personas podían ser excluidas”. Esa orden llevó a la internación de personas que encajaban con la descripción de lo que ellos llamaban “Foreign Enemy Ancestry” (enemigos foráneos ancestrales), y que mandaban a vivir a áreas principalmente de la costa del Pacífico.

Esta iniciativa busca hacer un museo permanente en línea con los recuerdos de las personas que fueron internadas debido a la implantación de la Orden Ejecutiva 9066. Actualmente, cualquiera puede leer algunos de los homenajes que se han subido al sitio web, o incluso donar dinero al proyecto si está muy interesado.

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